En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

EL CONDE DE MONTECRISTO

Autor: ALEJANDRO DUMAS, AUGUSTE MAQUET
ISBN: 9788497594714
Género: Clásicos de la literatura
Editorial:DEBOLSILLO
Edición: 2003

Etiquetas: Literatura francesa, Romanticismo, Aventuras, S XIX, Clásico, Venganza,

FORTALEZA ABANDONADA
5 con 7 votos

Admito que la culpa es mía. Comencé el libro sin haber saciado un hambre voraz. Ansiaba leer relatos reales de esos seres de ficción a quienes no importa su estatus pues bien podrían ser reales. Hay algo de lucha en toda lectura con el autor. En los clásicos más. Una lucha por hacerse con la propiedad del relato y de los personajes. Por poder arrebatarle a Dostoivsky sus derechos sobre “Crimen y Castigo”, imponer el propio y personal discurso al suyo y afirmar como aquel chico de “Cómo leer y por qué” en una pintada callejera: SVIDRIGÁILOV ESTÁ VIVO. Jódete moralista ruso. Buscamos los agujeros del relato con ojos de espadachín, nos agarramos a esas elipsis, las fecundamos con nuestra impronta y hacemos que el relato sea tan nuestro como el de su creador. Más si el cadáver no puede defenderse. Analizamos el discurso de nuestro enemigo, dialogamos con él, nos peleamos y tratamos de construir el nuestro desde sus deslices enriqueciéndonos con el suyo. Algunos bastardos disfrutan dejándonos ganar. Más placer para nosotros.

Eso quería hacer yo en mi próxima lectura, alimentarme de la vida y la humanidad de mi próxima víctima de ficción para fortalecer el discurso que da coherencia a mi persona. No es solo capital simbólico, es capital íntimo y humano. Sabía que Dumas y Auguste Maquet no eran los “autores” más apropiados, pero algo me seducía en entretenerme y relajarme con aquel miserable que resurgió de la mazmorra convertido en la mano de la providencia. El romanticismo francés nunca me falló antes. Adoro esos libros de mil páginas que a cambio de dedicarles unas semanas te acompañan toda la vida.


Admito que la culpa es mía, pero comencé “El Conde de Montecristo” como un lector impaciente, hambriento. No he sido capaz de terminarlo. Cuatrocientas cincuenta y una páginas lentas e interminables de paja y presunción; referencias, a menudo -chivatas notas-, erróneas; cincuenta capítulos carentes de toda elipsis que de agilidad a la historia y a los que agarrarme en mi lucha con el “autor”. Muy bien Dumas-Maquet, no hay forma, ni ganas, de arrebataros el relato. Todo vuestro.


Al final, lo más interesante, era dialogar con los artesanos. Único motivo por el que esta presunta “obra maestra” me parece realmente superior a “Los Pilares de la Tierra”. “El Conde de Montecristo” no solo tiene todos los ‘defectos’ del folletín -historias hipertrofiadas, café para todo tipo de lector (no se vaya a perder público), diálogos sosos de relleno, narrador intrusivo, narrativa convencional, personajes maniqueos, descripciones innecesarias meramente decorativas, el gusto por lo exótico, etc.-, ‘defectos’ que autores mucho más grandes que Dumas supieron convertir en virtudes y no solo en ventas; sino que además presenta todos los convencionalismos de la época. Hugo, Flaubert, Maupassant, Stendhal, estaban individualizados, separados de su tiempo por su genio y poderosa personalidad. Dumas no. Leer a Dumas es hacerse una idea de la mente convencional y vulgar de esos tiempos. La mentalidad que podría tener cualquier burgués al menos.

Al final, en lugar de disfrutar con las aventuras de Edmond Dantés, su encapuchada aura de pastiche, y sus ansias de justicia/venganza, disfrutaba en los momentos como los judiciales y penales contrastando los datos que Dumas me daba con lo que, por ejemplo, había leído hace unas horas en “Vigilar y Castigar”. Es triste cuando lo mejor que se puede decir de una obra de entretenimiento de más de 1000 páginas es que permite enlazar el momento que describe con lo que uno ya sabía.


Sí, sí, estoy exagerando. Estoy seguro de que todos los hilos que tan lentamente ha sabido tejer Dumas se encontrarán en las últimas 100/¿200? páginas en un excelente clímax final plagado de muerte, venganza, justicia y perdón. Tentado he estado de ir directo a ellas. Sí, sí, admito que aunque desaprovechan sacar más partido a los paralelismos, Dumas-Maquet reflejan en su protagonista el influjo y la fascinación que en la época dejó la estela de Napoleón. Un mediocre plagio a Julien Sorel. Edmond Dantés es la mayor criatura de Dumas y tal vez merecía haber pasado a la historia, pero no tanto como otros olvidados. Sea como sea, no es suficiente. Sí, sí, Dumas-Maquet han muerto de éxito, en una novela de aventuras y suspense tan, tan, lenta y predecible, saber de antemano lo que va a pasar en la página siguiente (aunque luego resulte que hay que esperar todo un capítulo de paja hasta ello) no le hace ningún favor. Sí, seguro que más adelante se profundiza con una mentalidad cristiana en la psicología del conde y los efectos que tiene el poder hacer justicia a capricho, pero ya ha habido medio libro para ello y hay demasiadas maravillas por leer. Sí, la culpa es mía, debí habérmelo leído en otro momento, tal vez en la adolescencia. Tal vez debí haberme dejado llevar por el lento e insustancial pero rápido y ligero transcurrir de las páginas. Dumas no es un gran estilista pero sí un astuto novelista. Sí, pero el caso es que son mil cincuenta y cinco páginas de un pesado volumen y m e a b u r r e n. Haría un esfuerzo, pero es que “El Conde de Montecristo” me resbala por completo. Dumas y Marquet han escrito un libro tan desquiciadamente detallado y blindado que el lector no tiene cabida en él más que como espectador pasivo.

Au revoir Dumas. ¡Qué bien se portó la providencia contigo!

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 4

sedacala hace mas de un año

Tharl, me alegra tu vuelta a la creación de reseñas.

En principio, quería decir que tu 4 me resultó una valoración sorprendente, pero, tan respetable como cual-quier otra. La otra cosa que se me ocurre decir, es que te pasas la mitad de la reseña hablando de tu culpa, es decir, justificando, de alguna manera, la opinión que has extraído del libro, como si eso fuese necesario. Yo creo que no lo es, cada uno tiene la opinión que le sale de dentro y las explicaciones han de tener carácter de aclaración, pero no de justificación. Pero la verdad es que, en el fondo, te entiendo por que creo que, en bas-tante más de una ocasión, yo he hecho lo mismo.

La cosa es que el libro tiene aspectos brillantes, brillantísimos diría, pero también tiene otros aspectos ―que, no sé si decir que no lo son― pero sí que, desde luego, digo que son de los que pueden resultar pesados; me estoy refiriendo al tercio central que puede hacerse muy largo; y claro, si por alguna razón, el tercio inicial ya se había torcido, pues, ahí está la explicación de tu abandono por incapacidad física (como en el tenis). El hecho de que intuyas que el final será seguramente otra cosa, no mengua la poco dudosa sensación de que, aún habiéndolo leído, el fracaso ya no te lo quitaba nadie y, por eso, me parece correcto que abandonases.

Ahora bien, después de decir todo eso, también debo decir que no estoy de acuerdo en algunas cosas; efecti-vamente la mentalidad de Dumas es la de su época, no creo que se pueda decir de él que rompiera ningún molde, al revés, perfeccionó los que había, y por mucho que no compartas las actitudes de los escritores del siglo XIX ―serían difíciles de compartir hoy― tampoco puedes dejar de hacer, si les lees, el esfuerzo nece-sario e imprescindible para situarte en su mundo. Pero bueno, el caso es que a todos no nos gustan las mis-mas cosas, es también una cuestión de estética; fíjate, ya que citas a Sthendal, lo poquito que a mi me gustó el personaje de Julien Sorel, ¡y tú, que dices que Dantés es un mediocre plagio de Sorel! vamos, que discre-po. No discrepo, en cambio, en eso que dices de que: “Dumas y Maquet han escrito un libro tan desquicia-damente detallado y blindado que el lector no tiene cabida en él más que como espectador pasivo.” yo tam-bién lo creo, lo que pasa es que observo que es esa, es la única forma en que se podía entrar en esta historia y en la mayoría de las contenidas en las novelas del XIX; el problema tuyo, es que has querido tener cabida en él, como espectador “activo” y, además, entrando por la cocina.

Repito, gracias por volver.

nikkus2008 hace mas de un año

Me sorprende la nota baja, pero tu exposición es intachable Tharl, y la justifica; no leí este libro, aunque confieso que muchas veces en los últimos tiempos quise empezarlo. No me das demasiado aliento respecto a la novela, pero bueno, en realidad, los gustos son diversos; quién sabe, capaz que a mi me guste. De todos modos, sirven y mucho, las reseñas con puntajes negativos. No todo son flores ¿no es cierto?. Y meterse con los clásicos, cuando de corazón no penetran como "debería" en nuestra alma, cuando no conmueven, es justo que se diga lo que se tenga que decir. Muy bien Tharl, muy bien...

Faulkneriano hace mas de un año

¡Failure! Yo creo que es flojera, Tharl, hombre...

Pues claro que es una novela "folletinesca"; pero es una novela folletinesca muy hábil, con una gran capacidad de fascinación. Pues claro que Stendhal o Flaubert escribían mejor... Pero está también la habilidad del artesano, tocado (a veces por la gracia y armado de un argumento y una estructura novelesca irresistible) Esto pasa mucho en el cine: gente que a priori no es un genio se monta una obra maestra (y luego, diligentemente, sigue haciendo pestiños) John Badham tiene una versión exquisita de Drácula, lo que no le impidió filmar Dos pájaros a tiros o El trueno azul.

¿Sabes? Yo tenía una duda mayúscula con respecto a esta novela. Abomino de los best sellers modernos, pero, pensaba para mis adentros, ¿no estaré glorificando sin más un best seller del pasado? Pero la apreciación es anacrónica. Dumas, además, se redime a fuerza de habilidad de sus convenciones genéricas y si el resultado final es un personaje tan atractivo como Dantès, el esfuerzo merece la pena. Es cierto lo que dices: el protagonista tiene mucho de superhumano, a lo Napoleón (algo común, por cierto, a muchas novelas francesas del siglo XIX)

Ah, y no creo que haya que leerla en la adolescencia (aunque seguro que entonces causará estragos)

FAUSTO hace mas de un año

Buena reseña, Tharl, sin embargo discrepo en la mayoría de tus razones, no de tus impresiones que pueden ser entendibles. Ya se sabe que cada novela es única y distinta para cada lector.
Es una lástima que te quedases a mitad de camino (y lo que es peor: tan decepcionado) al asalto de la fortaleza de Dumas, aunque mi imagen de la novela sería la del tesoro, sin lugar a dudas. Puede que, como recalcas varias veces, no fuese el momento adecuado para su lectura, pero no creo que sea determinante la edad con que se afronta la historia de Dantés, no es necesario estar en la adolescencia para poder disfrutarla. En mi caso, siendo ya “mayorcito” es una de las novelas que más me han marcado. O simplemente tus gustos o inquietudes literarias no sean “compatibles” con “El conde de Montecristo”, por lo menos en estos momentos.

Comentas los “defectos” del folletín, especialmente achacable los arquetipos de personajes, y por inversión, según tu parecer, metes en esa categoría las “virtudes” que experimenté: agilidad en la narración; figuras (no olvido el maniqueísmo) atrayentes, especialmente el protagonista; o las intrigas sugestivas que no disminuye en atención, y eso que sabía perfectamente cómo iban a acabar por las distintas versiones realizadas en la gran y pequeña pantalla.

En fin, no me voy a extender más ya que coincido en la mayoría de lo que exponen Faulkneriano y sedacala, y además ya comenté mis razones e impresiones en su reseña.

Saludos para todos.

hace mas de un año

Hola a todos! Gracias por vuestros comentarios!
Estuve a punto de no subir la reseña porque la escribí rápidamente y casi de un tirón, como si de un borrador para mí mismo se tratara, y me daba pereza revisarla. Al final la subí tal cual… Tal vez de ahí las digresiones y defectos…
Últimamente, con cada libro que termino, una vez que reflexiono sobre él y tengo claro lo que querría decir de escribir una reseña, tras comenzar a escribir la crítica hasta tener claro el tono que la quiero dar, me empieza a aburrir soberanamente seguir escribiendo y la abandono a medias con desgana, como si ya estuviera zanjada. Por eso me decidí a subir esta: qué mejor reseña para romper con este mal hábito que me impide conocer vuestros comentarios que la de un libro abandonado por esa misma desgana. Con un poco de suerte me animo a retomar las críticas de este verano y las voy subiendo poco a poco.

Tienes razón, Sedacala, en que aparentemente me justifico en mi reseña en lugar de aclarar meramente mi opinión. En parte es por la inmediatez con que escribí la reseña, pero también es así porque, en realidad, lo que quiero transmitir es aun pudiendo ver y comprender todas las virtudes que veis en el libro y que son responsable de su 8.28 (67 votos); para mí, al menos en el momento en que lo he leído, no me bastan. El libro me parece incapaz de aportar algo más allá del mero entretenimiento, algo en lo que fracasa estrepitosamente en el momento en que me aburre (excepción curiosa para algunos momentos de Italia que tanto criticáis, en especial el relato del bandido; o de la matanza en la taberna de Caderousse). También quería señalar que intuyo que va a ir en crescendo y que al haberlo abandonado no puedo apreciar, solo intuir, la habilidad como artesanos de folletín de los escritores. Pero a pesar de ello, no he podido más que abandonarlo gradualmente y con desgana. En cambio, recuerdo que “Los Tres Mosqueteros”, aun sin parecerme una trepidante novela de aventuras, si me entretuvo y satisfizo. De ahí mi hincapié en el momento de la lectura.

En cuanto a la mentalidad de Dumas, Sedacala, no me refiero solo a sus actitudes como escritor, sino a toda su mentalidad. Y ojo, no lo quería decir como algo negativo, de hecho, esa convencionalidad en el pensamiento del artesano bien contextualizada, es casi lo que más he disfrutado. Algo imperdonable en una novela de entretenimiento.

Por otro lado, cuando comparo a Dantés con Sorel, me refiero a lo que comenta Faulkneriano de su aura sobrehumana. Napoleón dejó en la Europa del XIX, en especial entre los románticos, una enorme estela que entre otras cosas se tradujo en la fascinación por el “genio” y el “gran hombre” (curioso correlato positivo de esa otra preocupación decimonónica por la otra cara de lo anormal: el enfermo, el desviado, el delincuente). Raskholnicov, Julien Sorel y Dantés son personajes que dialogan con esta ambición de ser un superhombre. Pero donde Julien Sorel se convierte en un personaje fascinante por la imposibilidad de convertirse en el héroe al que admira, tanto por causas personales como sociales (la Francia de Sorel no es la de Napoleón o la Rev. Francesa, sino la de Lacenaire, con quien comparte fecha de nacimiento); Dantés se convierte en una burla de ese arquetipo con el que los artesanos tratan de conectarle. Sí, es un personaje estupendamente caracterizado y muy atractivo, con un aura especial como tú dices, Faulkneriano, pero yo me quedo con diferencia con mi buen y fascinante Julien.

En cuanto a que el problema es mío por querer entrar como “espectador activo” en una novela decimonónica (¡y entrando por la cocina! :D), en parte tenéis razón. Por eso decía que leer un clásico es una lucha aún más encarnizada con el autor para hacerse dueño del relato. Pero siempre podemos identificarnos con sus personajes (Sorel o Fabricio, por ejemplo, o Pierre en Guerra y Paz), o enamorarnos de ellas (Esmeralda) o jugar con los niveles de análisis del personaje (Quasimodo es un monstruo romántico, un personaje fascinante y la encarnación del pueblo francés al mismo tiempo y aun podríamos darle más interpretaciones), todo ello formas de volcarnos en el relato haciéndolo nuestro; además de la posibilidad de dialogar con un autor tan fascinante como Tolstoi o Hugo, pero con Dumas y Marquet no hay nada parecido, todo es ajeno al lector que no tiene cabida en su fortaleza.

Tampoco quería indicar que Dumas sea un autor juvenil para adolescente, aunque como decís, en esa edad debe causar estragos; sino, como tú dices, Fausto, se debe al momento de mi lectura. “El Conde de Montecristo” no se acerca ni lo más mínimo a mis inquietudes lectoras actuales, probablemente de ahí que ni todas las virtudes que señaláis lo hayan podido hacer interesante para mí.

Un abrazo!

Tharl hace mas de un año

(fui yo)

Faulkneriano hace mas de un año

Tal como comentaba al final de la reseña de sedacala (y por muy tópico que pueda parecer) es ésta una novela sobre la venganza y sus límites. Hay muchas historias de venganza en la literatura, de la Orestiada en adelante, pero esta se lleva la palma en su desmesura, en su radicalidad, en su carácter extremo, generando una trama tan vasta y cargada de ramificaciones como agotadora. Y las cuestiones que plantea Dumas sobre la licitud de una revancha tan fría y dilatada en el tiempo no me parecen baladíes, incluso en el contexto de una novela popular.

Evidentemente, Tharl, te has perdido la parte más emocionante.

sedacala hace mas de un año

La inmediatez, o la premura a la hora de escribir, juegan malas pasadas; no sé si en tu caso te la han podido jugar, no solamente al escribir, sino también en el mismo momento de la lectura del libro.

Lo que yo te quería decir con lo del espectador activo o pasivo, y la entrada por la cocina, es que esta novela es lo que es. Es evidente, que este no es un producto para un lector analítico e inteligente a la manera en que podría serlo el de Proust, o para un lector crítico como podría serlo el de Zola; este es un producto para el lector de mediados del XIX, que lo que quiere es entretenerse con el folletín, y mostrarse en ascuas esperan-do a saber lo que vendrá en la siguiente entrega. Este tipo de lector, va por donde el autor le lleva y tiene que dejarse llevar, que quiere decir que ha de ser pasivo y entrar al tema por donde le digan, es decir, por la en-trada, no por la puerta de atrás. Esto es así, si se admite, bien, si no se admite, difícilmente va a funcionar. A veces, hay que ser un lector sumiso y menos activo; yo también creo que esa actitud tuya al sentarte a leer “El Conde de Montecristo” ha hecho que te perdieras lo mejor.

Me ha hecho gracia tu “duda mayúscula” Faulkneriano. Me ha hecho gracia que, un lector tan curtido y co-nocedor como tú, caiga de manera flagrante en el prejuicio literario. Porque prejuicio es, pensar que cual-quier libro por el mero hecho de estar encuadrado en una categoría determinada pueda considerarse malo (best-seller). Habrá que leerlo para saber si eso es así. De todas formas, digo esto por polemizar un poco, por que reconozco que se suele disponer de los datos necesarios para saber, si lo es o no lo es, sin catarlo. Ahora bien; ¿Porqué es anacrónica la “apreciación” al trasladar esta premisa al XIX? ahí si que no te entiendo.

El caso es que en la reseña que yo escribí sobre el libro, había una idea prefijada que resumía, a mi modo de ver, la clave de la cuestión: Dumas atinó en este título a escribir un best-seller, que era lo que intentaba siem-pre, y no sólo le salió, como tantas otras veces, sino que además le salió de una calidad excepcional. Es de-cir, que sí, que “El conde de Montecristo” fue un best seller, por supuesto que sí; pero un best-seller muy bueno. Y esto enlaza con lo que tú dices Faulkneriano, que a veces un artesano da en el clavo y hace una obra redonda, como yo creo que le pasa aquí a Dumas.

Está muy bien lo que dices de la venganza. Es posible que, si quisiéramos condensar en pocas palabras el asunto que aquí se trata, el leitmotiv de la venganza y sus ramificaciones serían las claves de la novela. Y es un leitmotiv interesante y muy sugerente.

Poverello hace mas de un año

Interesantísimos todos los comentarios y las reseñas.

Gracias, Tharl, por generar debate -fuera o no tu intención-. Tengo al Conde en pendientes desde hace tiempo y por ahora nada puedo decir de la novela en cuestión, sólo recalcar una verdad de Perogrullo a la que se hace referencia una y otra vez pero no es baladí recordar. Todos los autores y autores son hijos de un determinado momento histórico y sólo de vez en vez surge -y nunca o casi nunca de manera espontánea y natural- alguien que rompe la pana. El resto completa, redondea, reafirma y/o amplía estilos, características o 'necesidades' esenciales de su entorno. De Dumas sólo he leído "Los tres mosqueteros" y "Veinte años después", y hace tanto tiempo que apenas recuerdo estilo y capacidad narrativa (si es que entonces hubiera tenido sagacidad para valorarlo); sólo que me entretuvieron enormemente, más la primera parte, pero recuerdo sin esfuerzo "Ivanhoe", salvando las distancias, una novela tampoco corta precisamente, a la que se le pueden achacar todos los 'defectos' de los que parece disponer "El conde de Montecristo" respecto al maniqueísmo, aspecto folletinesco, aventuras enlazadas y 'pérdida' del personaje principal (aunque probablemente sí que no se le pueda colgar también que tenga 'paja')... Pues yo disfruté como el que más, como un niño de diez años.

Abrazos a todos.

Faulkneriano hace mas de un año

El best-seller (una creación más que achacar al infausto siglo XX) tiene una lógica perversa, fría y absolutamente mercantilista que es extraña a Dumas: la literatura "popular" que éste practica es mucho más transparente y humana, más apegada a su tiempo, menos prefabricada en suma. Eso es lo que quería decir, sedacala. Hablar de best-sellers en el siglo XIX me parece impropio. Sólo de pensar que Dickens pudiera meterse en ese saco me dan sudores fríos ¡con lo que me gusta!

sedacala hace mas de un año

Pues es verdad, Dickens... tú también hijo mío.

lucero hace mas de un año

Ahhhhh, estos son mis amigos soperos...placer leer estos aportes. (me callo, no lo leí..je)

Poverello hace 29 días

Pues otro que se lo ha pasado pipa con las 1500 páginas de este extraordinario folletín decimonónico, que tiene de todo: amor, aventuras, drama, aventuras... y vamos a decir, paja, pero como mera advertencia, porque pocas páginas de esas 1500 he percibido yo que no tuvieran sentido ()y muy profundo) dentro del abigarrado edificio de venganza construido minuciosamente por Edmond Dantès. Quien, todo sea dicho, no me ha caído del todo bien en variadas partes de la novela y juraría que era la pretensión de Dumas: crear un Dios con pies de barro, como la estatua del sueño de Nabucodonosor, que en la última parte de la novela hasta duda de si ha sido la mano de Dios o a veces del diablo.

Una de las debilidades que en ocasiones se le achacan a este género literario es el saber lo que va a pasar, como si tampoco fuera esa la pretensión de Dumas. Cuando ves una peli de acción de Mel Gibson o de Liam Nesson, sea buena o mala, sabes que al final se los va a cargar a todos, de una forma o de otra, aunque pueda parecer increíble, y te pasas toda la puñetera cinta diciendo ahora ahora ahora es cuando pasa lo que tiene que pasar. Y pasa, y disfrutas, y hasta se te ponen los dientes caninos con la visceralidad. Lo mismo con el Conde, sabes quien es quien, lo que va a pasar, y a mí me da exactamente igual, porque al igual que Ivanhoe o Los tres mosqueteros, no son novelas de intriga, sino de emoción y aventuras.

Eso, que sin contarla entre mis clásicos preferidos seguro que es de las obras que mi cabeza va a inmortalizar aún más que la historia.

Tharl hace 22 días

Ayer me acordaba yo de El Conde de Montecristo, de Dumas y del folletín en general cuando veía las últimas películas -terribles- de Harry Potter. Están repletas de giros de guión que reescriben la historia, casualidades oportunas, Deus Ex Machina, hermanos secretos, parentescos desconocidos que se revelan en el último momento, demiurgos e intrigas que resulta que estaban dentro de intrigas, y una construcción del espacio y del tiempo muy endeble para liberar la acción de cualquier sistema de coordenadas que lo pudiera restringir.

Las reglas del folletín son las mismas ahora y en el XIX, aquí y en China. Son historias donde puede suceder cualquier cosa porque no responden a ninguna lógica verosimil ni en la acción, ni en la escritura, ni en los personajes, ni en la construcción del espacio y del tiempo, de manera que la única lógica es la del "qué emocionante". A cualquier precio. Y como puede suceder cualquier cosa, se añade también una borrachera de omnipotencia que a quién no le va a gustar.

Y a mí me gustan. Me encantan las películas de Mel Gibson o de Liam Nesson, y aun más las de Keanu Reeves. Lo que más me gusta de ellas es que no sienten la necesidad de justificar cada giro con una peyorata, flashbacks y explicaciones, porque admiten que el folletín no tiene por qué tener sentido.

Debes estar logueado para escribir un comentario