CUIDADO CON EL MUÉRDAGO por Faulkneriano

Portada de LA RAMA DORADA

Dudo mucho que Frazer, victoriano donde los haya, saliera mucho de su británica isla, pero su red de corresponsales y sus minuciosas lecturas le proporcionaron información sobre costumbres y mitos pasados y presentes de todas las partes del mundo. Anterior en una generación a los antropólogos de campo, intuitivo, brillante, tan discutible como pueden serlo todos los genios (a menudo por sus excesos) ofreció una obra fundamental que llegó a tener, en su segunda edición, doce volúmenes y que, por insistencia de su mujer, accedió a reducir a uno solo, aunque fuera de considerables dimensiones. Los lectores atentos de Eliot, entre otros muchos autores relevantes del pasado siglo, no tardarán en reconocer a Frazer como fuente. Tampoco los lectores de Benet, por poner un ejemplo español: es imposible leer sobre la Demetria de Un viaje de invierno o el Numa de Volverás a Región sin recordar páginas muy concretas de Frazer, del que tantos autores bebieron, como de una fuente inagotable de mitos, de ritos, de humanas acciones más o menos comprensibles.

La magia, la religión, la ciencia y sus extrañas revueltas. Puede decirse que las más de 600 páginas apretadas son una especie de pesquisa detectivesca en busca de la explicación acerca de un mito de la más antigua Roma, cuando la Suburra era una aldea y la misma ciudad un pueblo de campesinos: un rey-sacerdote que vive en un bosque, cerca de un santuario de Diana y un lago, al que, tras arrancar una rama dorada, cualquiera puede desafiar y, caso de matarlo, suceder, con la misma espada de Damocles sobre su existencia. Pero, claro, no se trata solo de eso. El itinerario intelectual que el libro propone, con un plan extremadamente riguroso pero lleno de riquísimos meandros igual de interesantes, es agotador, mareante, excesivo y sobrepasa a cualquier lector medio, pero los hallazgos son brillantes, su prosa magnífica (cuidada y elegante, ocasionalmente socarrona, con malignos destellos de humor) Es notable que, para una obra gestada en lo esencial a finales del siglo XIX, en la comparación entre el primitivo y el ser civilizado no siempre salga perdiendo, ni mucho menos, el primero. Un capítulo cualquiera nos servirá para ver hasta qué punto es vasto el territorio a explorar: la Saturnalia romana, los carnavales, un festival babilónico, la fiesta judía del Purim, todo en uno, conduce, insensiblemente, a la crucifixión de Cristo vista bajo una luz decididamente heterodoxa. Quien quiera toboganes conceptuales parecidos, de la muerte de Balder a los druidas celtas, de los totems de los aborígenes australianos al secreto de los reyes de burlas, este es su libro. Paciencia, eso sí, y barajar.

Atención para aficionados al fantástico: aquí pueden encontrarse las hogueras en lo alto de las colinas, los festivales con sacrificios humanos, las misas invertidas, las almas escondidas fuera del cuerpo a salvo de enemigos, el marcado carácter siniestro de muchos cuentos y tradiciones populares, la doliente inmortalidad, los peligros del sexo y otras menudencias que harían las delicias de lectores de Machen o Lovecraft o de los cinéfilos que hayan visto The wicked man. Ahora que han sido los Carnavales, temblad sólo de pensar lo que esconden algunas fiestas en pueblos pequeños no contagiados por la samba.

Aunque sus ideas sobre el tabú no fueran del todo correctas, aunque la mayoría de sus interpretaciones tengan fecha de caducidad, aunque se equivocara a veces (interpretar mal un texto latino le hizo forzar la mano en una conclusión, lo que le avergonzó tanto que presentó su dimisión al rector de su college, que no le hizo mayor caso), aunque no sea cierto que las campanas de Santa María de Roma puedan oírse en el bosque de Nemi, aunque Malinovski o Levi-Strauss (por poner el ejemplo de dos antropólogos a los que admiro) le corrigieran en más de una cuestión fundamental, aunque no hubiera estado nunca en el río Adonis (lo describe mucho mejor que los que sí estuvieron), la obra de Frazer permanecerá para siempre.

Escrita hace 7 años · 5 puntos con 13 votos · @Faulkneriano le ha puesto un 9 ·

Comentarios

@FAUSTO hace 7 años

Interesante comentario sobre no menos curioso ensayo. No hace mucho “tropecé” con él al leer “Tierra baldía”, anteriormente es posible que lo hiciera en algún artículo de Freud. Como indicas, la influencia de Blazer en la temática e inspiración de Eliot es notoria; es una lástima que no tenga el libro (con una excepcional analítica de la obra y notas fundamentales y apropiadas) o que no exista en e-book para indicar con exactitud el influjo del antropólogo. Lo único que puedo recordar es que el simbolismo religioso y la naturaleza (binomio espíritu-naturaleza) constituían parte de las ideas expuestas por Frazer.

Es de agradecer que, gracias a la intervención de su esposa, aplicara el lema de Gracián y redujera los 12 volúmenes a uno solo, aunque sobrepase con generosidad las 600 páginas.
Lo dicho, interesante reseña sobre un trabajo que tiene toda la pinta de ser muy sugestivo.

Y una curiosidad, hace poco se hablaba en otra reseña sobre “Apocalypse now” y en la wiki me acabo de dar cuenta de que relacionan la película con la leyenda.

@Faulkneriano hace 7 años

Un plano de Apocalypse Now muestra un puñado de libros en el cubil de Kurtz: uno es La rama dorada. Marlon Brando, además, recita un poema de Eliot (creo que es The hollow men) Y, desde luego, la muerte del viejo y derrotado Kurtz a manos del joven capitán Willard es todo un correlato de lo que se cuenta en La rama dorada: a fin de asegurar la renovación del orden natural, el viejo rey-sacerdote debe morir a manos del nuevo. Claro que, como se sabe, Coppola dudó entre dos finales: que Willard decida quedarse y sustituir a Kurtz o que el poblado sea arrasado por un apocalíptico bombardeo. Circulan ambas verisones.

Es un ejemplo entre mil de la enorme influencia que tuvo la obra de Frazer en la cultura occidental, aunque en su obra se habla de muchas más cosas.

@Tharl hace 7 años

Interesantísima reseña Faulkneriano. Hay autores que, por mucho que se equivocaran en sus teorías (o incluso a veces dijeran barbaridades y estupideces, como Freud ya que lo menciona Fausto), las hicieron reales a base de fuerza sugestiva e intensa perspicacia, si no en el mundo real, sí en el imaginario cultural; y a mi cada vez me encuentra más distinguirlos.

Sí el libro que reseñas, Faulkneriano, es la mitad de sugerente y rico de lo que alabas –y nada parece indicar lo contrario-, no me importa que como todo genio pueda llevar sus ideas demasiado lejos, que me lo leeré encantado. Desde este momento está en mi whislist entre Eliade, Levi-Strauss, Mauss y Walter Benjamin. Ahora solo queda encontrar un momento en que atreverme con él… si me atrevo.

@nikkus2008 hace 7 años

Promete este libro Faulk, desde ya que lo hace; y vos también ayudás con tus comentarios, siempre tan precisos, sin irte por las ramas (como yo, jeje) y dando una clara idea del contenido de la obra. Gracias por sumar otro libraco a la lista...

@Faulkneriano hace 7 años

Una precisión: si Frazer quiere dejar bien sentado que la última gavilla de la cosecha puede encarnarse en un animal, reunirá dos docenas de ejemplos de diversas partes del mundo para cada animal representativo, describirá cómo se procede a cortar y qué se yó cuántas cosas más. Se entiende lo que quiero decir ¿No?

@EKELEDUDU hace 7 años

Gracias por la reseña, sentía mucha curiosidad por este libro. Después de leer esto, calculo que podría leerlo, pero sin tomármelo muy en serio.