INJUSTAMENTE OLVIDADA por Guille

Portada de CUTTER Y BONE

Hace ya casi tres semanas que terminé la lectura de esta novela. Una novela que, como otras mil –salimos a una por mes, más o menos-, ha sido ampliamente calificada como de obramaestrainjustamenteolvidada. Con un más que apropiado escepticismo ante este tipo de titulares pero con la confianza que la editorial Sajalín me merece y mi gusto por este tipo de literatura me hice con ella. Acerté. “Cutter y Bone” me ha parecido una muy buena novela a pesar de que al autor se le vaya la mano algunas veces con las diatribas y con alguna que otra escena, superflua o alargada en exceso, que rompen innecesariamente el ritmo de la narración, fantástico durante la mayor parte del relato; o por ese final que tanto recuerda al de una mítica película de los sesenta de la que me guardaré muy mucho de desvelar aquí el título (aunque he de reconocer que, al igual que aquella vez en el cine, también aquí me quedé un buen rato pegado a la butaca sin poder mover una pestaña). Una novela que dicen del género negro, aunque poco convencional y rompedora de esquemas en su momento. Quizás porque en realidad no es una novela negra, aunque tenga grandes ramalazos de ello (mención especial a los magníficos diálogos). De igual forma podría calificarse de novela de carretera o una historia de esas que dicen de colegas. No creo que sea una novela de género, es una novela y punto y, como he dicho, una buena novela que hace ya casi tres semanas que me ronda por la cabeza y no me deja en paz.

Qué le voy a hacer si tengo esa querencia por los personajes de perdedores, si me chiflan las historias del sueño americano convertido en pesadilla, si me hierve la sangre con esos hijosdeputa de la América profunda, fanáticos de religión, patriotismo y violencia.

“Bone no había visto nunca tantos letreros de calles con marcas de balazos, ni siquiera en un gueto. Pero luego pensó que no había nada de anómalo en ello: si la beatería y el patriotismo tenían un compañero de cama, ese era la violencia.”

Con el añadido de que en “Cutter y Bone” no solo sientes una irritable picazón de hostiar a toda esa basura blanca. Más de una vez (y de dos y de tres) arrojarías por la ventana a los dos protagonistas, y no solo por la de veces que les gritas ¡¡¡ no, jodido imbécil, no, es que no te das cuenta !!!, sino por lo despreciables que llegan a ser, por lo atractivos que nos resultan precisamente por ser tan despreciables, por hacer de su crueldad algo tan morbosamente divertido y, esto es lo más mortificante, por su jodido éxito con las mujeres, mayor cuanto peor son tratadas por este par de… ¿de qué?

Cutter, personaje de esos que por sí solos justifican una historia, vástago de una familia arruinada (ningún personaje principal procede de los barrios bajos, precisamente), ha salido de Vietnam hecho un trapito físico y mental. Encolerizado con todo y con todos tanto o menos que, claro está, consigo mismo, vive de una mísera pensión de guerra entre sarcasmos y borracheras al lado de una hermosa mujer, a la que parece castigar y despreciar por el mero hecho de amarlo, y del hijo común del que solo es consciente cuando este le molesta con sus irritantes lloros. A este hogar feliz se acopla Bone que, ahogado en una vida de joven ejecutivo de éxito, mujer, dos hijos y casa con jardín, lo abandona todo por una vida sin rumbo ni horizonte y en la que sobrevive a costa de las mujeres que se va encontrando por el camino. Dos jodidos perdedores mucho menos inteligentes de lo que ellos creen que intentan jugar una última partida con la vida apostando el resto y sabiendo y no queriendo saber que las cartas están marcadas y ellos son los primos.

La impresión es que Newton Thornburg escribió la novela en un estado de cabreo importante (quizás esa es la razón por la que se le fuera la mano en ciertas ocasiones), asqueado de toda esa vertiente negrísima del ser humano que tan bien representa una buena parte de su país, con una mala hostia del quince hacia esas cumbres infectas a las que puede llegar este sistema y esta sociedad a poco que se la deje a su aire y sin control, y con una desesperanza mortal sobre las posibilidades del ser humano.

"La vida era brutal y fea y había que soportarla solo, y cualquier amor o belleza que se encontrara por el camino era algo puramente accidental y por lo general efímero. Nada tenía ningún valor en sí mismo. No había ningún patrón oro en la vida. La moneda corriente era el papel, un papel en continua devaluación. Por descontado. ¿Alguna novedad más?"

Escrita hace 4 años · 5 puntos con 3 votos · @Guille le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Poverello hace 4 años

Pues me ha llamado poderosamente la atención. A la saca. Y seguro que la saco pronto de la biblioteca, en donde me está esperando con mucho cariño.

@Faulkneriano hace 4 años

Parece curiosa y muy setentera. Me la apunto yo también.