UN PIJO REBELDE por sedacala

Portada de MAÑANA EN LA BATALLA PIENSA EN MÍ

Javier Marías me parece un muy buen escritor, de novelas con trama convincente y estilo seductor, que se leen con interés y que deben ser las claves de su éxito como novelista (conozco ésta y CORAZON TAN BLANCO).

El escenario en el que transcurre esta novela, es una sociedad urbana actual ubicada explícitamente en Madrid, y desarrollada en los barrios acomodados de la ciudad en los que sus personajes, gentes de buena posición que viajan con frecuencia fuera de España (uno de los personajes hace un viaje a Londres determinante en la trama), viven inmersos en las tensiones que sus relaciones sociales les procuran, que son muchas y complejas. La novela tiene un narrador que participa en la acción de manera principal, y por lo tanto interviene en los hechos y simultáneamente nos los cuenta. Este hombre, habla en primera persona y no se contenta con ser protagonista y narrador, sino que también quiere ser comentarista, crítico, filósofo, abogado, juez, y, por que no, un poco lector también, todo ello a través de una especie de monólogo continuo, en el que quien lee tiene la sospecha (está en su mente la imagen de Marías como columnista y como el escritor controvertido que es) de que el autor nos está introduciendo en su propio mundo particular y teme que ese protagonista tan participativo que es el eje de la novela, sea un alter ego del propio Javier Marías.

Cuando empieza la novela, se tiene la sensación de que su monólogo lo es al estilo interior de Joyce o Woolf, aunque suavizado por un manejo ortodoxo de las herramientas de sintaxis y ortografía habituales, que permite seguirlo todo correctamente sin hacerse líos. Según avanza la historia, se advierte que ese método tan intimista deriva hacía el soliloquio escénico, en el que su personaje se abre a los que le rodean (los lectores) y trata de analizar para ellos los hechos que se suceden en la novela, desmenuzando lo ocurrido hasta límites insospechados, estableciendo posibles pautas futuras hacia las que él supone que derivará la acción, describiendo sus personajes hasta modelarlos a su conveniencia y debatiéndose entre las distintas posibilidades de actuación que él mismo tiene como personaje activo que es. Todo ese magma retórico en el que nos sumerge está formado mayoritariamente por elucubraciones que la mente del protagonista elabora de manera ininterrumpida mientras se mueve por Madrid. En ese ámbito callejero, evalúa, sopesa, juzga y determina una gran cantidad de variables que afectan a su periplo urbano; a la relación que mantiene con su ex mujer; a ese amigacho con el va al hipódromo los domingos; a la fulana con la que entabla una tortuosa amistad; a los fantasmas que le persiguen sin dejarle dormir; o, por fin, a la propia deriva del argumento de la novela. En esa elucubración suya, intervienen sabiamente esparcidos algunos elementos que sin duda son del gusto del ciudadano Marías (perdón por el estilo jacobino), quiero decir detalles gratos a la persona del escritor que éste no duda en meter de por medio. Me refiero a su afición por el fútbol (es del Madrid); o a su gusto por el toque urbano-costumbrista, recreando algunos espacios de las calles que considera reseñables o que le evocan algún recuerdo de su infancia; o por la tendencia (a veces exagerada) a desarrollar razonamientos, o casi tesis, sobre temas lingüísticos en muchos casos vinculados al inglés o al francés (es sabida la proliferación de personajes suyos dedicados a la traducción); o también por su devoción a involucrarse y opinar sobre la forma de vestir en general y en particular de la de las mujeres, y así podría mencionar unos cuantos temas más que ahora no me vienen a la cabeza, por los que tiene predilección y que en la mayor parte de los casos son bastante interesantes.

La novela bien podría dividirse en tres partes. En la primera prevalece el interés por el planteamiento de la trama, mezclado con un monólogo interior en el que reflexiona tratando de encontrar la forma correcta de proceder. La última parte, es parecida a la primera en el sentido de que el desenlace de la trama le aporta casi todo el contenido, aunque la deriva de sus razonamientos va más dirigida al exterior que a su mundo interior. La parte central que es también la más extensa, y quizá la menos entretenida, contiene en estado puro la forma de hacer de Javier Marías que he tratado de explicar más arriba: una mezcla de elementos con los que divaga y elucubra sin descanso. Si a todo este conjunto, le añadimos una prosa verdaderamente efectiva en el cometido de entretener e incluso avivar el espíritu del lector, el resultado es como un pastel con la guinda encima. En conjunto, es pues una novela que se acerca bastante a la perfección al tener todos los ingredientes necesarios para alcanzarla. Tiene un argumento interesante y entretenido, tiene unas maneras de escritor inteligente, agudo y observador que sabe avivar la lectura, y tiene la utilización de un lenguaje que a la vez es sofisticado y fácil de seguir. Para terminar, convendría indicar cual es el tema de la novela aunque sólo sea de manera genérica. Su argumento gira básicamente alrededor de la mentira, o si se prefiere, el engaño y todo aquello hacia lo que conducen ambos conceptos: la ocultación, el disimulo, la vergüenza, la hipocresía, el fingimiento, incluso el ridículo; cuestiones todas ellas, que dan mucho juego para elaborar ese estilo, entre observador y filosófico del escritor, que he tratado de describir con anterioridad.

De todo lo dicho, parece deducirse que ya terminé esta reseña y que le voy a poner un nueve, cuando la realidad es que aún no la he terminado y le voy a poner un ocho y eso con dudas entre el siete y el ocho. ¿Como se explica esta aparente contradicción? La verdad es que tal contradicción se debate en mi propia mente, por que yo mismo dudo entre la posición del lector entregado que ha leído la novela satisfactoriamente, y la del que aun habiéndole gustado no le ha satisfecho del todo. Es decir, que hay en la novela algo que me cuesta identificar y que me deja un poco frío y tengo muy claro que ese algo estaba también contenido en CORAZON TAN BLANCO y sospecho que es parte inseparable de la obra del escritor. Después de pensar un poco en ello creo que la cosa tiene que ver con la sensación ciertamente depresiva que produce palpar, en un ambiente que es el mío con personas que son como las que yo conozco y en barrios que sabría reproducir de memoria, palpar, decía, esa negatividad que transmiten sus personajes como consecuencia de un modo de vida que no llega a ser satisfactorio, en sentido moral quiero decir, convirtiendo así la existencia en algo demasiado vacío, demasiado desprovisto de contenido, demasiado inútil. Es un pesimismo, que va incluido en el mismo paquete en el que se encuentran todos sus aciertos como novelista, sus interesantes argumentos, su eficaz manejo de la lengua y sobre todo una faceta suya con la que tengo mucha afinidad: su perspicacia y sus dotes de observación del entorno, lo que es bastante lógico en alguien de mi generación (nació el mismo año que yo) y de un estrato social próximo al mío. Lo que pasa es que en esto del pesimismo, y también en su afición polemista, se cambian las tornas y me resulta mucho más distante. En fin, que en su libro prevalece lo bueno a pesar de que en el haya visto alguna leve sombra que, eso sí, fue leve pero devastadora y consiguió finalmente dejarme algo destemplado

Escrita hace 8 años · 4.7 puntos con 9 votos · @sedacala le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 8 años

Curioso lo de tu desazón final, sedacala, después de tu bien ponderada crítica. La comparto. Marías siempre me ha parecido un buen escritor distante, ya lo he comentado alguna vez, que dejó de tener interés para mí con Tu rostro mañana, esto es, en 2002, ya hace una década. Distante y atildado: le respeto, unas veces más que otras, desde la distancia que él mismo impone. muy medido todo, muy cerebral. De esta novela me encantó el comienzo y me gustó bastante menos el desarrollo. No la recuerdo, y eso no es buena señal, aunque si le puse un siete por algo sería. Vaya, lucero, que no es mi autor favorito.

Curioso lo del año de nacimiento. El mío no es demasiado lucido: Matilde Asensi, Martín Casariego, Tracy Chevalier, José Luis Corral, Mark Haddon (el del perro), Elvira Lindo, Jesús Sánchez Adalid... la cosecha no es para tirar cohetes. A Luisge Martín y a Javier Cercas (al que conocí justo antes de escribir Soldados de Salamina) los respeto un poco más. Me intriga que naciera el mismo año que David Foster Wallace (al que me he asomado con recelo, dado lo rotundo de La broma infinita) y que Chuck Palahniuk (al que no tengo el gusto): quizá esté condenado a leerlos. Aunque al fin y al cabo, esto de las efemérides no es más que un pasatiempo: también naci en el mismo año y en el mismo lugar que Robe Iniesta y no toco un disco de Extremoduro ni con una vara de dos metros.

Pues eso, que a mí Marías también me destempla, aunque quizá no por las mismas razones. Ahora que lo pienso, curioso lo de los comienzos: de Corazón tan blanco sólo recuerdo el comienzo, y desde luego, me parece una buena frase para empezar una novela...

@sedacala hace 8 años

Shakespeare, off course.

@Faulkneriano hace 8 años

Of course, por el título. Aunque mi frase favorita de Macbeth, absolutamente desarmante, es: "No pensaba que un viejo pudiera contener tanta sangre".

Yo me refería a la frase del comienzo de la novela: “No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola...”

@Poverello hace 8 años

De nuevo excelente y refelxionada reseña, sedacala. No tengo el gusto de haber leído nada de Javier Marías. De hecho creo que ni tan siquiera coloqué nada en mis pendientes, tal vez porque siempre se habla de él con ese distanciamiento como novelista.

Respecto a los autores con quienes comparto dígitos corramos un es-túpido velo, no vaya a ser que me quede con Marilyn Manson. En fin... será una especie de destino.

@Poverello hace 8 años

En primer lugar, tu reseña, sedacala es acertadísima y un placer leerla. Como lectora de J.M. no la podría haber escrito mejor. Creo que mi aficción por este escritor, muy poco conocido en Argentina, es justamente esa distancia atildada, ese pesimismo polemista e intelectual, unido a sus divagues filosóficos, es lo que me subyuga. Seguir sus elucubraciones a veces se hace pesado, como en La negra espalda del tiempo y en varios pasajes de los libros de Tu rostro mañana, al igual que los reiterados pasajes referidos a la historia española.
Creo que Corazón tan blanco y Mañana en la batalla son las mejores "novelas" de J.M. La he dado a leer a mi hija (16 años) y la ha disfrutado mucho....o sea que no es generacional!
Disfruto los intercambios y Pove, a leer a Marías y a deleitarme con tus reseñas también. Yo estoy debiendo dos reseñas y me estoy poniendo como @Faulkneriano (una cada muerte de obispo). Saludos a todos

@lucero hace 8 años

Soy yo, que me fuí y cuando volví, el sistema me sacó..perdón

@Faulkneriano hace 8 años

Pues no te quejes, poverello, porque Marilyn Manson es un tipo curioso donde los haya: eso sí, a mí me daba un poco de grima, pero eran puros prejuicios de niño tardofranquista. Creo que le gusta mucho Guerra y paz...

Lucero, me ha hecho mucha gracia lo de la muerte de obispo: aquí, la verdad, tardan bastante en morirse. Es verdad que no me prodigo mucho con las reseñas: espero siempre algo que me llame mucho la atención, porque odio reseñar lo que no me gusta ni lo que me deja templado (o destemplado) Prefiero meterme en las reseñas de los demás (sedacala lo sabe bien) aunque, pensándolo bien, quizá sea un poco descortés entrar en los huertos de otros. Y tu hija debe ser buena lectora (¿a quién saldrá?) porque no es una fácil lectura para un adolescente. Marías, por lo que sé, es más conocido y premiado en Europa que en América Latina: pero aquí, por lo que veo, le ha salido una fiel seguidora argentina.

¿Alguien ha leído Los dominios del lobo? Marías la escribió con 19 años, empujado por Juan Benet y sus amigos, en la época en que estaba un día sí y un día también en casa del autor de Volverás a Región, hecho un golfillo. En algún sitio he llegado a leer que el jovencito Marías se ponía a dar volatines y saltos mortales y Benet pasaba todo serio la gorra a los transeúntes, pero vete tú a saber. La novela evidencia una seguridad absoluta en sus propios recursos, una desfachatez suprema y divertida, un gusto por el cine y la mítica hollywoodense y un excelente estilo, todo impensable en alguien que no había cumplido los veinte años. Desde luego, el chico prometía.

@sedacala hace 8 años

Decía Faulkneriano en su comentario, que no recuerda bien el contenido de esta novela, lo que, según él, no es buena señal. Estoy muy de acuerdo con esa idea, a mí me pasa lo mismo con Corazón tan blanco, y en general creo que es un indicador muy significativo de la trascendencia real de cualquier novela, más allá de la valoración momentánea que a veces puede no ser del todo fiable; así, el transcurso del tiempo se convierte también en juez. Sin embargo, sí recuerdo perfectamente el estilo de su autor o, podríamos decir, su manera de hacer, y esa, sí que es inconfundible y en Mañana en la batalla… la he vuelto a reencontrar indubitablemente.

Es evidente que mi afinidad, tal como mencionaba en la reseña, con esa manera suya de escribir haciendo comentarios sobre las cosas que le llaman la atención, en realidad no tiene que ver con la coincidencia de haber nacido en el 51, aunque algo influya. Tiene mucho más que ver, con una forma de CONTEMPLAR el mundo similar, producto tal vez de una educación parecida, de un medio ambiente parecido o simplemente de una coincidencia de gustos. Pero creo que le perjudica bastante, una cierta componente de autosuficiencia que tiene su carácter, que, en general, no agrada a mucha gente. Tengo la sensación, que es de esos autores con grupos bien definidos de partidarios y detractores.

Por último señalaría, que decidí leer este libro por que me parece un deber para con los autores de ahora mismo, a los cuales tengo abandonadísimos por mi tendencia a leer obras consagradas de otras épocas (vengo ahora de la biblioteca con un libro de Lorenzo Silva). Pero es que tengo siempre la sensación, de que lo antiguo trasciende y lo actual es banal y en ese sentido debo reconocer, que a Javier Marías lo leo casi como si fuera un clásico, no sé si por su estilo o porqué.

Gracias por vuestros elogios. Un saludo a todos.

@sedacala hace 8 años

Lo anterior lo escribí antes de leer el último comentario de Faulkneriano; ahora escribo, después de leerlo:

Ya sabes que puedes y debes meterte en mis reseñas tranquilamente; el caso es que me llamó la atención aquello de que no es una lectura fácil para adolescentes. Mira, en eso no estoy de acuerdo, yo creo que se lee perfectamente, otra cosa distinta es que te gusten o no el contenido de sus digresiones. En cambio, si que me plantearía muchas dudas la posible asimilación de su texto por un lector latinoamericano, por que ese gusto suyo por las cosas propias de la ciudad o de las costumbres, puede entenderse como una especie de localismo, que sea más difícilmente entendido a distancias oceánicas. Pero si Lucero dice que a su hija le gustó, es que tampoco debe ser así.

Lo de la “seguridad absoluta en sus propios recursos” puede entenderse como soberbia o autosuficiencia, pero está claro que también contribuye a hacer de él un escritor muy bueno.

Volviendo a esto del castellano de aquí y de allá, Lucero, tengo la curiosidad de saber si entendiste el sentido de la palabra que forma el título de la reseña. ¿Conoce un argentino, el sentido que un español de hoy le da a la palabra PIJO?

@lucero hace 8 años

Con ese término me topé en Ultimas tardes con Teresa , el famoso Pijoaparte, y busqué el significado, aunque por esas cosas del uso cotidiano, cambiante también ( quizá tenía un significado diferente hace unos años que ahora..), se me escapa un poco. De modo que abro el diccionario español-castellano rioplatense y escucho ofertas, amigos hispánicos!

@lucero hace 8 años

Creo que Marías tiene una, por así decir, una intangibilidad argumental : tienen más peso en su obra las disgresiones, comentarios y observaciones que LO QUE cuenta, no hace novelas en el sentido lato de la palabra. En general es escaso lo que narra, o lo usa como recurso para divagar.
Los dominios del lobo, lo tengo pendiente, y es verdad que J.M. me llevó a Juan Benet, del que leí de un modo incompleto una novela ( no me acuerdo el título) de la que constaté la indudable influencia que tiene en nuestro escritor.
Tan pedante es?

@Faulkneriano hace 8 años

¿Quién, Lucero: Marías o Benet?

@sedacala hace 8 años

Cuando hoy, en España se utiliza este término, se le da un sentido que se aproxima bastante a la primera acepción del Diccionario de la RAE:

Adj. despect. coloq. Dicho de una persona: Que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta gustos propios de una clase social acomodada. U. t. c. s.

A eso hay que añadir, que en lenguaje coloquial tiene un sentido peyorativo de persona más bien joven excesivamente atildada que se hace notar negativamente en cualquier ambiente social, excepto evidentemente, en el suyo propio. Es un término muy actual, que viene a significar algo parecido a lo que otrora se hubiera llamado: hijo de papá, pollo pera, señorito, o incluso petimetre. Es obvio, que aplico el vocablo a J. M. por una asociación, tal vez, demasiado alejada e imprecisa y también un poco para resaltar el contraste de esa denominación conservadora con su carácter rebelde y de izquierdas.

Coincido totalmente contigo en la idea esa de que en sus novelas tienen más peso sus digresiones, comentarios y observaciones que la trama como tal, que apenas si es una excusa para desarrollar lo otro. Aunque hay que recalcar que en la novela Mañana en la batalla…, la trama está muy conseguida.

Supongo que al decir lo de la pedantería, te refieres a Marías. Benet de eso tenía poco, creo yo. Marías en cambio, no creo que se le pueda calificar de pedante; lo que pasa, es que escribe de manera tal que su estilo está permanentemente al borde de ese defecto y puede que en algún momento se le vaya el pie y penetre de manera momentánea en ese campo.

@lucero hace 8 años

De Jaun Benet sé muy poco, Faulk, casi acometo Herrumbrosas lanzas, y me asusté por la reseña de nuestro amigo. Tengo que leer más.

@Poverello hace 8 años

Yo tengo a Benet en la recámara, como a decenas, sniff. Sólo leí de él 'En la penumbra', y me encantó, la verdad, aunque es verdad que es 'rarito' y muy difícil de captar por dónde van los tiros.

@lucero hace 8 años

Creo que era En la penumbra el libro que dejé en la mitad, el que trata de un curioso mensajero que llega a una casa donde una dama mayor guarda un histórico secreto familiar que no llegué a develar.....quedé en la penumbra.......

@Poverello hace 8 años

Vaya, pues ese es, lucero, ese justito. Pero vamos, que si no recuerdo mal ni terminando el libro se desvela el secreto familiar. Muy propio de Benet.

@lucero hace 8 años

Pero está maravillosamente escrito y allí se puede ver la influencia que ejerció en J.M. Lo sigo?