LA NOVELA DE BORGES por Tharl

Portada de FICCIONES

Bajo este oxímoron borgiano quisiera reunir algunas notas a propósito del rendimiento literario y las limitaciones de Borges, que sabía todo lo que puede aprenderse en los libros, y algunas sugerencias sobre por qué gusta tanto o tan poco a los lectores de novelas.

En su ensayo sobre Borges o el futuro o final de la novela, John Barth esgrime los cuentos de «Ficciones» contra textos-happenings como “Anecdoted Typography Chance (Tipografía anecdótica del azar), de Daniel Spoerri: «aparentemente» una descripción de todos los objetos que se encontraban sobre el escritorio del autor «pero en realidad... una cosmología de la existencia de Spoerri»”, y que promulgan la muerte de la novela y aun de la literatura. Se tratan de gestos estéticos, a veces interesantes, que abordan cuestiones técnicas y teóricas sobre «lo literario» -como al publicar «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» bajo el nombre de un simbolista contemporáneo de William James-; pero la etiqueta de «literatura» o «arte» tal vez les quede grande. (Más de uno, sospecho, gustaría del feo neologismo de «posliteratura»). De este modo, Barth halaga al escritor de «Pierre Menard, autor del Quijote» por reintroducir dichos gestos en la literatura (y aun en la narrativa) explorándolos desde ella y abriéndola nuevas posibilidades. Borges, sin duda, fue más radical que esta precipitada vanguardia de posliteratos, y rescató de paso la literatura de su agotamiento.

Borges escribió siempre el mismo cuento; excelente. En «Ficciones» recogió algunas de entre las infinitas formas, apariencias y reflejos de la misma idea eterna: un simulacro que suplanta la supuesta realidad; inspirado por el idealismo de Berkeley y universos virtuales libres de los límites del espacio y el tiempo, es decir, de la materia. Como buen demiurgo, Borges era experto en crear universos y estructuras pero (para algunos) se le resistían sus criaturas. Por ello, en ocasiones Borges prefería introducir a “Borges” en el relato, u otras referencias a personas más o menos reales que confundían la ficción con la realidad. Pero aun si soñar otros mundos es posible con las categorías del nuestro -afirman los blasfemos seguidores del materialismo dialéctico y otras doctrinas, como la de Wittgenstein, no menos infames-, la subjetividad que le sería propia es impensable desde nuestro lenguaje. Sin embargo, en sus mejores cuentos, Borges logró caracterizar a las criaturas de sus mundos con unos pocos adjetivos certeros y gran condensación. La palabra más frecuente entonces es “soledad”: la soledad de estar atrapado en el centro de un laberinto eterno, tal vez creado por nosotros, más allá de los límites del espacio y del tiempo. La subjetividad de Asterión, esa criatura imposible y solitaria que ansía la muerte definitiva y la redención: la liberación del laberinto. Es posible, no obstante, que muchos lectores de novelas perciban esta ruda subjetividad como insuficiente y echen en falta una mayor dialéctica entre los personajes y su mundo. Borges era, además, flagrantemente antipsicologicista.

Por la sencillez de su escritura, por su sentido del humor, por su ironía, por su sabiduría, Borges es universal (y eterno); su gusto por los espejos, los laberintos y los simulacros, le singularizan, y, junto con sus universos de bibliotecas y enciclopedias sin límites, le vuelven de terrorífica actualidad en estos tiempos de internet y la técnica por la técnica. Cuando la “ficticia” Orbis Tertius se vuelve “realidad” y la subjetividad de Asterion insuficiente o insoportable, es posible y necesario pensar el impacto de los universos que Borges soñó y cómo seguir siendo humanos en ellos, dentro del laberinto.

Así tiene lugar la novela de Borges.

Escrita hace 6 años · 5 puntos con 4 votos · @Tharl no lo ha votado ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 6 años

Anda, vota ya, que sepamos de las limitaciones de Borges.

Y no le des mas vueltas: Borges no le gusta a los lectores de novelas porque no escribió novelas.

@Poverello hace 6 años

De este tomito de cuentos sólo he leído Artificios, pero vamos, que sin ser demasiado metafísico ni darle vueltas como Barth y esta gente que sabe tanto, a mi Borges me parece que escribe que te cagas (perdón).

Ya escribí en su momento una reseña sobre este fulano en la que se puede explorar más metafísicamente el concepto escatológico (en ambos sentidos) de ese que te cagas.