SIN FALSAS EXPECTATIVAS por Poverello

Portada de MO DUINNE

Dice la filósofa francesa Julia Kristeva que el amor es el cenit de la subjetividad; habida cuenta de que una relación de amistad me une con Mercedes Gallego desde hace cerca de treinta años y de que imposible resultaría a cualquier mortal haberla mantenido sin una generosa dosis de cariño no he de invertir exceso de tiempo en advertir del terreno escabroso que piso en diferentes frentes cuando me lanzo como a puerta gayola a escribir una reseña sensata de su primera novela publicada con la intencionalidad inviable a todas luces de resultar creíble. No obstante y como contrapunto también negativo a mi favor, pero que necesariamente ayuda a enhebrar la aguja en ese Sendero Medio en el que decía Buda se hallaba la virtud, he de reconocer mi absoluto repelús hacia la literatura romántica tan abundante en los anaqueles de cualquier librería y que por consiguiente si puedo tender al entusiasmo por la parte afectiva justo es reconocer de igual forma que soy un absoluto y posiblemente insensato lego a la hora de juzgar los parabienes comunes a este género.

Podría decir sin remordimientos que leí “Mo duinne” en cierta manera obligado por Mercedes, antes de ser publicado, con el fin de conocer mi abstrusa opinión, en uno de sus inauditos actos de confianza conociendo sobradamente mi particular interés por Faulkner, por poner un ejemplo extremo, y que lo más cercano a literatura romántica que habían tomado mis manos era Stendhal y los clásicos del movimiento literario del siglo XIX: Bronte, Poe... que en poco o nada participan del estilo actual escrito para lectores más fagocitadores que tendentes a la reflexión. Comparar pues a Mercedes con Stendhal sería una ofensa, no ya para el ínclito escritor francés, sino para el propio concepto y pretensiones de la autora que nos ocupa, que logra que termine de leer la novela en apenas tres días de ratos puntuales a pesar de todo lo expuesto respecto a mis preferencias.

Vistos estos nefandos prolegómenos a la hora de abordar la lectura de “Mo duinne” no puedo menos que afirmar que las únicas referencias medianamente fiables a las que atenerme en una sutil comparación han de ser de manera forzosa las comedias y dramas románticos con final Made in Hollywood que abundan en nuestras pantallas y que se sostienen con desigual suerte. Por tanto, no es síntoma de locura afirmar que más seguidores acumulan por separado la Bullock o Meg Ryan que Stendhal y que, de idéntico modo, más lectores disfrutarán de las andanzas, amores e infortunios de la plebeya y del conde que son protagonistas de esta novela que aquellos que ni se dignarán a abrir sus páginas. El motivo es tan sencillo como pragmático: no va a defraudar en absoluto a los amantes de este género, porque dentro de mi incultura supina en este sentido (y en otros menos reconocidos), entrega lo que se espera y aún más. Personajes unidimensionales, vale; escasas descripciones, pues también; abundancia de diálogos directos, sin duda. Como toda comedia romántica, esto no es “Los miserables”. Pero queda el aún más. Los personajes unidimensionales están tratados con mimo y ternura, las escasas descripciones son precisas y minuciosas con un arduo trabajo de investigación (lo puedo aseverar sin reservas) sobre Escocia y los lugares donde se va asentando la historia, y considero que Mercedes tiene especial facilidad para crear unos diálogos ágiles y eficaces.

Que nadie espere sorpresas de última hora en lugar de desear que algo suceda, o saltos mortales dentro de una narración fluida con medidos giros de guión, porque Mercedes Gallego da lo que promete, y eso es mucho más de lo que puede afirmarse en una época de embustes y falsas expectativas.

La novela que tiene en preparación, una epopeya en plena Segunda Guerra Mundial situada entre Francia y Alemania, es otro cantar. Pero para ella espero llegará su momento de gloria.

Escrita hace 7 años · 5 puntos con 2 votos · @Poverello no lo ha votado ·

Comentarios