MANIQUEA, SÍ, ¿QUÉ PASA? por Guille

Portada de LAS UVAS DE LA IRA

No voy a hablar de las excelencias de la novela, no creo que haga falta. Voy a comentar otra cosa.

¿Puede un claro y explícito maniqueísmo echar por tierra una novela?

Las uvas de la ira es total y absolutamente maniquea. Hay buenos muy buenos y malos muy malos. Los pobres agricultores que son arrojados de sus tierras por la maquinaria capitalista, por un lado, y todos los demás (policía, grandes propietarios, comerciantes aprovechados, fanáticos religiosos), por el otro. Es una novela-tesis: a lo que puede llegar el capitalismo si se le deja que campe por sus respetos, sin regulación y sin limitación. Todo el libro gira en torno a esa idea. No hay ni una sola referencia al punto de vista del explotador, no hay ningún intento de comprender, solo expone hechos y el punto de vista del explotado. Busca en el lector la complicidad con esta idea y, esta es mi conclusión, eso no le quita ni un ápice de calidad a la obra.

Por supuesto que el maniqueísmo puede ser un lastre en otro tipo de novela. La vida no es en blanco y negro, eso es de cajón, pero tampoco se puede caer en el polo opuesto, en el grisismo de toermundoegüeno. Voy a citar un texto de Alejo Carpentier:

"no ha de dejarse intimidar por el sambenito del maniqueísmo... en la crítica se dice que una novela es maniqueísta porque tiene la lucha de los buenos contra los malos. ¿Y qué cosa es la historia toda sino una lucha gigantesca de los buenos contra los malos? ¿Quiénes son los malos? Es una minoría opresora. ¿Quiénes son los buenos por definición? Una gran mayoría oprimida. Toda la vida ha sido así, toda la historia ha sido así. Siempre habrá buenos contra malos. Toda la historia está hecha así, y, si eso es maniqueísmo, es una vasta historia de maniqueísmo."

Estas novelas-denuncia no pueden ser de otra manera. Aparte de la calidad literaria, que puede o no puede darse independientemente del planteamiento maniqueo o no, estas novelas tienen un objetivo: despertar conciencias o que el pasado no se diluya en una neblina de olvido. Es más, en muchos casos, de no ser así, sería además una falta de respeto a las víctimas. Porque hay casos en los que hay buenos y malos, sin más. La ingenuidad en estos casos sería justamente no ser maniqueo. Hay hechos que no tienen justificación moral ninguna, y me da igual que sean perpetrados por esos que son muy amigos de sus amigos y cabezas de familia ejemplares, o que pasaron una niñez bla, bla, bla. Hay veces que es precisamente ese contraste entre las distintas caras de un mismo ser humano el que da más fuerza a la maldad de los personajes, pero hay otras en que todo eso estorba, no tiene un papel en el tema tratado, no viene al caso y no creo que sea un defecto per se.

Escrita hace 7 años · 4.7 puntos con 6 votos · @Guille le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 7 años

Nada tiene que objetar a esta reseña este humilde y devoto admirador de Dickens, otro supuesto gran maniqueo.

Se acusa a una obra de maniquea cuando el enfrentamiento es superficial y adocenado. No es mala cosa dotar de razones (o a menos de cierta entidad dramática y complejidad sicológica) a los malos.

El tema, desde luego, es interesante, y da para un largo intercambio.

@Guille hace 7 años

Pues ya ves, en este caso ni razones, ni entidad dramática ni compreljidad sicológica, los malos son malos y punto. Y, sin embargo, a ver quién es el guapito de cara que dice que esta es una mala novela.

@Tharl hace 7 años

Uf, Guille, muy bueno debe ser Steinbeck (y Dickens) para hacer una obra maestra con semejante maniqueísmo. "Maniqueísmo", "novela-tesis", "novela-denuncia"… has disparado todas mis alarmas. Si es que estoy en ese polo extremo, entre el blanco y el negro, del “toermundoesgris”.
Tenía muchas ganas de leer la novela, por conocer a Steinbeck y por lo mucho que me gustó la adaptación del Ford (¡qué bueno es este hombre!). No recuerdo en la película un maniqueísmo flagrante. Sí es cierto que adopta únicamente el punto de vista en los oprimidos, las víctimas; pero es que el resto -policía, grandes propietarios, comerciantes aprovechados, fanáticos religiosos- son personajes sin rostro, sin un ser real más allá, como mucho, del de signos. Son como una sombra que envuelve y exprime a los protagonistas. Naturalmente esto es así a propósito y por motivos del discurso. Y bueno, los protagonistas, los oprimidos… no apostaría yo del todo por su “buenismo”.

La cita de Carpentier, conociendo su idiosincrasia, no me sorprende. Nadie es perfecto…

Una reseña muy interesante Guille.

@sedacala hace 7 años

Maniquea sí, ¿Qué pasa?

En mi opinión, pasa es que éste no es un caso de maniqueísmo. Estoy totalmente de acuerdo con el sentido del pasaje de Carpentier, pero con el sentido profundo de la dicotomía entre opresores y oprimidos.
Ahora bien, atribuir esa dicotomía a un caso más de maniqueísmo, es algo que jamás se me habría ocurrido. Y si se quiere ver así, me parece que el uso de tal concepto aplicado de manera tan extensiva, supone un abuso de la palabra y de la idea de lo maniqueo, que puede acabar por desgastar el concepto.
Los opresores y los oprimidos de la Historia de la humanidad, conforman un proceso que yo no definiría como maniqueo. Los personajes de Dickens tal vez sí. Unos y otros pueden ser buenos o malos, bienintencionados o canallas, la Historia ha puesto a cada cual en un sitio. En ello no veo una tendencia a interpretar la realidad según una valoración dicotómica, que es como el diccionario define el concepto. Tal como yo lo veo, la interpretación de la realidad es la ficción, y ahí es donde lo maniqueo encaja bien. Claro que el periplo de los personajes de “Las uvas de la ira”, es ficción, pero es una ficción tan directamente apoyada en una realidad candente, en su momento, que es como si no lo fuese.
Nunca entendería como maniquea la vida real, sino la interpretación de la realidad que es la ficción en términos de buenos y malos.

Es obvio que esto que digo refleja la idea de maniqueísmo que siempre estuvo en mi mente. No pretendo hacerla pasar por buena, quizá yo esté equivocado, pero así es como yo lo veo.

@Guille hace 7 años

Gracias, Tharl.

De eso trata mi reseña: una obra maestra puede perfectamente ser maniquea, esto es, presentar un hecho en el que hay personajes buenos y malos, sin fisuras en relación al hecho que se narra y que eso no vaya en detrimento de su calidad. Como sean esos personajes en otros aspectos es irrelevante para la narración así planteada, estorbarían. Y, naturalmente, eso es algo buscado y planteado de esa forma por el autor.

Yo recuerdo más el libro que la película, y todos esos "malos" no son personajes sin rostro, son absolutamente reales en el libro: personas que intentan por todos los medios posibles, y recalco lo de posibles, sacar el máximo beneficio a sus plantaciones o a las plantaciones de las que son capataces, objetivo para el que se sirven de la inestimable ayuda de los poderes policiales, políticos y religiosos.

@Guille hace 7 años

sedacala, no había visto tu comentario al enviar el mío.

Cuando utilizo el término maniqueo, lo que quiero expresar es que en esta novela no existen matices. Los oprimidos son buenos (a veces tontos de tan buenos) y los opresores son malos. Y esta ausencia de matices no mata a la novela porque su objetivo no es reflejar una realidad en su conjunto sino solo un aspecto de ella: la lucha que se estableció entre aquellos que, en virtud de una libertad sin límites, intentaban sacar el máximo beneficio de sus propiedades y aquellos a los que únicamente les quedaba sobrevivir y como todo el sistema estaba preparado para que estos últimos perdieran sí o sí y de una forma absoluta. Mi opinión es que esa lucha, y las debilidades de la posición de los oprimidos, está magníficamente contada y no se echan en falta los matices.

@Tharl hace 7 años

Creo que mi problema es de índole personal. Por suerte o por desgracia jamás he conocido, ni directa ni indirectamente (en, por ejemplo, personajes históricos), ningún Opresor u Oprimido. Así, en mayúscula. Creo que no me engaño al pensar que todos son/somos oprimidos por otras gentes y todos oprimimos al más débil. El mayor de los oprimidos oprime al que tiene por debajo. El ejemplo típico de un obrero decimonónico sería su mujer y/o sus hijos, o en su relación con los animales. Hablar de la historia en dicotomías de opresores y oprimidos como algo absoluto supone un juicio de valor ideológico a priori. Podría decirse que el logro y aspiración de la democracia es democratizar la opresión, todos somos oprimidos por todos, la opresión se despersonaliza y recae en las estructuras e instituciones que formamos en nuestras relaciones mutuas. Aquí es donde la cita de Carpenter y el intento de rescatar del maniqueísmo los relatos mediante un giro desde el “bueno-malo” al “opresor-oprimido” creo que se desmorona.

No descarto que una novela maniquea pueda gustarme, pero si lo hace es a pesar de ello y jamás gracias a su dicotomía, siempre superficial. Sobre si el maniqueísmo hace mejor o peor la novela no me creo quien para juzgarlo, pero a mi me tiene que aportar muchas más cosas para gustarme a pesar de ello.

@Poverello hace 7 años

No sé si será cuestión terminológica o simple visión y puntos de vista, pero el caso es que una vez más el tema de los personajes buenos y malos saca la pata en SdL.
Como ya habíamos debatido en otras ocasiones similares cuestiones no es que tuviera demasiado que opinar, pero es que los comentarios se han puesto la mar de interesantes y me daría rabia, Tharl, que dejaras de leer este clásico de la literatura por un preconcepto.

Dos o tres cosillas. Primero que según mi idea, el término maniqueísmo siempre es peyorativo, no como cuando hablamos de dicotomía o de determinados personajes tipo, y en este sentido coincido plenamente con sedacala en su percepción y en que si ni se me pasaría por la cabeza de manera radical emplear el concepto con Dickens -y sí con variadas películas sobre la Guerra Civil española por poner un poner- ni se me hubiese ocurrido asociarlo con “Las uvas de la ira”.

A raíz de esto me viene otra idea a compartir y que tiene que ver con algunas de las aportaciones sobre los malos/buenos, opresores/oprimidos en un sentido... histórico, digamos, y puede que así dicho como fuera de contexto profundamente demagógico al igual que opina Tharl. Y es que estoy convencido de que la historia está llena de buenos/malos y opresores y oprimidos, no contemplados como individuos sino como grupos sociales, clases, estatus o llámese como se llame, y esto lo transmite Steinbeck a la perfección. Quiero decir que, por ejemplo para aclararme, durante la II Guerra Mundial los nazis eran los malos/opresores y los discapacitados, los gitanos, los judíos... los buenos/oprimidos, no porque todos los nazis de manera individual fueran unos canallas y los judíos, discapacitados y demás unos santos varones, que seguro los había más malos que la quina, sino porque sus actitudes y su causa como grupo era injusta en un caso y en el otro estaban sometidos. Y por muchas vueltas que le queramos dar y creer esa frase que siempre saco a colación de Jean Renoir sobre que “lo malo esa que todo el mundo tiene sus motivos”, hay causas que son injustas, desproporcionadas, opresivas y malas, y por muy buenos que sean los individuos que apoyan esa causa el caso final es que las apoyan o incluso las crean. Pues Las uvas de la ira es una novela de causas, de grupos, no de individuos, y los terratenientes son malos no porque sean malas personas cuando las conoces de manera individual, sino porque no tiene sentido conocerlas si lo que quieres es denunciar una situación creada por ellos, pues es imposible encontrar una razón válida que los justifique en su explotación del obrero. Es como pretender encontrar en el Manifiesto Comunista algo acerca de la bondad del Capitalismo y de la burguesía.
Finalizo con un caso que tiene mucho que ver, casi paradigmático, respecto al tema tratado en la novela de Steinbeck. César Chávez fue un estadounidense de origen indígena que en los años 60 del siglo pasado, influido por Gandhi, lideró un boicot de campesinos que recogían la uva contra las duras condiciones que les imponían los grandes empresarios. Sus logros son un ejemplo de lucha pacífica y de consecución de objetivos. Si hicieran una peli sobre este buen hombre, que a pesar de ser vegetariano tendría sus defectos (jeje), seguro que no se centrarían en sus debilidades sino en la justicia que consiguió implantar y en la denuncia de determinadas situaciones, por muy maravillosas personas que pudieran ser los terratenientes y empresas a las que se enfrentó.

Yo he conocido, por suerte, a opresores y oprimidos y si hablamos en términos de situaciones de injusticia lo mismo nos es más fácil distinguirlos como grupos no como individuos.

@Guille hace 7 años

Puede existir un problema de terminología y desde luego hay -no sé si llamarles- problemas de puntos de vista.

Maniqueo tiene un sentido peyorativo, es cierto. No se puede luchar contra el sentido que toman ciertas palabras, así que de ahí el "¿Qué pasa?" del título de mi reseña.

Estoy casi completamente de acuerdo con estas palabras de @Poverello:

"hay causas que son injustas, desproporcionadas, opresivas y malas, y por muy buenos que sean los individuos que apoyan esa causa el caso final es que las apoyan o incluso las crean. Pues Las uvas de la ira es una novela de causas, de grupos, no de individuos, y los terratenientes son malos no porque sean malas personas cuando las conoces de manera individual, sino porque no tiene sentido conocerlas si lo que quieres es denunciar una situación creada por ellos, pues es imposible encontrar una razón válida que los justifique en su explotación del obrero."

Justo a esto me refería cuando apuntaba que Las uvas de la ira no quería reflejar una realidad en su conjunto sino solo un aspecto de ella: si el capitalismo campa por sus respetos con absoluta libertad esto que leéis aquí es lo que os encontraréis. Y no porque el capitalismo es así, no, porque el ser humano es así.

En este sentido difiero de la idea de @Poverello acerca de que las uvas de la ira es una novela de grupos, no de individuos.

Se puede hablar de cómo el individuo pasa a comportarse de cierta forma peculiar cuando actúa en grupo. Entonces sí podemos hablar del grupo como causante o propiciador de ciertos hechos. Pero este no es el caso. No es un grupo el que actúa, no hay unos terratenientes que se agrupan para ejercer el poder. Es cada uno de los terratenientes el que ejerce el poder beneficiándose de un sistema político, social y económico que se lo permite.

El otro punto en el que discrepo es en el que apunta @Tharl acerca de que todos somos oprimidos y opresores. Desde luego no es cierto cuando se aborda un tema concreto como es el caso en esta novela. Pero es que tampoco lo es cuando hablamos de la realidad en general; es más, me parece injusto ese punto de vista. Otra cosa sería decir que una gran mayoría del mundo mundial puede llegar a ser opresor u oprimido en función de las circunstancias que les toque vivir, y aun así pondría bastantes reparos a la cuestión. Pero aquí, en la novela se aborda un hecho concreto y el posicionamiento de unos y otros en función de ese hecho concreto. Y en ese contexto es donde existen buenos y malos sin ningún tipo de matiz, donde existieron buenos y malos sin ningún tipo de matiz, porque no olvidemos que así eran las cosas en aquellos tiempos.

Pero igual que digo todo esto, también tengo que decir que a mí me gustó más otra novela que tiene mucha relación con el tema aquí tratado precisamente porque su planteamiento es plasmar como era toda una sociedad en una época y una situación determinada teniendo en cuenta muchos más aspectos que el estrictamente laboral (y de paso como somos los individuos siempre, en cualquier época) y en la que también se le da voz a los opresores. Hablo de Germinal, de Zola (más tarde, si tengo tiempo, colgaré lo que comenté sobre ella en su momento).

@Faulkneriano hace 7 años

No, si ya decía yo que esto del maniqueísmo iba a traer cola...

Me siento más cómodo en el terreno puramente literario, pero diré una cosa. La obra artística más claramente maniquea es la descaradamente política: el cine nazi, el realismo socialista, la novela proletaria... No creo que Steinbeck pueda ser incluido ahí. La novela me sigue pareciendo excelente.

@Guille hace 7 años

Rompo una lanza en favor de la literatura política. Hay excelentes novelas políticas. Bien es cierto que es un terreno donde es fácil resbalar hacia ese maniqueísmo peyorativo que decimos, los llamados panfletos, pero se puede ser descaradamente político y no caer en ese tipo de maniqueísmo.

Y las uvas de la ira es un claro ejemplo. Las uvas de la ira es una novela política, @Faulkneriano. Es más, fue una clara defensa de las políticas agrarias del New Deal de Roosevelt y la reacción de una gran parte de aquella sociedad fue la de calificarle de socialista (que en Estados Unidos siempre quiere decir comunista) y hacer quema de su obra e incluso lograron que se prohibiera su publicación en algún estado.

Las uvas de la ira fue un “subproducto” de una serie de reportajes que Steinbeck realizó sobre lo que estaba pasando en California con los jornaleros que habían llegado al estado después de haber sido expulsados de sus granjas tras perderlas por culpa de una “pertinaz sequía”. Estos reportajes están publicados en Libros del Asteroide: Los vagabundos de la cosecha. Steinbeck retrató en la novela lo que vio allí, y lo que allí había eran explotadores y explotados. Si con maniquea queremos decir simplista, esta no es una novela maniquea; pero si por maniquea entendemos la lucha entre buenos y malos, esta novela es un paradigma de novela maniquea, del maniqueísmo que, como dice Carpentier, “toda la historia está hecha así, y, si eso es maniqueísmo, es una vasta historia de maniqueísmo."

@Faulkneriano hace 7 años

Queria decir "novela política descaradamente hagiográfica". 1984 es también una novela política o, más exactamente de crítica a determinada política: es, también, una excelente novela. El Don apacible, de Sholojov, es un espléndido fresco del pueblo cosaco durante la Revolución (si alguien tiene la paciencia de leerse sus cuatro volúmenes) y habla más de los cosacos que de la Revolución misma; ahora, cuando se pone a glosar los inacabables logros de ésta, las novelas siguientes se caen de las manos.

Claro que Las uvas es una defensa del New Deal, pero el progresismo templado de Steinbeck (más visible en su obra posterior) y su simpatía por los desposeídos no es propia de un defensor a ultranza, con anteojeras, de determinada ideología sostenida sin matices y a machamartillo. Lo político favorece el panfleto, de la misma forma que ciertas formulaciones de lo amoroso favorecen lo cursi. ¿Me estoy metiendo en un jardín?

@Guille hace 7 años

Jajajaja, no, no te metes en un jardín. Te entiendo perfectamente.

@Tharl hace 7 años

Uf, a ver si logro yo también esquivar el jardín antes de que comencemos a hablar de estructuras y superestructuras…

Coincido más con la lectura en clave de grupos o clases de Poverello que con la de Guille de individuos buenos y malos (opresores y oprimidos). Es más fácil coincidir con esta lectura porque al hablar de grupos descartamos todas las diferencias individuales, todo lo que nos hace humanos y nos restringimos a un grupo definido por escasas características y conductas fáciles de valorar en el vacío y la abstracción en que existe ese “grupo”. Pero sigo sin sentirme cómodo. Sobretodo si queremos ver la historia como enfrentamiento de opuestos. Supone partir desde juicios de valor realizados desde el presente y no sé hasta que punto es algo correcto, sin necesidad de recurrir al tópico (y no por ello menos cierto) de “la historia la escriben los vencedores”. En fin, que me parece un despropósito semejante a analizar la historia de un “pueblo” como la forja del “destino” de una “gran nación”. Los motivos que me hacen pensar así son de nuevo personales: soy poco supersticioso y jamás creí en ángeles y demonios y, para bien o para mal, soy extremadamente individualista y como tal me interesan más los individuos como personas complejas que como átomos de una masa; por otro lado, no me siento cómodo colocando tan a la ligera los calificativos de opresor y malo, porque todos mis conocidos y yo salíamos mal parados. Soy una persona, imagino que no la única, que se lucra indirectamente del sufrimiento de miles de seres en otros lugares del planeta y de la explotación de otras formas de vida, y, siendo consciente de esto, lucho de forma más activa para que no me opriman a mí quienes tengo por encima que para no seguir oprimiendo a los que tengo por debajo. Tal vez sí sea “malo” y “opresor”; a mi favor diré que tengo infinitas excusas y culpa suficiente para una película de Woody Allen. También prometeré, a falta de una religión con magia sacramental, una cura de mi alma mediante dieta vegana.

En fin, centrándonos en lo literario, que no me quiero meter en jardines esquivados por un historiador: ceñir el relato a un único punto de vista y a un tema concreto es sin duda una decisión política (y ética y estética), pero no tiene por qué dar lugar al maniqueísmo. Si los personajes de Steinbeck son sentidos como seres humanos y no solo como mero signos, y en la película así ocurre, puede encantarme. Uno tampoco es de piedra. Sobretodo si tiene otras tantas virtudes literarias que no pongo en duda. Otra cosa es la credibilidad que de a una denuncia o análisis político realizado de estas formas. En cualquier caso, pocas veces leo una novela por un interés auténticamente político. No dudo que leeré a Steinbeck, pero lo hago esperando otras virtudes.

@Faulkneriano hace 7 años

... que las tiene, como podrás comprobar cuando leas la novela. Si no, no estaríamos aquí largando.

@Poverello hace 7 años

Dividiré el comentario en apuntes literarios y aspectos más ajenos, para que quien no tenga el más mínimo interés en conocer mi opinión sobre el debate general (a ves yo mismo no tengo el más mínimo interés) lea sólo el primer paŕrafo.

Cuestión literaria. Como Faulkneriano lo ha explicado muy requetebién sólo decir que a menos que consideremos político en términos más que generales (casi toda novela podría leerse en clave política: Guerra y Paz, Los miserables, Rojo y Negro, Los hermanos Karamazov...) Las uvas de la ira es una novela claramente social, y por eso tuvo problemas de censura, como tantas otras obras críticas en este sentido y que funden los pilares de la estructura social de manera global más que sancionar de manera concreta una ideología.

A otros niveles. Respecto a los grupos sociales (aunque aquí empleamos específicamente este término haciendo referencia a las clases o el estatus económico) ni antropológica ni sociológicamente es de rigor afirmar que se consideran tales sólo aquellos que estén compuestos por individuos que elaboran un complot para favorecer a su clase, pues existen infinidad de características alrededor de las cuáles se conforma la estructura social y esa, considero, que no es la más común. Lo habitual es que a determinados individuos se les considere clase o grupo porque sus comportamientos son similares o idénticos ante determinadas circunstancias, se hayan reunido para acordarlos o simplemente las hayan asumido, o incluso hayan surgido movimientos a raíz de su forma de entender la vida: los hippies, la filosofía Punk, el 15M... Hay cientos de miles. Los capitalistas y el proletariado son otros dos, aunque ni los primeros se pongan de acuerdo para joder a los segundos (no hace falta demasiada parafernalia cuando el sistema económico te lo pone a huevo) ni los segundos hagan por su parte frente común para salir de su situación, algo que de hecho es una de las situaciones que se da en la clase obrera y en el libro: haces huelga, pero ya vendrán de fuera para hacer tu trabajo quienes tienen necesidad y le cuesta pensar en el bien común del grupo dentro de esa situación.

Ya respecto a lo de los opresores/oprimidos comparto en la base tu planteamiento, Tharl, acerca de que todos y todas, en parte, somos opresores al formar parte del sistema económico que subyuga a 2/3 de la humanidad sin hacer nada (o poco) para ponerlo en entredicho. Dicen por ahí que si ahora mismo tienes cinco euros en el bolsillo (por decir algo redondo) ya eres más rico que el 80% de tus congéneres. ¿Eso te convierte en rico? Pues oye, depende de cómo lo mires, aunque hemos de ser conscientes de ello. Pero yo, vegetariano (casi vegano) como bien sabéis desde hace una barbaridad, pienso que no es lo mismo matar a un toro en la plaza que comerte una ternera en un restaurante, y creo que no necesita demasiada explicación entenderlo aunque ambas cosas supongan un antropocentrismo poco justo. Pues lo mismo respecto a lo de opresores y oprimidos so pena de caer en eso que dices de entrar en estructuras y superestructuras, pero es que hay estructuras injustas que crean situaciones de sinergia mucho más allá de los individuos que las componen y no es lo mismo (sin que sirva de justificación Alleniana, pues hay que cambiar en la vida social y personal aquello que creemos que no es justo) ser el gerente de una transnacional que para ahorrarse unas pelillas contrata a guerrilleros con el fin de controlar a los niños de manitas diminutas que extraen el Coltan de las minas del Congo, que tener móvil. No es lo mismo.

Bueno, eso es lo que tienen estos debates, que al final descubres que va a haber otro vegano inconsciente en la página, ji. Tharl, cuidado con la B12.

@sedacala hace 7 años

Como era previsible os habéis metido en un lío de grandes proporciones, y por tanto, laberíntico y de difícil salida.
Mi intención al hablar de opresores y oprimidos, no era entrar a juzgar quienes son una cosa u otra, ni por qué. Es un debate demasiado complejo que, aparte de serlo, invade el terreno de lo político, o literariamente político si se quiere, que no conduce a casi nada, y que yo no tenía intención de abordar. Mi interés al mentar el tema era mucho más limitado y restringido al ámbito lingüístico y se refería sencillamente a la inconveniencia de utilizar hasta el abuso en términos de crítica literaria el concepto de maniqueísmo. De hecho yo lo utilicé recientemente en la reseña que escribí sobre “Nuestra Señora de París” y lo hice, debo reconocerlo, con el temor de que pudiera no ser adecuado; pero tras reflexionar sobre el asunto, decidí utilizarlo. Quiero decir que soy espe-cialmente puntilloso con esas formas de expresión que en algunos momentos alguien emplea con un acierto tal, que todo el mundo a continuación repite la jugada hasta extremos que, a mí, me producen nauseas. Viene muy al caso eso que dice ahora todo el mundo de que: “es que esto, ahora no toca”. O también aquel gesto que todos hacen subiendo ambas manos por igual mientras doblan y desdoblan los dedos índice y corazón como queriendo entrecomillar lo que dicen. Esto último no es escritura sino mímica, pero es, igualmente, repetitivo hasta el aburrimiento. Si escribiendo sobre libros empezásemos a aplicar el concepto de maniqueísmo de manera extensiva, casi ninguno se libraría de incluir la palabra en su reseña.
A mí, de una manera muy particular, me parece que el concepto se debe aplicar a la obra literaria, sobre todo, a aquella que no tiene una apoyatura directa en circunstancias sociales o políticas candentes, porque en ese caso es como si se aplicase a la vida misma, cosa que creo que se sale del concepto. Lo veo indicado, sobre todo, en aquellos casos en que el planteamiento a base de buenos y malos, sea muy rotundo. Ejemplo claro: Quasimodo era bueno, Frollo era malo; sí, ya sé que luego vienen los matices; pero esa es la base de partida de la novela y muy clara.

¡Atención Tharl! no es mi intención decirte que no leas “Las uvas de la ira”, aunque es una novela que a mí no me gustó, pero alguno habéis mencionado (Guille creo) Germinal, esa te la recomiendo encarecidamente, y mira que Zola no me chifla, pero es una magnífica novela.

Por cierto Guille, me decías hace poco que cómo había podido leer “Los santos inocentes” sin que me hirviera la sangre. Tanto “Las uvas de la ira” como “Germinal”, son de esas novelas que se leen con la sangre en permanente ebullición; eso, también debe saberlo Tharl.

@Guille hace 7 años

Madre mía, esto no es un jardín, esto es una selva.

Solo dos comentarios.

No creo que haya nada más político que las relaciones laborales y los derechos y obligaciones de trabajadores y empresarios.

El otro comentario es acerca de los grupos. Aquí cada uno lee en función de su personalísima perspectiva. No he negado la existencia de grupos, de personas que con intereses parecidos se comportan de forma parecida, aunque siempre son una simplificación que a veces es además injusta.

Pero el hecho es que lo narrado en Las uvas de la ira, aunque extrapolable a muchos sitios y a muchas épocas, es algo que ocurrió, perpetrado por individuos con nombre y apellidos y sufrido por personas con nombre y apellidos. No se trata de un ensayo donde dirimir como se comportan los propietarios de los medios de producción y los que no lo son. Se trata de personas que existieron y se comportaros de una manera determinada y que el hecho de ser los propietarios de las tierras ni determina ni justifica que es lo que se puede entender cuando se dice que es una novela de grupos donde parece que la culpa se diluye y desaparece.

Yo, al menos, ni sentí ni viví la lectura de la novela en esos términos.

@Guille hace 7 años

Pues sí Sedacala otras dos novelas con las que es difícil sentirse indiferente. Y entre ambas, yo también, elijo la francesa.

@Poverello hace 7 años

Precisamente por eso que dices, Guille, no me parece maniquea, que es lo que explico y por lo que empezó toda la conversación. En ningún momento, me parece a mí, hago mención a que la culpa (o mejor responsabilidad) se diluya porque se enfoquen las injusticias sociales desde una perspectiva de estructuras. De hecho afirmo más bien todo lo contrario, que nada justifica a los individuos y por eso importa más bien poco cómo piensan en otros aspectos de la vida más allá de lo que se pretende criticar. Y por supuesto que comentas directamente que no es un grupo el que actúa, pues no se ponen de acuerdo a la hora de ejercer el poder, y no estoy de acuerdo con ese concepto de grupo, Guille, y ya lo explico. Se puede actuar como grupo aún sin saberlo y sin ponerse de acuerdo, por tanto los terratenientes son un grupo, una clase, un estatus y por eso actúan como actúan. Si no supieran que el resto de personas de su clase se comportan igual con los campesinos ellos tampoco lo harían: por miedo, por inseguridad, por cientos de motivos... La injusticia sinérgica de la que hablaba y que es más dolorosa por difícil de superar que la que está compuesta por cada individuo que la lleva a cabo.

Creo que todos estamos de acuerdo en que la lectura de esta novela de Steinbeck es terrible, incluso a aquellos que no les gusta, pero el motivo por el que nos parece terrible no tiene por qué ser el mismo.

Son formas distintas de enfocar un tema, aparte de la propia dificultad añadida, claro, de intentar explicarse uno mediante la palabra escrita, que es un follón.

Abrazotes. Esto va a dar para un ensayo de verdad, Guille, jajajaja.

@Faulkneriano hace 7 años

De vegano nada: a mí me gusta la ternera y me dan repelús los que hacen el gesto ese de las comillas que dice sedacala.

@Guille hace 7 años

Bah, no creo que para un ensayo pero quizás a base de ensayo/error acabemos aprendiendo algo.