ACEPTANDO A GALDÓS Y SU ESTILO EXPOSITIVO por Tharl

Portada de BAILÉN

Probablemente “Bailén” es el más flojo de cuantos Episodios Nacionales llevo leídos. Hasta ahora en todos ellos había sucedido un cambio fundamental en Gabriel, en su recorrido vital antipicaresco. Comenzó el recorrido siendo un pillo, pero pronto descubrió lo que era el sentimiento -y fervor- nacional y conoció también los horrores de la guerra. Después, sentó los pies en la tierra tras descubrir el significado de la dignidad y la honra, más importantes que trepar en la escala social. Por último, el 2 de Mayo, se confundió con el pueblo español y murió a manos de los franceses para renacer ahora. En Bailen no habrá cambio alguno.

Durante las entregas anteriores, Galdós contextualizó la acción y la historia; esbozó el estado de la sociedad española en todas sus clases antes de la Guerra de Independencia -me pregunto cuánto hubo realmente de independencia en ella y cuánto de guerra civil-; nos mostró el Motín de Esquilache, la aceptación y rechazo a la entrada de los franceses, el levantamiento del 2 de Mayo y los fusilamientos del día después. Ahora divide la historia en dos partes: en la primera muestra cómo se cuece lentamente el odio al invasor y la organizada resistencia y en la segunda se centra única y exclusivamente en Bailén. Por supuesto, de forma transversal, Galdós, edulcora la historia con las aventuras y desventuras amorosas de Gabriel. Primero en la búsqueda de la desaparecida Inés después con el desenredo de la trama matrimonial en el que se ha visto inmersa.
Como es habitual en el autor, ambas partes se leen más que bien, son ligeras y amenas. Pero Galdós se pasa de burdo al querer mitificar el ejército Napoleónico, mostrar lo desordenado de las tropas españolas y la sencillez y oposición del pueblo español, para luego mostrar la primera derrota del gran Imperio. Ello requeriría de una habilidad para la épica y el manejo de emociones bastante lejana de su estilo transparente y expositivo. Así el único interés que tiene el libro al rascar un poco es la presentación de nuevos personajes. Nos encontramos con el primer personaje portador de nuevas ideas, el primero que trae consigo los ideales de la revolución francesa y que se manifestaran en la Constitución de 1812 -y en el tratado de Bayona…-. Se trata de Santorcaz, quien tendrá un rol fundamental en las futuras intrigas que se ciernen sobre Inés. Tenemos también a “Don Diego Hipólito Féliz de Cantalicio Afán de Ribera Alfoz, Conde de Rumblar y de Peña Horadada”, un señorito criado en el Antiguo Régimen más rancio, con una madre que es la viva encarnación de él. Se trata de un hombre-niño aburrido y de ideas cambiantes, campo de batalla de los valores opuestos que se empezarán a disputar España, reflejo de la debilidad a que ha llegado el Antiguo Régimen. Su madre y ayo por un lado, Santorcaz por otro. Protagonizará así uno de los momentos pretendidamente cómicos, y demasiado ridiculizante para ser creíble. Tenemos también a un nuevo pillo con escaso lugar en mi memoria, salvo por mostrar la diferencia entre él y el Gabriel actual.

Centrémonos ahora en la batalla de Bailén, ya que Galdós la dedica la mitad del libro y el honor de prestarle el nombre. Desde que Gabriel entra en el ejército, presentaremos no solo la primera derrota de las tropas imperiales, sino todos los preparativos que llevaron a ella. Se nos da a conocer así, la estrategia del General Castaños -de poco protagonismo en la novela- desde la perspectiva del protagonista -mejor informado que el resto de soldados en campaña por lo que parece- enriquecido por los comentarios de su yo futuro, el escritor. Ya en la batalla en sí, Gabriel tiene la suerte de estar primero en un lugar elevado desde donde poder ver y describir la posición y movimientos de todas las tropas, como si de un juego de tablero se tratase. Y una vez hecho esto se lanza al ataque con tal suerte que siempre está presente en los puntos más encarnizados e importantes de la batalla -el flanco derecho, la noria, el puente, etc.-. Todo será relatado con claridad, con énfasis en algunas vivencias de Gabriel y extensibles a todos los soldados -el miedo antes de la lucha, el fervor en la carga, la insoportable sed-. No habrá confusión, ni caos, ni épica, todo muy expositivo y ordenado, con la habilidad de un historiador de afición literaria dispuesto a diseccionar los apuntes y mapas sobre la batalla.

Por lo demás, como he dicho, hay poco que mencionar. Algún pequeño acierto como acompañar los saqueos y barbaridades que cometieron aquí los franceses con una breve insinuación a lo que les ocurrirá cuando les encuentren perdidos por el camino el pueblo llano -y lleno, de odio-; o algún juego casi cómico -aunque yo no sonría- que se trae al jugar con la información de que goza, gracias a la perspectiva histórica y mayor cultura, el lector y frente los personajes: como al mostrar las exageradas bravatas de los valientes españoles, o las confesiones de los compañeros de Gabriel, o al situar en conversación a dos personajes -demasiado parecidos- caracterizados por su cobardía, inventos, fantasías y vanidad como son Malespina y el “diplomático”.
Pero sin lugar a dudas de toda la novela me quedo con la admirada, sincera y mágica descripción de los campos de la Castilla la Mancha.*

Y aun con todo esto he disfrutado la entrega. Solo era cuestión de aceptar las cosas tal y como son, de no esperarme más de lo que Galdós puede dar y de no pretender leer un castizo Guerra y Paz. Una vez asumido esto, Los Episodios Nacionales son entretenidos, interesantes en algún aspecto y fácilmente digeribles.

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* Para no alargar más la reseña -por una en que no me alargo…- a quien le interese tiene aquí lo mejor del pasaje sobre la Mancha al que me refiero. http://es.wikisource.org/wiki/Bail%C3%A9n_:_5 (dos últimos párrafos)
Nos vemos con Napoleón en Chamartín

Escrita hace 8 años · 5 puntos con 5 votos · @Tharl le ha puesto un 7 ·

Comentarios

@Tharl hace 8 años

Una corrección: Un pequeño lapsus quiso que confundiera el motín de Aranjuez (17-18 de Marzo de 1808) en el cual participa Gabriel por accidente con el de Esquilache (1766). Gracias, Faulkneriano, por el aviso.

@Poverello hace 8 años

Vamos, ni cuenta tú, ja. Mi cultura histórica y de relación de acontecimientos está bajo mínimos. Menos mal que con 'Los miserables' me estoy dando un tute de República, Revolución y Restauración que pa' mí se queda.

@Faulkneriano hace 8 años

Tharl, buena reseña. En lo esencial estamos de acuerdo, aunque yo simpatice más con D. Benito.

No es Guerra y paz, desde luego: sólo puede haber una. La comparación ya se ha hecho más de una vez, pero no para una novela aislada sino para el conjunto de los Episodios (y el consenso general es que, resultados aparte, la ambición de Galdós no es, ni mucho menos inferior a la de Tolstoi). El joven Galdós quiere escribir una serie de novelas populares que, desde una óptica liberal, contemplara la caída del Antiguo Régimen y una serie de acontecimientos que forman la raíz del tiempo que le tocó vivir. Y a fe que lo consigue: la novela es una ficción limpia, tersa, bien escrita, bien documentada, encantadora en su sencillez argumental y con un ingrediente novelesco que anima el puro fresco histórico pero no lo anula (algo que olvidan a menudo modernos prácticantes de la novela histórica, mucho menos serios en sus intentos de entretener al público)

De esta novela me gustan varias cosas: el personaje de Rumblar es un buen ejemplo de la clase dirigente, parasitaria y anclada en el pasado, que la guerra arrumbó definitivamente, y Galdós no ahorra críticas en este sentido. La invención novelesca de las cartas encontradas en el arzón del caballo de Santorcaz (cuyo sentido no voy a desvelar aquí) anima extraordinariamente la novela y proyecta hacia el futuro una sombra impensada, aunque el lance es una carambola que sólo se puede dar en las novelas y que el lector asume con gusto. Santorcaz es un personaje oscuro y muy complejo, que representa las muchas zonas en penumbra que había en un conflicto que, como bien dices, era, si no una guerra civil, sí algo más que una lucha contra el invasor. Extraordinarias son, como recalcas, algunas descripciones paisajísticas (que reaparecen en toda su gloria en Juan Martín el Empecinado) y, a mi modo de ver, las escenas de batalla en las que la sed juega un papel protagonista, algo que sólo un novelista de ojo entrenado puede hacer.

Por cierto, a Galdós le gustaba mucho Guerra y paz y la estudió atentamente como modelo. Quien recuerde a Pierre vagando por Borodino no le resultarán extrañas las peripecias de Gabriel en Bailén (si bien habrá quien ponga el grito en el cielo con esta comparación)

La diferencia, como te decía, es que el ansia totalizadora de Tolstoi se presenta aquí en pequeñas dosis. Tolstoi gana por KO, por seguir con el símil pugilístico, y Galdós (eso sí, en un empeño menos universal) a los puntos.

Por poner un ejemplo tonto, nadie se leería La prisionera, de Proust, sin haberse leído los volúmenes anteriores, pero conozco a mucha gente que se ha leído al azar un episodio de Pérez Galdós, pasando de los grandes arcos argumentales que se dibujan de un tomo a otro, para concluir que tampoco es para tanto. La progresión es fundamental sobre todo en la primera serie, que es la que mejor conozco. Yo también he leído episodios sueltos porque el tema me interesaba mucho, y es una opción legítima, pero según con qué novelas. La vuelta al mundo de la Numancia, por poner un ejemplo concreto, puede leerse sin problemas, pero Bailén no tiene sentido si no se conoce la peripecia anterior de Gabriel. Y, como siempre, me he enrollado en exceso, pero don Benito bien se lo merece, que es un bendito.

@Faulkneriano hace 8 años

Pues seguimos de acuerdo en lo esencial. Lo que dices de Santorcaz y el buen ojo de Dn. Bendito (:P) al hablar de la sed en la batalla son efectivamente dos de los mayores aciertos -además de las descripciones paisajistas -de “Bailén”. Y por lo que dices Santorcaz se vuelve más y más interesante.

Al señalar la comparación -o mejor dicho, la imposibilidad de ésta- con Guerra y Paz me refería, claro está, al conjunto de los Episodios de la primera serie. En este sentido coincido en que no es menos ambicioso que el excelente escritor ruso. Aunque como creo que indicas, las ambiciones de ambos son cualitativamente bastante dispares. Cuantitativamente no.
No había caído en esa semejanza entre el vagabundeo de Pierre en Borodino y el de Gabriel, aunque hay que salvar bastantes distancias creo yo… Tantas como de Canarias a Moscú. Sin embargo, Tolstoi -quien uso de modelo para sus batallas la de Waterloo de “La Cartuja de Parma”. Estoy pensando entre otras cosas en el vagabundeo de Fabricio preguntándose si ha vivido o no una “verdadera batalla”-, como Stendhal, narra las batallas de una forma bastante distinta a la de Galdós, haciendo hincapié en el caos, el desorden, y mezclando lo sublime, con el horror, y los pensamientos del personaje. Galdós, imagino que por su afán didáctico-, opta por otra opción que traté de analizar en la reseña: él prefiere el orden y la exposición tanto en la contienda como en los pensamientos de Gabriel, por encima de ese desorden magnífico de las otras dos novelas en ambos aspectos.

En cuanto al “ejemplo tonto” que propones me parece más que acertado. Por lo que comentas -e intuyo que es tienes razón-, Los Episodios Nacionales es una de esas obras que ganan hueco poco a poco, sumando puntos, como bien dices. No tanto por sus efectos aislados, como por la totalidad. En este sentido creo que le hace un flaco favor la división en un tomo por “libro”, tal vez debieran leerse mejor como una única obra total. A nadie se le ocurre leer “La Prisionera” como primer encuentro con Proust, pero tampoco se le ocurre a nadie leerse “Guerra y Paz” o “Los Miserables” libro a libro, intercalando lecturas y meses entre uno y otro.

De estos Episodios me interesan varias cosas, por encima de las aventuras y desventuras del protagonista y de la propia Historia que puedo leerla de otras fuentes de menor extensión. Una es que el fresco de Galdós se refiere no solo a los acontecimientos históricos sino a toda la sociedad de la época, dimensión en la que admito mi preferencia por otras formas de acometer semejante ambición. Por encima de ello actualmente me interesan: 1) la forma de afrontar Galdós la caída del Antiguo Régimen y la aparición de otra forma de ver el mundo, algo en lo que de momento va demasiado lento; y 2) descubrir cómo se las va a arreglar para dar sentido y defender la Guerra de Independencia y criticar la actitud de los afrancesados (con los que comparte bastantes cosas), siendo él de creencias tan firmemente liberales; siendo consciente de que fue un movimiento -como admite por momentos- tan popular como ignorante; y sabiendo lo que supuso la llegada de El Deseado, la marcha de los franceses y la derrota de Napoleón. Por esto tengo tantas ganas de que entre algún personaje de peso afrancesado -sus admirados Goya y Moratín lo fueron- en acción.

@Tharl hace 8 años

¡Frijoles! a ver quien adivina el autor del último comentario.
=D

@Faulkneriano hace 8 años

Muy cierto lo del comienzo de La Cartuja de Parma, con Fabricio vagabundeando por Waterloo... Hace demasiado tiempo que lo leí...

Lo de Canarias me ha hecho gracia: ¡malévolo!

En lo referente a la caída del Antiguo Régimen no es que Galdós vaya demasiado lento: es que la caída fue lenta. Muchos historiadores la situán en la muerte de Fernando VII, así que faltan sus buenos veinte años.

De los afrancesados ya hablaremos en otras entregas. Anticipo que en esa disyuntiva que se plantea al progresista Galdós entre el patriotismo y el ideario liberal de los afrancesados... creo que gana el patriotismo, aunque Galdós es sutil, e insiste mucho en esa zona en penumbra, ni malo ni bueno, a la que aludía al hablar de Santorcaz. Es, como bien señalas, un asunto apasionante. Por ahí se aprecia una línea de fractura que seguirá en las siguientes series: Machado no era el primer escrito, ni mucho menos, en hablar de las dos Españas.

@Faulkneriano hace 8 años

Yo, la verdad, es que no quisiera ser pesado. Pero no entiendo bien tu empeño de leer la obra de Galdós, pasando inevitablemente por Los Episodios Nacionales, cuando en realidad has constatado ya sobradamente que el autor no te llega a gustar de verdad, al menos por ese camino. La aceptación de que hablas en el título de la reseña, parece estar limitada a considerarlo como una especie de artesano de las letras, y si sigues por ese camino, te vas a encontrar con más de lo mismo.

Yo creo que tu menor simpatía (bastante menor que la de Faulkneriano) por el autor, está muy relacionada, corrígeme si me equivoco, con un estilo galdosiano que está teñido de rasgos arcaizantes en su lenguaje, y que consecuentemente, te da una visión suya rancia o anticuada (no en vano catalogas de castizo su remedo de Guerra y Paz). Esos mismos rasgos, como es natural, no se aprecian en Tolstoi, ni en Dickens, ni en Hugo, por que la traducción camufla esos efectos del lenguaje, pero yo creo que leidos en su idioma se apreciarían cosas similares en ellos también.

En fin, yo creo que el casticismo de Galdós, no es tal, si se consigue uno situar en el ambiente de su época, es más, era un tipo, ya lo insinúas tú, claramente liberal. Lo que pasa es que el castellano de hace 150 años, empieza a estar ya un poco trasnochado y su lectura, puede producir esos efectos. Pero bueno, es una teoría mía, si crees que me equivoco, me corriges.

Un saludo.

@sedacala hace 8 años

Se me olvidó que ya debía estar fuera después de escribir un rato.
Sedacala.

@Tharl hace 8 años

Yo también creo que Galdós se inclina(rá) por el patriotismo. Está bastante claro por sus personajes. Lo que me pregunto es cómo logrará conciliarlo con su visión liberal y conocimientos tanto históricos como político-sociales. Un motivo ya de peso para seguir leyendo los Episodios.

Sedacala, no temas ser pesado, no lo eres en absoluto. Pero permíteme que te corrija en lo de los rasgos arcaizantes del lenguaje galdosiano. Ya te comenté la última vez que lo discutimos que si bien “es cierto que Galdós me parece más arcaico que las que leí en otros idiomas traducidos (muy interesante el efecto de la traducción que señalas), eso le da hasta cierto encanto, por la recreación tan castiza de la época, de sus personajes e historias”. Cuando ahora me refería a un Guerra y Paz castizo lo decía en referencia a mis antiguas expectativas, habiendo encontrado lo de castizo y habiéndome satisfecho esto, pero no la semejanza con Tolstoi. Como digo en mi reseña, ha sido una cuestión de ajustar mis expectativas y no pedir peras al manzano (para no rebajar el fruto galdosiano, por mucho que me pese por el pobre olmo).

En cuanto a mis motivos para seguir leyendo la saga son muy variados. Por un lado los que mencioné en anteriores comentarios (la visión del Galdós liberal de los acontecimientos que trata, en especial de los afrancesados y la forma en que plasme el inicio de la división de las dos Españas). Esto sin desmerecer el poderoso motivo de que tengo todos los títulos en mi estantería y me sale gratis leerlo y caro el recordatorio de verlos todas las mañanas tan solos. Por otro lado, admito que mis reseñas tienen un tono aparentemente negativo, pero conviene recordar que mi valoración oscila entre el 6 y el 7. Siendo mi media de 6.46 podemos ver que disfruto con estas lecturas 0.4 décimas más de lo que me es habitual. Si mis reseñas tienen ese tono de decepción se debe nada más y nada menos que a mis expectativas. Y a que tengo la sensación de estar puntuando fragmentos de una obra más amplia en lugar de la obra en sí. Y ya sabes lo que dicen, el todo es más que la suma de sus partes.
Tampoco temas que encasille al autor de “Fortunata y Jacinta” como un mero buen artesano, pues sé sobradamente que las conclusiones que llegue sobre el autor no se pueden extender más que a esta serie de Los Episodios…, escritos en una etapa temprana de su carrera y con objetivos diversos a sus grandes obras maestras.

Volviendo a lo de las dos Españas (tradicional/moderna): afrancesada/patriótica, industrial/carlista (¿?), republicana/fascista, tema que veo que empieza a introducir Galdós en “Napoleón en Chamartín” aspirando a una proyección mayor que estos episodios, me preguntó hasta qué punto es inherente a la Historia Contemporánea española, o si, en cierto modo, es común a este periodo en todos los países. Me cuesta creer que el choque entre el campo y la ciudad sea exclusivo de España, aunque sus tierras lo hayan padecido con mayor virulencia.

Abrazos para todos y gracias por los comentarios.

@Poverello hace 8 años

Qué bien los comentarios de todos.

Gracias por compartirlos con el vulgo. Se me cae la babilla y todo, parezco un perro de Paulov.

@Faulkneriano hace 8 años

Lo de la industrial/carlista me ha dejado descolocado del todo. Ya puestos, absolutistas/liberales (oposición fundamental en la segunda serie) , liberales/carlistas y moderados/progresistas...

@Tharl hace 8 años

Jaja, no sabía cómo denominarlo -de ahí las interrogaciones- y me acordé de que el bueno de Don Miguel (Unamuno), decía que las Guerras Carlistas (no recuerdo si todas) eran la lucha entre el campo tradicional y la ciudad industrializada.
Mis conocimientos de Hª de España (y universal) son más bien escasos. Pero tengo la imagen del siglo XIX (y parte dle XX) de España como un siglo violento, de inestabilidad social y política, con dos Españas enfrentadas constantemente en Guerras Civiles a las que acompañaba un largo exilio. Es esto a lo que me refería, al comentar si es algo propio a la época o inherente a España como propone Galdós cuando en boca de uno de sus personajes dice: “Esta lucha, señora mía, o yo me engaño mucho, o ahora es un juego de chicos comparada con lo que ha de venir. Cuando se acabe la guerra, aparecerá tan formidable y espantosa, que no me parece podrá apaciguarla ni aun el suave transcurso de todos los años de este siglo en cuyo principio vivimos. Yo, que observo lo que pasa, veo que esa controversia está en las entrañas de la sociedad española, y que no se aplacará fácilmente, porque los males hondos quieren hondísimos remedios, y no sé yo si tendremos quien sepa aplicar estos con aquel tacto y prudencia que exige un enfermo por diferentes partes atacado de complicadas dolencias. Los españoles son hasta ahora valientes y honrados; pero muy fogosos en sus pasiones, y si se desatan en rencorosos sentimientos unos contra otros, no sé cómo se van a entender. Mas quédese esto al cuidado de otra generación, que la mía se va por la posta al otro mundo, con más prisa de lo que yo deseo. Y entretanto, guárdeme usía esos dos montones de libros, que todos quiero leerlos. Aquí el departamento de la Constitución, a este otro lado el del despotismo... pero ¡pecador de mí!”

@Faulkneriano hace 8 años

La cita que incluyes de Napoleón en Chamartín me parece muy instructiva. Lo de los dos montones de libros me suena a ese "donoso escrutinio" quijotesco que hacen varios personajes, con Amaranta a la cabeza, de los libros y libelos políticos de aquella convulsa época. El que escribe, Galdós, lo hace desde unos años no menos convulsos, en plena I República, si no recuerdo mal, así que está hablando también de sí mismo y de su tiempo. El siglo XIX es tan complejo como apasionante.

@Tharl hace 3 meses

Paso brevemente por aquí tras releer "Bailén" para enmendar algunas cosillas de las que dije en su momento. No voy a entrar en la comparación entre "Los episodios nacionales" y "Guerra y paz" porque es injustísima.

"Bailén" es la más corta y más llana de los Episodios hasta el momento, sí, y quedo con esa sensación de novela de paso, pero es fundamental para entender cómo las Juntas provinciales llenaron el vacío de poder que quedó tras las abdicaciones de Bayona, así como la restructuración de la organización estatal en base a la soberanía popular.

Los personajes de Santorcaz y Rumblar son un feliz atractivo, uno de esos dúos cómicos (pero escritos muy en serio) que tan bien se le dan a Galdós. Y familia de éste, otro. Hay un momento, antes de la batalla en las afueras de Bailén, tras el primer encuentro con los franceses tras cruzar el río, en el que Galdós relata el descanso nocturno y la alegría tras la batalla de los soldados, cantando romances y discutiendo de ideas, que me parece sin duda lo mejor de la novela.

La batalla está escrita a vista de General, a partir de los movimientos de tropas en lugar de los de los soldados individuales y las escaramuzas concretas. Esta es la gran diferencia con las batallas focalizadas que describen Stendhal o Tolstoi (ese Pierre que vaga por Borodino). Pertenecen a una escritura más retórica y tal vez menos moderna, pero la observación de la sed que señalaba @Faulkneriano no tiene desperdicio. Por cierto, Faulkneriano, qué buena memoria tienes de estos Episodios.

@Faulkneriano hace 3 meses

Estoy reuniendo fuerzas para la cuarta serie, ya que tengo en casa todos los episodios. No es que desee un segundo confinamiento para acabarlos. No es eso, no es eso, como diría Unamuno.

@Tharl hace 3 meses

Yo en el anterior me releí "Guerra y paz", qué cosas. No comparemos. Y no es que esté deseando otro confinamiento en el que volver a leerlo... Pero la editorial Alba ha sacado una nueva traducción: cualquier excusa es buena.