UNA FÁBULA por Guille

Portada de DESDE EL JARDÍN

En las primeras páginas de esta novela corta se dice del protagonista:

“Chance debía trabajar en el jardín, donde cuidaría de las plantas y el césped y los árboles, que allí crecían en paz. Sería como una de las plantas: callado, abierto y feliz cuando brillara el sol, y melancólico y abatido cuando lloviera.”

Y eso era Chance o en eso se convirtió o ambas se reforzaron mutuamente: una fría planta a la que se obligó a vivir y crecer en soledad con la televisión como único sol, pero que cuando las circunstancias lo forzaron a enfrentarse con el mundo exterior demostró tener algunas valiosas cualidades que nadie hubiera imaginado si alguna vez alguien se hubiera tomado la molestia de pensar en él.

Mr. Chance (oportunidad, suerte, azar) poseía la habilidad de moverse a favor del viento, viniera este de donde viniera, era algo que estaba en su esencia, no había premeditación alguna; a todos enamoraba, a todos seducía con su simple presencia, como una flor que tuviera la increíble propiedad de adoptar un color y un olor agradable y atractivo para todo aquel que la observase, de tal forma que cualquier simpleza que dijera se convertía automáticamente en un oráculo para cada uno de sus oyentes... en un oráculo favorable, naturalmente.

“Él evocaba en ella innumerables seres (...) Desde el principio observó el minucioso cuidado con que él evitaba que nada de lo que le dijera a ella o a cualquier otra persona revelase de algún modo lo que pensaba de ella, de los demás, o, a decir verdad, de cualquier cosa.”

Una fría y bella planta capaz de entusiasmar sin entusiasmarse, de enamorar sin sentir nada, de estimular desde su absoluta apatía, de provocar deseo desde su naturaleza asexuada, de hacerse comprender sin comprender a su vez, y de no necesitar apenas nada más que sentarse y recibir la luz de su sol, el televisor.

“Ni un solo pensamiento turbó la mente de Chance. La paz reinaba en su corazón.”

Porque pensar fue nuestra primera y gran equivocación.

Un libro cortito, sugestivo, más una fábula que una novela, con uno de esos personajes que no se olvidan y escrito con esa frialdad y distancia con la que están narrados esos encantadores cuentos “infantiles” que son capaces de mostrarnos un poquito de lo que somos.


P. D. Dos días después de leer la novela tuve la Chance de ver la película. El protagonista está encarnado por Peter Sellers, que también ocupa la portada de la edición que leí. No digo que su interpretación sea mala, pero no creo que posea el atractivo físico necesario para hacer la historia lo suficientemente verosímil.

Escrita hace 6 años · 4.7 puntos con 3 votos · @Guille le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 6 años

No conozco la novela, y no por falta de ganas.

La primera media hora de la película me parece espléndida, justo hasta el plano en el que Chance deambula con su bombín, su maleta y su paraguas en medio de una autopista (que creo recordar era el cartel del film) Sellers está excelente, por cierto.

@Guille hace 6 años

Tienes razón, la interpretación de Sellers es muy buena, tanto que suple en gran medida el atractivo físico que le falta y que se le atribuye en el libro y que es una parte importante de ese magnetismo que ejerce en su entorno.

@Tharl hace 6 años

Leer tus reseñas, Guille, es descubrir siempre un nuevo autor. ¿De dónde los sacas?
Ni conocía a Kosinski, ni su libro, ni la película. Chance parece un personaje interesante. En algún momento al leerte se me vino la magnífica Zelig a la cabeza. Espero que lo que dices del tono de fábula no signifique un afán de dar lecciones vitales. Si es cortito, me lo apunto, que suena bien.

@Guille hace 6 años

Pues no sé, Tharl, yo creo que son los escritores los que vienen a mí. Eso sí, yo los acojo divinamente... casi siempre.

No tiene nada que ver con Zelig. Chance es un personaje imperturbable, como una planta, ya te digo… por supuesto, me refiero a esas plantas que no necesitan conversación. Son los demás los que ven en él lo que en realidad no tiene.

Y tranquilo, no es una fabula con moraleja ni aleccionadora.