NO SE PUEDE COMPARTIR A HAWTHORNE por Poverello

Portada de LA CASA DE LOS SIETE TEJADOS

Entre las metódicas manías a las que me acojo ante el goce de la lectura he de reconocer la de tener a mano varias obras y alternarlas según tiempo, estado de ánimo o simple apetencia: sin orden ni concierto suelen ser una novela, relatos, poesía o teatro, un ensayo y algún cómic. De este modo, con el fin de no perder mi sagrada costumbre comencé mi periplo por 'La casa de los siete tejados'. Habrían pasado unas diez páginas a lo sumo (mientras discurría entre Aldecoa, el 'Alvar Mayor' de Trillo y Breccia y la 'Historia del Cine') cuando me di cuenta que el método, hubiera dicho que efectivo al ciento por ciento, se me iba de las manos. Me estaba perdiendo en ese trajín de ir y venir hacia Hawthorne y recordé que hace 20 años, mientras leía 'La letra escarlata', una de las obras clásicas del romanticismo más hermosamente escritas, me sucedió exactamente lo mismo. Total, que resolví acabar con los desvíos antes de retomar con pleno corazón el camino a la mansión y a los jardines de Nueva Inglaterra. Sólo entonces lo descubrí de nuevo sin fisuras: no se puede compartir a Hawthorne so pena de perderlo todo.

Sin atisbo de exageración, leer a Hawthorne es una experiencia única e irrepetible. Es pasear descalzo sobre la fresca hierba verde en medio de un bosque de sauces mientras una suave brisa te acaricia el rostro, y no es grato disfrutar de tal paseo contestando al móvil, con una radio a todo volumen en la oreja o teniendo que sortear excrementos de canes. La prosa de Hawthorne existe para el sosiego y para la calma, su pausada cadencia crea un oasis de infinita y a veces desesperada ternura que no puede abrazarse desde el estrés y la prisa. La pena impuesta si nos dejamos intimidar por la ansiedad es la más cruel e ingrata: convencerse de la insulsez de cada mirada y cada encuentro, dejarse domeñar por el estilo abigarrado y recargado tan característico del gótico norteamericano y sentirse incapaz, desde la esclavitud del corto plazo, de paladear que ese mismo estilo descriptivo se nos muestra débil, impotente y marcado de magnánimos matices de amor y de templanza, regalando una ingravidez constante en la descripción de sentimientos que ni desea hacer suyos, ni dominarlos el propio autor (parece ser, podría ser, sería posible...). Nada sucede mientras de todo pasa. El alma humana.

Como ya sucediera con la Hester de 'La letra escarlata', Hawthorne nos entrega una protagonista inolvidable, Hepzibah Pyncheon, sumida de igual forma en la condena -a veces autoimpuesta- de una sociedad moralmente decadente e insalvable, de buenos modales y pecados ocultos en la que la única forma de sobrevivir la encuentra en ocultarse, ser libre a solas como si ello fuera de algún modo posible, y aislarse en un reducto al margen de la injusticia y la impiedad, donde la fealdad de un ceño fruncido por el dolor encuentre arrestos para amar y sentir el derecho a vivir sin sentirse juzgada: la casa de los siete tejados. Pasean también por sus huertos la luminosa Phoebe, el quebradizo Clifford, el amante y amado Holgraves y el transparente anciano Venner. Todos personajes maravillosos, tiernos y conscientes de la fugacidad de la vida y de la imponente necesidad de aprender a gozar con las pequeñas cosas que se presentan cada día, esas que te descubren que no existe predestinación ni maldiciones, que el presente se construye y “Dios no hará a nadie beber sangre” a menos que uno mismo haya deseada hacerlo. Lo resume Clifford, tal vez a cada uno de sus lectores: “eres un ser fantástico y también imbécil, las ruinas de un hombre, un fracasado, como lo es casi todo el mundo (…). El destino no te reserva ninguna felicidad, a no ser que merezca este nombre un hogar tranquilo”, rodeado de la gente a la que amas y por la que te sientes amado. Sin duda, esa es la dicha, y recuerdo a su coetáneo Thoreau, en su visceral misticismo alejado del mundo.

Pero “¿qué calabozo es más obscuro que el propio corazón? ¿Qué carcelero es más inexorable que uno mismo?”, sienten Hepzibah y Clifford tras un minúsculo instante de libertad. Difícil es redimirse a sí mismo, expiar las culpas que te cuelgan sin ser tuyas... Afortunadamente, Hawthorne, asqueado del puritanismo, de la doblez, de la injusta moralidad lo suelta: “Dios envía un rayo de amor y piedad a cada alma en tribulación”. Me lo creo, lo vivo. Hepzibah, Clifford se merecen piedad en su tribulación y Jaffrey, el heredero y juez injusto, es un grandísimo hijo de puta.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 6 votos · @Poverello le ha puesto un 9 ·

Comentarios

@nikkus2008 hace 9 años

Cada vez mejores son tus reseñas Pove, excelente esta en particular. De Hawthorne sólo he leído algunos relatos, y nada más. Tengo siempre en la cabeza este libro y también "La letra escarlata". Por tus palabras no me cabe ninguna duda que me gustará. A la espera de "tiempos mejores" en donde podré leer de corrido como antes, sin desconcentraciones ni lagunas ni dolores de cabeza. Tengo tantos y tantos apuntados por culpa de ustedes que ya ni se por donde empezar. Ahora estoy terminando el tercer cuento-novela de Paul Auster de la Trilogía de Nueva York, y estoy con "Santuario" de Faulkner también; veremos en que termina todo esto.
Felicitaciones amigo, estupenda reseña. Un abrazo.

@nikkus2008 hace 9 años

Cada vez mejores son tus reseñas Pove, excelente esta en particular. De Hawthorne sólo he leído algunos relatos, y nada más. Tengo siempre en la cabeza este libro y también "La letra escarlata". Por tus palabras no me cabe ninguna duda que me gustará. A la espera de "tiempos mejores" en donde podré leer de corrido como antes, sin desconcentraciones ni lagunas ni dolores de cabeza. Tengo tantos y tantos apuntados por culpa de ustedes que ya ni se por donde empezar. Ahora estoy terminando el tercer cuento-novela de Paul Auster de la Trilogía de Nueva York, y estoy con "Santuario" de Faulkner también; veremos en que termina todo esto.
Felicitaciones amigo, estupenda reseña. Un abrazo.

@nikkus2008 hace 9 años

Bien, salió dos veces no se por que diablos!

@Poverello hace 9 años

Hola, nikkus. Me alegro de verte activo, aunque sólo sea un día a la semana. Por tus gustos creo que sí vas a disfrutar con Hawthorne -cuando tengas esos días de calma, eso sí-. También confío en que Santuario no se te atragante si tienes poco tiempo; por su densidad no es fácil de leer a salto de mata.
Respecto a Auster, ayer mismo incluí en mis listas Trilogía de Nueva York.

Saludos, hermano.

@lucero hace 9 años

Poverello, lo tuyo está en la escritura!!!! hermosa reseña, poética y espiritual como siempre.
Por qué será que la doble moral puritana de Norteamérica, la victoriana en Gran Bretaña y la española en Indias han arrojado obras maestras de la literatura? Las dudas morales, el tironeo de las pasiones, el secreto y el develamiento de los secretos... a raíz de tu reseña es que me da de pensar esto.
Saludos amigo

@Poverello hace 9 años

Dicen que hay que estar muy jodido para escribir obras maestras. Fijate en Rimbaud y la miríada de poetas malditos, en Sartre y todos los nihilistas, en Irene Nemirovski, todos los suicidas... Simpre lo digo: ¿alguien se acuerda a bote pronto de alguna canción de amor correspondido? Ahora.. dime una de desamor. Te salen miles. ¡Qué pena!

Un abrazo, lucero.

@FAUSTO hace 9 años

Buena y emotiva reseña, Poverello. Especialmente me quedo con tu reflexión sobre la calma y el sosiego para disfrutar del estilo de Hawthorne. Y esta barroca forma de escribir es uno de los aspectos que más me deslumbraron en la excelente “La letra escarlata”. Un estilo literario que acompaña perfectamente a la historia que narra, sin ensombrecer o entorpecer la trama; como en un principio pensé que sería cuando inicie su lectura.
Gracias por “compartir” tu comentario, que reaviva mi deseo por “La casa de los siete tejados” y disfrutar de este autor.
Por cierto nikkus, también apoyo la recomendación de Poverello.
Saludos para todos.

@Poverello hace 9 años

Gracias a tod@s por vuestros comentarios. Ciertamente el estilo de Hawthorne es maravilloso. Mira que me gustó "La letra escarlata", pero creo que esta obra la supera en profundidad y elaboración de personajes. Pocas veces he sentido leyendo una novela que me estaba metiendo dentro, compartiendo las dichas y deseos de cada uno de sus protagonistas... Sin que pase en muchas ocasiones nada especial, simplemente estar y gozar del silencio. Muy hermoso.

@Faulkneriano hace 9 años

Yo solo me acuerdo de una pobre mujer que hacía galletas de jengibre en forma de persona: debían estar asquerosas y no se las compraba nadie... Y de la maldición, claro, que impresionó mucho a este que suscribe, que por entonces iba al instituto. Y de una extraña, melancólica y elegantemente desarrollada historia, tan perspicaz como desoladora.

Yo no sólo me angustio por lo que no he leído, sino por lo que he leído y he olvidado. Así pues, he decidido no angustiarme por ninguna de las cosas. La relectura es una licencia que me concedo pocas veces. Para cuando sea mayor...

@Poverello hace 9 años

Lo de la relectura lo vivo igual que tú, Faulk. Con todas las cosas buenas que hay que leer me da una pereza repetir...

Ojalá lo que echara para atrás hubieran sido las galletas de jengibre. Sería más humano, pues se hubiera basado exclusivamente en el gusto personal. Rechazar a una galleta (a menos que sea la animada de Shrek) no implica injusticia y desaire, al contrario que hacerlo con cualquier criatura humana, especialmente si es Hepzibah.

@lucero hace 9 años

Al ponerse uno en situaciòn de puntuar y hacerse un historial de lecturas, me he percatado de la magnitud de lo que he leìdo y olvidado, tal como dice Faulkneriano, no serìa nada los libros banales, lectura de playa, sino de los tìtulos que ni registro, y de los que sì y no puedo recuperar casi nada...es castigo por la voracidad lectora de mis tiempos de niña, adolescente y joven.
Pero, repetir lecturas...no (salvo las espirituales), hay muchas estrellas en el firmamento.

@FAUSTO hace 9 años

Curioso debate se ha formado con las relecturas. Creo que voy a ser la nota discordante. Ya hace algún tiempo me ha dado por releer (me estaré haciendo mayor) y con excelentes resultados. Las últimas: una novela y una serie de cuentos (ahora con un volumen más completo) que en su día califique como “simples” buenas lecturas, y ahora, con esta segunda oportunidad, he podido percibir más cualidades y disfrutar más y mejor. Y, como indica Lucero, las lecturas de juventud pueden llegar a ser atropelladas y poco reflexivas.
Sé que el “peligro” de estas nuevas lecturas tiene el riesgo de decepcionar, sobre todo en los libros que consideramos obras maestras, pero también tiene la contrapartida de poder gustar lo mismo y descubrir nuevas cualidades, algo de lo más satisfactorio y superior a una primera lectura.

En cuanto a lo mucho que queda por leer, en realidad es infinito, cada vez me da más “pereza” el género de la novela; es rara la vez que pueda sorprenderme (hay algunas gratas excepciones) un argumento o estilo como podía hacerlo antaño, sensación que me parece bastante lógica. La capacidad de fascinación o asombro me viene de otros géneros menos trillados por mí: biografías, teatro, ensayos, artículos o poesía. Cada vez estoy más atraído por este tipo de libros.

Supongo que siempre leeré novela, aunque cada vez será menos y el número de relecturas seguirá incrementándose.
En fin, cada lector, y según avanza en sus experiencias lectoras, tendrá apetencias bastante particulares e intransferibles.

@lucero hace 9 años

Siempre me resulta apasionante discurir sobre el hecho lector...camino intimo e indescifrable.

@Poverello hace 9 años

Fausto, creo que no eres en absoluto discordante ni disonante y es probable que varias personas de las que hemos intervenido estemos de acuerdo con tu opinión de que una relectura de una buena obra (desde la... madurez, podríamos decir) nos dé glorias que no descubrimos en su día. pero en mi caso -que tampoco soy tan joven- creo que la lista de relecturas sería casi tan infinita como la de libros a leer. Así de cabeza: La letra escarlata, César o nada, Ana Karenina, Santuario, Crimen y castigo, Robinson Crusoe, Moby Dick, Las uvas de la ira, Pic-nic (y este si que es cortito), casi toda la filosofía...
Aunque es muy cierto la de tiempo que he invertido en lecturas que sería ahora incapaz de recordar o votar por su similitud argumental o mezcla de ideas (toda la colección de Los cinco, la otra de un tal Tocón que ando buscando por añoranza, los a-históricos Zane Grey o Karl May, el enjambre de cómics anodinos... y a otro nivel Agatha Cristie o Julio Verne) no me arrepiento de ello. Me enseñaron a ser paciente, a sentarme, a pensar, a deglutir y asimilar... a no imaginarme mi día a día sin uno o dos libros en la cabecera de la cama, al lado del ordenador, en la mesa del comedor... Sabia literatura, que hace la vida -mi vida- más soportable y gozosa. Y ya lo es.

Ay... Que se me va la pinza.

@Faulkneriano hace 9 años

Una afirmación muy común, Fausto, es que a cierta edad la novela pierde su interés y gana enteros el ensayo. La relectura es necesaria, pero debe ser muy, muy selectiva, y no tanto para corroborar impresiones sino, más bien, para gozar más profunda y demoradamente de lo que sabes de antemano que es bueno.

@FAUSTO hace 9 años

Sí, claro, Falkneriano. Debe ser una elección selectiva, de algo debe servir que ya se conozca el percal. Aunque no estoy de acuerdo que sólo debe reducirse a los escritos que consideramos excelentes, y más cuando cabe la posibilidad que en una segunda lectura no las estimemos de la misma forma (cruzo los dedos). Personalmente, también son dignas de una relectura la obra de un determinado autor que me haya dejado “clavada una espinita” y que merezca la pena la nueva oportunidad, o la novela “decepcionante” del escritor que catalogamos como fundamental, y que, igualmente, considere que valga el esfuerzo.
Habrá numerosas motivos para emprender una relectura y todos validos, pero, para mí y hasta ahora, esas tres razones son las que me pueden impulsar a iniciar una relectura.

@Faulkneriano hace 9 años

Entiendo lo que dices, Fausto. El problema es el tiempo. De ahí que yo elimine algún "supuesto" de los tuyos, muy respetables, por cierto. Para entendernos: estoy por la labor de releer el Quijote (ya sería la cuarta vez), El hombre sin atributos de Musil o la Recherche de Proust. Pero... darle otra oportunidad a John Fante (por poner el primer ejemplo que se me ocurre) o releer El sueño del celta (un error manifiesto de Vargas Llosa, al que, por otra parte, admiro mucho) se me hace muy cuesta arriba... Como dice Lucero, las razones de los lectores son misteriosas. Las caras que se ven entre las baldas de las bibliotecas públicas o en los expositores de novedades de las librerías son un poema: indecisión, interés, pasión, placer, disgusto... toda una gama de sensaciones, vaya.

Y no, Poverello, no se te va la pinza. Aunque la nostalgia es mala consejera. No te leas Karl May, y mucho menos los Cinco: sería como empeñarse en ver la chica que te gustaba a los trece...

@Poverello hace 9 años

"Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver", cantaba Sabina (en un tema por cierto en el que sale una vez más nuestro Borges). ¡Gran verdad! A Karl May le tengo un cariño absurdo que no veas. El Quijote es otro de mis dolores, pues lo leería anualmente... Y, bueno, supongo que, como en las canciones, leer u oír algo mas de cinco veces seguidas suele crear odio y hasta angustia.
Y volviendo a Hawthorne, si apenas recuerdas, no creo que te suponga exceso de esfuerzo leerte de nuevo La casa de los siete tejados. Disfrutarás y, como diría lucero, comentarás la reseña para que aprendamos tod@s, o al menos yo.

@lucero hace 9 años

Siempre hacemos comparaciones y generalizamos, pero en Hawthorne no reconozco la literatura norteamericana del s.XIX ni del s.XX. Sin ánimo de hacer aportes eruditos (los cuales exceden mis diplomas) diría que La casa de los ....es una obra fuertemente moralista, y quizás por ello el autor elige el género gótico. Poverello, acertás en resaltar la poesía de las descripciones y la ternura de los personajes. Cuando terminamos la novela uno siente el ruido del desplomamiento virtual de la casa, eje y personaje, cruz, maldición y redención.
Hepzibah queda en mi galería de seres hermosos, por su entrega y su amor, su generosidad y su abandono.
Otra cosa que me llamó la atención fue cómo el autor toma partido explícitamente al condenar con sarcasmo a los Pyncheon (no quiero hacer spoiler), hace leña del árbol caído y se regocija desde la pluma creadora de poner en orden el mundo y hacer prevaler la justicia.
Gracias a SdL es que me doy gustos como éste. Y pronto voy a por La letra escarlata.

@Poverello hace 9 años

Me alegro que te gustara, lucero, y 100% de acuerdo con tus conclusiones. Y Hawthorne, por la situación personal, familiar y social que le tocó vivir no es que sea sólo fuertemente moralista sino que su rechazo visceral al puritanismo y a la doble moral (en este sentido puede ser que en 'La letra escarlata' sean aún más acentuados) le gotea a chorros y supone sobre todo una crítica destructiva a la sociedad. Y me encanta 'que los planes salgan bien'.

@lucero hace 9 años

En eso es que no reconozco a la lit.norteamericana, que según la ley de Murphy, lo que puede salir mal, sale mal, y por muestra basta London, Faulkner y cia.

@sedacala hace 9 años

A mí lo del spoiler me da igual, porque hace ya mucho que lo leí, quizás un par de años, y ya no me acuerdo del argumento más que en líneas muy generales. Por esa misma razón, os daría mi opinión de manera muy simple más allá de cualquier análisis. Me pareció una novela entretenida, tierna, un poco misteriosa, en la que triunfa el bien, en la que los personajes atravesados se llevan su justo castigo, envuelta en ese maravilloso barniz gótico que recrea unos ambientes sombríos e inquietantes. Me gustó mucho. Sin embargo, lamento disentir con ustedes, LA LETRA ESCARLATA no me gustó; no tenía todas esas virtudes estéticas de la otra, y no llegué yo a identificarme con aquellos personajes. Ni me agradó como novela, ni me transmitió nada.