DRIEU LA ROCHELLE por Faulkneriano

Portada de BURGUESÍA SOÑADORA

Me animo a comentar esta hermosa novela porque su autor, Pierre Drieu la Rochelle, escritor de entreguerras (me encanta la palabra, aunque el concepto es odioso) es poco conocido y fue sepultado en el olvido por el paso del tiempo y, sobre todo, por su colaboración con Pétain y su público alineamiento con el fascismo. Sólo el estreno en 1963 de la excelente película Fuego fatuo, de Louis Malle (una de las más escalofriantes reflexiones sobre el suicidio que he visto en la pantalla) basada en una novela de Drieu, puso de nuevo su nombre en candelero y el runrún no ha cesado de crecer, aunque en España no es excesivamente conocido.

Drieu la Rochelle (¡vaya apellidos!) es lo que se llama un gran estilista, y así lo prueba en Burguesía soñadora. El esmalte de sus frases es delicado, con súbitas explosiones líricas sobre una sólida base narrativa, diálogos pertinentes, digresiones justas y bien medidas, rutilantes metáforas, ocasionales atisbos de pulcros y contundentes monólogos interiores (nada fáciles de casar en una novela, por lo demás, de aliento clásico) Recuerda a lo mejor de la prosa francesa de esa época, tan olvidada hoy: Mauriac, Bernanos, Julien Green. Pero es que la trama está a la altura: parte de una situación conocida, la concertación de un matrimonio entre una familia linajuda pero arruinada de provincias y otra, parisina, menos distinguida pero más rica; pasa luego por una clásica situación de adulterio (aquí la cosa comienza a complicarse, porque el engaño amenaza con jugarse a dos bandas, y todo es demasiado franco y pasado de rosca, como si se tratara de una parodia de la novela decimonónica); gana enteros cuando la familia se enfrenta a la ruina; culmina cuando la desgracia alcanza a los hijos, a la siguiente generación. Ese es el gran tema: la sombra que en los hijos proyecta el egoísmo de sus progenitores. En este caso, un padre culposamente entregado a su amante, de la que no puede prescindir, incapaz de ocuparse de su familia y que arruina todo lo que toca por su carácter, tan libertino como irresoluto; y una madre que, debiendo dejar a su marido precipitarse a su propia ruina, hunde a toda la familia, incapaz de prescindir de su único amor.

La novela es más moderna de lo que parece a simple vista, permitiéndose incluso un cambio de narrador, de la tercera a la primera persona, en sus últimos compases: Géneviève, la hija, quién sabe si autora “imparcial” de la primera parte, toma la palabra para ajustar cuentas con el pasado. Drieu maneja con soltura las grandes elipsis, el paso de los años, algo indispensable cuando la acción transcurre durante décadas. Es terriblemente sensual, como buen francés (explica muy bien lo que tiene de alienante el deseo e incorpora, por una vez, el deseo de la mujer engañada, preterida, que siempre suele olvidarse en las novelas) y refleja muy bien ese puñado de intuiciones y deseos, a veces tan primarios, que los humanos confundimos con algo más elevado y que pomposamente denominamos carácter, modo de pensar e incluso ideología.

Drieu se suicidó a los 52 años, recién acabada la guerra: su bando había perdido y él no quería arrostrar la indignidad o la cárcel o el reprobio. No era un superviviente, como Céline, o un visionario ajeno a casi todo como Ezra Pound, por citar otros dos ilustres fascistas que llegaron a longevos. Era, eso sí, un buen escritor.

Escrita hace 8 años · 5 puntos con 6 votos · @Faulkneriano le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@sedacala hace 8 años

No tiene mala pinta tal como lo cuentas. Lo que pasa es que, como ya insinúas, parece la reseña de una novela del siglo XIX; eso, ya lo sabes, para mí es una buena recomendación. Lo tendré en cuenta en futuras visita a mí biblioteca.

@lucero hace 8 años

No lo tenemos en la biblioteca nuestra, lo buscaré porque me resulta atractivo. No sabía de su existencia...injusta e ingratamente se pagan las filiaciones políticas e ideológicas.

@Poverello hace 8 años

A veces flipo con la Biblioteca Provincial de Córdoba. ¡Que lo tienen y todo! La desgracia es que eso amplía mi ya de por sí estirada lista de pendientes.

Gracias por darme a conocer a este autor del que no tenía ni idea. Respecto al suicidio a veces no sabe uno ciertamente si es mejor o peor sobrevivir.

@Tharl hace 8 años

Apuntada queda la película, sin duda; y el libro también, pero ahí la lista es más larga. Es posible que le haga un hueco en los puestos inmediatos pues me interesan muchos los temas y la época del autor.

Gracias por dar a conocer estos libros de forma tan concisa y completa!