UN SINGULAR AVENTURERO por Hamlet

Portada de THEODORE POUSSIN.EL INTEGRAL 3

*Después de varias semanas sin escribir ninguna reseña he decidido volver con un cómic de altura, un ahora ya clásico de la BD que empezó su andadura en la célebre revista Spirou, concretamente en su número 2428 allá por el año 1984. Theodore Poussin es un aventurero, creado por el artista francés Frank Le Gall, que vive su primera aventura en el álbum "Capitán Steene". En él Le Gall nos presenta a un apocado Theodore que trabaja infatigablemente en el despacho de flete de una gran compañía naviera y que sueña con conocer en primera persona ese remoto mundo que sólo conoce a través de relatos. Su empresa le brinda la oportunidad de poner imágenes y vivencias a esos exóticos nombres que circulan a diario por su mesa de trabajo, y es así como se embarca en uno de sus barcos con rumbo a Indochina. Así dan comienzo las aventuras de este singular aventurero que es Theodore Poussin. Singular en muchos sentidos, siendo el primero de ellos, y quizás más llamativo, el de su aspecto. Y es que Theodore no es un aguerrido ni apuesto hombre de acción en la línea de tantos que ha dado la literatura o el cómic. No es ni mucho menos Corto Maltés o uno de los curtidos personajes de London, Salgari, Conrad o Stevenson. Theodore es un joven con gafas, calvo, de aspecto enclenque y frágil, y con un carácter poco sólido que deberá ir forjando a golpe de inesperada vivencia o contratiempo. En ese sentido Le Gall hace suyo el concepto alemán de bildungsroman ( novela de formación ), cogiendo a su virginal personaje para arrojarlo a un mundo repleto de aventuras y misterios, donde el lector no sólo podrá participar de sus experiencias y vivencias, si no que también será testigo principal de su evolución espiritual hacia una madurez vital muy lejos de sus indecisos inicios.

Hasta la fecha la serie de albúmes de Theodore Poussin son doce, todos ellos disponibles en castellano en la excelente edición en integrales de la Editorial Planeta, que además cuenta con suculentos extras y con un ajustado precio. El primero apareció, siguiendo la edición integral francesa, en 2010 y contiene los siguientes albúmes: "Capitán Steene" (1987), "El devorador de archipiélagos" (1987), "María Verdad" (1988) y "Secretos" (1990). En ellos se puede apreciar una rauda evolución en el estilo gráfico de Le Gall que lo lleva de unos inicios de tono caricaturesco, en la omnipresente estela de Franquin, a otros más personales emparentados con la línea clara. En el guión también se aprecia esa significativa mejora, ya que ganan en complejidad y audacia a medida que la serie avanza.

El segundo integral aparece en 2011 y es aún mejor que el anterior. En él se reúnen los siguientes albúmes: " El tesoro del rajá blanco" (1990), "Un pasajero desconocido" (1991), "El valle de las rosas"(1992) y "la casa de la isla" (1993). Todos ellos tienen un nivel de calidad notable ya sea a nivel gráfico como de guión, siendo probablemente los dos centrales lo mejor que ha dado la serie.

Y siguiendo ese ritmo de publicación llegó a finales de 2012 el último integral, que es el comentaré brevemente, y con el que se cierra, al menos por el momento, la serie.

En primer lugar, he de decir que leer este último integral de Poussin ha sido de principio a fin una experiencia deliciosa, aunque no haya podido sustraerme a la desalentadora idea de que con él se cierra una de las series de aventuras más singulares y especiales que he leído en los últimos tiempos. Antes de comenzarlo, y después del maravilloso nivel exhibido en el anterior integral, se me hacía difícil pensar que estos cuatro nuevos albúmes pudieran sostener con la suficiente dignidad la inevitable comparación con sus predecesores, y una vez más Le Gall me ha vuelta a sorprender y encandilar. Independientemente de cuales sean los mejores albúmes, la verdad es que todos ellos, sobretodo los de estos dos últimos integrales, tienen una calidad bastante superior a la que uno está habituado a encontrar en este medio. Y no sólo porque suponen un estupendo aprovechamiento de elementos ya vistos en un género con un recorrido ya muy extenso, sino porque Le Gall sabe dotar a sus historias de un tono y sabor muy personal que consigue que todo nos sepa a fresco, a fina delicatessen al alcance de muy pocos.

Señalar que los dos primeros álbumes de este integral son en realidad dos partes de una misma historia, "La terraza de las audiencias". En ella Le Gall nos transporta prodigiosamente a la Malasia de los años 30, donde la influencia del colonialismo francés en la región está dando sus últimos coletazos, y donde se da una encrucijada entre mundos y culturas como precedente a un orden nuevo. La idea principal de la historia, que da título a los albúmes, no podría ser más sugerente y exótica: una terraza de palacio situada frente a un tupido bosque, desde la que el príncipe escucha las peticiones y opiniones de unos súbditos, que amparados en el anonimato que les da la oscuridad se animan a hacer oír la voz de su pueblo.

"La terraza de las audiencias" es un doble albúm tremendamente atmosférico donde lo principal no está tanto en lo que sucede como en lo que se presiente e intuye. Es también una historia de personajes, recorrida por una tensión sutil e inconcreta que poco a poco se irá haciendo más presente y amenazante, acechando el aparente edén en el que viven los personajes. El tempo de la historia está, en ese sentido, muy logrado. En un principio todo es lento, pausado, estival y casi somnoliento, muy en la línea del contexto descrito. Pero poco a poco, a medida que el peligro y la tensión crecen, los sucesos se va acelerando hasta culminar en una resolución dramática y catártica que no dejará indiferente a ninguno de los presentes, como tampoco lo hará al lector.

Le Gall consigue con este díptico una historia henchida de fascinación, de encanto, que introduce al lector suavemente en ese Oriente misterioso y romántico de los poetas, de los soñadores, de Kipling...

No es por ello extraño que aproveche la ocasión para introducir al primer personaje femenino de envergadura de la serie, Chochou Bataille, como tampoco es extraño que Theodore acabe terriblemente enamorado de ella.

Con "La terraza de las audiencias", seguramente la obra más ambiciosa de Le Gall, el autor francés demuestra su particular sentido de la aventura, de la historia, y del amor, ofreciendo un relato con un calado muy literario que viene a demostrar que el cómic de aventuras no tiene porque ser siempre banal y liviano.

Además de la exquisitez con la que están dibujados todo y cada uno de los personajes y escenarios, Le Gall se atreve a utilizar en algunas páginas un arriesgado recurso, que apuntala aún si cabe más el calado literario del relato, y consistente en dejar el guión sin plasmar en viñetas acompañado tan sólo por un dibujo de fondo para ambientar la escena. Una especie de cómic-teatro que si bien no gustará a todo el mundo, personalmente me ha agradado por la elegancia, gusto y mesura con que está utilizado.

El tercer albúm del integral, y segunda historia, es "Noviembre todo el año" (2000). En él Le Gall recupera un viejo y relevante personaje de la serie que volverá a irrumpir con fuerza en la vida de Theodore: el Sr. Noviembre.

En esta historia Le Gall rompe con el tono y ambiente de la anterior historia para devolvernos a uno más dinámico, occidental, y conocido, ¡ el de los misteriosos asesinatos en serie !.

"En noviembre todo el año" nos encontramos con el Theodore marinero, oficial de una gran compañia naviera, que ve como un viaje que debía ser rutinario y sencillo se convierte en una peligrosa cacería humana. Al parecer un peligroso asesino que acecha y mata, cual tiburón, a cualquiera que tenga alguna herida sangrante, por pequeña que esta sea, se encuentra entre los viajeros. Como se encuentran en alta mar, lejos de las autoridades locales y policiales, Theodore no tendrá más remedio que intentar descubrir quién se encuentra tras los crímenes e impedir que sigan cometiéndose.

En esta ocasión Le Gall opta por colocar a su singular héroe en un terreno muy hollado, pero siempre entretenido, que no es otro que las historias policiacas en su faceta del whodunit ( término que viene de la contracción inglesa "Who has done it?" que significa: ¿Quién lo ha hecho? ). Esta aventura de Theodore sigue, en este sentido, a pies juntillas algunas de las formulas habituales de este sub-género como son, por ejemplo, una serie de asesinatos relacionados entre sí y una cantidad de personajes sospechosos que se encuentran encerrados en una misma localización, en este caso es un barco en alta mar. Con estos ingredientes tan explosivos por supuesto la emoción y tensión están garantizadas.

Desde un primer momento, es evidente, que Le Gall en ningún momento oculta su clara referencia y admiración por las novelas de Agatha Christie, y en este sentido urde una trama que mantiene en vilo e intrigado al lector hasta la sorprendente resolución final. No obstante, Le Gall rompe con una regla providencial en este tipo de relatos que vuelven a situarlo como un autor singular, que nunca se conforma con ofrecer simplemente lo que otros ya han hecho mejor que él.

El último álbum del integral, y hasta la fecha de la serie, es "Los celos" (2005) una historia que vuelve por los fueros más intimistas y biográficos de la serie, pero que no renuncia en ningún momento a su hálito y espíritu aventurero. De esta forma, "Los celos" supone un magnífico broche, esperemos que no definitivo, a una estupenda serie.

En "Los celos" encontramos a un Theodore que se ha retirado a una paradisíaca isla con sus amigos para dedicarse a cultivar copra. Pero sus planes y su apacibilidad se verán alteradas cuando arribe a su pequeño puerto una inesperada visita. Se trata de la hermosa Chouchou que, una vez más, sacudirá con su presencia los fueros más internos del protagonista y de paso perturbara la plácida convivencia de todos los que habitan en la isla. Por si fuera poco, otra visita del pasado, pero de diferente cariz, vendrá a sumarse a la situación, irrumpiendo bruscamente el lado más aventurero y audaz de la serie.

En definitiva, los cuatro albúmes del integral suponen una muestra más del talento de un autor que ha hecho de las historias de su personaje, Theodore Poussin, el delicioso retrato de un personaje, de un cosmos, y de una manera singular de entender el cómic de aventuras. En cada uno de sus álbumes se puede apreciar el esfuerzo de un autor que en absoluto se conformó con ofrecer una serie mediana y olvidable.

Anteriormente había citado a uno de los aventureros por excelencia del cómic, quizás el aventurero por excelencia. Me refiero, claro está, a Corto Maltés. Aún pese a las diferencias habidas entre ambos personajes y los estilos tanto gráficos como argumentales de sus autores, ambas series se encuentran hermanadas por el significativo hecho de que sus autores se han tomando la molestia de que la literatura y la cultura chisporroteen de alguna forma en cada una de sus páginas. Eso convierte a cada uno de sus aventuras en únicas y especiales, y las mantiene lejos de la mediocridad propia de las series periódicas o folletinescas que no ven más allá de su mera perpetuación.

Quedáis avisados. Si queréis leer un cómic de aventuras de pedigrí, con un dibujo exquisito que os conducirá directamente a remotas y exóticas localizaciones, donde podréis llegar a sentir el calor, el salitre y el susurro del viento, no dejéis pasar los integrales de Theodore Poussin.

( * Si queréis leer esta reseña con imágenes sobre el cómic en cuestión para haceros una mejor idea de lo comentado podéis hacerlo en : http://dentrodellaberinto-jareth.blogspot.com.es/2013/05/theodore-poussin-el-integral-3-de-frank.html )

Escrita hace 8 años · 5 puntos con 1 voto · @Hamlet le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Poverello hace 8 años

Ummm... Me has convencido una vez más con tu 'comentario breve' (según tus propias palabras, jaja).

Excelentes viñetas. ¿Se pueden leer sin orden ni concierto? Es por ir a 'tiro dao', digo yo.

@Hamlet hace 8 años

Ya ves que la brevedad no es una de mis virtudes, jeje.

Si piensas leer algún Theodore Poussin te recomiendo leerlos por el orden de publicación de los integrales, ya que es una suerte de biografía aventurero-sentimental y por tanto el orden es importante. De esa forma no sólo verás a la serie ganar en ambición, audacia y calidad a medida que avanza sino que también podrás ver evolucionar al personaje, hasta el punto de conocerlo en la medida que se puede llegar a conocer a un personaje de tebeo.

Y sí, los dibujos de Le Gall son realmente preciosos.

Saludos, Poverello, amigo y gracias una vez más por tu atención!!

@Poverello hace 8 años

Gracias a ti, Hamlet, por tus reseñas y sacarme a algunos autores del ostracismo.

Un abrazo.

@Poverello hace 8 años

Terminé el segundo volumen y sólo por gozar el lírico y emotivo episodio de "El valle de las rosas", magistralmente dibujado a acuarelas, ya puede uno darse con un canto en los dientes. Creo que es uno de los mejores relatos, sobre todo a nivel artístico de los que he leído últimamente. Tal es el trabajo que requiere que Le Gall decide retomar su habitual estilo (nada malo, desde luego).

@Hamlet hace 8 años

Sí, Poverello, "El valle de las rosas" es un trabajo magistral y, probablemente, lo mejor o de lo mejor de la serie, que no es poco con el nivelazo general que tiene. Ahora a por el tercero, amigo, que ya verás tampoco te defraudará y es que Theodore Poussin es una serie estupenda, de autor, de esas que uno se extraña de que no sean más reconocidas entre los aficionados al cómic de por aquí; pero bueno, tiempo al tiempo.

Por cierto, a puntito estoy de acabarme los últimos "Blueberry" de la serie regular. Concretamente estoy con "Dust", ya realizado con Giraud a solas tras la triste desaparición de Charlier. No es lo mismo pero también esta muy bien. ¡ Y que grafismo ! Los tres siguientes que me esperan son los de la juventud de Blueberry realizados por Charlier y Wilson, que pintan francamente bien. Además me apetece mucho volver a ver a Blueberry vistiendo el uniforme yanqui.

¡Un saludo y me alegro de leerte de nuevo!