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LOS MISERABLES

Autor: VÍCTOR HUGO
ISBN: 9788497937078
Género: Clásicos de la literatura
Editorial:DEBOLSILLO
Edición: 2005
Número de páginas: 1632

Etiquetas: Literatura francesa, S XIX, Clásico, Romanticismo

NO ENCUENTRO EN ESTE LIBRO NI VERDAD NI GRANDEZA (GUSTAVE FLAUBERT)
4.5 con 8 votos

He podido constatar que esta obra levanta a su alrededor grandes pasiones, exaltados elogios y encendidas defensas. Que me disculpen pues todos aquellos que aman esta novela por la dureza con la que aquí trato el libro. Mi intención es únicamente contribuir con mi opinión que, aunque no humilde, aporta otro punto de vista que aquí expongo sin más dilación: el valor de esta obra radica en haberse erigido en un símbolo social y político y en un paradigma del movimiento romántico en las letras; lamentablemente su calidad literaria, así como gran parte de su ideario, deja mucho que desear.

Desde luego, algo debe atesorar esta novela para que después de más de 150 años transcurridos desde su publicación siga teniendo tal pléyade de lectores postrados ante ella (*). Quizás fue Flaubert quién dio con la clave para explicar su éxito al afirmar que “en cuanto al estilo me parece intencionadamente incorrecto y vulgar. Es una manera de halagar lo popular”; quizás fue Vargas Llosa al considerar que “es una de esas obras que han hecho desear a más hombres y mujeres un mundo más justo, más racional y más bello”.

Creo que ambos apuntan dos aspectos claves del éxito. No estoy totalmente de acuerdo con Flaubert en cuanto a la calificación del estilo. La prosa de Victor Hugo me ha parecido lírica, apasionada, potente, derrochadora y rica, que en ocasiones, no pocas, alcanza una gran altura. ¡Qué gran estilo si hubiera gran novela! No es el caso. De hecho, Los miserables no es una novela; encierra una o, mejor dicho, hay una historia que envuelve en colores brillantes un maremágnum de opiniones, ideas y divagaciones filosóficas, morales, religiosas, sociales, políticas e históricas, a menudo pesadas y desafortunadas, con el fin de hacerlas llegar al mayor número de lectores.

Por ello, la obra tenía que conmover, llegar al corazón como el mejor atajo posible hacia la mente. ¡Y vaya si lo consiguió! Su gran mérito consiste en haber escrito una obra que ha llegado a convertirse en un símbolo, en el gran símbolo literario en favor de los más desfavorecidos, de aquellos santos Jobs con los que no es difícil identificarse y que no solo sufren una situación social intolerable e injusta sino que además tienen que hacer frente a las tristísimas desdichas que les ha deparado el inmisericorde destino; y, como su acertado complementario, la obra anuncia la llegada de un hombre nuevo que traerá una época ininterrumpida de progreso, prosperidad y felicidad para todos. Tragedia, denuncia y esperanza reunidas en la misma obra. Qué puede ser más hermoso que conmoverse ante tanta desgracia; qué más estimulante que enfurecerse ante tanta injusticia; qué más tentador que soñar con un mundo nuevo y mejor. Y sin embargo, sigue siendo inexplicable para mí como el libro puede ser tan alabado y calificado como obra cumbre de la literatura universal.

Los miserables es una obra necesitadísima de una cuidadosa labor editorial, en la que Victor Hugo da rienda suelta a su portentosa necesidad de comunicarnos sus vastos conocimientos sobre los temas más variopintos; donde se explica hasta el detalle más peregrino de la trama porque nada puede dejarse a la imaginación del lector; una obra en la que carga las tintas de la forma más descarada en favor de las ideas y planteamientos que son de su agrado y en ridiculizar sin argumento alguno las que no lo son; una obra en la que la historia contada se retuerce hasta límites paródicos con el fin de interesar primero, sulfurar después y, finalmente, conmover hasta la lágrima mediante un melodrama folletinesco, repleto de sorpresas, coincidencias inexplicables, encuentros inverosímiles y efectistas, amores castos y desgarradores, odios desaforados, intolerables miserias, de pobre e improbable armazón argumental y repleta de situaciones que se resuelven en el último segundo de la forma más emotiva; con unos personajes que son encarnaciones puras, simples y asexuadas, símbolos de lo más excelso y lo más bajo del ser humano y siempre bajo el prisma romántico que sitúa lo emocional muy por encima de lo racional y en el que la lucha de unos contra otros se plantea de una forma que no puedo calificar sino de demagógica.

Algunas de las ideas expresadas e ilustradas en el texto pudieran ser revolucionarias en su momento. No tengo nada que objetar a la justa petición de una más cabal proporcionalidad entre las penas y los delitos, ni a la denuncia sobre las terribles condiciones sociales en las que muchos vivían (y viven aun), ni a su exigencia de una educación gratuita y universal. Sin embargo, actualmente no creo que fueran razones suficientes para encumbrar obra alguna. Tampoco voy a criticar sus ideas sobre la mujer ni la descarga de responsabilidad que Victor Hugo les regala a ellas y a los criados, junto a niños, débiles e ignorantes (“De las culpas de las mujeres, de los niños, de los criados, de los débiles, y de los ignorantes, tienen la culpa los maridos, los padres, los amos, los fuertes, los ricos y los sabios”); tampoco lo haré con ese concepto siempre escurridizo del destino o la fatalidad (“Por mucho que labremos lo mejor que podamos el bloque misterioso de que está hecha nuestra vida, la veta negra del destino vuelve a aparecer siempre”); ni, por supuesto, diré nada acerca de su propósito moralizante ni de su apostolado político. Pero hay cosas que ni siquiera la época en la que fue pensada ni la buena intención le puede servir de atenuante... al menos, ante mí.

Una es su defensa de la religiosidad y su misterio (“Adorar lo incomprensible y rechazar lo absurdo; no admitir sino lo indispensable en el ámbito de lo inexplicable”; “La negación de lo infinito conduce en derechura al nihilismo”) y el efecto benéfico que según el autor tiene sobre los seres humanos (“La naturaleza sólo hizo de ella una oveja. La religión la convirtió en un ángel”) y las graves y malísimas consecuencias que tiene su contrario ("¡Qué excelente, qué estupendo es ese materialismo! No está al alcance de cualquiera. ¡Ay, a quien lo tiene, nadie lo engaña! ¡No se deja desterrar tontamente como Catón, ni lapidar como Esteban, ni quemar vivo como Juana de Arco! Quienes han conseguido hacerse con ese materialismo admirable tienen la alegría de sentirse libres de responsabilidades y de pensar que pueden zampárselo todo sin preocupaciones").

La segunda es LA GRAN IDEA que vertebra toda la novela: la bondad innata del hombre. Esa bondad que permitirá, gracias a la educación universal, alcanzar el paraíso en la tierra (“La más terrible y la más homicida de las pasiones que se puede infundir a las masas, es la pasión de lo imposible” dijo Lamantine a este respecto), esa bondad innata que permite al gran héroe de esta novela, Jean Valjean, superar las injusticias y el lodo en el que se ve inmerso para llegar a ese lugar que se encuentra “más cerca del ángel que del hombre”. Victor Hugo quiere dejar todo atado y bien atado y no tiene ningún empacho en comunicarnos expresamente ese tema central de su novela: "el camino del mal al bien, de lo injusto hacia lo justo, de lo falso hacia lo cierto, de la noche hacia el día, del apetito hacia la conciencia, de la podredumbre hacia la vida, de la bestialidad hacia el deber, del infierno hacia el cielo, de la nada hacia Dios." En definitiva, el progreso, tanto en lo individual como en lo colectivo.

En este camino, dos personajes se enfrentan, Valjean y Javert, dos extremos, como extremista es todo el libro, dos representaciones de ideas dispares sobre la naturaleza del ser humano. Por un lado, un hombre de bondad innata que solo las condiciones sociales pueden separar del camino recto; por el otro, alguien cuya idea del ser humano es la de un ser incapaz de salirse de sus coordenadas, buenas o malas, independientes de sus circunstancias. No es la lucha del bien y del mal, aunque los esfuerzos del autor por emparejar ambas visiones del hombre con esas calificaciones morales no son baladíes. Y esto es lo más inaceptable de Los miserables, la presentación simplista y demagógica de los problemas, de los dilemas, de cualquiera de las cuestiones que plantea, y el enfrentamiento entre Valjean y Javert es el mayor y más claro ejemplo de ello.

En la esquina derecha del ring, poseedor de una luz interior, de una magnificencia sobrehumana, blanco de las mayores injusticias y de las más despiadadas tragedias, engalanado con un abrigo entallado, amarillento, raído y con sombrero algo abollado: “ex presidiario angustiado“ Jean Valjean, el éxito del hombre, la encarnación del perdón. Al otro lado, portador de enormes patillas, vistiendo un levitón largo y esgrimiendo un garrote, con la mirada oscura, la boca fruncida y temible, y un gesto feroz de mando: “perro de presa” Javert, representante de la ley ciega, de la imposibilidad de la redención y, por tanto, del castigo implacable y terrible como única respuesta al delito. El combate se resuelve, como no podía ser de otra manera, por K.O en la quinta parte, libro tercero... aunque algunos piensan que en realidad no hubo golpe que consiguiera tal proeza y que Javert se dejó caer a la lona o incluso que lo empujaron a ello…

…que no fue un combate limpio, vaya. Yo soy de los que así piensan. La gran trampa del autor es presentarnos a Javert como una especie de doctor Jekyll y señor Hyde en la que este último contamina con su perversidad todo lo que el doctor representa. Así, Jekyll encarna, además de esa concepción fatalista del hombre, la justicia ciega e implacable que parece concentrar todos los males de la administración de justicia. Sin embargo, de lo esgrimido por Victor Hugo solo se saca en claro su denuncia de la desproporción entre penas y delitos, aunque esto sea responsabilidad de otro negociado y nada tenga que ver con la labor de un inspector de policía. Es más, no se sabe muy bien en qué consistiría esa especie de justicia compasiva que parece defender en su obra, y mal vamos si nos atenemos a esa declaración que pone en boca de otro de esos santos inocentes que pueblan la obra:

“Si fuera un ladrón, ¿lo salvaría? Pues sí. Si fuera un asesino, ¿lo salvaría? Pues sí.” (el tío Fauchelevent, jardinero del convento, al especular acerca de lo que Jean Valjean pudiera esconder).

¿De qué otro modo se debe administrar la justicia, de qué otro modo se deben hacer cumplir las leyes que no sea de forma imparcial y estricta? (otro tema son las leyes que hay que hacer respetar y cumplir, pero esa es otra historia). Pero es que realmente Javert no solo representa esa justicia sin sentimientos, ni mucho menos. Hyde, quiero decir Javert, está descrito como un ser fanático, obsesivo, cruel, que disfruta humillando a delincuentes tan “terribles y malvados” como Fantine o Valjean. Un ser que da pie a Victor Hugo para dictarnos esa, por otra parte, gran sentencia:

“Ningún sentimiento humano consigue ser tan espantoso como la alegría”.



(*) Yo mismo he dedicado unas cuantas horas a leer sus más de 1.800 páginas a pesar de todas mis críticas. Bien es cierto que una parte no despreciable de esas casi dos mil páginas han sido ojeadas en diagonal. También es cierto que me empujaba a avanzar la posibilidad de encontrar esa magnificencia que tantos proclaman y que una vez superado un cierto umbral de páginas se te va haciendo más difícil renunciar a la empresa y darla por perdida. Tampoco es razón menor esa inclinación por el melodrama que me he redescubierto tantos años después de aquellas abrasadoras e interminables tardes de verano pasadas en un pueblecito pacense sentado a la camilla junto a mi abuela y oyendo las maravillosas y apasionantes radionovelas escritas por Guillermo Sautier Casaseca.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 5

Tharl hace mas de un año

Ay, Guille, que me pones nostálgico. Ay, ya no se hacen novelas como antes...

sedacala hace mas de un año

Tú los has dicho, esta obra es un paradigma del movimiento romántico en literatura. Pero las obras de marcado acento romántico no se pueden disfrutar si no se integra uno en su peculiar dialéctica. Y tú te has mantenido fuera; en esas condiciones, es normal, no te ha gustado. Tú posición me ha recordado mucho a la que yo tuve con “Frankenstein o el moderno Prometeo”; me pasó algo parecido, no me gustó, expliqué el porqué, pero no se me entendió. También andaba el romanticismo por medio. En todo caso aquí no comparto tu punto de vista, es demasiado frío, “Los miserables” emociona a pesar de todo lo que se quiera argumentar, y a mí todo lo que me emocione me gusta.

Kodama hace mas de un año

También creo que a Los Miserables le sobran narraciones tan detalladas/alargadas de batallas/sucesos históricos y opiniones personales hugonianas que aportan poco al núcleo de la historia... pero es que manteniendo eso al margen, la historia es sublime.
Como bien dices Guille "el valor de esta obra radica en haberse erigido en un símbolo social y político y en un paradigma del movimiento romántico en las letras", creo que el hecho de que una obra consiga llegar a eso que mencionas, habla de la grandeza de dicha obra. Eso sí, no creo que su calidad literaria deje que desear, es más, creo que obras románticas requieren del lenguaje que usa Hugo. Con tu idea de obra símbolo pero de calidad literaria baja siempre me viene a la mente la Biblia, dicen que el libro más leido (supongo que el más leído pero no en su totalidad), sagrado para muchos fieles (ellos sabrán) y con calidad literaria nula (al menos los pasajes que he leído).
Y desde mi punto de vista, una obra romántica no puede valorarse sólo por méritos literarios; como bien dice Sedacala el romanticismo busca esa emoción que Los Miserables consigue. Además no sólo puede destacarse a Valjean (esta claro que eclipsa al resto) y Javert, Hugo recrea unos personajes complejos que transmiten la pasión y sentimientos que desea el autor.

Decir por último que una gran reseña Guille, me gusta cuando uno da razones tan bien argumentadas de porqué le gusta o no una obra, y en este caso tu extensa y completa crítica va muy a juego con la extensa y completa obra de la que opinas. Creo que en este tema de grandes obras de la literatura apreciadas y alabadas, todos tenemos alguna/s con las que no podemos. Saludos :)

Guille hace mas de un año

Gracias por tus palabras Kodama.

Quizás tengáis razón, pero para emocionarme yo necesito algo que me suene a verdad y no es el caso. Tanto símbolismo exagerado, tantos retorcimientos argumentales a mí me echan para atrás y me dejan frío. Y si no hay verdad, no puede haber grandeza. Definitivamente me quedo con las palabras de Flaubert.

Poverello hace mas de un año

Exhaustiva reseña, Guille, aunque en mi percepción e interpretación de la obra, de su estilo, sentido, valor literario y demás vainas no comparto ni una coma juraría, aunque hablemos hasta de las mismas ideas, para cuya detallada explicación me remito a la reseña que escribí en su día y los subsiguientes comentarios, claro, por no repetirme más que el ajo porro.

Lo que realmente me sorprende tras leer la crítica es que le hayas puesto un 6 y no un tres o un cuatro.

Abrazotes.

Faulkneriano hace mas de un año

¿Os habéis fijado qué largas salen las reseñas de Los miserables? Gran trabajo, Guille.

Entiendo las razones de unos y otros, pero sigo sin leer esta obra. Solamente dos cosas con las que no estoy de acuerdo, completamente ajenas a Hugo:

a) Que se pueda leer "en diagonal".
b) Que la Biblia tenga una "calidad literaria nula".

Saludos.

Guille hace mas de un año

Poverello, leí tu reseña, como todas las demás y todos toditos los comentarios a ellas, así que comprendo perfectamente que no compartas nada de lo aquí digo. Por eso mismo apuntaba en el inicio de la mía que mi intención era la de aportar otro punto de vista, muy distinto al que suele ser habitual con esta obra, que, repito, es algo que me llama poderosísimamente la atención. Te digo más; la intención era poner un comentario a tu reseña, pero escribía y escribía y escribía y ¡hala! salió lo que salió.

Acerca de lo que dices de la puntuación, bueno, aquí entramos en la cuestión de qué es lo que valoramos cada uno a la hora de puntuar un libro. Por mi parte, la nota final es una combinación de mi apreciación sobre la calidad del libro y de mi disfrute al leerlo, dos conceptos que no siempre van en paralelo y que además habrán variado con total seguridad a lo largo del tiempo. ¿Que cómo puedo calificar a un libro de bueno si no me ha gustado o viceversa? Pues créeme que ni yo mismo consigo explicármelo muchas de las veces.

Generalmente no suelo dar calificaciones por debajo del 5; la criba que hago antes de empezar un libro lo impide, aunque hay algún que otro caso. A Los miserables perfectamente le podía haber otorgado el 5, estuve tentado a ello, pero en virtud de lo que comento de su prosa y en virtud de mi redescubierto gusto por lo folletinesco le alcé hasta el 6.

Faulkneriano, pues sí, se puede leer en diagonal y precisamente este libro se presta a ello en no pocas ocasiones. Como digo en la reseña, le hace más falta un editor que lectores. Me suelen gustar las lucubraciones en las novelas, siempre que vengan al caso. En Los miserables hay extensas parrafadas que, sin aportar nada a la historia, me interesaban cero patatero. La vida es corta y los libros muchos.

Faulkneriano hace mas de un año

Nada, nada. Lo de "leer en diagonal" significa lisa y llanamente saltarse párrafos y quién sabe si capítulos enteros. Es todo un eufemismo, muy de estos tiempos. Y eso no se hace. Nunca.

Mi hijo me advirtió, a los varios días de haber empezado Los miserables, que había muchísimas páginas de contenido histórico. Siguió unos días, se hartó y lo dejó. Yo creo que hizo bien.

Guille hace mas de un año

Pues el salto que hizo tu hijo fue algo más grande que cualquiera de los que hice yo, así que si piensas que él hizo bien... ;) .

No, leer en diagonal es leer tres palabras de cada 50, por aquello de no saltarse algo que sí pueda ser interesante o incumba a la trama.

FAUSTO hace mas de un año

Comparto el otro punto de vista de Guille, Kodama y de ese tal Flaubert (también rechazo, por lo que recuerdo, la crítica al estilo). Parece que nos encontramos en el “bando hereje” del sentir general. Bromas aparte, esta novela es, sin duda, la que más ha decepcionado ante las expectativas que tenía y que más me ha fastidiado (hablando fino y sin emplear el consabido y acertado taco) no apreciar y paladear su lectura. Leyendo tu valiente y exquisita crítica, Guille, además coincidir en la mayoría de juicios y sensaciones (y mis alabanzas no es por esto), me ha recordado lo que opiné en su día de esta inmortal obra. Copio algunos fragmentos de lo que escribí en los comentarios de mi reseña de “Lo bello y lo triste” de Kawabata.

“Para definir mi chasco, primero diré que fue una obra que empecé con mucha ilusión y expectativas, tanto por la gran fama que tiene como por las buenas sensaciones que tuve con “Nuestras Señora de París”, una lectura de hace un par de décadas, o casi, pero que guardo un grato recuerdo. Debo reconocer que el comienzo es bueno e interesante, pero conforme avanza la historia va perdiendo fuerza la trama. Uno de los principales “culpables” de esta apreciación son las numerosas digresiones que están intercaladas, que a modo de capítulos errantes lastran el argumento y desvían la atención. No digo que todos estos pequeños ensayos sobre política, historia, psicología, religión, etc. me parecieran de relleno, sólo que una pequeña parte me parecieron atrayentes. Y cuando iba por el 3º volumen (mi edición se compone de 3 libros) varias páginas de estos episodios digresivos me las saltaba; cosa que nunca había hecho y hasta ahora sólo he aplicado esta lectura transversal en otra novela, aunque fuese de una forma leve. Otra de las razones, y por lo que recuerdo ahora, es que había varías historias paralelas que mermaban el protagonismo de la intriga principal.
Y estos 2 motivos no se pueden achacar a mis gustos o características como lector, pues me gusta estos episodios informativos o didácticos en otras novelas, e incluso leo bastantes libros no literarios sobre los más diversos temas; al igual que los “novelones”, que de vez en cuando me encanta este tipo de obras con numerosas tramas que se entrecruzan, como es la actual novela que estoy leyendo.

Lo que comentas sobre la emoción y las virtudes del Romanticismo (género no sentimiento romántico) no creo que fuese ajenas a ellas, pero tampoco tuvo el suficiente impacto para “zarandearme” y sentir con más viveza ese sentimiento profundo. No estoy seguro si fue en esta página donde dije que me encantan las novelas del siglo XIX; sin duda es el periodo literario que más he leído, y donde las obras del Romanticismo son las que menos he disfrutado, exceptuando obras maestras como el “Fausto” de Goethe, “Cumbres borrascosas” o “Frankenstein”. Esta última la he vuelto a releer (y volveré a leer las otras dos) hace poco y he quedado encantado con la fuerza y los valores del Romanticismo que emanan de la novela de Mary Shelley: aniquilar a un Dios intransigente y coercitivo con la libertad humana; la responsabilidad de los actos; el deseo de la felicidad y la libertad; la búsqueda de la identidad; la lucha por el amor, el cariño o la amistad, etc. Supongo que según sea cada tipo de lectura será más permeable o menos estos sentimientos románticos a cada lector.

Sobre el maniqueísmo de los personajes, no puedo decir que fuese un elemento en contra o a favor. Y me explico, los prototipos de personajes que están definidos desde el principio es un punto que a priori juzgo negativo, pero según sea de interesante y adictiva la trama se puede considerar una “pecata minuta”. Algo que consideré la que, para mí, es la mejor novela de aventuras: “El conde de Montecristo”. No puedo decirte, o por lo menos no recuerdo, que esto fuese una faceta que me disgustase o que pasé indulgentemente por alto. Las razones que he expuesto al principio, son las que ahora considero con más peso en mi valoración negativa, o mejor dicho rácana. Quizá algún día sopese la posibilidad de incluir esta novela en alguna futura relectura. “

Creo que estamos de acuerdo en líneas generales y tu análisis sobre argumentos y personajes me han “refrescado” y recordado ideas parecidas.

Seguramente todo buen y gran lector ha tenido alguna reticencia en asimilar textos considerados clásicos o imprescindibles, algo que, juzgándome un admirador de la denominada literatura clásica, veo lógico, normal y, cómo no, hasta “sano”. “Aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.” Y si hay alguien que se considera la excepción que avise antes de lanzar la pedrada, que las cabezas ya no son lo que eran.

Saludos para todos.

Faulkneriano hace mas de un año

Pues si leer en diagonal es eso, Guille, los siete volúmenes de Proust pueden leerse en dos o tres días bien aprovechados. Si total, no pasa nada...

FAUSTO hace mas de un año

Por cierto, aquí otro que se avergüenza (y lo digo sinceramente) de la “lectura transversal”, o lo que sea, con esta novela.

Tharl hace mas de un año

Leer tres palabras de cada 50 es saltarse párrafos enteros Guille... La forma de escribir novelas y de entender el genero de la época eran muy distintas. Me gusta que haya salido la biblia a colación, aunque haya sido para cuestionar su indudable calidad estética. Es dificil encontrar un solo libro, al menos hasts la mitad del XIX, que no este influenciado hasta los huesos por ella. Victor Hugo era muy ambicioso y su propósito era escribir una biblia humana de su tiempo, con todo lo que eso significa. Nos gustaran mas o menos, pero saltarse una sola página supone mutilar al libro, que necesits de ella. Es leer otra cosa. Es casi como ver el musical en lugar de leer el libro. Para eso, sin duda, mejor abandonarlo.
Por lo demás, comprendo cada palabra de tu meticulosa y justificada reseña, aunque no puedo estar mas lejos de compartirlo. Sobre todo respecto las acusaciones de simpleza, manipulación y maniqueísmo. Creo que la mejor lectura para empezar con Hugo es Nuestra Señora de París, si quieres darle otra oportunidsd prueba con ella. Un abrazo!
(Perdonad las faltas, escribo desde el móvil)

Guille hace mas de un año

Uf, gracias Fausto, empezaba a notar esa tan famosa presión de grupo. No es bueno que el hombre esté solo.

Faulkneriano, claro que no pasa nada, como no pasa nada cuando abandonas un libro, como no pasa nada si ni siquiera lo empiezas. Pero en este caso me pliego a la presión del grupo, sí, vale, me he saltado capítulos enteros de este libro, sí, lo confieso... y no me arrepiento.

Y tampoco pasa nada, Tharl, por no apreciar los mismos libros o cualquier libro en la misma medida o incluso tener visiones totalmente opuestas, como en este caso. Ya coincidiremos en otras ocasiones :) .

sedacala hace mas de un año

La verdad Faulkneriano es que no termino de entenderte; te parece bien que tú hijo abandone Los Miserables por que se le atragantan la batalla de Waterloo y las otras cosas que cuenta ahí Víctor Hugo (al margen del argumento, quiero decir), y sin embargo tú mismo no lo lees aun sabiendo que a ti no se te atragantaría ni lo más mínimo (lees cosas mucho más duras), y sin embargo criticas al pobre Guille por leer “en diagonal”, que es una forma de lectura absolutamente imperfecta pero mejor que el desconocimiento total, que es lo que tenéis tú y tú hijo con relación a Los Miserables (sí, sí, de verdad que creo que es mejor). Es decir que, a veces, me asombran tus contradicciones casi tanto como lo hacen tus asombrosas capacidades.

En cuanto a Guille, he de decir lo siguiente: tú crees que las parrafadas de Víctor Hugo no aportan nada a la historia pero el autor no lo creía así y probablemente sus lectores del siglo XIX tampoco, y consideraban esas expansiones como un plus de valor añadido que los escritores aportaban entonces a sus obras. Es cierto que en el siglo XXI la información de que disponen los lectores en todos los ámbitos hace innecesarias aquellas parrafadas, pero prescindir “olímpicamente” de ellas es tan injusto con sus autores como lo sería el salir a fumarse un cigarrillo (o a lo que sea) en una película en la que prescindiéramos de determinadas fases que no nos interesan; lo que quiero decir es que tampoco viene mal respetar aquella obra en el formato en que su autor la creó. Lo mismo me pasó a mí en Nuestra Señora de París, aquellas cosillas que se contaban al margen de la historia principal, no me interesaban demasiado pero debo reconocer que sí tenían que ver con la recreación del ambiente medieval. Saltárselas sería lo cómodo, pero sería demasiado heterodoxo para mi gusto, así que las leí.

En todas estas opiniones críticas sobre libros de siglos pasados, subyace el problema de la posición que adopta el lector de hoy ante esas historias o ante la forma de contarlas. Yo personalmente trato de alguna manera de someterme a los condicionantes de la época, no lo consigo del todo porque es difícil, pero lo intento. No haciéndolo así, las posibilidades de que guste un libro escrito hace casi dos siglos se reducen mucho.

A pesar de todo me parece bien que alguien diga que no comulga con el sentir general, porque el libre albedrío de cada cual lo permite y al fin y al cabo decir esto o lo otro no es más que expresar una opinión particular que en sí misma no tiene ninguna importancia. Estoy más que harto de ver que hasta los mitos más asentados en literatura tienen sus voces discrepantes. Jamás veremos la unanimidad en este campo. ¿Esto es bueno? ni bueno ni malo, simplemente es humano.

Faulkneriano hace mas de un año

Sedacala, la cosa es muy simple. Cuando mi hijo dejó Los miserables (tenía 17 años; tiempo tiene de intentarlo otra vez, más adelante) se puso a leer Las guerras de Napoleón, de Charles Esdaile, un buen tocho por cierto, y luego se apuntó los dos tomos de Las revoluciones burguesas, de Eric Hobsbawn, para más adelante. Le va la historia, como a su padre, y prefiere ir a la fuente. No veo nada reprensible en su actitud.

Leer en diagonal es intrínsecamente malo. El tácito acuerdo entre autor y escritor que supone el hecho físico de la lectura se rompe. Yo escribo para que tú me leas. Si no te interesa lo que escribo, no lo leas. Pero no desprecies mi trabajo leyendo con el rabillo del ojo. Tú no lo hiciste cuando Hugo describía una catedral gótica en Nôtre Dame, y el ejemplo que pones de salir a fumar un cigarrillo en el cine está bien traído.

Como dije desde un principio no he leído Los miserables, pero los aficionados a la historia sabemos bien que si Hugo se despachó a gusto describiendo a su manera los sucesos que van de Waterloo a las barricadas de 1830 era, en buena medida, porque quería rebatir algunas interpretaciones historiográficas de su tiempo, sobre todo de entre los autores más conservadores, con Thiers a la cabeza, bastante hostiles a la revolución. De ahí que se tomara su trabajo: una construcción intelectual compleja no puede rebatirse apresuradamente. Los lectores franceses entendieron su propósito y se posicionaron respecto a las partes "históricas" a las que Hugo dedicó tanto esfuerzo, dedicándole tanta atención como a su parte más "novelesca". El mismo año que se publicaba Los miserables, Thiers, conservador, seguidor de Luis Felipe y controvertido presidente de la República en los dís de la Comuna, publicaba el último volumen de su Historia del consulado y del Imperio. El romanticismo no es sólo sentimiento: es, también, política. El lector actual no puede pensar que Hugo se limita a describir "los hechos".

Perdón por el tostón "historiográfico", pero creo que era necesario.

E insisto: ¡No a la lectura en diagonal!

Guille hace mas de un año

Sedacala, estoy seguro que el autor no comulga con nada de lo que en mi reseña expongo. También sabía de antemano que muchísimos de los lectores del libro, sean del siglo XIX, XX o XXI, tampoco lo harían o lo hacen y me temo que tampoco lo harán los lectores venideros. Es más, estoy seguro que algunos de los que se acerquen a mi reseña y lean el inicio no seguirán leyendo. No creo que ese acto se pueda calificar de justo o injusto, como tampoco el mío de saltarme capítulos (si me hubiera obligado o me hubieran obligado a hacerlo, mi calificación del libro seguramente hubiera sido peor aun; ya he comentado dos veces lo de la necesaria labor editorial que el libro precisa... simplemente, yo la hice a mí gusto en todo lo que pude hacerlo).

Con los libros, no me interesan los ismos, me da igual cuando fueron escritos. Para mí lo único relevante es si me gustan o no. Cada uno se acerca a los libros de la forma que cree conveniente, lo importarse es acercarse, que el roce hace el cariño... o no?

Guille hace mas de un año

Faulkneriano, y si me interesa parte de lo que el autor dice pero no todo? Preferirá el autor que no le lea absolutamente nada? Preferirá el autor que "desprecie" todo su trabajo a que "desprecie" una parte de él?

Lo de salirse a fumar un cigarrillo (ostras qué ganas me entran, mierda que lo haya dejado) no es exactamente lo mismo. Leer en diagonal, si se hace bien, eh? que hay mucho inútil por ahí, todo hay que decirlo, es estar alerta a cualquier reconducción a lo interesante del libro.

Tharl hace mas de un año

Por supuesto, se agradece leer un punto de vista distinto del predominante, yo diría que es hasta imprescindible. Y ninguna presión de grupo, más o menos intencional o inconsciente debería impedir esto. Bienvenidos los disidentes.

A todos nos ha pasado. Pobre de aquel que no. A mí me pasó algo parecido hace poco con La montaña mágica, ya lo hablamos en su momento. Yo me decanté por abandonarla porque no la estaba disfrutando tanto como me gustaría y dejarla así en una lista pendiente de revisión. Pensé en no votarla, pero al final veo que la puse un 6, como aquí Guille, curioso. Creo que fue la mejor decisión para mí, pues me liberaba para lecturas más gratificantes y además me permite la opción de darle una segunda oportunidad con menos prejuicios que habiéndola acabado; y para la obra, pues no sería justo leerla a desgana o un diagonal.

Me parece muy interesante lo que señala Sedacala de tratar de leer una novela en la piel de sus coetáneos. Creo que es absolutamente imposible. No estoy tan seguro de que no merezca la pena intentarlo.
A veces, leer una obra escrita siglos atrás resulta enfrentarse a un libro más rompedor y diferente que cualquier literatura experimental del momento. Creo que esta extrañeza que algunos confunden con el “pesar de los años” es un motivo capital para enfrentarse a estas lecturas, no lo contrario. No siempre he pensado así.
Es evidente que hoy en día nadie escribe como se hacía en el Romanticismo francés. Tampoco lee nadie como entonces. Por eso al leer ahora Los Miserables, por ejemplo, podemos leer como haríamos con cualquier novela actual y despreciarlo; o podemos leer replanteándonos nuestros prejuicios lectores, realizar una lectura creativa en la que ir descubriendo otras formas de leer y todo lo que ello significa, de encontrar cosas en un texto, de relacionarnos con él, etc., etc. En eso estoy completamente de acuerdo con algunos comentarios. Por muy importante que sea un libro históricamente, si no tiene nada que aportar hoy en día, no me interesa lo más mínimo y no veo razón para seguir leyéndolo o editándolo. En todas mis lecturas de Víctor Hugo, y el teatro es lo que creo que peor ha envejecido de él, he encontrado múltiples razones para seguir leyéndolo hoy en día, y releerlo probablemente.
Víctor Hugo en Los Miserables, en su afán de abarcarlo todo, extrema hasta el límite y con un afán casi innovador la presencia del narrador y sus digresiones (insisto en que esto es fundamental en Los Miserables e inseparable de la trama), mucho más aun de lo normal en su tiempo. No se me ocurre una sola novela contemporánea que se pueda comparar con esto. Solo por ello recomiendo intentar leer Los Miserables hoy en día, aunque no se finalice la lectura. Yo lo leí a mis 16 y ha sido una de las experiencias lectoras más importantes de mi vida.

Por cierto, de mis pasajes favoritos del libro, es el dedicado a Waterloo. Si algún editor le pasa las tijeras, yo le corto las manos.

FAUSTO hace mas de un año

Es verdad que la posición que se adopta en determinadas obras es fundamental para aprovechar cualquier texto; pero, según mi experiencia y como dije en otro sitio, depende de muchas “variables” que ni siquiera uno mismo puede controlar. Ni la buena opinión y experiencia que se tenga con un autor, el gusto por su estilo y el género a tratar, la información que tengamos, lo atractivo de la trama o el deseo con que afrontemos la lectura son garantías de éxito. Ahí reside lo atractivo y lo misterioso del libro con quien nos “encaramos”, nada puede servir de garantía y, aunque suene a perogrullada, se extiende a cualquier obra, ya sea clásica o contemporánea. Si no sería inconcebible que (me pongo como ejemplo) no me gustase “Los miserables” pero sí me encantase “Nuestra señora de París”, obras cumbres del Romanticismo (“Fausto”, “Frankenstein”, etc.) o textos más alejados en el tiempo y más “difíciles” de digerir como: “Don Quijote”, “La divina comedia” o “La Odisea”.

En fin, creo que todo lector es un enigma, y aunque son explicables y entendibles las razones de su aprobación o rechazo de cualquier escrito, a menudo son intransferibles sus juicios y valoraciones.

Tharl hace mas de un año

*Escribí mi comentario antes de leer los tres anteriores.
No conocía todo el fondo historiográfico que comenta Faulkneriano, aunque es fácil intuir que Hugo se está metiendo en un debate importante. Con 16 años creerme que yo ni me lo planteé.
En cualquier caso suscribo varios cosas: que más vale postergar para más adelante una lectura en la que encuentras virtudes pero defectos que te la están lastrando, y que la lectura en diagonal es pero que la no lectura. Claro que alguno hablará de que hay que romper ese pacto lector-AUTOR, y que es bien lícito hacer de la lectura una especie de collage. Creo que tú, Guille, vas un poco por ahí. El libro es tuyo y haces con él lo que quieras y bien puedes arrancar 20 páginas exclamando “esto no lo quiero en mi libro”. Yo a tanto no llego. Necesito alguna unidad de sentido y no estoy dispuesto a renunciar la que ofrece el libro físico. Desde la primera letra hasta el último punto, e incluso los márgenes si me apuras. ¡Donde voy a tirarme de los pelos si no cuando Hugo me saque de quicio!
Suscribo también la importantísima relación entre romanticismo y política. El romanticismo no tiene nada que ver con la novela rosa. El romanticismo no es un movimiento literario, es un movimiento intelectual terrible, toda una forma de ver, sentir y pensar y de representarse el mundo. Y la política (y la religión, y la historia y…), en especial en Víctor Hugo, es un elemento fundamental. Ese afán totalizador y global es intrínseco a Los Miserables y justifica todas esas digresiones.

sedacala hace mas de un año

¿Habéis visto el musical? ¿Y la película de Hugh Jackman y Russell Crowe? Y sobre todo, ¿la habéis visto los que no habéis leído o no os ha gustado el libro? ¿Qué os parece, una horrible distorsión, un peñazo o, por el contrario, os ha gustado?

A mí me encantaron, me lo pasé muy bien viendo uno y otra. ¿Será por lo que tiene de romanticismo desbocado? Yo creo que sí.

Guille hace mas de un año

Bueno, como he dicho antes, cada uno se acerca a la lectura y a las lecturas de la forma que le produce mayor placer, al menos eso hago yo. Lo que sí me parece fabuloso es poder disfrutar de un sitio como este donde poder comentar todo esto que aquí estamos comentando. Gracias a todos.

Kodama hace mas de un año

Ví la película de Jackman, Crowe... y el bellezón de Samantha Barks habiendo leído el libro y sí, Hooper (creo que es de Tom Hooper) creo que también leyó en diagonal porque hay que ver como pasajes del libro o no aparecen o los fulmina en un par de minutos (intento de los Thenardier de robar a Valjean, encuentros de miradas entre Marius y Cosete, estancia de Valjean y Cossette en el convento... )
Sobre la Bíblia o cualquier otro libro sagrado creo que su objetivo nunca fue destacar por su calidad literaria, su resultado tampoco lo ha sido. Respetando vuestras opiniones, Faulkneriano y Tharl, la mía es que decir que la Biblia tiene calidad literaria es lo mismo que pegar una patada a los huevos a culteranos, conceptistas, modernistas y demás genios del lenguaje.

Guille, has criticado uno de los libros del top de SopaDeLibros, sabías a lño que venías jajajaja. También pasa cuando se critican libros sagrados :)
Saludos a todos

Poverello hace mas de un año

Jolín, aunque hayas cerrado el debate como quien dice, Guille, pues acabo de aterrizar y me encuentro variopintos comentarios así que sólo algún apunte de opinión. Hablo de cómo me siento a la hora de acercarme a una obra literaria, punto pelota, respecto a algunos temas que se han sacado, pero como bien dice Fausto, cada lector es un universo y tiene sus concretas motivaciones a la hora de hacerlo.

Yo sería incapaz de leer una obra en diagonal por muchas gaitas que le ponga, a lo mejor es que soy un inútil, porque opino como Faulkneriano y Tharl en el sentido de que me siento que estoy despreciando el trabajo del escritor. Si no me gusta, la dejo y a otra cosa mariposa. Hablo con la propiedad de haber empezado a leer en su momento Guerra y paz sin saber que era una edición reducida (que ya era un tocho) que sólo describía la historia de los personajes pasando por un tubo de las digresiones y los datos y descripciones históricas. Entonces me di cuenta de que eso no podía ser la obra magna de Tolstoi, porque era una magnífica historia, pero poco más, y comencé de nuevo la original del autor. Canela en rama según mi opinión. En Resurrección, sin embargo, a la que le puse más nota de la que se merece quizá por motivos estrictamente emotivos, sí que considero que a Tolstoi le puede el afán moralizante en sus digresiones, por motivos también puramente casi de ajuste de cuentas con Guerra y paz, y son forzadas.

Lo mismo pasa con Moby Dick, que tiene tantas descripciones de peces, aparejos y demás vainas marinas que te puede dar un patatús, pero si me aburro o lo dejo o me jodo y me lo leo entero, porque de hacerlo de salto en salto me sentiría que estoy siendo injusto con el escritor. Algo que, obviamente, es una interpretación subjetiva, pero que considero lógica en virtud del trabajo ínclito que conlleva escribir una novela de tamañas dimensiones. Yo no quiero ser editor de nadie, porque no me gustaría que hicieran eso con mis novelas para que la gente me leyera más o alcanzar a más público. Que se lo digan a Carver, cuyos cuentos parece que son más de su editor (quien debió de ser el inventor del minimalismo y no el autor) que suyos, porque comparas algunos y parecen relatos distintos.
Ando metido desde hace más de un año en la creación de una novela. En buena parte llena de digresiones filosóficas, psicológicas y morales, y sé que eso puede ser un lastre para algunos lectores, pero decido mantenerlo así porque es el sentido que deseo darle a la historia y a la obra y las veo fundamentales a la hora de comprender a los personajes. A quien no les gusten las digresiones o les despisten de la historia le agradecería encarecidamente que no la leyera si se las va a saltar, porque mutilarían el sentido global de la novela, más allá de que sea o no una porquería, sino porque no es la obra que he escrito.

Respecto a lo de los libros sagrados creo que se pueden criticar sin ningún problema, no ya la forma sino el contenido, pero no creo que por ser libros sagrados tengan que estar necesariamente mal escritor. La Bhagavad Gita, por ejemplo, me parece una maravilla, mucho mejor que la Biblia que habiendo sido escrita por decenas de escritores lo extraño sería que mantuviera una similar calidad literaria. Sin embargo algunos salmos, el libro de la Sabiduría, Quoelet, el último libro de Habacuc, el Cantar de los Cantares, el evangelio de Juan... creo que son muy buenos a nivel literario.

Del musical de Jackman opino como Kodama, aunque con ligerísimos matices, porque al menos respeto en general el concepto de Hugo y quien no haya leído el libro puede sacarle jugo (que pareado más grotesco), porque la otra que vi de Liam Nesson como Valjean ni eso.

Abrazotes a todos.

Kodama hace mas de un año

Considero que influye mucho el ver una película adaptación de novela si se ha leído antes la susodicha novela. Quieras o no, siempre comparas y, salvo pequeñas excepciones, siempre gana el libro. Al contrario también me pasa, si veo una película basada en una novela sin haber leído la novela siempre pienso que la película es mejor que las críticas que luego leo de ella.
Y de Los Miserables de Hooper decir que también tiene cosas buenas. Para mí los actores están a un buen nivel (tú no, Hathaway) y hay dos canciones, con su correspondiente acompañamiento musical magníficas, One day more y Do you hear the people sing?

Kodama hace mas de un año

acompañamiento visual, quise decir

sedacala hace mas de un año

Pues buscad el concierto de 25 aniversario en el O2 Arena de Londres, que es una maravilla, mejor que la peli. La verdad es que estas cosas los ingleses las clavan.

Guille hace mas de un año

Sí, Kodama, sabía donde me metía, de ahí que mi reseña empezara pidiendo disculpas. Pero el hombre tiene que saber enfrentarse a su destino con la cabeza alta y la letra clara.

Y no, Poverello, no daba por terminado el debate, simplemente daba las gracias por la participación.

Ahora me gustaría matizar algún comentario que has hecho en relación a lo de leer en diagonal. Vamos a ver, leer en diagonal una obra, toda una obra, solo tiene sentido si te obligan a leerla. En cualquier otro caso sería una soberana estupidez. Eso no es lo que yo he hecho con Los miserables.

En este libro existen extensas parrafadas que no tienen nada que ver con la trama, que no aportan nada a la trama, que ni siquiera sirven para crear un climax ni para explicar contextos ni ambientes que rodeen a la trama. Solo sirven para que Victor Hugo de rienda suelta a su necesidad de demostrarnos lo culto que es y lo variopintos que son los temas que le interesan y en los que quiere sentar cátedra. Nada aportan los capítulos dedicados a la batalla de Waterloo, nada aportan los capítulos en los que describe la vida de los conventos, nada aportan los capítulos en los que nos cuenta la historia del alcantarillado parisiense ni el uso de los excrementos humanos para el bien de la sociedad, nada aporta la “demostración” de la existencia de Dios, nada aportan los numerosos párrafos dedicados a su letanía sobre los males para el mundo que implica la no creencia en Dios.

Si alguien me sabe explicar en qué afecta a la trama de la novela que envuelve el libro de Los miserables todos esos capítulos; si alguien sabe qué aspectos de la trama se perderían irremisiblemente para alguien que no los leyera, si alguien me sabe explicar qué me he perdido de esa trama por leer todos esos capítulos en diagonal, si alguien me dice que mi reseña no recoge algo de lo fundamental que encierra el libro de Los miserables estoy dispuesto a cambiar de opinión.

Hasta aquí he hablado en general, de lo que suponen todos esos capítulos para cualquier lector que se acerque con la intención de conocer la novela, esto es, la historia encerrada en Los miserables. Ahora solo aporto una apreciación personal que no tiene por qué ser en absoluto compartida. Lo siento, pero para mí todos esos capítulos ni siquiera tienen valor en sí mismos. Dada la inocencia, la simplicidad, cuando no el puro error, de las divagaciones filosófico-religiosas-sociales-morales del autor (para el que ni la época en la que fueron escritas le puede servir de coartada), nada de todo lo que me pueda explicar me puede llegar a interesar. Aquí también puedo compartir las palabras de Flaubert que decía que era "inadmisible pintar de una manera tan falsa la sociedad cuando se es contemporáneo de Balzac y de Dickens".

Sé que Victor Hugo debe saltar en su tumba cada vez que alguien, aunque sea un mindundi como yo, dice estas cosas dado que estas partes son precisamente las que más le interesaba comunicar. Pero es una batalla perdida, lo que ha trascendido de la obra, lo que la mayoría de sus lectores recuerdan y aprecian es la triste y lacrimosa historia de Jean Valjean, que es la que recogen películas y musicales.

Por cierto, Kodama, yo no he visto ni la película ni el musical y no sé como se trata la escena esa que citas del intento de los Thenardier de robar a Valjean, pero leído lo leído creo que le hacen un gran favor a Victor Hugo: esa escena en las que la banda de ladrones, que parecen los osos apandadores, intentan escapar por la ventana ante la inminente llegada de la policía y se ponen a discutir sobre quién debe saltar primero bien podría ser una escena sacada de aquellas historias que nos escenificaban los payasos de la tele…

... dicho todo esto con el máximo respeto.

Shorby hace mas de un año

Creo que me lo he tomado más "tranqui" que tú! jajajajaj
A mí en principio, ya te dije, me está gustando, aunque me cuesta avanzar en según qué partes...

nikkus2008 hace mas de un año

Guille, en nada puedo estar de acuerdo esta vez; esas parrafadas que dices, tienen el sentido, ni más ni menos, que de formar parte de la obra, tal y como Hugo la concibió; la descripción de la batalla de Waterloo me pareció excelente, y tengo que decir que descrita por Hugo es más interesante que lo que, para mi, hubiera sido leerla de algún libro de historia pura, cosa que en este caso me separa de la idea de Faulk, con quién suelo estar de acuerdo muchas veces. Si me dan a elegir entre leer, por ejemplo, sobre los compadritos, cuchilleros, y demás yerbas, directamente de algún historiador o de Borges, prefiero la versión poética de este último; o las vidas imaginarias de Schwob, por ejemplo, que le agrega su sello delicioso a historias tal vez poco interesantes en su esencia. Lo de leer en diagonal, o como se diga, es decir, salteando párrafos no me gusta y nunca lo he hecho; he abandonado decenas (o más) de libros, esperando que en un futuro tal vez, pueda retomarlos con mayor decisión, y disfrutar (de eso se trata esto, nada más) de la lectura.
Yo que vos, hubiera suspendido la lectura y no la hubiera juzgado, o al menos, juzgarla muy parcialmente, ya que ningún juicio podría sacar uno de una lectura inacabada, y esperar el "momento justo" para ese determinado libro que no nos llegó a cautivar.

Todo es respetable, desde luego. A mi me pareció (con todas sus tremendas digresiones) una obra monumental; y lloré como un imbécil durante un par de horas, al final. Y no me parece tampoco que hubiera malos y buenos tan marcados. Valjean sufrió una injusticia, una pena exagerada por robar un pan, y luego, como es justo y comprensible, el odio y el resentimiento obraron en él, labrando una personalidad dual, llena de matices contradictorios; el triunfo del bien sobre el mal, no es tema banal. Mediante ingentes esfuerzos Valjean logra sobreponerse a su "lado oscuro" e intenta mejorar mediante el amor a la divina Cosette. Ella era su cable a tierra. Su odio se descarga como una potente corriente a través de su "hija"; mediante el cariño y el sentido, el propósito de vivir. No es ajeno el existencialismo aquí. El absurdo de la vida, se justifica, y se cura (al menos parcialmente), en las personas atormentadas, mediante el amor hacia alguien. Sin Cosette Valjean hubiera prosperado económicamente sin justificar su existencia, sin ningún tipo de goce (el amor otorga placer, éxtasis, pero también miedo, miedo a la pérdida).

En fin; una pena que ya hayas "quemado" el libro. Si lo hubieras suspendido a tiempo, en vez de leerlo apurado y con cierto fastidio, te hubiera, tal vez, gustado más, o la menos, lo hubieras disfrutado un poco, que en definitiva, eso y solo eso es leer...abrazos a todos.

Guille hace mas de un año

@shorb í, es que era todo cuesta abajo y me he dejado llevar.

No te preocupes @nikkus2008 , qué sería de la vida sin la discrepancia.

Pero coincido en una cosa contigo. También soy de la opinión de que el disfrute personal es el objeto principal de la lectura. Precisamente por eso hice la labor de edición que esta obra necesita y la hice a mi gusto. Aun así el disfrute no fue demasiado, pero eso ya no es solucionable de ninguna manera; cosas entre Victor Hugo y yo.

Nikkus, sobre la bondad o maldad de los personajes creo que no llegaremos a un acuerdo. Entre los dos principales, hay un bueno, uno superlativo, alguien que no es de este mundo, que en ningún momento me creí y, por tanto, que en ningún momento me llegó. Su oponente no debería ser malo ya que representaría la justicia ciega, que no es algo perverso sino deseable, pero Victor Hugo hace trampa y nos lo presenta, como dije en la reseña, “como un ser fanático, obsesivo, cruel, que disfruta humillando a delincuentes tan “terribles y malvados” como Fantine o Valjean”. El combate estaba amañado.

No creo, Nikkus, que a mi edad, hubiera llegado a cambiar mis impresiones en algún momento posterior. Al contrario, cuanto más viejo más pellejo.

Guille hace mas de un año

@shorby , siento el error en tu nick. Será por lo de más pellejo.

nikkus2008 hace mas de un año

Ah Guille, ¿es que sos viejo?, jaja, bueno, es que te tomé por un chaval como dicen mis amigos europeos. Además, tenés a guille en la foto, y bueno, uno asocia inconscientemente. Y acá decimos que "viejos son los trapos"; y tampoco te doy la razón en eso de que no hubieras cambiado si lo hubieras postergado. Hay momentos en la vida, siempre, para todo; un año, un mes, quién sabe, tal vez lo hubieras agarrado con más ganas, sólo eso.

Volvemos a discrepar respecto a la bonad y maldad de los personajes. Aparte hay otra cosa; muchas veces he leído por acá que se habla de personajes planos, etc. Bien, ¿alguien puede negar que hubo, hay y habrán personas totalmente nocivas, venenosas, malas?, yo creo que no. Un asesino de chicos, de ancianos, alguien que maltrata a algún enfermo, o a alguna persona con alguna deficiencia mental, maltratadores y torturadores de animales, etc.etc. Esas personas, si tuvieran que ser retratadas en una novela, aparecerían entonces como personajes planos; el tema es que lo son, guste o no. Ser bueno ya es más difícil. Hay que luchar (como Valjean, amigo Guille, él lucha varias veces, contiene su ira en más de una ocasión) siempre contra el odio, la envidia, el resentimiento. De todos modos hubo y habrá también en el mundo gente dedicada a realizar "el mayor bien posible"...

En fin, Guille. Como decís, buenos es discrepar. Sería algo aburrido todo esto sin "pelearnos" un poco ¿no es cierto?

Guille hace mas de un año

Pues sí, nikkus, soy tan viejo como mi avatar, inlcuso un pelín más, pero solo un pelín, y te puedo asegurar que el libro lo cogí con ganas (quizás debería haber puesto "agarré", verdad?): 1800 páginas, por mucha labor editorial que hiciera, se agarran con ganas o no hay forma.

Sobre el malo de la historia, dos cosas, como diría mi hijo. La primera es que Victor Hugo quería enfrentar dos formas de hacer justicia, la humana y la divina (no se me ocurre otra forma de denominarlas, aunque esta última realmente no sería justicia: no hay nada más injusto que una justicia donde es el amor el que manda y dirige. ¿Será eso lo que os pasa con esta obra y que os impide ser justos con ella?). Y la humana está encarnada en alguien que es intencionadamente pintado como un ser antipático y ruin: trampa tramposa.

Decía Anatole France que prefería un malvado a un tonto, porque los malvados descansan. Pero Javert no descansa nunca, es un malvado e implacable justiciero a tiempo completo y frente a un terrible delincuente cuyo crimen es haberle quitado una moneda a un chiquillo.

Guille hace mas de un año

Dado que mi reseña empieza con una cita de Flaubert y dado que ha llegado a mis ojos la carta completa que escribió el autor, creo que es de justicia traerla aquí:

A MME. ROGER DES GENETTES (GUSTAVE FLAUBERT)

A usted puedo decírselo todo. ¡Pues bien!, nuestro dios desciende. Los miserables me exasperan y está prohibido decir nada malo de ese libro: parece uno un delator. La posición del autor es inexpugnable, inatacable. Yo, que me he pasado la vida adorándolo, ¡Ahora estoy indignado! Es preciso, sin embargo, que estalle.

No encuentro verdad ni grandeza en este libro. En cuanto al estilo, me parece intencionadamente incorrecto y vulgar. Es una manera de halagar lo popular. Hugo se muestra deferente con todo el mundo: sansimonianos, felipistas y hasta con los mesoneros, todos son prosaicamente adulados. ¡Y los tipos de una pieza, como en las tragedias! ¿Dónde hay prostitutas como Fantine, condenados a trabajos forzados como Valjean, y políticos como los estúpidos individuos de A, B, C? No se les ve ni una vez sufrir de verdad. Son muñecos; buenos tipos melosos, empezando por monseñor Bienvenu. Por un exceso de entusiasmo socialista Hugo ha calumniado a la iglesia de la misma manera que ha calumniado a la miseria. ¿Dónde está la fábrica que despide a una muchacha por haber tenido un hijo? ¡Y las digresiones! ¡Que las hay! ¡Las hay! El pasaje de los abonos ha debido de encantarle a Pelletan. Este libro está hecho para la crápula católico-socialista, para los parásitos filosófico-evangelistas. ¡Qué bonito carácter el de M. Marius, que vive tres días con una chuleta o el de M. Enjolras, que sólo ha dado dos besos en su vida, pobre muchacho! En cuanto a sus discursos, hablan muy bien, pero todos igual. La machaconería del tío Guillenormant, el deliro final de Valjean, el humor de Cholomiès y de Gantaise, todo está hecho por el mismo molde. Siempre las agudezas, los chistes, la alegría y nunca algo cómico. Enormes explicaciones a propósito de cosas ajenas al argumento y nada sobre indispensables al mismo. Pero como revancha, sermones para decir que el sufragio universal es algo precioso, que es necesario instruir a las masas; todo esto se repita hasta la saciedad. Decididamente este libro, a pesar de que tiene buenos fragmentos, y son raros, es infantil. La observación es una cualidad secundaria en literatura, pero no está permitido reflejar tan falsamente la sociedad de cuando se es el contemporáneo de Balzac o de Dickens. Era un bonito asunto, sin embargo, pero ¡qué serenidad se habría necesitado y qué envergadura científica! es cierto que el tío Hugo desprecia la ciencia y lo demuestra. Búsquese en mi espíritu a Descares o a Espinoza.

La posteridad no va perdonarle el haber querido ser un pensador, a pesar de su naturaleza. ¿Hacia dónde le ha conducido el ardor de la prosa filosófica? y ¡qué filosofía! La de Prund´home, de Richard y de Bèranger. No es más pensador que Racine o La Fontaine, a quien estima medianamente; es decir, que él resume como ellos lo corriente, el conjunto de ideas banales de su época, y con tal persistencia que olvida su obra y su arte. Ésta es mi opinión: la guardo para mí, bien entendido. Todo lo relacionado con la pluma debe estar agradecido a Hugo como para poder permitirse una crítica; pero me parece que, exteriormente, los dioses envejecen.

Tharl hace 3 meses

Me ha llevado un año, muchos desencuentros y parones releer ‘Los Miserables’. Al final, ha resultado una de las experiencias lectoras más transformadoras que se me ocurren. Os dejo algunos párrafos del ensayo de Vargas Llosa sobre la novela -buen lector y novelista pese a todo- que explican mejor que yo esta dificultad y valor de un libro tan megalomaníaco y anacrónico mirado desde los ojos de la novela moderna.

»Si algo distingue al novelista clásico del moderno es precisamente el problema del narrador. La inconsciencia o la conciencia con que lo aborda y lo resuelve establece una línea fronteriza entre el novelista clásico y el contemporáneo… Aunque ‘Madame Bovary’ se publicó seis años antes que ‘Los Miserables’, en 1856, se puede decir que ésta es la última gran novela clásica y aquella la primera gran novela moderna…» [Es sencillo comprender ante qué reaccionaba Flaubert, y lo que se jugaba en ello, al decir que no encontraba en ‘Los miserables’ ni verdad ni belleza. En una novela como ésta el criterio no es “la verdad” y “la belleza” de la historia o de la escritura, sino la poderosa construcción retórica del narrador (ethos), el hilo de los acontecimientos según un plan (logos) y el reparto de la carga emocional en ellos (pathos).]
»…Los [narradores] que vengan después no se dejarán ver del público, ocultarán los hilos que mueven a sus muñecos, de modo que el lector no piense que los personajes de una novela son títeres, de vida presta y ordenada, sino seres libres, dueños de sus acciones, responsables de sus decisiones. Esta libertad del personaje se contagia al lector de una novela moderna, que se siente, también, libre, a la hora de enfrentarse a una historia, libre de entender lo que ocurre y de interpretar lo que hacen o dejan de hacer los personajes, de imaginar lo que harán y de llenar los datos escondidos. Cuando este lector, educado por estas convenciones narrativas, lee una novela clásica, de narrador que le recuerda brutalmente que aquella libertad no existe, que todo es un juego, que esa historia no se va haciendo en la lectura con su activa participación sino que está ya hecha, fatalmente decidida en todos sus detalles, debe reacomodar su actitud de lector de novelas, reeducarse, aclimatarse a unos hábitos narrativos que, en un primer momento, lo desconciertan y turban tanto como a sus tatarabuelos los de las primeras novelas modernas. [Esta reeducación -aceptada la distancia insalvable entre una novela como ‘Los Miserables’ y la novela moderna-, esta aclimatación a una sensibilidad de otra época, un verdadero viaje en el tiempo, es aquella experiencia lectora tan transformadora a que me refería].

«Estos paréntesis para que el narrador hable de cosas que le conciernen a él más que a la historia pronto se convierten en una manera de ser de la realidad ficticia, en otra de sus características, como que sus habitantes padezcan del vicio oratorio o que el tiempo discurra con prisas y largos intervalos de inmovilidad. El caudaloso narrador no deja casi que el lector ejerza la adivinación, la intuición, porque él mismo llegan todos los blancos: lo dice TODO… El narrador cuenta la historia y su historia, lo que pasa y lo que el lector debe deducir de lo que pasa. En esta densa combinación de elementos diferentes – lo que pertenece al narrador y a lo narrado- radica lo más complejo y sutil de la novela. Gracias a esa mezcla difusa brota en el libro una ambigüedad que la historia misma no tiene.»

«No es la oposición entre justicia e injusticia social, sino la del bien y el mal, la que tiene en mente… En un breve preámbulo, Víctor Hugo dice: “Este libro ha sido compuesto de dentro hacia fuera. La idea engendra los personajes, los personajes producen el drama, y ésta es, en efecto, la ley del arte; poniendo como generador, en lugar de la idea, al ideal, es decir es decir a Dios, se advierte que cumple la función misma de la naturaleza. El destino y en particular la vida, el tiempo y en particular este siglo, el hombre y en particular el pueblo, Dios y en particular el mundo, he aquí lo que he intentado poner en este libro, especie de ensayo sobre el infinito”… La epopeya que el narrador cuenta en la novela no ocurre realmente en el mundo exterior y objetivo de los actos humanos. El mundo tan prolíficamente descrito y explorado en la novela es apenas un decorado para el drama profundo que el narrador-Dios quiere contar: la redención del hombre, su irresistible y trágica marcha hacia el bien, el rescate de Satán por el Ser Divino»

«Lo que nos admira en [Víctor Hugo] es la vertiginosa ambición que delatan algunas de sus realizaciones literarias y la absoluta convicción que lo animaba de que la literatura que salía de su pluma no era sólo una obra de arte, una creación artística que enriquecería espiritualmente a sus lectores, dándoles un baño de inefable belleza. También que, leyéndolo, profundizarían en su comprensión de la naturaleza y la vida, mejoraría su conducta cívica y su adivinación del arcano infinito: el más allá, el alma trascendente, Dios. Esas ideas pueden parecernos hoy ingenuas: ¿cuántos lectores creen todavía que la literatura puede revolucionar la existencia, subvertir a la sociedad y ganarnos la vida eterna? Pero leyendo Los Miserables sumidos en el vértigo de ese remolino en el que parece atrapado todo un mundo en su infinita desmesura y en su mínima pequeñez, es imposible no sentir el escalofrió que produce la intuición del atributo divino, la omnisciencia.»
«No hay manera de demostrar que ‘Los Miserables’ haya hecho avanzar a la humanidad ni siquiera unos milímetros hacia ese reino de la justicia, la libertad y la paz al que, según la visión utópica de Victor Hugo, se encamina. Pero no hay la menor duda, tampoco, de que ‘Los Miserables’ es una de esas obras que en la historia de la literatura han hecho desear a más hombres y mujeres de todas las lenguas y culturas n mundo más justo, más racional y más bello que aquel en el que vivían. La mínima conclusión que de ello se puede extraer es que si la historia humana avanza, y la palabra progreso tiene sentido, y la civilización no es un mero simulacro retórico sino una realidad que va haciendo retroceder la barbarie, algo del ímpetu que hizo aquello posible debió de venir -sigue viniendo todavía- de la nostalgia y del entusiasmo que contagian a los lectores las gestas de Jean Valjean y monseñor Bienvenu, de Fantine y Cosette, de Marius y Javier y de quienes los secundan en su viaje en pos de lo imposible.»

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