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MÁS QUE CIENCIA-FICCIÓN en EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS (TRILOGÍA DE LOS TRES CUERPOS #1)
Realmente tenía ganas y curiosidad por leer, tras ver un programa literario televisivo (haberlos haylos), este libro, que después de un extraño periplo ha conseguido notoriedad de crítica y lectores. Publicado en 2006 fue un éxito en el país de publicación, China, ayudado por la gran popularidad que tiene ganada Cixin Liu (según el modo de escritura occidental, pues el original chino antepone primero el apellido). No obstante, no fue hasta el 2015 cuando alcanzó la fama mundial. Se cometió la osadía de traducirlo al inglés y ganar el prestigioso premio Hugo, algo inédito conseguir el galardón con un autor que no escribe la lengua de Shakespeare. Por suerte, y gracias a este “rebote”, este mismo año una editorial española lo ha publicado en castellano. Pues bien, mis expectativas se han visto colmadas en varios aspectos. El tema principal, la argumentación de ciencia-ficción, no es original. Es más, ha sido tratado con profusión y riqueza de matices en numerosas ocasiones desde el siglo XIX hasta nuestros días (y cuerda tiene para rato) en literatura y cine. Ampliamente desarrollado en varias obras con abundante imaginación ante esta hipotética circunstancia, pero con visos de ser factible y verosímil en el futuro. Dentro de lo “trillado” de este leitmotiv, la novela de Liu es singular y su punto de vista es innovador, lógicamente juzgo con mi limitado bagaje en este tipo de literatura. Ante todo es mucho más que una historia típica de ciencia-ficción, pues engloba variopintos contenidos y se mezcla a la perfección con otros géneros narrativos. El libro dividido en 3 partes desiguales, se inicia con un breve pero intenso preámbulo en forma de relato histórico. El autor nos sitúa en plena efervescencia del fanatismo de la Revolución Cultural que sufrió China a mediados de los 60. Un conciso pasaje vital descrito con pericia (se echa en falta más páginas sobre esta excelente semblanza) que cumple con el objetivo de presentar el germen y la más tierna biografía de uno de los principales personajes: la astrofísica Ye; y, además, constatar una dura crítica social y política de esa aciaga época. La segunda y tercera parte transcurre 38 años después, en la actualidad (alrededor de 2005) siendo el principal personaje otro científico dedicado a la nanotecnología. Con este protagonista se suma el género policial y de intriga (o thriller para los que prefieran la voz anglosajona). Wang se implica en una trama enigmática de una serie de suicidios misteriosos entre la comunidad científica y algún que otro asesinato. El relato además se impregna con momentos angustiosos y de vértigo (quizá sea excesivo emplear el término terror) como el detalle narrativo de “la cuenta atrás” que sólo puede ver este reputado técnico. En esta etapa vuelve a surgir otra vez la incisiva crítica, pero actualizada a la realidad contemporánea. Se analizan los estamentos del poder: política, policía, ciencia o las fuerzas militares. No obstante, el más despiadado juicio reside en la sociedad: esa denominada naturaleza que nos califica como humanos con sus retorcidas actitudes morales. Interesantes las materias y tesis que se plantean: el progreso tecnológico, el deterioro provocado por la Humanidad; el discernimiento de los misterios del Universo; la destrucción de la Naturaleza; el ecologismo radical; la irracionalidad del poder y la ambición; e incluso se toca tangencialmente el feminismo. A destacar las diferentes posturas tomadas frente al conocimiento del extraordinario suceso. Un conocimiento que sólo lo poseen unos determinados individuos (especialmente entre la élite intelectual y económica) que deriva en varias facciones o “bandos” de lo más sorprendente; aunque, tras pensarlo fríamente, no resulta tan asombroso ni descabellado y seguramente tendrá dudas cada lector (desde luego si las tiene un servidor) sobre a qué grupo se sentiría identificado. Una distopía social que resulta sugestiva, inquietante y… ¿probable? Como ocurre con las muñecas matrioskas, dentro de la novela hay unas pequeñas narraciones que podrían considerarse como parábolas. Se trata de las experiencias del científico Wang con el videojuego virtual llamado “Los tres cuerpos”. Unos pequeños relatos simbólicos que recrean algunos momentos históricos tamizados por el surrealismo o lo onírico, y que tiene la finalidad de resolver determinados problemas de un insólito planeta. Unos “cuentos” que se van apreciando conforme pasan las páginas y que representa una “pieza del puzle” crucial. Hablando estrictamente de ciencia-ficción, “El problema de los tres cuerpos” pertenece al subgénero ciencia-ficción dura. El mismo título hace referencia a un intrincado problema matemático-físico. Por todo el texto hay numerosas referencias científicas, tanto dedicadas al microcosmos (mecánica cuántica) y al macrocosmos. Son detalladas, pero no pecan de un exceso de erudición o enrevesamiento. Las explicaciones son acertadas, didácticas y asimilables, sobre todo para quien tenga ya una cierta base científica y le gusten estos temas. Aunque reconozco que algunas de las últimas partes, al tratarse de teorías científicas más especulativas y futuristas, es más difícil interpretar el concepto. Aparte de lo ya descrito: la estructura y el fondo, es primordial mencionar la forma, o sea el estilo literario, para cimentar las virtudes de la lectura. Liu escribe de un modo funcional, atrayente y absorbente que se ajusta a la perfección con el soporte argumental. Hay pocos detalles líricos, barrocos o rebuscados, “simplemente” la palabra acompaña la acción, el diálogo, la divulgación y las ideas que quiere transmitir. Con el primer tomo de la trilogía, este autor chino ha plantado la prometedora semilla de una gran obra. Los sucesivos volúmenes se presume que deben ser bastante diferentes del primero, pues debe llevarnos (eso creo) a unos personajes distintos con una situación de la Tierra y sociedad muy transformada, ya que el tiempo transcurrido habrá sobrepasado con creces los 4 siglos.

6 comentarios, puntuación: 4.67 con 3 votos
Escrita 20 de Diciembre de 2016
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LO BUENO SI BREVE... en TATUAJE
Mi primera aproximación a este escritor nipón ha sido este breve cuento (valga la redundancia del epíteto), pues se lee en un santiamén, y que crea cierta fascinación ante este relato tan bello. Siendo “Tatuaje” su obra primeriza y además con tan poco texto es precipitado llegar a conclusiones sobre este literato que se le suponen influencias occidentales de Wilde y Poe, no obstante es indudable que posee y maneja a la perfección un gran estilo poético, mezclando muy bien esta historia la intriga, fantasía, erotismo y un pequeño toque de “terror”. A pesar de que la corta extensión es la “justa y necesaria” para llegar al climax narrativo, no puedo dejar de lado la sensación (y con esto caigo en la más desconcertante contradicción) de querer saber y leer más sobre estos dos personajes tan peculiares: un tatuador enamorado de la belleza y sádico; y una joven deslumbrante capaz de encarnar, a la vez, la dulzura, la inocencia y la más cruel perdición. Buen aperitivo para adentrase en la narrativa de Tanizaki que promete nuevas seducciones.

4 comentarios, puntuación: 4.6 con 5 votos
Escrita 5 de Junio de 2016
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EL CRIMEN DEL MATRIMONIO en LA SONATA A KREUTZER
Cada uno tiene sus propios motivos para elegir una determinada lectura, desde los habituales y comunes a todos: entretenimiento, curiosidad, placer o aprendizaje, hasta los más personales que dependen del sujeto y objeto, o sea el lector y el libro. Entre estos últimos habrá una infinitud de razones atendiendo a cada persona y una concreta obra, las mías eran claras: deseo de volver a disfrutar con la prosa del autor en una novela corta (formato que me encanta y de excelentes resultados con su magnífica “La muerte de Ivan Ilich”); su crítica social y conocer su pensamiento sobre los “espinosos” temas que conlleva el dualismo amor-sexo; y como guinda final, y no menos tentadora, constatar entre las líneas del argumento la tormentosa relación entre Tolstoi y su esposa Sofía (esta pequeña narración es todo un alegato vengativo contra el matrimonio). No he salido defraudado en ninguna de las dos categorías de las motivaciones lectoras, es más, ha sido una experiencia más que memorable por partida doble. Antes de analizar o detallar las características literarias de esta impecable “novelita”, me gustaría señalar ciertos aspectos secundarios pero reveladores. Primeramente llama la atención la elección y la causa que da pie al título, que como mínimo resulta curioso y, hasta cierto punto, paradójico. Beethoven compuso “La sonata a Kreutzer”, la nº9, pero el narrador no escoge esta pieza por su belleza y la naturaleza enaltecedora que posee toda música, sino como catalizador de irritación y rabia que siente el protagonista. Circunstancia que hace inevitable el recuerdo de Alex, el inefable personaje de “La naranja mecánica” y su anómala simbiosis con la música. Esta irritación es uno de los leimotiv que sustentan el armazón narrativo. Otra circunstancia, subjetiva y personal, es el espacio-tiempo donde se narra la historia: en un tren (lugar determinante en la vida del novelista: sus últimos días los pasó moribundo en una estación, y la trágica visión de una muerte en las vías del tren fue el origen de “Ana Karenina”) y en el transcurso de una noche hasta las primeras luces del amanecer. Ambos elementos aportan cierta magia y crean un ambiente inquietante y misterioso. Por último, y crucial para el argumento, es la idiosincrasia del resentido protagonista, el consejero Pozdnysehev (magnifico retrato psicológico), un asesino confeso y más que posible trasunto ideológico y vital del mismísimo Tolstoi. Ante todo, “La sonata a Kreutzer”, es un libro amargo, duro y crítico que, al hilo de la realidad cínica descrita, van brotando polifónicamente temas existenciales, morales, sociales, espirituales, etc. Una letanía de punzantes tesis que se manifiestan al profundizar en el sacro sentimiento del Amor y su “inherente, natural y consabido” fin: el matrimonio. El discurso-confesión del criminal va más allá del componente purgativo, es una catarsis que desnuda su alma y el análisis trasciende hacia la esencia del ser humano dentro de la farsante sociedad donde se desenvuelve. En este dolido testimonio, el uxoricida da un pormenorizado repaso desde su juventud hasta el aciago crimen; una revisión reflexiva que señala los artífices reales que posibilitan y fomentan los hábitos que convergen ante tal horrenda muerte. El exhaustivo estudio comienza desmitificando ese sentimiento tan idolatrado, venerable y feliz que llamamos Amor. El denominado amor ideal y sublime sólo está amparado por la literatura, una falsedad que tiene arraigo en nuestra mentalidad más joven. Luego las relaciones que suscitan dicho afecto, acompañado de la pasión, siguen el mismo camino falaz. Pozdnysehev describe sin ambages estos amoríos basados en la hipocresía de la relación de pareja animados por las costumbres sociales realmente pútridas. El análisis aporta multitud de materias afines: sexo, placer, prostitución, vicio, humillación, la desigualdad de la mujer, ambición, matrimonio, felicidad, educación de los hijos, rutina, celos, odio, muerte. Si bien estos variados asuntos están comprendidos en una mentalidad y época decimonónica, no dejan de ser problemas coetáneos y, por tanto, eternos. Las ideas y dudas planteadas están en vigor, la mayoría de los pensamientos (estando de acuerdo o en disconformidad) harán al lector ejercitarse en la reflexión de nuestra “civilización” y tomar en consideración ciertos aspectos con ese determinado punto de vista. Tolstoi ha compuesto una breve “partitura”, en armoniosos acordes, que se puede tildar como relato filosófico-moral en clave obscura y, a veces, áspera. De un inicio vulgar y corriente, el ritmo ha ido “in crescendo” llegando a tonalidades de carácter “fortissimo”. El artista ruso es universalmente reconocido por sus voluminosas y ambiciosas (en estructura, temática y personajes) obras; no obstante, en las distancias cortas con un menor número de páginas, protagonistas y contenido sabe sacar perfectamente todo el jugo a su ingenio y agudeza. Se necesita gran talento para crear fastuosas y magnas sinfonías como para componer una humilde pero preciosa sonata. El melómano instruido y cultivado está capacitado para apreciar y gozar de ambas configuraciones, al igual que el lector avezado debe lograr estimar la calidad literaria en todo escrito extenso y complejo como del conciso y aparentemente sencillo.

5 comentarios, puntuación: 5 con 4 votos
Escrita 16 de Febrero de 2015
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UN GIMLET HELADO Y AMARGO en EL LARGO ADIÓS
Para afrontar debidamente una narración de Chandler no sólo hay que saber encajar unas intrigas siniestras, unos ambientes sórdidos o empaparse de sensaciones (acción, violencia y diálogos incisivos), olores (humo de cigarrillos, el aromático tabaco de pipa, el embriagador perfume femenino) y sabores (el amargo y fuerte del café negro, el bourbon y variopintos licores), además hay revestirse con una “segunda piel” impermeable al cinismo, escepticismo y hostilidad al género humano. “El largo adiós” supone la sexta y penúltima entrega de la saga del detective Marlowe. Personalmente constituye una de las notables junto con las novelas pares de la serie: “Adiós, muñeca” (entre ésta y la que reseño, tengo grandes dificultades por decantarme por mi preferida) y “La dama del lago”. El relato que nos ocupa sigue los cánones de la novela negra y más concretamente con el estilo y estructura chandleriana desplegada en sus escritos predecesores; sin embargo contiene ciertas peculiaridades que le confiere una seña habitual y, a la vez, única. La propiedad más valorada, a mi juicio, de la prosa de Chandler es su sencillez y forma directa junto con sus diálogos cortantes y mordaces, que en esta ocasión se acentúa el tono pesimista con un matiz más oscuro y haciendo énfasis en la amargura que desprende los coloquios, tanto el conversacional como el monólogo interior. El detective va dando bandazos desde el existencialismo al más acre nihilismo. Otro atributo típico es la ácida crítica social. Siendo este volumen el más largo de todos, tiene espacio para juzgar todas las lacras sociales, políticas e institucionales ya apuntadas en sus anteriores escritos, además de recalcar ciertos matices y criticar el sistema capitalista y democrático americano, es “el lado oscuro del dinero”. Chandler, con su “afilada pluma” en ristre, se transforma en un quijote contra cualquier tipo de corrupción y depravación: política, policial, judicial, prensa, moral o de cualquier tipo de poder e influencia. En este aspecto la novela es la más completa y acertada de toda la serie. Siendo escrita en los años 50, me extraña que no tuviera problemas con el macarthismo. La verdad, que no es sinónima de justicia, y los principios honrados y rectos del detective deben quedar incólumes, por encima de todo y sin rastro de cualquier mancha. La trama compuesta por 2 casos con correspondencias y ramificaciones comunes, es una intriga inteligente y atractiva, compleja pero bien urdida y con final sorprendente. Esta vez es el propio detective quien inicia el argumento al hacer de “buen samaritano” ayudando a un pobre diablo: un borracho, solitario y, en apariencia, un “muerto de hambre”, una especie de trasunto del protagonista. La rudeza o dureza de Marlowe no es óbice para buscar la amistad y la consideración de cualquier persona. El segundo asunto es localizar a otro pobre diablo: un acaudalado escritor de best-seller, alcohólico y violento. Ambos sucesos y personajes tan dispares, en un principio, pero que se combinan a la perfección generando un historia sugestiva con trazas de un pasado oscuro, mujeres fascinantes, amores perdidos, infidelidades, abusos policiales, médicos sin escrúpulos, negocios de mafiosos, intereses de potentados, etc. Un cóctel bien mezclado que como el gimlet (bebida importante en el argumento con significado simbólico y que se hizo famosa a raíz de esta publicación) se sirve y se debe tomar muy frío, todo apasionamiento puede ser perjudicial. Un rasgo menor, pero que me encanta, en toda crónica sobre Marlowe son las numerosas alusiones literarias y culturales diseminadas por todo el texto y sin olvidar su sabiduría ajedrecística (realmente sorprende la mención de Ruy López). Al terminar la última página se tiene la satisfacción de haber saboreado una gran novela independientemente del género al cual se subscribe, una narración apreciable en sus 2 vertientes: trama y suspense por un lado y del otro por su excelente análisis social y psicológico. No hace falta prevenir que la lectura deriva hacia el regusto áspero de la amargura, ya que como reza la última frase: “No se ha inventado todavía la manera de decirles adiós definitivamente.” Acabo citando la película homónima, eso sí, muy brevemente (no quiero ensañarme ante semejante despropósito), que versionó en 1973 Robert Altman. Ante las pocas afortunadas adaptaciones de los relatos anteriores, exceptuando la excelente “El sueño eterno” de Hawks con el genial Bogart, y las buenas calificaciones y críticas que tiene el filme de Altman, me dispuse a deleitarme ante tal ilusionante obra. No pude llevarme peor chasco. Quedé alucinado con este pastiche: un protagonista sin carisma y desdibujado, el guión descontrolado y precipitado, escenas absurdas, personajes ridículos y una conclusión imposible para la personalidad de Marlowe, además de cometer el “sacrilegio” de imitar, o parodiar, el final de "El tercer hombre". Quien haya disfrutado de la película no tiene excusa para enfrascarse en la novela.

9 comentarios, puntuación: 5 con 5 votos
Escrita 2 de Diciembre de 2014
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LA INSOPORTABLE NIMIEDAD DEL VIVIR en NADA
Es extraño como tropecé con este libro: un apasionado alegato de una famosa y veinteañera youtuber (un fenómeno que me sobrepasa…). Mi curiosidad me hizo buscar más información sobre esta novelita “juvenil” (más adelante matizaré el entrecomillado), leer diversas opiniones y, para mi sorpresa, descubrí que trataba con un título de una extraordinaria repercusión que había impactado en el actual mundo literario. Los diferentes juicios que tuve a bien de ojear eran prácticamente una dicotomía: los más numerosos, como el que me llamó la atención, ensalzaban y vitoreaban las cualidades del relato; y algunos minoritarios que atenuaban su transcendencia o renegaban atribuir al texto cualquier mérito. Mi particular parecer participa de esta divergencia, aunque no llega a ser salomónico, me inclino más por la virtud y el interés que suscita o, por lo menos, las carencias no echan por tierra el provecho de su lectura. Pero lo que definitivamente tuvo la “culpa” de embarcarme en esta original historia, además de por su brevedad, fue la intrahistoria de la publicación. Una editorial danesa se dirigió a la escritora sugiriéndole una obra juvenil, que, siendo novata en estas lides y tras unas vacilaciones, finalmente acepto el reto. Sin embargo, una vez terminado el texto, el desafío residió en la edición: primero con una fuerte oposición del propio editor y después de la publicación con numerosas prohibiciones en escuelas, comunidades y países tan “liberales” como Dinamarca, Noruega, Francia o Alemania. Esta inconcebible, rancia y necia inquisición literaria en pleno siglo XXI (Einstein ya lo anunció: no hay límite para la estupidez humana) fue el resorte de mi atípica elección. Debo reconocer que no me atrapó el argumento hasta pasado aproximadamente el primer tercio de la trama. Hasta ese momento me pareció una amable e ingenua fábula moral, en la cual una escritura sencilla (a veces se puede tomar por simple), directa, sin estridencias, con escenas repetitivas y construcciones de personajes planos no ayudaban a enriquecer el motivo del relato. No obstante, conforme la historia va ganando en truculencia y dureza, mi perspectiva va cambiando hacia una mayor complejidad temática, un renovado interés en diálogos y circunstancias, donde la “fábula” se va desfigurando en una desgarradora narración crítica, alegórica, existencialista y metafísica; con un ligero “tufillo” al relato volteriano, lógicamente sin entrar en consideraciones estilísticas y el uso del sarcasmo. El inicio de la novela es un claro guiño a “El barón rampante” de Calvino: un niño se sube a un árbol que promete no volver a pisar el suelo. En este caso, Pierre Anthon de 14 años se encarama al árbol proclamando una revelación íntima: “Nada importa. No merece la pena hacer nada.” Ante tal desalentadora manifestación sus compañeros y amigos de clase intentaran demostrar su error buscando el sentido de la vida. Unos adolescentes que, como los juveniles personajes de Hesse, se cuestionan su propio interior y el mundo adulto que les ha tocado vivir. Una odisea introspectiva y vital que les hará revelar la importancia de símbolos transcendentales (lo material, la apariencia, la ilusión, la religión, amistad, amor, familia, inocencia, integridad, crueldad, intransigencia, muerte, etc.) en que se compone la vida. La identidad a estas edades, tan maleable, sensible y espontánea como cruel, hará aflorar la vena irracional y brutal del ser humano llegando hasta límites insospechados, un concepto anteriormente ya expuesto con acierto en “El señor de las moscas”. No sólo conocerán el valor (objetivo o subjetivo) de todo significado que se atribuye a la vida, sino el “precio” que les otorgamos, el hallazgo de nuestra genuina y fea personalidad desnuda o el siniestro conocimiento de una humanidad en la que todos estamos incluidos. En definitiva, un desconcertante retrato psicológico individual y social. Por todo lo expuesto me resisto a denominar novela juvenil a “Nada”, si bien las preguntas existenciales (atemporales y universales) se despiertan a estas edades, éstas nos acompañan ya durante todo nuestro efímero tiempo y sólo algunos podrán responderlas satisfactoriamente (¡menuda quimera!) tras un gran esfuerzo intelectual, espiritual, de creencia, de candidez…, vete tú a saber. La tesis de fondo va más allá de la esfera juvenil, no obstante, y es otra de sus virtudes, puede adaptarse a diferentes niveles de lectura. Una corta, inquietante y polémica novela que, además de entretener, espolea conciencias e incita a la reflexión. ¡Qué puñetera y traicionera llega a ser la vida!

8 comentarios, puntuación: 5 con 3 votos
Escrita 23 de Junio de 2014
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ALMAS NEGRAS en HISTORIAS NEGRAS
Impresionante descubrimiento (por casualidad) con estas “Historias negras” de un autor completamente desconocido para mí. Con un dibujo realista y en blanco y negro, muy adecuado a lo que quiere transmitir el autor, retrata la perversión, lo inmoral y la estulticia que todos llevamos dentro y que, en determinadas situaciones, sacamos sin pudor a la luz. Son historias cortas de… ¡2 páginas! (excepto un par de títulos) que condensan a la perfección el alma negra de cualquier ser humano. Son casi una veintena de pequeñas narraciones que están agrupadas por motivos temáticos. El primero, para mí el mejor de todos, está dedicado a la pena de muerte, la ley y la tortura. Luego se tocan otros argumentos como: la religión y su vertiente fanática y estúpida; la crueldad y la sinrazón de la guerra; los problemas de la vida cotidiana y los avatares del hombre corriente; los instintos de supervivencia en condiciones extremas. Todos estos relatos, además de no tener compasión con la condición humana, utilizan un realismo duro con sensación de verosimilitud, unas historias plausibles en el pasado, en la actualidad o en el futuro que a todos “nos puede tocar”. Incluso la primera narración “Un día de campo”, con todo lo increíble que pueda parecer, está basado en hechos reales. También hay cierto humor en algunas de estos relatos, eso sí, un humor negro, muy negro. Se escapa, de vez en cuando, una sonrisa, un gesto con un cariz amargo y que no tiene otro propósito que ser recriminatorio contra la sociedad, la persona individual o… contra uno mismo; el lector decide según su experiencia o candidez. Otra particularidad esencial que me encanta de este cómic es “la vuelta de tuerca” que poseen todos títulos. Hay un giro argumental que se plasma en las últimas viñetas y que deja sorprendido por el camino impensable que toma la trama inicial.

9 comentarios, puntuación: 5 con 4 votos
Escrita 15 de Mayo de 2014
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TIERRA DE NADIE en SIN NOVEDAD EN EL FRENTE
Henry Bergson en una breve frase paradójica definió, a mi parecer, el significado de La Gran Guerra: “La guerra en 1914 era imposible pero probable”. Conocido es el hecho que provocó la 1ª G. Mundial, el asesinato Francisco Fernando heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, que irónicamente era amante de la paz y tolerante con las distintas etnias del imperio; sin embargo, siendo clara la chispa del incendio, hoy en día, recién cumplido el siglo de tan magna hecatombe, los historiadores no se ponen de acuerdo cuales fueron las autenticas causas de la contienda bélica. El magnicidio, que en un principio solo tuvo una crisis local, poco a poco, y mediante acciones absurdas e intereses bastardos, se llegó a un tal sinsentido que acabó proclamándose la guerra a la que se sumaron potencias de los 5 continentes surgiendo frentes bélicos en cada uno de ellos. De lo imposible o lo impensable se pasó de un plumazo a la probabilidad irracional más espeluznante que se había dado en la Historia. Además de la muerte y destrucción (13 millones de muertos y varios millones de heridos, lisiados, hogares destruidos, hambrunas, ruina económica, enfermedades etc.) se desmembró Europa Central, desencadenó la revolución rusa, supuso el ascenso del nazismo y finalmente fue la consecuencia, 20 años después, de otra matanza: 2ª G. Mundial. Suele suceder, con cierta frecuencia, que un texto posee la facultad de entusiasmar y dejar, asimismo, un poso amargo de hiel ante la crudeza del relato. El placer de la lectura está ligado de forma indisoluble con el sobrecogimiento que produce. Remarque, literato alemán que participó en la contienda, no tuvo escrúpulos para representar en este libro sus experiencias. Narrado con cierta maestría y pericia pero con contundencia, reflexión, sencillez, agilidad y eficacia. Otra de sus características, y fundamental, es la habilidad de mostrar escenas espeluznantes sin caer en la truculencia, no se ensaña en descripciones dantescas y tampoco “hurga en la herida” (literal y metafóricamente) para señalar determinadas situaciones. Este testimonio no se puede tildar de monocorde al tratar únicamente de hechos violentos y brutales, ya que diseminados por toda la narración se evidencian rasgos positivos (humor, bromas, amistad, solidaridad, amor) y pasión por la vida, creando una obra, en su totalidad, antibelicista pero con gran realismo y autenticidad sin caer en sentimentalismos; simplemente la cruda verdad. Con una estructura no lineal el escritor, con destreza, ha ido tocando todos los palos del proceso de creación, formación, transformación y desolación de un soldado en una guerra y, además, sufriendo por casi todas las posibles vicisitudes que le pueden ocurrir. Escrito en primera persona por Paul Baumer (trasunto evidente de Remarque), vemos y sentimos a través de sus ojos y pensamientos, donde sus acciones y cavilaciones son la líneas maestras para poder entender nuestra historia contemporánea y, por extensión, profundizar en el alma humana. Paul, un joven de 19 años (en realidad un niño) y con mirada inocente al principio para pasar posteriormente a una postura crítica y cayendo en la desesperanza y en la angustia, nos detalla su periplo personal. La odisea infernal empieza en el colegio donde la juventud unida a conceptos rimbombantes como Honor, Valor, Patriotismo, Justicia, Dios, Nación, Gobierno crean un estado falso de euforia y superioridad; unas palabras tan grandilocuentes y tan huecas que el tiempo las pondrá en su sitio: en “tierra de nadie”. A continuación sigue el periodo de instrucción, una fase donde la disciplina, la humillación y el abuso de autoridad están al servicio de despojar cualquier atisbo de personalidad del recluta. El objetivo es crear “personas” duras, desconfiadas, vengativas…, en una palabra: embrutecer, una cualidad necesaria para sobrevivir en el campo de batalla. La trama se vuelve más atroz, lógicamente, en la descripción del día a día de las trincheras: la cohabitación ineludible con la muerte y la acción de matar. Una crónica del horror (la expresión ambigua del coronel Kurtz creado por Conrad, se hace ahora patente) hasta límites inimaginables, es la convivencia permanente con el hambre, el miedo, el dolor, la locura y las eternas compañías de piojos, ratas, excrementos y cadáveres. Principios como la educación, la cultura, la intimidad no tienen cabida, todo está a expensas de la supervivencia y del impredecible azar: “todo soldado tiene fe y confianza en el azar.” Igualmente son destacables en el texto otros periodos menos agresivos, como el permiso para regresar temporalmente a casa, donde se manifiesta la añoranza familiar, el desconocimiento de los civiles de la situación real de la guerra y la ruptura total con los sueños y la esperanza del pasado, en unos años la juventud y la ilusión se han ajado. La hospitalización supone otro punto de vista, no menos despiadado, de los estragos de la guerra. Es inevitable, y necesario, mencionar la gran adaptación, lineal y cronológica, homónima que filmó Lewis Milestone (más tarde rodó la célebre “Arco de triunfo”, basada en un texto de Remarque) en 1930 y que obtuvo sendos Oscar como mejor película y director. Siendo el libro un autentico best-seller en su época, aunque prohibido en el régimen nazi, este clásico del cine bélico (emotiva secuencia final) ayudó a difundir por todo el mundo el escrito de Remarque. También es digna de mención la versión realizada para la televisión en 1979, con una traslación más fiel al esquema de la novela, donde destaca el siempre magnifico Ernest Borgine.

2 comentarios, puntuación: 5 con 4 votos
Escrita 21 de Abril de 2014
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BUSCANDO A PIRANDELLO en SEIS PERSONAJES EN BUSCA DE AUTOR
Parece incuestionable que “Seis personajes…” resultó un antes y un después en la vida del escritor siciliano, y, según los expertos, supuso también una ruptura y una renovación en la concepción del teatro moderno: verificó un rumbo y una guía para autores como Beckett, Ionesco, Pinter…, cada uno por su senda particular. Se puede afirmar (mentira, es pura especulación) que si no lo hubiese escrito la notoriedad del escritor hubiese sido muy inferior. Personalmente, este drama, que sin resultar impecable, ha sido uno de los más originales (junto con un par de trabajos de Beckett) que me he topado nunca. Y esta singularidad va más allá de la obra: concierne al propio escritor. Pirandello fue un literato que se volcó más en sus narraciones, especialmente los cuentos, que en sus escritos teatrales. Es más, la génesis del drama está en dos relatos que posteriormente los quiso fundir y desarrollar en una novela, pero afortunadamente esta idea acabó “invadiendo” el mundo teatral. La fama y reconocimiento debe agradecerlo al teatro que, a pesar de sus “coqueteos” con el fascismo, significó la concesión del Nobel al final de su vida. Si bien su trayectoria narrativa es notoria, la Academia valoró especialmente su contribución al arte escénico. El estreno acaecido en Roma, en 1921, no fue un lecho de rosas, estuvo envuelto en furibundas críticas y vituperios (se rumorea que se vio obligado a huir por la violenta reacción del público) y el panorama no cambió radicalmente hasta pasados varios meses en Milán, convirtiéndose los agravios en elogios y aplausos. Ahora paso a detallar la particularidad del texto, que por otra parte no es fácil de clarificar. Primero, a modo de presentación, Pirandello escribió un prefacio donde explica el proceso de crear y la idiosincrasia de estos personajes salidos de su fantasía, que como define acertadamente: “El misterio de la creación artística es el misterio del nacimiento natural”. Luego comienza la obra en sí, con una peculiar estructura al carecer de escenas y de actos, sólo hay una interrupción sin bajada de telón. El inicio es el típico “teatro dentro del teatro”, recurso ya utilizado en varias ocasiones (Shakespeare ya lo empleó) en los escenarios, pero que el siciliano lo emplea con un par de vueltas de tuerca. El primero de estos alardes es que Pirandello no sólo escenifica como es el interior de una función teatral y los incidentes que ocurren en un ensayo entre los actores, ayudantes y el director, además tiene la humorada de representar precisamente una comedia pirandelliana, demostrando su autoparodia, ironía e incluyendo el desdén ante las opiniones de la crítica que califica sus obras como: “no hay quien las entienda”. Este “juego de espejos” dura poco, hasta que aparecen los 6 personajes del título interrumpiendo la función convirtiéndose en la esencia del drama, este es el segundo “tour de force”. Es un hecho realmente insólito que unos seres escapados y abandonados de la creatividad de un autor puedan vagar como almas en pena. Son construcciones de la fantasía que se desarrollan en 2 planos: primero intentando explicar su especial personalidad; y luego imploran para que les insuflen vida representado el papel para el que fueron creados. El segundo cariz es, en mi opinión, el más endeble, hubiera preferido un drama más “real y verosímil”. Con el encuentro entre estos 2 grupos (personajes y actores) surgen los diálogos en una gran variedad de matices. Se tocan la parodia, la burla, el drama y la tragedia. Partiendo de una situación surrealista y absurda, se plantean reflexiones sobre la existencia vital, y es ahí donde radica la actualidad y lo imperecedero del texto pirandelliano. El dualismo realidad-ficción tiene límites permeables y, a la vez, naturalezas contrarias: conceptos como la crueldad de la ilusión y la vida cotidiana; y en contraposición están la inmortalidad y la inmovilidad de la ficción con el carácter mudable y efímero de las personas. Realmente cautivantes las meditaciones existencialistas y las alegorías que manan de los coloquios, como la sinceridad de las desdichas reveladas. “Seis personajes…” simboliza un grito de angustia en busca de la personalidad dentro de una máscara. Prometedor descubrimiento de este libro emblemático (quizá no sea su texto cumbre) que invita a investigar dentro de la literatura del escritor siciliano.

15 comentarios, puntuación: 5 con 4 votos
Escrita 17 de Marzo de 2014
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CÓCTEL EXPLOSIVO en SED DE CHAMPÁN
Hacía tiempo quería paladear esta novela y, como a veces suele suceder, mis reparos se debían a prejuicios absurdos (todos los son). No fueron satisfactorias mis primeras experiencias con la “novela urbana” y su descripción de la mencionada antropología urbana que surgió en los 90 con autores jóvenes como Mañas o Etxebarría. Sus tramas se reducían a sucesiones de escenas sobre sexo, alcohol y drogas donde la literatura y las tramas (especialmente en el caso del madrileño) brillaban por su ausencia. Y para más inri uno de los apelativos de Montero Glez es “hijo de Bukowski”, no obstante, y por fortuna, suelen emparentarle con Valle-Inclán. Pues bien, mi degustación de este “champán” (no como me temía: aguachirri, sidra o, tal vez, cava) no ha resultado avinagrado, tanto el bouquet, el cuerpo y las chispeantes burbujas de este cóctel explosivo ha resultado una cata gratificante, sorpresiva y estimulante. Montero ha diluido impecablemente varios géneros creando un carácter propio. Los ingredientes del combinado son variados pero con graduación afín: el más evidente, ya mencionado al principio, son los rasgos de la literatura actual urbana (delincuencia, problemas de la juventud y barrios marginales con una estética próxima a la contracultura); luego es patente que bebe de las fuentes de la novela negra; también tiene algo de “regusto” del denominado realismo sucio, pero en ningún momento se puede considerar una narración perteneciente de este tipo; y todo ello aderezado con unas gotas de humor, un humor irónico, corrosivo y cachondo que tiene mucho de gamberro. Todas estas propiedades singulares resultarían aguadas si no se perfilase también con un estilo exclusivo que le confiera sabor a la narración. El autor madrileño consigue una redacción con misiones y funciones polivalentes. Primero está escrito con varias voces: inicialmente en 3ª persona, pero no omnisciente, para intercalar, en la 2ª parte del libro, con pasajes en 1ª persona por boca de una figura secundaría; y diseminados por todo el texto hay fragmentos de dialogo interior que corresponden a los pensamientos del protagonista. Otro apunte reseñable son los tiempos de narración, empleando 3 fases “independientes” y complementarias a la vez. La trama principal se desarrolla en el presente que en determinados momentos cambia al pasado para aportar luz y explicación a los hechos actuales, a modo de piezas de puzle que van encajando en el presente; sin embargo, esta subtrama tiene tal fuerza que, a veces, llega a eclipsar la historia inicial. Al mismo tiempo se encuentra una tercera vía narrativa contada por Charolito, nuestro héroe, que a modo de pequeña ficción, un cuento, recrea una fantasía representada por su alter ego. Historias que se interrelacionan como un vaivén en una aparente libertad anárquica, siendo un delicioso “orden caótico”. Reconociendo que esta estructura literaria es realmente lo más meritorio y atrayente, igualmente contiene, en mi opinión, su talón de Aquiles. No todas las intrigas están delineadas con el mismo interés o énfasis, ocasionalmente hay tramos monótonos y, además, las transiciones entre ellas no están bien delimitadas donde un lector distraído, sobre todo al principio, puede llevar a la confusión. Al igual que el champange extra brut, la escritura es seca, con momentos de aridez y dadas las escenas de violencia, sexo y muerte llega a ser dura. Esto no es óbice para encontrar sensaciones dulces y aromáticas: el humor ya citado, un lenguaje “poético” expresado en metáforas e imágenes, o las descripciones con adjetivos ingeniosos de doble (y posiblemente triple) sentido. Siendo una prosa cuidada, usa un habla callejero, vulgar y cotidiano, utilizando expresiones de jerga, del mundo taurino y argot de distintas procedencias: taleguero, caló y, probablemente, lunfardo. Los diálogos con una esencia incisiva, aguda, cortante y sin medias tintas, denotan la profundidad y peligrosidad de una mala puñalá. Charolito, cuarterón (de madre cañí y padre juali y putativo) pinturero y castizo, es un calé solitario, chulo, pendenciero, mentiroso, mujeriego y ladino que su señal más reconocible es su escepticismo, ya la primera frase del libro es bastante ilustrativa al respecto:”El Charolito sólo se fiaba de su polla”. Un criminal de poca monta pero con clase y con apetencias de la buena vida. Un “mestizo” que, como tal, transita entre 2 mundos irreconciliables: los barrios altos y los arrabales de chabolas; el universo del lujo, el dinero, los coches caros y la marginación de la miseria, la prostitución, la droga, el crimen. Un personaje emblemático que siendo el primordial, hay cabida para pormenorizar con riqueza varias figuras secundarias y dar paso a una exposición de vidas marginales: matones, busconas, gitanos, camellos, abogados corruptos, viciosos de diferente calaña, etc. “Sed de champán” ha saciado y refrescado, momentáneamente, mi anhelo de una literatura contemporánea española que es original y de calidad. Siendo su opera prima, da pábulo y esperanzas para encontrar caldos de mejores cosechas en sus posteriores obras.

15 comentarios, puntuación: 4.8 con 5 votos
Escrita 28 de Enero de 2014
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LA RISA QUE EMANA DE LAS AMARGAS PALABRAS en HISTORIAS DE SAN PETERSBURGO
El humor, lo que provoca la risa, suele tener un efecto gratificante, placentero, relajante que puede surgir de una situación meramente graciosa; sin embargo, hay otra clase de ingenio, menos habitual, con improntas de agudeza, sátira y crueldad que incita a reírnos de nosotros mismos, la sociedad, las instituciones y que nuestra sonrisa o risotada siempre va acompañada de la reflexión, logrando intensificar la visión crítica del mundo que nos rodea. La carcajada genera la meditación. Gogol ha utilizado con maestría este lado afilado y cortante del humor que constantemente va asociado a circunstancias que, a priori, no son aptas para provocar la hilaridad, como son las situaciones tristes, atroces y dolorosas. Algo que expresa a la perfección el epitafio que grabó en su tumba: “Se reirán de mis amargas palabras”. En la literatura universal hay cuantiosos ejemplos de este recurso, y en nuestro Siglo de Oro tenemos maestros que lo han cultivado como Quevedo, Cervantes o la denominada novela picaresca. Salvando las distancias, Gogol es un encomiable heredero de la comicidad de la tragedia. Dicho lo cual, matizo la importancia que tiene el humor en la prosa del escritor ucraniano (lo he destacado porque me encanta esta particularidad y más cuando está escrito con pericia, como es el caso de este libro), es “simplemente” un ingrediente más de la fórmula empleada, pues la originalidad y la esencia del cuentista (en el sentido narrativo) va más allá de esta virtud. Su escritura está plagada de “contradicciones” o, mejor dicho, está basada en la diversidad: abundan los contrastes, la belleza y la crítica. La citada variedad abarca varios dualismos: realismo-fantasía, humor-tragedia, análisis-disparate. Este abanico de antítesis crea un lenguaje estilístico, artístico e inteligente que le es propio e insólito, siendo la clave del poder atractivo y fascinante de su escritura. La obra se compone de 5 relatos que tienen como nexo común, y como indica el título, la ciudad de San Petersburgo. Prácticamente ha sido una relectura, pues hacía tiempo que había leído un librito que contiene tres de estas narraciones, y relativamente hace poco volví a disfrutar de uno de ellos. Comienza con el sensacional “La avenida Nevski” (la primera vez no me había hecho mella los matices y la profundidad de la historia, o eso creo) con tres partes diferenciadas. La primera versa sobre la descripción de esta hermosa calle, una de las más reconocidas de Rusia, con una exposición que traspasa el paisaje urbano al detallar el torbellino humano que la frecuenta. La relación de personajes extravagantes y típicos que concurren por la avenida es una alegoría sobre la vida y la sociedad rusa de su tiempo. Este episodio descriptivo y didáctico ya contiene numerosas muestras de humor irónico. A continuación el narrador nos presenta dos amigos (cada uno es el foco de las otras dos partes) y narra sus respectivas historias de amor. Las aventuras amorosas se desarrollan como las dos caras de una misma moneda: ambos amigos tiene un carácter y una actitud totalmente opuestas; sus “amadas”, al igual que ellos, son dispares, tanto físicamente, inteligencia, naturaleza y condición social; los sentimientos son opuestos, desde el amor puro hasta la picaresca sensual; el tono narrativo es contrario en ambas tramas, por un lado un cariz trascendental y trágico, y por el otro con pinceladas rufianescas y jocosas. Un texto que refleja la cotidiana realidad y, a la vez, tiene cabida sucesos oníricos con gran importancia sobre las apariencias engañosas. El último cuento, “El capote”, es su más emblemático texto, no en vano Dostoievski llegó a expresar su famoso aforismo: “Todos venimos de El capote de Gogol”. Este escrito es el “pistoletazo de salida” que inicia el realismo ruso introduciendo la crítica social-gubernamental y el retrato del hombre vulgar y corriente. La influencia que ha suscitado en posteriores autores y tendencias es, para mí, más que evidente. Es la tercera vez que me deleito con las desventuras de Akaki, y, por supuesto, no será la última. El literato hace un esbozo de un personaje gris, un burócrata, que tiene como adornos la insignificancia y su nulidad como ente social, incluso el significado de su nombre es un fiel paradigma de su nimiedad. La imagen patética de Akaki está expuesta con mucho humor, pero un humor amargo y lúgubre que incita a la lástima y nos provoca simpatía por el protagonista; un hombre que transmite la idea de un “insecto”, el antecedente kafkiano de George Samsa. Un funcionario que sólo disfruta con su trabajo rutinario y de escasa importancia, una cualidad que recuerda a las figuras obsesivas salidas de la pluma de Zweig. Su único objetivo es pasar desapercibido y tener el menor contacto con los demás compañeros, un “gemelo” de lo que será el memorable Bartleby de Herman Melville, y como éste, tiene su emblemática frase para dirigirse a sus compañeros cuando es objeto de bromas y burlas. Su recalcitrante pasividad soportará todo tipo de injusticias con la más implacable resignación. El único hecho que trastoca sus monótonas costumbres, la adquisición de un capote, supone un quebradero de cabeza y, a la vez, será todo un acontecimiento que le cambiará la vida. El capote (personaje que ahora se convierte en principal, símbolo de un espejismo y una loca quimera) logrará una ruptura vital que acarrea una efímera gloria y el replanteamiento de su identidad. En su angustia existencial se mezclarán las visiones febriles y la certeza de que toda notoriedad y pomposidad sólo son trivialidades, un tema recurrente en todas estas narraciones. El final, que rompe con el estilo anterior, gira hacia un tono más fantástico, irónico y con cierto grado moral y justiciero que deja, como broche de oro, una sonrisa al lector. Aunque no desentona este desenlace, ¡Dios me libre!, siempre me ha parecido que hubiera sido ideal que Gogol concluyese el relato con el mismo acento ácido, satírico y pesimista empleado desde el principio. De los tres restantes títulos, hay otra joya, “El retrato”, que además de lo mencionado (crítica, realidad-fantasía, la ilusión de la apariencia, lo trágico) y escrito en dos partes diferenciadas, es un alegato de la lucha interior del ser humano, entre lo sublime y lo material, una pugna del binomio bien-mal donde el arte debe trascender a lo mundano. Todo esto aderezado con gotas fantasmagóricas y de terror. Es fácil que por la mente del lector sobrevuele la imagen de Dorian Gray. “La nariz”, el relato más peculiar del quinteto, describe una situación surrealista, una historia bufa que, parafraseando a Góngora, narra las peripecias de un hombre despegado de su nariz y las tribulaciones de dicho apéndice. Una apología de lo absurdo que resulta ser la vida cotidiana, una reflexión acertada si se piensa con frialdad. Por último, “Diario de un loco” es el más flojo del volumen, mezcla el humor, la fantasía y, como parte principal, el surrealismo, sin olvidar la crítica. Un libro recomendable, especialmente por los tres primeros relatos referidos, donde sobresale “El capote”, una obra maestra que es esencial y necesaria su lectura y revisión.

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Escrita 18 de Noviembre de 2013
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