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BARTLEBY EL ESCRIBIENTE

Autor: HERMAN MELVILLE
ISBN: 9788493557867
Género: Literatura contemporánea
Editorial:NÓRDICA
Edición: 2007
Número de páginas: 120

LOS INCURABLES DESOLADOS
4.71 con 7 votos

Esta reseña contiene spoiler
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Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 8

FAUSTO hace mas de un año

Excelente reseña, Nastenka. Coincidimos en muchos puntos en la interpretación, especialmente en el personaje de Bartebly. El personaje del abogado está más borroso en la memoria, pero tu visión no desentona con lo que recuerdo.

_567_ hace mas de un año

Coincido contigo en que el jefe comparte protagonismo absoluto con Bartleby en esta historia, de hecho, además del narrador, vendría a ser como nuestra conciencia; la pluma del autor mojando tinta gris en el cerebro del lector. Y por eso, resulta tan inquietante la empatía que sentimos hacia Bartleby, que se acaba convirtiendo en el transcurso de esas pocas páginas en un personaje realmente entrañable, al menos para mí...
Pero, ¿quién es realmente Bartleby?, a mi me parece un tipo realmente kafkiano, con todo lo que ello comporta, un ser extraño e insumiso, que presume de diferencia desde su más recóndita soledad, alguien sumamente inadaptado al sistema y que huye como de la peste del orden establecido que reina entre la fauna social, un extranjero de sí mismo que se niega a formar parte del ganado de ovejitas sumisas que conforman ese Sistema, ahora sí con mayúsculas, tan... decadente.

Beeeee! Beeeeeee!

Nastenka hace mas de un año

Bueno, a mí me costó empatizar con Bartleby, supongo que necesitaba entender el por qué de su actitud, así que esa sensación no llegó hasta el final. Si dijera que Bartleby me produjo esa empatía desde el principio, estaría mintiendo.
En cuanto al abogado, Krust, tampoco se asemeja a mi modo de ver de lo que debiera ser "la conciencia", puesto que lo califico de cobarde, y la conciencia debería saltarse ese adjetivo y colocarnos la careta de valiente (no sé si me explico).

Bakunin hace mas de un año

Has logrado que vaya al abordaje con mi barco pirata a robar el cofre de Bartleby y lo haya puesto en mi lista de futuras lecturas.

Nastenka hace mas de un año

Gracias, FAUSTO, por el cumplido..

Bakunin, no sabe usted cómo me alegra haberle arrastrado a una de mis lecturas. Estoy segura que no le dejará indiferente y espero que no sea muy...futura su lectura..

nikkus2008 hace mas de un año

¡Que linda reseña Nastenka!. Me gusta eso de "los incurables desolados", me parece muy apropiado. Un gran libro sin dudas y coincidimos, además, en el análisis general de la obra.

Poverello hace mas de un año

Se me antoja pensar que de un modo u otro, en realidad Bartleby... no existe, pues es tan sólo el reflejo de la falta de voluntad de los que no tienen voluntad; tal vez por eso sea el único "invitado" del que nada se describe y, Melville tan sólo habla de él en negación (no es esto, no es lo otro, nunca...) mientras el resto de "secundarios" (que no lo serán tanto) son definidos con precisa pulcritud según su ausencia de carácter o su exceso de celo mal enfocado. Yo sí empaticé con todos, incluido el inexpresivo Bartleby, probablemente por la certeza de descubrirme igualmente tan lleno de excusas, de falsas autopromesas... que me dejan vacío frente a la necesidad de no querer tomar decisiones y estar, sin embargo, obligado a ello. Ahí entra el inexistente Bartleby, con su nihilismo exce?tico, que machaconamente me recuerda un día y otro que yo también preferiría no hacerlo, como tampoco lo hace el abogado "defensor", el auténtico protagonista alterego. Y sí, al final, uno se siente bien, quizá porque esas cartas que le adjuntamos y proveemos como excusa/motivo al inexistente Bartleby, también nos sirven a cada un@ de nosotr@s para justificar las nuestras, para mantenernos al margen... cuando en realidad debiera ser a la inversa: tod@s hemos quemado cartas, dilapidado sueños, los peores y más a menudo los propios..., por eso nos parece maravilloso creer que Bartleby existe, físicamente, porque es el motivo perfecto para seguir diciendo "preferiría no hacerlo".
Maravillosa reseña, Nastenka.
Inevitable recordar la más cruel "lo siento, no puedo evitarlo" con que el Vizconde martilleaba los oídos de la Marquesa en Las amistades Peligrosas.

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