¡QUÉ VIENEN LOS FRANCESES! por Tharl

Portada de NAPOLEON EN CHAMARTIN

De forma algo artificial -como toda ruptura de la unidad- podemos destripar el Galdós de los Episodios Nacionales como un autor a tres niveles: nivel argumental, nivel histórico/social y anecdótico (hay quien los divide) y nivel ideológico. Estos tres niveles están fusionados con tal maestría que hay que conocer en bastante profundidad la Historia de España de la época para poder separar con acierto la ficción -personajes como el Gran Capitán, imagino- de los históricos. Aun así creo que en esta entrega es más fácil estructurar una breve reseña según esta distinción que con las anteriores.

“Napoleón en Chamartín” sigue el hilo y la calidad de la anterior entrega. Gabriel ya está formado como hombre, ya es un español digno de elogio, asique por ahora Galdós parece más interesado en la evolución de su relación con la virginal Inesilla que en la del personaje. Gabriel ha descubierto el abismo social que le separa de Inés y se propondrá -y pactará con Amaranta- dejarla libre, rechazar sus aspiraciones con ella. Estará por ver a lo largo de la novela hasta qué punto la providencia y su voluntad serán capaces de persistir en este noble propósito.
En este punto, son más que destacables todos los encuentros de nuestro protagonista con la soberbia Amaranta, la joya de los episodios. Igual de novelesco y noble es el engrandecimiento moral y la honra del menesteroso Gabriel en estos encuentros. Pero mucho más interesante me parece el nuevo rostro de Amaranta, algo que ya se nos adelantó en la entrega anterior. La intuimos como una persona desdichada, que sufre la rigidez de las obligaciones de su condición, que sufre por el estado de su hija y por no poder hacer nada por ayudarla, que padece al ver rescribirse su pasado en el rostro de su hija (suponiendo que su pasado sea el que yo imagino. De momento solo lo saben ella y Santorcaz, y probablemente su madre). Don Benito nos muestra a Amaranta como un personaje inteligente, admirable y soberbio dividido entre una tierna humanidad que padece las injusticia de la rigidez social y la tradición, y su sangre noble, digna hija de su madre, arrogante, intrigante y clásica.
Mientras tanto… ¡vienen los franceses! Y con ellos aparecen y reaparecen otros personajes.

El Gran Capitán, Pujitos y Mañara, reaparecerán para mostrar el fracaso de la defensa de Madrid. Tras la victoria de Bailén, la primera capitulación del Imperio, Su Majestad Imperial Napoleón Bonaparte al mando de la Grande Armée decide entrar en persona a España, llegar hasta Madrid, su corazón, y colocar a su hermano en el poder. Lo que parecía ser una victoria popular se torna en derrota y probablemente termine en Guerra Civil. Nos enteraremos de las derrotas españolas que secundaran el paso de su excelentísima hacia la capital: Espinosa de los Monteros y la batalla de Somosierra. A esta última, Galdós con su metódico buen hacer decide dedicarle un capítulo entero.
Mientras los generales y la junta discuten, mientras se andan en triquiñuelas infantiles, el pueblo de Madrid debe prepararse para defenderse por sí mismo. Hasta los ancianos habrán de luchar. Pero, sean las malas artes de Morla, la habilidad diplomática de Napoleón, quien evitó humillaciones, o simplemente la mala preparación y el decaimiento popular, es un hecho que Madrid resistió poco y mal. Nada que ver con el prodigioso levantamiento del 2 de Mayo, y Galdós así dedica a esta comparación dos o tres párrafos muy bien escritos.
El papel de Pujitos en esta función será la de representar el papel del valiente madrileño embravecido en un momento y decaído en otro; Santorcaz será el español vendido a los franceses y el Gran Capitán el héroe de la función. Será este quijotesco personaje el que protagonice -junto a algún otro momento cargante que le disculpamos- algunos de los más emotivos pasajes de la novela. Me refiero en especial a la tierna y patriótica despedida con su mujer. Digno de alago es también la habilidad del autor al retrasar el emotivo relato del final de nuestro héroe para la última página.
Por su parte Mañara, basado en un personaje real, representa la ligereza del pueblo en sus pareceres. A quien adoran hoy, como uno más, como el favorito de los suyos, mañana deshonran, si no linchan. Y de paso se intuye una trágica historia de amor, debido a esta misma inconstancia pero ahora en nobles y en cuestión de amores. Decente caracterización de la fogosa mujer española, Zaina. Así, vemos al pueblo de Madrid más ocupado en acuchillar y linchar traidores que en protegerse de los franceses. Mientas, los nobles -Don Diego, Santorcaz, y el mismo Mañara- entre vacuas arengas, seguirán únicamente preocupados por su ocio… nobles parásitos.

Tendremos el gusto de conocer también al padre Salmón, y al padre Castillo (posible alterego del autor). Y con ello entramos en la dimensión ideológica. ¡Llegan los franceses! Y con ellos no solo los afrancesados -¡por fin!-, sino también las medidas liberales. Mientras, “El Semanario Patriótico” ilumina al pueblo no solo con arengas patrióticas sino con una ideología liberal -calificativo, por cierto, de origen español-, por primera vez se hablará de “democratismo” en España.
Se planteará de cuestión principal sobre la Guerra de Independencia: ¿fue un movimiento popular reaccionario a los franceses y a la entrada del “progreso” y nuevas ideas, una lucha virulenta con el fin de proteger la inquisición, la monarquía y el Antiguo Régimen; o fue un movimiento nacional y reformista que ansiaba la reformulación de la nación pero por boca de los españoles y no de nuestros vecinos gabachos y su rey de Copas? Galdós la reconoce como una pregunta sin respuesta. Pero personalmente, y desde la ignorancia, me temo -como indica la alta proporción de liberales afrancesados-, que el movimiento surgió como indican los primeros, pero por el camino -y no sin parte que agradecer a los franceses- España descubrió el significado de la soberanía nacional, y el poder del pueblo, capaz de librar una guerra sin déspota alguno. Y menos si es un lameculos adulador del emperador, quasi-analfabeto y rencoroso, de cuyas habilidades y dotes dudaba hasta su padre.
Tendremos también un catálogo de la literatura política de la época a manos de Amaranta, y los dos clérigos. Catálogo que mezcla una pizca de tedio con una ingenioso perfilamiento de las motivaciones intelectuales y políticas de cada personaje, al que añade una de las mayores reflexiones de la entrega. Ya comentada en otro lugar.
Aprovechando los personajes de los dos clérigos, Don Benito entra también a examinar una de las cuestiones más peliagudas de nuestra historia moderna: las desamortizaciones. ¡Llegan los franceses! Y con ellos se abole la Santísima Inquisición -así arda en los infiernos-, el derecho feudal, los aranceles de provincias; se libera la industria, y lo que es más importante: se reduce a un tercio el número de clérigos y conventos. Polémica medida la de estos franceses que pretenden dedicar la mitad del espacio de Madrid a cuestiones de estado en lugar de religiosas. Ninguna de estas medidas, como señala Galdós, es novedosa y ya habían sido planteadas con anterioridad, solo faltaba ponerlas en práctica. Aquí Galdós, sin renunciar a sus creencias liberales, hace uso de su habitual empatía, mirada de observador, justicia y dotes de comprensión y nos muestra la realidad de estos conventos. Me quedo con su sintética frase, perdón, la de Gabriel, tras mostrar a qué dedican los honrados clérigos su tiempo: “Dios ha puesto de todo en el mundo, y así como no hay nada perfecto, tampoco hay cosa alguna que sea rematadamente mala”. Baste decir, sin entrar en discusiones históricas y religiosas que me superan sobre las sucesivas amortizaciones (me suena de oídas un tal Mendizabal, una “cuestión religiosa” y cierta polémica actual), que, si no me equivoco (algo más que probable), las medidas tomadas por estos decretos napoleónicos, serían repetidas en la Constitución de 1812.


Desde luego, Don Benito tendrá muchas cosas, pero admito su habilidad como novelista, la agilidad de sus episodios y el ritmo que alcanzan por momentos. Y desde luego he de admirar la maestría con que aúna estos tres niveles; su capacidad para situar a Gabriel con plena naturalidad en lugar idóneo en el momento correcto siempre que es necesario; y sobretodo, sus tiernas dotes de comprensión y justicia para sus personajes, los problemas de España, sus polémicas y puntos de vista, huyendo siempre de las demonizaciones a las que los “valientes y honrados; fogosos y rencorosos españoles” estamos acostumbrados.

Escrita hace 8 años · 4.8 puntos con 5 votos · @Tharl le ha puesto un 6 ·

Comentarios

@sedacala hace 8 años

Te estás dando un baño de Historia de España "qué paqué". Está bien tú reseña, es bastante instructiva para mí que me quedé en el primer capítulo: Trafalgar.

@Faulkneriano hace 8 años

Coño, Tharl, estás crecido.

De esta novela, sólo me acuerdo de un puñado de chiflados y pobres gentes defendiendo los muros de Madrid, una imagen poderosa que dice mucho de que Galdos no siempre era tan "políticamente correcto" como se insinúa. Su vena esperpéntica (por usar de una anacronía, porque el esperpento todavía no se había inventado) aparecerá con fuerza en los episodios finales.

De acuerdo con lo de Amaranta, sin duda uno de los personajes más logrados de la serie. Gabriel tiene que ser el héroe "positivo" y su psicología es menos compleja, con todos sus esfuerzos dirigidos a conseguir el amor de Inés pero (y esto es interesante) mirando con el rabillo del ojo sus posibilidades de ascenso social y de superación personal. Amaranta es mucho más turbia y a la vez más compleja.

Entre el "donoso escrutinio" del que hablábamos y el personaje del Gran Capitán bien puede hablarse de una novela "quijotesca", lo que se evidencia también en su lenguaje, bastante arcaizante a propósito. Creo, no obstante, que es un episodio "de transición" donde pasan pocas cosas decisivas.

Cierto que Gabriel se las apaña para estar en todos sitios a la vez, privilegiándose su punto de vista. El sistema hace crisis en Zaragoza: el autor se las ingenia, algo forzadamente, para colocarle en pleno asedio pero, para dar un descanso al gaditano y no tensar mucho la cuerda de la credibilidad, éste no aparece en Gerona, volviendo con renovadas fuerzas en Cádiz, un episodio crucial.

Lo dicho, mis felicitaciones más sinceras. Se trata de una lectura histórica en toda regla.

@Tharl hace 8 años

Gracias a ambos por los comentarios!
Sí que me estoy dando un baño de Historia sí. Ese es uno de los motivos por los que he retomado la saga. Me empecé a leer “Paz en la Guerra” de Unamuno. Entre que es Unamuno; su única novela, que no nivola; y el juego de palabras con la obra de Tolstoi, tengo unas locas por leerlo. Pues bien, comencé a leerlo y en las primeras páginas hacían un repaso tal de la Historia de España en el que me encontré tan, pero tan, perdido para seguir la trama que decidí posponer la lectura. Observe también cierta influencia galdosiana. Decidí meterme entonces en nuestra amiga Wikipedia para ponerme al día y entre unas cosas y otras me volvieron con fuerza las ganas de seguir con las aventuras de Gabriel.

Lo cierto es que he llegado a un punto curioso con los Episodios en que me atrapan casi más por su interés histórico (ideológico, social, etc.) que por el literario (argumento y estilo), sin desmerecerlo en absoluto y resaltando de cada episodio siempre un par de momentos especialmente brillantes y sin olvidar que esta separación es puramente artificial.
Otro fenómeno curioso que nunca me había pasado hasta ahora es la forma en que estoy disfrutando en la lectura de observar las herramientas novelísticas del autor, que son muchas. Generalmente, atrapado por el estilo, me dejo llevar en estos aspectos sin ser consciente de ellos, con Galdós no me pasa y disfruto enormemente fijándome en cómo y por qué hace cada cosa.

De momento, desde hace un par de libros no he vuelto a ver en Gabriel ese mirar por el rabillo del ojo sus posibilidades de ascenso social, pero estaré más atento en el futuro. Sería interesante y le daría más vida al personaje.

A propósito del lenguaje, ¿su uso arcaizante se limita a este capítulo o a todos los episodios? Desconozco el castellano como para darme cuenta de estas cosas, pero sí había notado - ya lo comentaba con sedacala- un lenguaje algo arcaico, algo que achaqué a la época de Galdós y a su recreación del habla de los personajes más que a otra cosa.

En cuanto a lo de Gerona, me has metido una curiosidad inmensa por saber cómo se las apaña Don Benito para narrar ese episodio sin su protagonista. Jamás me lo habría imaginado.

Nos vemos en Zaragoza!

@Hamlet hace 8 años

Fantástica reseña, Tharl. ¡ Estas que te sales !
Al igual que Sedacala, yo me quede en Trafalgar, que, como ya sabes, me gusto mucho. La verdad es que leyendote me entran unas ganas terribles de continuar con estos "episodios" en el futuro y ver que ha sido de Gabriel ( aunque tus reseñas me tienen bien informado de sus andaduras)
Saludos a todos!!! ( y disculpad la falta de acentos pero es que escribo desde la tablet y no me aclaro )

@Faulkneriano hace 8 años

A propósito del lenguaje "arcaizante": éste es más acusado en algunos episodios, sobre todo los de la primera serie, porque la distancia temporal es mayor. Es un poco el caso de Dickens, que siempre fechaba sus historias veinte o treinta años atrás y le daba así cierta pátina.

Y, como Dickens, Galdós es un maestro del lenguaje, sobre todo en la recreación de los lenguajes populares. Esto se ve más claro en sus novelas "contemporáneas" como Miau, Fortunata y Jacinta o Misericordia. La recreación que hace en estas dos últimas, sobre todo, del habla "popular" (a veces abiertamente lumpen o, al menos, marginal) ha sido justamente objeto de estudio. Es lo que los tratadistas llaman el "decoro", la adecuación del diálogo a la situación sociocultural de los personajes, algo que hoy suele olvidarse o hacer rematadamente mal, impostando la voz o introduciendo jergas muy artificiales.

@Poverello hace 8 años

Pues ahora que estoy leyendo Los miserables no puedo evitar la referencia a lo que dices, Faulk, sobre el lenguaje. Hay capítulos donde el uso del caló de la gente marginal (lo llaman así, como el habla del pueblo gitano, curioso) es brutal y no te enteras ni de qué están hablando. Y encima no lo traducen en mi edición (¿?).

@Faulkneriano hace 8 años

¿Caló? ¿En Los miserables? Será el argot de las clases populares parisinas... Pues nada, si te lías, te ves la película, que hablan en un inglés más que correcto y además cantando.

@Poverello hace 8 años

Sí, sí, eso es, pero no te enteras de nada. Mi pensamiento es ver primero la de Depardieu (en francés y no sé si caló, dúdolo).

En 'Slumdog Millonaire' también hablan un inglés correctísimo en versión original. Para ser un tipejo de los barrios bajos es cuanto menos irrisorio.

@Tharl hace 8 años

¿!¡? Qué raro lo del Caló. No recuerdo bien lo del lenguaje que comentas en Los Miserables porque lo leí hace muchos años, pero se me hace raro que lo llamen así. A lo mejor es cosa de la traducción y en francés tendrá una forma propia distinta.
Por cierto, las películas no tienen nada que ver con la novela. Te darás cuenta de que es inadaptable.

Con el lenguaje de Galdós, desde luego se nota que la recreación del habla de los personajes es una de sus mayores habilidades. No se cuánto lo perfeccionará en las obras que comentas pero en los Episodios… se nota bastante. A veces no puedo evitar pensar que se pasa un poco, pero tal vez fuera así en realidad (estoy pensando en las múltiples “porras” de los zaragozanos. Él era perfectamente consciente de este don y -al menos en los episodios- los diálogos ocupan la mitad de las páginas, o más.

Un abrazo a todos!

@Poverello hace 8 años

Pues ahí un capítulo enterito dedicado el susodicho y que se titula así: El caló (al principio pensé que se refería a la temperatura del verano, como soy 'andalú'. Parece que se llama así, investigué y todo porque me resultaba raro, pero no, hasta Cela habla de dicho 'idioma' pandillero.

Lo de inadaptable no lo veo yo tan difícil, solo que sería una trilogía. Si la cogiera Jackson que ha hecho una de el minúsculo libro de 'El Hobbit' seguro que hace una saga.

De Galdós estoy deseando meterle mano a Trafalgar, pero no acabo de hacerlo por la infinidad de lecturas pendientes, y también mi idea es Fortunata y jacinta (otro tochaco), pero es como para ti, creo, una obligación moral, aunque lo más probable es que me guste.

Y como dice Hamlet, sigo todas tus reseñas de los Episodios, así que ya me sé el peripl9o andante de Gabriel como si me los hubiera leído.

Abrazos a todos

@Sueiro hace 8 años

Hola Tharl,

Llevo interesado en Galdós desde que estudié la Guerra de la Independencia en el instituto pero todavía no me he leído ninguno de sus episodios. Habiendo reconocido mi falta, me hubiera gustado que en tu reseña fueras más conciso en relación a cómo adapta el escritor el contexto, el drama y la situación de los personajes -como bien haces al final- en vez de escribir un resumen de la obra al uso. Lejos de ganarme la fama de criticón y sabida de tu experiencia con las páginas de Benito, te agradecería que me ofrezcas motivos por los que realmente merezca la pena dedicar horas de lectura (y estudio) a su voluminosa obra. ¿Realmente es un texto ágil como afirmas?

Por otro lado, planteas el supuesto progreso que la invasión francesa -y digo invasión porque fue una ocupación engañosa en toda regla- hubiera ¿instaurado? con Pepe Botella. Por desgracia hay que admitir que la Monarquía/Iglesia y sus duras instituciones dominaban el pensamiento de la sociedad en tantos aspectos que solo de pensarlo. Pero no hay que olvidar que rápidamente se puso en marcha un proceso de libertades que desembocarían en la Constitución de Cádiz, tristemente apuñalada por un rey que encima demandaba el pueblo. Si como dices Galdós plantea el dilema moral de afrancesados vs arraigados como un problema sin respuesta y sin posicionarse me quito el sombrero, pues siempre pensé que sus letras vomitaban sobre Napoleón dada su fama de costumbrista.

Como ves, mi comentario está más destinado a solicitar consejo que e a criticar tu elaborada reseña.

Saludos.