EL ALMA DEL SUBURBIO por nikkus2008

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Las palabras de Carriego se filtran como una daga afilada en la memoria y la secciona, dejándola al descubierto, en carne viva; reflotan adormecidas evocaciones, casi vaporosas, imprecisas y débiles como un humo transparente e impalpable; sensaciones enterradas por el indolente paso de los años, retornan con impensada fuerza al "escuchar la música" de los arrabales atardecidos, no con esa sublime coloración de los paisajes maravillosos, sino con la triste gama de tonos grises y achocolatados de los barios pobres, o vulgares. El "Spleen" ha gobernado su poesía, casi invariablemente. Se aprecia el poderoso influjo de Baudelaire, en muchos de sus poemas, pero en uno sobre todo, titulado "La viejecita", que nos recuerda al poema del mismo nombre de "Las flores del mal", ese libro sagrado, implacable, hermoso inmortal. En él, Carriego, como Baudelaire, enaltece la figura de la mujer envejecida, pero sobre todas las cosas, de la mujer sufriente a quién el destino nada más que miserias y llagas le ha deparado y ni un amor ha llegado a endulzar un poco su puerca vida mediocre de virgen echada a perder; este destino, vano, funesto, da pena por lo irremediable, por la imposibilidad de la corrección de los hechos, vacuos, pálidos, gemelos.

Dice, por ejemplo, así:

"Girón humano que siempre flota
sobre sus ansias indefinibles,
bondad enferma que no se agota
ni en las miserias irredimibles
que la torturan, sin un olvido
para sus lacras, para su suerte:
con la certeza de haber vivido
como un despojo para la muerte!"

Así es la poesía de Evaristo Carriego, eso es lo que provoca. A Carriego no le preocupa, como a Borges, el tiempo, en su indescifrable razón de ser, en su eterna e incesante fuga; le importa el tiempo, como le importaría a cualquiera que siente esa horrible opresión, ese imparable y creciente malestar que el tiempo y sus muchas (y sospecho que inútiles en definitiva) divisiones, en años, meses, días, horas, minutos, segundos, martillando con ese compás que tiene mucho de mecánico, de frío metálico, implacable y absurdo.
Evaristo habla del ladrido de los perros callejeros; quién haya escuchado en las crecientes sombras del crepúsculo, esos conciertos lastimeros, en los barrios pobres, cuando un viento frío empieza a hacer juego con los tonos azules, azules sucios, malsanos, el aire lleno de ese olor a humo (olor a otoño, a invierno más que otoño) de hierba seca quemada, las zanjas anegadas de agua estancada y las calles de tierra (de barro) seguramente se ha estremecido de angustia y ha sentido esa nítida sensación de agobio, de cansancio.

Evaristo Carriego es un poeta para descubrir , ha sido el poeta de los suburbios con todos sus encantos y sus horrores-cuchilleros y matones, burdos y toscos golpeadores de mujeres, borrachos apestosos, viles y jugadores; bandas de perros camorreros, que ladran por las noches lúgubres, donde el relente y el humo, las luces mortecinas hacen a los barrios, a los arrabales donde hierven y borbotean las clases olvidadas, abyectas- y sus injusticias.

Esto ha sido más un desahogo que una reseña. Dedico (inútilmente) a mi abuela Ana esta reseña; a aquella viejita temerosa de Dios, siempre buena con todos, que vivió en la miseria y probó la asquerosa iniquidad. Murió en una sala de hospital, pensando en su marido, quién la golpeaba (a él también se la dedico) embriagado (ver el poema "El amasijo": brutal retrato del hombre maltratador de mujeres), y en su Dios, a quién rogó hasta el final.

Yo también tengo spleen; tengo recuerdos de inviernos fríos, y de las estufas a querosén, y del humo, y del barro. Pero tengo también recuerdos del verano, y los recuerdo, también, sonriendo.

Leer a Carriego es una experiencia grata, por un lado, por su talento; pero puede amargar el ánimo del lector. De todos modos, quisiera que alguien lo lea y saque sus conclusiones, que no serán las mismas que las mías.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 5 votos · @nikkus2008 le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Poverello hace 9 años

Vaya, Nikkus, no sé si Carriego recuerda a Baudelaire, porque no he leído nada del primero. Tu reseña, o desahogo, sí que me lo trae a la mente. Por lo pérfido y desencantado más que por el amor; tal vez haya de sentir esto primero que bulle en mi mente, pero mis memorias de Baudelaire son de su desengañado trajinar entre las calles y rostros de París, con el solo aprecio a la soledad en medio de su tristeza (habré de hacer un estudio de las veces que repite en sus escritos ambas palabras o sus sinónimos). Hasta en sus más bellos poemas y versos, en lo profundo surge esa impetuosa infelicidad. Quizá dentro de esto último se enmarca lo que dices sobre las viejecitas, ese amor por ellas que llena de desprecio al resto casi por asimilación.
Yo también le dedico este comentario a mi abuela, viva y muy enfermita en un hospital. Santa mujer que también cayó en brazos de un desalmado que bien la hizo sufrir. Tendría que haber buscado -como ansiaba Baudelaire- "cualquier lugar que no esté en este mundo".
Si se parece a Baudelaire tendré que buscar a este varón por estas tierras. Hermosa reseña, hermano argentino.

@_567_ hace 9 años

Grande Nikkus! Alejandra Pizarnik gozaría sobremanera con tu escrito... escrito desde las entrañas, valga la redundancia.

@nikkus2008 hace 9 años

Hola a ambos; me emociona (en estos momentos donde las certidumbres parecen ser sólo cosas negativas y a la espera de la sanación y en espera de la alegría y la salud y de tiempos mejores) muchísimo sus comentarios, no saben cuan reparadoras son sus palabras (a vos también amigo Faulkneriano, a vos también te agradezco, no ya en privado, en público, para que todos sepan la clase de gente que hay aquí; y a Nastenka, que soportó también mi spleen; gracias a todos).
En cuanto a Carriego, no puedo asegurar que se parezca a Baudelaire, sino más bien que se nota que lo ha leído; menciona, creo, la palabra spleen, en alguna ocasión, pero más allá de esta mención, que pudiera ser eventual, Don Evaristo traslada la visión melancólica (esa que Baudelaire percibe en París) a los barrios de porteños, de aquella época, donde había tantos descampados y donde era más profundo el sentimiento de tristeza, sutilmente tocado de futilidad, en los atardeceres invernales; y digo invernales, porque aun en los barrios más pobres, más "feos", el verano lo llena de vida y de cierta especie de alegría.
El problema de Baudelaire, me decía un amigo, es decir, las causas posibles de su desencanto, de su odio, pero también de su ternura, se debía a un tema metafísico. Me sorprendió la firmeza y convicción con que lo dijo. Su relación con Dios, su falta de fe, o su fe fluctuante, variable, era, según él, el principal elemento de su tristeza. Hay varios poemas donde esta teoría extraña pudiera tener su asidero. Por ejemplo, en una de ellas, "La destrucción" dice:
"El demonio a mi lado acecha en tentaciones
como un aire impalpable lo siento en torno mío"
Se nota la culpa, y esa culpa se la echa encima al "Demonio". Dice después, en la misma poesía:
"Cada vez más me aleja de la ducle mirada
de Dios, dejando a mi alma jadeante, fatigada
en medio de las negras llanuras del hastío"
Es evidente su dolor por la pérdida de la fe y su alejamiento de Dios.
En "Las letanías de Satán", "La negación de San Pedro" (para mi, una defensa a Cristo, aunque parezca ridículo; el dolor por su destino lo hizo escribir este poema) y "Abel y Caín" ya el resentimiento y la fe pareciera haberlo abandonado del todo.
También se ha desencantado del amor; habla de prostitutas y del remordimiento que le causa el llevar esa vida.
Dice bellamente en "El alba espiritual":
"...Así, querida diosa, ser lúcido y sensible
sobre el despojo humeante de estúpidas orgías
tu recuerdo más claro, más dulce, más rosado
ante mis ojos nunca de pasar ha dejado.
El sol ha oscurecido la luz de las bujías
así, vencedor siempre, tu fantasma es igual
-alma resplandeciente- a ese sol inmortal".
Todas las conjeturas son posibles; esta, alocada en un principio, puede también tener algo de verdadero.

A tu abuela Poverello, SALUD, SALUD, SALUD. Sana y repuesta, va a volver a su casa!

Un abrazo enorme, amigos, y gracias!

@Poverello hace 9 años

Sí que hay buena gente por aquí. Mucha.

Y gracias por las esperanzas en que mi "yeya" regrese al hogar, pero es algo bastante improbable por la situación en la que se haya. Gracias a Dios soy más de Rousseau, tal vez por la suerte de contar con las hermosas personas que me rodean. Leyendo a Baudelaire de las cosas más claras que se te quedan es su percepción absoluta de que la felicidad es una quimera, algo por lo que inútilmente se lucha. De Pequeños poemas en prosa se me quedó grabada una lastimera imagen que, afortunadamente, nada tiene que ver con lo que yo envidio. Baudelaire observa a tres hombres, que representan su deseo: "viven como si no necesitaran a nadie". Y estoy terminando La Náusea. Se me junta el hambre con las ganas de comer. Menos mal que mi amada abuelita no era de Baudelaire, ni de Sartre, ni de Céline (los últimos tres "invitadores" al suicidio que he leído y que tanto me enseñan) ; me quiso, y me quiere en la medida que lo recuerda aunque me cambie el nombre, con inusitada esperanza. Será que compartimos la también inusitada creencia en un Dios Abbá.

Gracias también a ti, nikkus, y a gente a la que nombras.

@nikkus2008 hace 9 años

¿Y cual fue esa imagen que te ha dejado ese admirable libro (menospreciado en cierta forma, claro que injustamente) de los "Pequeños poemas en prosa" (o "El spleen de París") si se puede saber?. Y habías dicho que querías "algo más light" y te venís a leer "La náusea", jaja, ¡que puntería la tuya Poverello!. Esta página me metió en la cabeza a Céline; pero nada de suicidios quiero saber ahora; lo suspendo un poco hasta que las cosas se acomoden, y después sí, a deprimirse a lo grande!!

Y tu abuela sí va a mejorar, te lo deseo y a ella amigo...

@Poverello hace 9 años

La imagen es esa que digo y que resume la vida -y en parte la muerte del inconmensurable e inimitable Baudelaire-, la creencia de que no hay solución para la desazón humana, ni en este mundo ni en el otro, y la única opción perdurable es la búsqueda de la soledad que no necesita a nadie para sobrevivir. El desencanto ante la situación social y moral de Francia lo expresa de manera clara en una de sus visiones brillantes: un "gracioso" trata con desprecio a un asno, que le merece más aprecio que el gracioso, al final del poema suelta "me asaltó de pronto una rabia inmensa contra aquel perfecto imbécil, que me pareció encarnar todo el ingenio de Francia". Y reitero esa lastimera infelicidad que es incapaz de ocultar incluso cuando nombra lo que aprecia. Un ejemplo, y muy al hilo de lo que comentabas en tu reseña sobre su amor por las ancianas, es el segundo poema: la desesperación de la vieja, que te invito a buscar y leer para no destriparte nada.
Desde luego, La Náusea, con mayúsculas no es nada light, ja ja ja. Terminé con ansias (de los dos tipos) y comencé Firmin y el San Francisco de Chesterton. Mejores compañeros tras el camino tortuoso de Sartre o Céline. Cuando estés mejor léete el Viaje. Imprescindible. Ahora, como bine dices, Conan es una opción inmejorable para desinhibirse y pensar sólo en cabezas rodantes.

Abrazo fuertote.