GOTEO INCESANTE por Nastenka

Portada de MOLLOY

"Aproveché aquella estancia para aprovisionarme de piedras de succión. Eran guijarros, pero los llamo piedras. Sí, aquella vez adquirí una importante reserva. Las distribuí equitativamente entre mis cuatro bolsillos y las iba chupando por turno. Lo cual planteaba un problema que al principio resolví del modo siguiente. Yo tenía, pongo por caso, dieciséis piedras, cuatro en cada uno de mis cuatro bolsillos (los dos de mi pantalón y los dos de mi abrigo). Tomando una piedra del bolsillo derecho de mi abrigo, y poniéndomela en la boca, la reemplazaba en el bolsillo derecho de mi abrigo por una piedra del bolsillo derecho de mi pantalón, que reemplazaba por una piedra del bolsillo izquierdo de mi abrigo, que reemplazaba por la piedra que tenía en la boca en cuanto terminaba la succión. De modo que siempre había cuatro piedras en cada uno de mis cuatro bolsillos, aunque no exactamente las mismas piedras. Y cuando me volvían las ganas de chupar hundía la mano nuevamente en el bolsillo derecho de mi abrigo, con la certidumbre de que no iba a salirme la misma piedra de antes. Y, mientras la iba succionando, volvía a poner en orden las otras piedras, como acabo de explicar. Y así sucesivamente. Pero sólo a medias me satisfacía esta solución. Pues no se me ocultaba que, por una extraordinaria casualidad, podían estar circulando siempre las mismas cuatro piedras. En cuyo caso, lejos de estar succionando las dieciséis piedras por turno, en realidad estaría succionando sólo cuatro, siempre las mismas, por turno.”

Beckett siempre me impresiona.
Con Beckett he descubierto que una "novela" no tiene siempre que exponernos un "caso", no siempre tiene que contarnos una experiencia personal, ni la historia de Molloy, ni la de Moran (protagonistas ambos de este libro)... No, el arte de Beckett es precisamente un... "algo", no un algo contado sobre ese algo.
Beckett consigue que la atención del lector no vaya dirigida a lo que nos cuenta (porque algo nos cuenta), si no al modo de contárnoslo.
Beckett no narra, reflexiona.
Y en esa reflexión nos presenta a Molloy y a Moran, los dos buscan algo; Molloy, a su madre, Moran a Molloy. Nos cuenta una historia, sí, pero ésta es sólo el pretexto.

Esas búsquedas vienen salpicadas; la vejez, la enfermedad, la inmovilidad, el estancamiento... síntomas físicos del paso del tiempo nos van impregnando con sus salpicaduras. Y esas lesiones físicas, ese envejecimiento del cuerpo no hacen sino mostrarnos la alteración, la descomposición y la incapacidad humana (no de la humanidad, si no del individuo/s), y con esa soledad que acompaña a los "buscadores", con su misma supervivencia -porque ninguno vive, sobrevive-, marcada por enfermedades, parálisis, amputaciones, abandonos... Beckett nos muestra que todos estamos enfermos, inmóviles, amputados. Y solos.

Y es que, como Molloy, transitamos por la vida "chupando piedras", empeñados en contarlas, en no gastarlas demasiado, en mantenernos ocupados en "nada" mientras la vida se nos escapa.

La histora se presenta en dos partes; la primera la de Molloy, la segunda, la de Moran. Dos monólogos. Son como dos relatos independientes pero a la vez imprescindibles el uno del otro. Los sucesos del primero se reproducen en el segundo y aunque todo parezca precipitarse al vacío, aunque todo se nos presente igual, aunque no estemos seguros de si los sucesos son reales o imaginarios, lo que Beckett nos ofrece es buscar una meta, esa meta que se aleja hasta cuando parece ya cercana.
Así es la vida.

Y llegamos al final.
Todo lo leído hasta el momento se tambalea. ¿Quién es Molloy? ¿Y Moran? ¿Tendré suficientes piedras para el camino? ¿Es verdad que no llueve?
Penetré en el misterioso mundo de Beckett. ¿O no entré? Lo que sí sé es que no he salido...
Y que llegará la medianoche. Y que lloverá.

Molloy (y me refiero al libro) es...como una continua ansiedad por el acontecimiento que nunca ocurre. La desesperanza de la espera. La inhumanidad.

Beckett siempre me impresiona.
Me imagino a Beckett, con esa cara, esa expresión, esas arrugas y esos rasgos tan suyos... menospreciándome por haber hecho un comentario tan ininteligible de su obra, por haberla querido interpretar.

Y podría oír su risa, como podría oír las gotas de lluvia caer. Si es que estuviera lloviendo, claro.

Escrita hace 8 años · 5 puntos con 6 votos · @Nastenka le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@nikkus2008 hace 8 años

Creo que muchas veces sobreestimamos a nuestros autores preferidos, no creo que Beckett tuviera nada que objetar si pudiera a tu melancólica reseña, y de paso te digo, ya que creo sos la experta sobre Beckett, que tantas reseñas y excelentes conceptos sobre el autor, me están provocando algo urgente de él. Gracias como siempre, por reseñar autores "difíciles", Nastenka...

@Nastenka hace 8 años

Gracias a ti, nikkus, por pararte en mi intento de reseñar a Beckett.
En realidad no es que haya leído mucho de él. Este, su Esperando a Godot, un par de cuentos y algún poema, me queda mucho Beckett...

Y lo de imaginarme a Beckett riéndose de mi intento, es porque realmente creo que sacar conclusiones "cerradas" sobre sus obras es un error. Error que yo soy incapaz de no cometer..

@Poverello hace 8 años

Me acordé de Lennon: "la vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes".

Creo que Beckett se sonreiría con tu reseña, marcando aún más su rostro avejentado. Y hasta podría darte las gracias por ese... algo que, quizá ni él fuera capaz de explicar a pie juntillas.

@Faulkneriano hace 8 años

Tiene razón Nastenka: Beckett nos mandaría a todos a freir puñetas.

Buena reseña. Expones muy bien la esencia de la novela experimental en la que Molloy se escribe: la novela se libera de la tiranía del argumento y ya no importa el qué pasa sino el cómo se cuenta, desplazándose el centro de interés del intento de capturar la realidad (algo siempre falso) a los modos de representar dicha (supuesta) realidad. Claro que nuestro Beckett es desarmante. Molloy pasa por ser la novela más legible de la trilogía.

@Tharl hace 8 años

Nastenka, Beckett es un autor que no figura en mi biblioteca pero cada vez tiene más peso en mi mente y más ganas tengo de leer algo suyo. Creo que eres una de las principales responsables con reseñas como esta.
Mi acercamiento a Beckett se limita a una representación de ESPERANDO A GODOT. Tu reseña de MOLLOY me recordó mucho a ella.

@Nastenka hace 8 años

Me acabas de desarmar tú, Faulkneriano, Molloy no ha sido una lectura sencilla, aún habiéndola disfrutado (que una cosa no quita la otra), así que si pasa por ser la más legible de las tres... miedo me dan las otras, claro que tratándose de Beckett no me ahorro valentías y acabaré lanzándome...

Tharl, me llenaría de orgullo y satisfacción (que diría aquel que ostenta un título ya obsoleto) conseguir que alguien se acercara a las palabras (nada obsoletas) de Beckett. Más aún a un lector como tú.
Todo Beckett recuerda a Beckett...

@Faulkneriano hace 8 años

Mujer, Nastenka, no pretendo asustar.... pero al menos Molloy se arrastra. En cambio, Malone... pues eso, muere y El innombrable es un torso apenas sentiente. Soy único para dar ánimos...

@_567_ hace 8 años

Lo único que he leído de Beckett es ‘Murphy’, suficiente para no olvidarlo y seguir explorándolo en el futuro. Algo o alguien me dirá cuando es el momento de retomarlo, de descubrirlo en su máxima expresión, que bien podría ser este ‘Molloy’…
Llevar colgada la etiqueta de ‘usuaria beckettiana’ te obliga a seguir sentando cátedra, ¿eh?
Bueno, que como me ha gustado mucho tu reseña te dejo a cambio un enlace que, sin duda, disfrutarás de lo lindo:

www.enriquevilamatas.com/textos/relbeckett1.html‎