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SANTUARIO

Autor: WILLIAM FAULKNER
ISBN: 9788420470023
Género: Literatura contemporánea
Editorial:ALFAGUARA
Edición: 2006
Número de páginas: 320

DEVIL´S SANCTUARY
5 con 2 votos

“Santuario” es, indudablemente, una de las novelas de más éxito de William Faulkner y aunque su popularidad pueda hacer pensar en una lectura algo más accesible, la novela nos coloca enseguida ante las conocidas dificultades propias de su autor. Sabemos que Faulkner escribía siguiendo estrictamente su gusto personal, y despreciando todo lo que entendía como concesiones al público, una actitud seguramente determinante para su condición de escritor innovador.

LA TRAMA de “Santuario”, describe el episodio ocurrido en una casa utilizada como destilería clandestina, en el que se produce una muerte y del que se deriva una situación muy violenta, que dura un cierto periodo de tiempo, y que culmina con el juicio en el que se dirime la culpabilidad por dicha muerte. Su autor le concede muy poca importancia a una descripción objetiva de las circunstancias y los detalles físicos que allí concurren (no es la clásica novela de un juicio), y mucha importancia, en cambio, a que el relato airee las condiciones de cruda violencia que se viven en dicho episodio, si bien, aminorando las más explicitas, y magnificando las que afectan al mundo interior de los personajes, a su drama, a su sensibilidad, y a su interpretación de la situación. Para conseguirlo, Faulkner extrema los rasgos sórdidos, la agresividad, y el aire de pesadilla, a la vez que intenta crear un efecto sombrío, reduciendo al mínimo posible, una descripción lúcida, objetiva, y consciente de lo ocurrido.

EL ESTILO de Faulkner nos presenta a sus protagonistas como seres complicados y malhumorados, que se comunican a través de agrios intercambios de frases llenas de discusiones y reproches, y que andan metidos en un ambiente cargado de agresividad, desazón, o impotencia, que se parece demasiado a una mala pesadilla. La trama de la novela no está acotada dentro de unos límites determinados, su principio, su final y sus contornos, son borrosos y difuminados. Viene organizada en escenas de contenido dialogado que recrean la acción y de una extensión relativamente corta. Estas escenas no tienen continuidad de tiempo ni de espacio entre sí, sino que dan saltos bruscos de una a otra, cambiando de escenario y de protagonistas. Además de estas escenas narrativas, se intercalan tramos de texto con largas parrafadas, que reflejan el punto de vista del narrador y dan una visión llena de adjetivos, muy personal aunque un tanto críptica. Y aquí asoma quizá el principal problema que le plantea al lector la forma de narrar de Faulkner, que es el la dificultad de enterarse bien de cuándo, cómo, y dónde suceden las cosas, y quién es el personaje que las protagoniza. Claro que siempre existe la opción de aguzar los sentidos para entresacar esos datos de las partes dialogadas o de acción, o también, de rastrear las largas parrafadas del narrador, pero unas y otras son igualmente parcas en información y seguramente ayudarán poco a entender la trama. Faulkner utiliza también esos tramos de narrador, para implementar un aura siniestra y llena de interrogantes, probablemente en busca de la atmosfera adecuada para el intenso dramatismo de su argumento. En ellos, maneja un lenguaje vibrante (en contraposición con la sequedad de los diálogos), dándoles la forma de una impetuosa tromba verbal que matiza los pormenores de la trama y los personajes, y en la que sus lectores encontrarán en estado puro, el tipo de prosa brillante e imaginativa, poblada de adjetivos, largas frases, y figuras retóricas, correspondientes a su etiqueta de escritor modernista. Y a todo lo anterior, hay que añadir que leemos hechos que no necesariamente están en el orden en que han ocurrido, lo que contribuye más aún a confundir al lector desprevenido, aunque, no tanto, al que ya conoce su forma de escribir. La peculiaridad de estos mecanismos, se transforma en una fuerte impresión que lleva a leer con avidez (aunque también con cierto despiste), en busca de un final que arroje luz sobre las muchísimas claves que van quedando sin aclarar. De tal manera que el lector se encuentra con una novela dura, seca, exenta de rasgos amables, que cuenta mediante flashes narrativos, unos hechos, cuando menos, complicados. Desentrañar esos hechos, dejándose llevar por su magnetismo, es el reto que lleva a leer la novela de un tirón.

POSIBLE REPERCUSION en el lector de “Santuario”. El mundo cruel y violento que refleja esta novela de Faulkner podría afectar al ánimo de quien lee. Pensaba en ello, mientras me acordaba de los comentarios que había leído, en los que se resaltaba la extrema dureza de “Santuario”. Ahora, tras leerla, compruebo que esa posible afección, en mí caso, ha sido menor de lo que yo pensaba. ¿Y por qué?, podría uno preguntarse. Faulkner solo define los rasgos de sus personajes que afectan a la trama; es algo así como el dicho de “el roce hace el cariño”, pero al revés; a menor roce, (léase roce como conocimiento del personaje), menos me afectan sus penas. Esto pasa, por ejemplo, con el abogado Horace Benbow, el protagonista principal del que, cuando terminé la novela, solo recordaba leves pinceladas: Es un hombre que aparece consternado en su cometido de defensor, y también en sus relaciones personales, ese es su papel en la novela; pero poco más supe de él (quizá no sea necesario saberlo), y por ello casi no puedo tenerle apego, ni sentir que me afectan los disgustos que le provoca la trama. Es decir, lo que interesa es la trama, los sentimientos periféricos a ella sobran, y los personajes están al servicio de su manera de contarla, por lo que los tipos poliédricos no encajan y no los incluye, o no da ese carácter a los que tiene. Y su concepto es sabido, sus personajes han de cumplir con su estereotipo, que es sobrevivir en aquel ambiente cruel e introspectivo, y rodeados de una caterva de tipos muy dudosos; de tipos auténticamente perdedores. Y en consecuencia, se da la antes mencionada desafección, que en el fondo, no es más que una consecuencia de sentirse un poco fuera de ese mar de sentimientos que es la novela tradicional, y en el que tanto se disfruta sufriendo. Aquí en cambio, metido en este mar que ha concebido el autor, y a pesar de su violencia, el lector toma distancia, y sufre menos. Claro que así es como lo veo yo, otros lo verán de otra forma. Conclusión: ¿Gustará a todo el mundo?: evidentemente no, William Faulkner es un escritor muy exigente con el lector; quien lo lea debe saber que su lectura requiere esfuerzo, y no todos los lectores están dispuestos a hacerlo. Y además, aun asumiendo dicho esfuerzo, su lectura no será, seguramente, del gusto de todo el mundo, por su dura temática y por la aspereza de su estilo.

ALGUNOS DATOS sacados de sus reseñas en Internet, dicen que Faulkner fue un escritor modernista perteneciente a la “generación perdida”, que innovó con el desarrollo del monólogo interior, con una distribución no lineal del transcurso de la acción, con la multiplicidad de puntos de vista en la narración, y con un manejo del lenguaje en busca de la expresividad, el lirismo, y la peculiaridad de sus personajes. También se podrían considerar como características suyas un cúmulo de circunstancias, la época, el lugar, y la temática social, que de tanto aparecer en sus novelas, son ya un referente fijo de su obra. Como aquellos años veinte y treinta, en los que perduraban en el Sur las consecuencias de la guerra civil y especialmente las referidas a la falta de inserción de los negros en el tejido social; o la situación creada por la terrible depresión del 29, que se tradujo en un abatimiento económico brutal, con enormes dramas sociales por todo el país; o el problema generado por la prohibición del alcohol, cuestión ésta que subyace en el argumento de la novela. Y por último el estado de Missisipi, en ese Sur en el que las cuestiones señaladas presentaban rasgos aún más graves, pero que es el lugar en que Faulkner nació, vivió, y del que sabía que era el marco idóneo para sus tramas, con un absoluto predominio del componente dramático, algo lógico conociendo las trágicas proporciones que alcanzó aquella crisis, y sobre todo la complicadísima estructura social de aquel territorio.

Escrito por sedacala hace 13 días, Su votacion: 8

Faulkneriano hace 11 días

Lo más flojo de Faulkner le da sopas con onda a lo producido por una legión de escribidores.

La cosa empezó siendo un intento de ganar algún dinero con una novela negra al estilo Black Mask, pero Faulkner era Faulkner y no Dashiell Hammett. Así que la cosa salió como salió. Yo creo, no obstante, que es de las novelas fáciles.

La obra guarda relación con el resto de las novelas del territorioi imaginario del autor. El prostíbulo aparece en La ciudad y en La Mansión, dos novelas protagonizadas por los Snopes, creo recordar.

Curiosa la obsesión de Faulkner por los abogados como supuestos representantes del bien. Gavin Stevens es el ejemplo más conocido: aparece en casi media docena de novelas y es más interesante que el pobre Benbow.

Excelente reseña, sedacala. Da gusto leer cosas bien traídas acerca del bigotudo por aquí.

sedacala hace 11 días

Me asalta la duda de si el mensaje que transmito con esta reseña es positivo y avala su lectura, o es negativo y se mantiene crítica con ciertos aspectos recurrentes de la obra de Faulkner. Sí que es verdad que he procurado verter mi punto de vista de una manera lo más ecuánime y razonada, pero a lo que realmente me refiero es al efecto global, al poso que queda en quien ha leído la reseña.

Si quisiera en este momento hacer un resumen rápido de cómo me ha afectado la lectura de “Santuario”, diría que sigue molestándome bastante esa manera de hacer faulkneriana, que se regodea en esconderle datos al lector (¿para qué?). Pero tengo que reconocer que la tarea de leerla ha tenido para mí un atractivo nada despreciable, que hace que me haya gustado, sí, y además, sin paliativos.

¿Realmente crees que “Santuario” es una de las novelas más flojas del autor?

Seguiré leyéndole, quizá “Palmeras salvajes”.

Poverello hace 11 días

Yo empecé mi andadura faulkneriana con Santuario; por casualidad, como ya dije por aquí. Después de leer bastantes novelas del bigotudo, Santuario también me parece de las más fáciles de leer junto con Luz de agosto. Claro que, como dice nuestro amigo, por fácil que sea sigue siendo Faulkner, como bien apuntas en tu reseña, debido a su estilo característico; tu magnífica reseña, a mi entender, no anima precisamente a meterle mano a la novela.

Habría que haber leído Santuario tal y como la concibió Faulkner antes de que lo obligaran a cambiar multitud de pasajes de violencia excesiva para ser publicada.

Faulkneriano hace 10 días

... Todo lo floja que puede ser una novela de Faulkner, que no es mucho. Más flojas son la ciudad, La escapada y La paga de los soldados, su primera novela, todavía muy poco faulkneriana. Aunque hay varias que no he leído todavía... Santuario vale sobre todo por su personaje de Popeye, siempre fumando, el humo tapando la mitad de su cara. Es una historia francamente desagradable. Tiene razón Poverello: más violencia le habría venido hasta mejor...

sedacala hace 10 días

Pero explicitar la violencia tampoco formaba parte de su estilo. Estoy completamente seguro de que sería mucho más interesante aún, mostrando la violencia casi en plan... Tarantino. Pero entonces no sería lo que es, sería otra cosa.

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