No me acuerdo de nada por Atticus

Portada de NO ME ACUERDO DE NADA

Ephron comenzaba a entender que la muerte existe. A hablar de ella de forma consciente, real. No como cuando alguien con treinta, cuarenta o cincuenta suelta tranquila y frívolamente: “estoy mayor”. Ahí no hay verdadero miedo a ella, a no ser que ciertas circunstancias hayan adelantado prematuramente un sentir mas propio de los setenta u ochenta. Sólo se sabe que llegará, pero se asevera casi desde la creencia del inmortal. Y menos mal que así es. De lo contrario el día a día sería pura agonía.

Yo, que rozo los treinta y nueve, sigo a día de hoy considerándome inmortal. La muerte y la vejez afectan únicamente a los demás. De hecho nunca he estado mejor. En un punto de madurez estupendo físico y mental (si es que esto es posible en el género masculino). No me cuelga nada y he descubierto que le resulto bastante atractivo al género femenino (al menos ha mejorado todo notablemente respecto de los veinte, exceptuando mi tolerancia a drogas y resacas). Pero no hablemos de mí, o sí, porque sin estos dos párrafos de relleno a saber qué se me ocurriría decir de un libro que por mi cabeza (aún poblada de pelo) ha pasado con cierta gloria y alguna pena.

Pues sí, Nora Ephron se degradaba. Ella lo sabía. Aunque igual no tanto como para, dos años después de escribir el texto que tuve entre mis lozanas manos hace un rato, contando entonces con setenta y un años, encontrar la muerte.

Su estilo en "No me acuerdo de nada" es más que ágil, que no siempre interesante. Estilo que delata al que ha ejercido de periodista, columnista, guionista o algún otro ista similar. Ella es lo contrario al adorno estilístico gratuito. Va al grano y lo hace con gracia. Es honesta consigo misma. El libro se lee en una patada. Si se conoce algo del contexto y/o mundillo del cine y de los entresijos faranduleros de la sociedad de la época, se disfruta. Si no, también. Te ríes. Alguna carcajada espontánea cayó. Y te emocionas. Pero, aunque no te aburres, porque no hay tiempo para ello, sí que entre tanta sentencia, cosa que se le permite, ya que a los sesenta y nueve años una puede comenzar a sentenciar ya lo que le dé la gana, hay altibajos entre la brillantez de unas líneas y lo insustancial de otras.

Igualmente lo recomendaría. 6.5

¡Larga vida a Cuando Harry encontró a Sally!

Escrita hace 22 días · 0 votos · @Atticus le ha puesto un 7 ·

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