EL PARIA por Tharl

Portada de LA SENDA DEL PERDEDOR

Chinaski es un tipo de lo más curioso. Su senda del perdedor bien podría quedar colgada precipitadamente, o desembocar en Columbine. Decidió escribir, tanto mejor.

Gratuito para llamar la atención a veces, exagerado por la rabia siempre, no me creo fielmente una sola palabra suya. Dirá:
“Me levanté y salí. Empecé a caminar hacia casa. Así que eso era lo que querían: mentiras. Mentiras maravillosas. Eso es todo lo que necesitaban. La gente era tonta. La cosa iba a ser fácil. Las cosas me iban cada vez mejor.”
Sería tonto si le creyera. Pero sí me creo lo que subyace a tanta afectación. La rabia, el aislamiento, la lucha sinsentido y condenada al fracaso, el desinterés, la desesperanza, el desprecio a una vida gris sin remisión, la insumisión, la envidia, el odio del marginado hacia el que más tiene sin merecerlo. Menos sutil que Factotum, más descarnado, La senda del perdedor es la confesión de Chinaski.

Ya no es un (anti)héroe tan simpático como en Factotum, tan digno en la insumisión del perdedor; es un paria en contra de su voluntad. Querría jugar con los demás niños, ser aceptado, ser reconocido por ello, tener sus caras, sus coches, sus chicas, su dinero. Se sabe tan bueno o mejor que ellos. Podría serlo si le dieran una oportunidad. Podría ser un gran jugador al baseball o al futbol. Si le dejaran. Si no le hubiese marginado la pobreza en la Gran Depresión; si no le hubiese retraído la falta de cariño; si no le hubiesen aislado los castigos y caprichos de un padre tirano, tan miserable que no puede desquitarse y afirmar su autoridad y dignidad sino con su hijo; si no tuviese un muro de acné entre las mujeres y él; tal vez, si no fuese lo suficiente sensible como para no soportar ver maltratado a un gato. Está condenado, desde que tomó conciencia de sí debajo de una mesa. No queda más que pelear y luchar, aun conociendo el fracaso de antemano. Sus obsesiones, con la escritura, con el deporte, con el sexo, con la violencia, no son más que medios en los que demostrar su valía y su fortaleza. No será el más guapo, no será el más sociable, no será el más popular, pero sí el más duro. Pobre Chinaski, ni si quiera es tan duro como pretende. Sea por una sensibilidad natural o por el orgullo de desmarcarse del resto, es incapaz de ser tan insensible, tan duro y tan independiente como pretende. Es un luchador fracasado. Y lo hará si no con dignidad, sí con orgullo, un orgulloso rabioso y desesperado, y un cartón de vino en la mano. Y la máquina de escribir a ratos.

Bukowski no es un gran autor. Su obra crece entre Salinger y Celine; es la recepción de Celine a través de Miller y rescrita con Hemingway en la mano. No es nada que no se haya hecho antes y mejor. Es ligero, divertido y ameno, a veces deslumbrante, y se lee de un tirón, pero no es un grandísimo escritor. Aun así, La senda del perdedor es más novela que Factotum, mejor tramada, más cuidada como conjunto y más narrativa; pero peor escrita. Factotum tenía la peculiaridad de que cada capítulo era autónomo. Prescindible para el conjunto pero autosuficiente. Y había algunos jodidamente buenos. Mejor que el mejor de los momentos de La senda del perdedor. No había progresión, no había evolución del personaje, no había auténtica narración, todo era un vagar en círculos, de una anécdota a otra, de un trabajo a otro. Pero en su estructura había una gran verdad: la senda del perdedor es circular. No se puede novelar.

Leo a Bukowski porque su senda sigue abierta, porque es la senda de los parias, de los arrojados a ella. De aquellos que probablemente no la leerán. A los incondicionales de Bukowski, a los que juegan a recorrer su senda, solo recordarles las palabras de su autor:
“Me pasaba otra vez lo mismo que en la escuela primaria. En torno mío se agrupaban los débiles en lugar de los fuertes, los feos en lugar de los hermosos, los perdedores en vez de los ganadores. Parecía que mi destino en la vida era viajar en su compañía. Eso no me importaba tanto como el hecho de que yo les parecía irresistible a todos esos tipos idiotas y grises. Era como una mierda que atraía a las moscas en lugar de una flor que subyugara a las deseadas mariposas y abejas. Yo quería vivir solo, me sentía mejor estando solo, mucho más limpio; sin embargo no era lo suficientemente listo para desembarazarme de ellos. Quizás eran mis maestros: otro tipo de padres. En cualquier caso era incómodo tenerlos revoloteando alrededor mientras me comía mis sandwiches de bologna”.
Una vez más, ¿hasta qué punto creer a Chinaski?

Escrita hace 6 años · 5 puntos con 4 votos · @Tharl no lo ha votado ·

Comentarios

@Poverello hace 6 años

No sé yo lo que es ser un gran autor (o escritor). Ni idea tengo, pero que Bukowski me lo parece, de eso estoy bastante seguro con lo poquito que he leído de él: La senda del perdedor, poemas y sus guiones de cómic con dibujos de Schultheiss.
Me lo parece porque aunque pueda tener influencias de Miller (¿quién no tiene influencias de nadie en los siglo XX-XXI?) y sea menos redondo que él o Céline creó un estilo propio, directo, contundente, doloroso y que da mucho por culo (también ahora escritores influidos por Bukowski). Y con estos adjetivos (no estamos hablando de algo dúctil de leer por forma, ni de Tolkien, Los juegos del Hambre o R.R. Martin) no deja de sorprenderme que en esta misma web sea uno de los escritores que no se puede quejar de número de lectores precisamente. Salvando contadas ocasiones pocas lecturas (salvando los citados) me han llegado a impactar tanto y tan mal con su forma de narrar y reconocerse un miseria como Bukowski, tal vez porque saca lo peor (o mejor) de uno mismo. Y tal vez por eso yo sí que soy de los que creo a Chinaski, no porque lo que cuenta tenga que ser forzosamente cierto, pero sí porque escribe con la fe de que es así como lo vivió o fue capaz de interpretarlo. Por lo general bastante lleno de mierda. Bukowski lo pasó mal, fatal en su vida, escribía porque tenía que escapar o explotaba: la explosión esa son sus obras, digo yo, y las explosiones controladas no son las comunes, lo normal son daños colaterales, que son algunos de los defectos que acierto a ver en su escritura aunque los comprenda, como la constante mención al sexo, aunque a veces parezca no venir ni a cuento.

En mi caso, particularmente, me gustaría palmarla y que la gente no me olvidara, aunque fuera para hablar bien de mí (parafraseando la idea de Dalí).

Abrazotes, Tharl.

@Faulkneriano hace 6 años

Curioso: de Bukovski me lo he leído todo, pero de Miller he huido como de la peste. Prejuicios, ya sé. El tiempo los pondrá en su lugar a los dos.

De acuerdo con tu reseña, Tharl, menos con seis palabras: adivina cuáles.

@Bronson hace 6 años

@Faulkneriano, viendo tu puntuación a "Diario del ladrón" es muy probable que Miller no te haga mucha gracia.

@Poverello hace 6 años

Yo lo sé, yo lo sé... ¿Puedo decirlas yo? Tengo la mano levantada.

Para mi gusto Miller es más sensato en su escritura, más pulcro, más 'estudiao' que digamos... lo cual, obviamente, no tiene que traducirse por mejor. El intento en lecturas nunca tiene por qué ser malo, y has leído tanto, Faulk, que seguro que tienes con qué compararlo para bien y para mal.

@Faulkneriano hace 6 años

... Pero tú, poverello, por si acaso, añades a tus listas Trópico de Cáncer. Haces bien, colega.

Cierto, Bronson: sólo tu y yo hemos leído Diario del ladrón, con resultados bien distintos. Es una de las lecturas más desagradables que recuerdo y cortó de raíz mi lectura de más novels de Genet, del que, por otro lado, siempre he querido ver su teatro. Si Genet y Miller se parecen como das a entender... Anais Nin tampoco va muy sobrada.

@Tharl hace 6 años

Vaya con las seis palabras… No pretendía ni pretendo establecer un canon de los “grandes autores”, pero sí creo que hay textos ya contenidos en otros, escritores germinales que contienen legiones de escritores posteriores. Hay obras que en cierto modo son comentarios creativos de obras anteriores. Eso me pareció Henry Miller respecto de Céline. Y eso me parece un poco Bukowski. El producto de la recepción de Céline a través de Miller escrito en la estela de Hemingway (puede que de ahí herede los problemas como novelista que veo en él). Y, dicho sea de paso, me gusta más Bukowski que Miller.
Evidentemente todo escritor, y no solo en nuestro tiempo, se debe a sus lecturas y no está nunca libre de influencias (¡menos mal!); pero algunos se rebelan y liberan de ellas mientras otros son absorbidos como una continuación interesante de una tradición. Es lo que creo que le pasa un poco a Bukowski. Una lectura más que recomendable e interesante, pero no está -y no veo porque todas nuestras lecturas deberían estarlo- en la misma liga que Céline o Hemingway, ni de Proust, Faulkner, etc. Ni falta que le hace.
En definitiva, que no veo que Bukowski creara un estilo realmente propio, sino una explosiva y personal combinación de temas y estilos anteriores que se ha beneficiado mucho de cierta mistificación y de la actitud y biografía de su autor.
Además de la ocasional afectación, gratuidad y voluntad de resultar soez y provocador sin motivo -tal vez con miras a la mistificación de los lectores-; es cierto que en Bukowski no tengo esa sensación de que cada palabra, cada coma, cada tiempo verbal y cada preposición estén puestas con premeditación. No noto en él la elaboración y profundidad que sí noto, por ejemplo, en Hemingway.
Me gusta mucho Bukowski, de verdad, no importa que no esté entre mis grandes favoritos. Lo que pretendía con esta reseña -a raíz de la de Factotum que dejé si colgar- era ante todo rechazar cierta recepción de Bukowski que ha hecho de él un autor de culto. En los círculos, en los que yo me muevo al menos, tengo la impresión de que no es leído como merece y hay mucha tontería.
Tal vez solo sea que me cabrea que Bukowski y Miller sean leídos antes que a Céline, y aun sin conocerle.
Abrazos y gracias por comentar!

*A Anais Nin no la conozco; de Genet estoy ansioso de leer algo desde hace tiempo. Diario de un ladrón o El milagro de la rosa, ya se verá cual cae.

@Poverello hace 6 años

Tienes toda la razón, Tharl. Parece mucho más chachi piruli leer a Bukowski -del que todo el mundo habla- que a Miller o a Céline, al que no conoce ni su padre y encima cae mal por sus ideas antisemitas y medio nazis. Incluso yo digo que es más fácil leerle que al resto -además sus obritas son cortas, vaya- y a ti te gusta más que Miller. Es decir, que no sólo será ese halo de culto (no creo que lo sea, ciertamente, lo que no significa que sea mala opción de lectura o que no sea un buen escritor), sino una pizca de algo más que lo que tú llamas refrito de unos y otros, y en eso no puedo estar de acuerdo al ciento por ciento. A veces un espontáneo refrito hace un plato distinto, único y difícil de repetir.

Por mi parte ya baremaré quién me gusta más cuando me lance en breve a por Trópico de Cáncer (Sexus esperará por el momento) y Cartero.

@Bronson hace 6 años

De Bukowski solo he leído esta novela y me parece una lectura bastante más fácil que cualquier novela de Miller. Creo que un lector de Best-Sellers podría ponerse manos a la obra con "La senda del perdedor" y le acabaría resultando entretenida, cosa que no sucedería con "Nexus" o "Trópico de Cáncer". A partir de lo poco que he leído de los autores que hemos mencionado (a Miller lo he leído más) diría que el más fácil es Bukowski, seguido de Céline, Miller y Genet, que me pareció el más oscuro de todos.

@Faulkneriano hace 6 años

"Y eso me parece un poco Bukowski. El producto de la recepción de Céline a través de Miller escrito en la estela de Hemingway (puede que de ahí herede los problemas como novelista que veo en él)", dice Tharl. Toma ya.

No es solo Hemingway (que también). En Estados Unidos hay una tradición menos conocida de realismo social, donde se describe no la clase media de Cheever sino la clase trabajadora y, a veces, algo del lumpen. Y no me refiero (solo) a Steinbeck sino a John Fante (al que Bukovski adoraba), James Agee, Erskine Caldwell o incluso Flannery O'Connor o Henry Roth. No me refiero a los cantores de gente sencilla (al estilo de William Saroyan) sino a otras estéticas más turbias. Aunque, todo hay que decirlo, los autores mencionados son menos corrosivos que Céline o Genet. Hay que esperar a Bukovski para que un autor norteamericano dé un paso adelante (¿en la estela también de los beatniks de los 50?) y hable de mierdas cerveceras y de joder a troche y moche.

No sabía que la lectura de Bukovski estaba tan de moda. Al pobre Chinaski ya le da igual: hace mucho que está criando malvas. Y, si nos ponemos así, las cosas están claras: de todos los autores que se mencionan en este hilo Céline es el mejor, en mi humilde opinión.

@Kodama hace 6 años

Utilizando la conocidísima canción "En la variedad está la diversión" del conocidísimo grupo "Un pingüino en mi ascensor", diré que entre Céline y Bukowski me quedo con Charles (no puedo opinar de Miller). Reconozco que la escritura de Céline es más compleja y elaborada (dentro de su lenguaje grosero y vulgar) por lo que si me centrara en el estilo quizá éste venciera sobre Bukowski, pero en cuanto al contenido en sí, al impacto de la historia, a la capacidad de cada autor de sumergirte en su obra me quedo con Bukowski. Quizá sea debido a su estilo más llano, directo, sencillo... pero en mi caso me absorbió más que la lectura de Viaje al fin de la noche; no llegué a "paladear" las enfermedades africanas ni la consulta médica con su maravillosa variedad de pacientes. En cambio Bukowski me introduce más fácilmente en sus borracheras y penosos empleos.

@Tharl hace 6 años

En la que me he metido…

No pretendía en ningún momento sentar cátedra –de ahí el “me parece”, “un poco”, “puede”…-, solo manifestar que creo que Bukowski está ya contenido en Céline y Hemingway. Hay obras tan ricas y con tantas lecturas que paren una infinitud de obras posteriores.

Sin duda en la variedad está la diversión y a mi me gusta leer todo lo bueno en toda su variedad, y Bukowski sin duda lo es. Sobre gustos no hay nada escrito y cualquier obra puede causar los mismos efectos psicológicos y sociales que otra. Que sea más valorada o menos es relativo a otros factores externos a la obra. Sí, sin duda. Pero sigo queriendo pensar que hay mucha más música en una sola sinfonía de Mahler –esas que tanto adoraba Bukowski- que en “Danza kuduro”. Por mucho que haya quien disfruta más con una que con otra y que ambas puedan tener el mismo impacto social. Bukowski no es Don Omar (¡menos mal!) pero sigue sin ser Hemingway o Céline.

En cualquier caso, estoy de acuerdo con poverello: “a veces un espontáneo refrito hace un plato distinto, único y difícil de repetir”. Si en el fondo mi problema, como he dicho, no es con Bukowski, sino con sus idólatras. En especial con los que no han leído –y ni conocen- a Céline.