SWORD & SORCERY por Hamlet

Portada de ESPADAS Y BRUJAS

*En el principio estaba Frank Frazzeta. Al menos en el descubrimiento por parte de Esteban Maroto, allá por los 60, del género de Sword and Sorcery, más conocido en nuestras tierras por aquel entonces como Espada y Brujería y que muchos hoy llaman Fantasía Heroica o Épica. Este subgénero literario, aparecido a finales de los años veinte en la revista pulp "Weird Tales", se caracteriza por narrar las aventuras y lances amorosos de aguerridos héroes en mundos con resonancias medievales y ciertas reminiscencias orientales, donde la magia y lo sobrenatural están siempre a la vuelta de la esquina. Su principal exponente y fundador es el célebre Robert E. Howard y, sin duda, el personaje más icónico de este tipo de subgénero es su más conocida creación, Conan el bárbaro.

Si bien es un subgénero que posteriormente se ha metamorfoseado y diversificado considerablemente, si que es cierto que en un origen la Espada y Brujería tenía como canon ineludible el universo howardiano. Luego llegó Tolkien inaugurando un nuevo y exitoso rumbo. Pero esa ya es otra historia.

Como comentaba antes, en el principio estaba Frank Frazzeta. El mismo Maroto así lo recuerda en este integral, cuando explica que su primer acercamiento y enamoramiento del género vino de las fascinantes portadas de las novelas de Conan, realizadas por Frazzeta. A partir de aquí todo era cuestión de tiempo. En el año 1969, Luis Gasca le pidió a Maroto una idea para una historieta a publicar en una revista y así nació Wolff, la primera incursión del madrileño en el género.

A éste le seguirían Dax, que en un principio nació con el nombre de Manly, y por último Korsar. Todos ellos itinerantes guerreros bárbaros con pequeñas variantes entre sí.

El tomo integral de EDT reúne en una lograda edición las aventuras completas de estos tres personajes, con algunos extras como el prólogo de Juan Miguel Aguilera, textos del mismo Maroto sobre su obra, portadas de ediciones originales de los personajes, e incluso un divertido artículo de ¡Roy Thomas!, el célebre guionista de los cómics de Conan y tantas, tantas otras historias del sello Marvel. Y es que que una celebridad internacional como Thomas dediqué un texto de dos páginas para está edición no es casual. He de reconocer que aunque yo no lo conocía hasta la fecha, Maroto es un autor con una trayectoria nacional e internacional importante, que no sorprende o extraña cuando uno contempla alguna de sus espectaculares páginas. Los amantes de las curiosidades descubrirán con esta edición cosas como que, por ejemplo, fue él quién diseño el conocido "bikini de hierro" de Red Sonja.

Las primeras 62 páginas del volumen recogen las aventuras del bárbaro Wolff que de regreso a su poblado topa de bruces con la más horrible cara de la muerte y la desesperación. Su poblado ha sido arrasado y el único superviviente de su tribu parece ser un viejo anciano que, cubierto con las pieles de un lobo, explica al guerrero lo sucedido. Le cuenta que, en su ausencia, llegaron al poblado los espíritus de los brujos buscando víctimas para sus horripilantes ritos satánicos, exterminando hasta al último de la tribu. Pero el furibundo Wolff, misteriosamente, oye algo que desafía a las desoladoras palabras del anciano. A su mente acude la sobrenatural llamada de su amada Bruma, pidiéndole ayuda, así que no duda en lanzarse a la peligrosa búsqueda de los brujos en pos de supervivientes.

El ciclo de Wolff explica, a través de diversos capítulos y micro-aventuras, el arduo periplo de este guerrero hasta conocer el destino de los suyos. Su viaje le llevará a trabar encuentros con terroríficas criaturas, escalofriantes deidades y brujos, y bellas y misteriosas mujeres, siempre escasas de vestuario. Vamos, que en este sentido Wolff ofrece todos los ingredientes esenciales y característicos del género.

El procedimiento de trabajo en Wolff, tal y como nos refiere su autor, consistía en que Maroto dibujaba lo que le apetecía a partir de una pequeña sinopsis de su propia creación y Luís Gasca, bajo el seudónimo de Sadko, escribía los textos finales. Un procedimiento que muestra claramente el espíritu de la obra y su principal valor: la libertad creativa visual de Maroto para recrear remotos mundos de ensueño y barbarie.

Leyendo Wolff se nota ese talante un tanto "anárquico" de la narración sin que ello sea un problema. Principalmente porque el lector ve secuestrada su atención por las maravillosas escenas gráficas salidas de la tinta de Maroto. El argumento, que es bien sencillo, se acaba convirtiendo en una suerte de excusa o motivo con el que hilvanar las fantásticas imágenes, lo cual no significa que la historia carezca de sentido y dramatismo.

Los diálogos y textos de apoyo, pese a la sencillez argumental, están bien escritos y reproducen ese estilo barroco característico de las novelas de Howard y los cultivadores del género. Además, ayudan a reforzar la atmósfera lograda por el dibujo y a orientar al lector en el argumento, explicándole en algunos casos lo que acontece. En nada que uno se fija se da cuenta que abundan más este tipo de textos funcionales literarios, de voz en off, que los diálogos propiamente dichos. Y es que se percibe claramente esa orientación literaria del cómic y el procedimiento de trabajo del que es fruto.

Otro de los aspectos llamativos, y también propios del género, es que a excepción del personaje protagonista nadie está verdaderamente a salvo en estas historias. La muerte asoma por todas partes para los personajes secundarios, con los que no se tiene ninguna piedad.

Cuando uno lee una narración de este tipo, y más si se trata de un saga, sabe que por muchos que sean los peligros que acechen y flirteen con el protagonista éste acabará superándolos. Es lo que se espera y tácitamente se acepta. Da igual el saber de antemano que lo conseguirá porque lo que prima es disfrutar con la superación en si misma, con la forma y las imágenes que esta lucha con el peligro posibilitan, con el espectáculo de la acción y la aventura. Sin embargo, eso no significa que los personajes más "prescindibles" puedan acogerse a esta regla, ya que todos ellos constituyen una apreciable posibilidad para reforzar esa idea de mundo bárbaro, despiadado y crudo. Una realidad darwinista en su más primitiva formulación, en la que únicamente el más fuerte sobrevive.

Maroto en Wolff comenzó a trabajar su estilo dentro del género. Su base es realista, siguiendo la estela de Frazetta, Raymond, Foster y algunos otros, pero supo darle la suficiente flexibilidad para adaptarla a la riqueza inventiva que requiere el fantástico. Y ello no significa únicamente dibujar calaveras, criaturas y mujeres de ensueño. No. También significa crear unas planchas ingeniosas desde el punto de vista de la composición, donde la imaginación y la magia transpiren desde el papel, y donde la realidad solo sirve de base desde la que edificar fantasías.

Pienso que Maroto entendió eso a la perfección, ejecutándolo por si fuera poco con plena maestría.

A lo largo de todo el integral, y no sólo hablo de Wolff, va modulando su trabajo de tal manera que al finalizarlo uno cree haber asistido a una magistral clase de las inmensas posibilidades del blanco y negro. Los recursos de Maroto son tan amplios en este sentido que sólo puedo conminaros a que lo comprobéis por vosotros mismos.

Cierto es que el bestiario de criaturas por él creadas no son especialmente ingeniosas desde el punto de vista del diseño ( muchas de ellas recuerdan dinosaurios o iguanas), pero lo solventa con la creatividad de sus composiciones.

El segundo protagonista del integral es Dax, un bárbaro en este caso rubio, con un toque más refinado que Wolff pero que sigue respondiendo totalmente a las señas e idiosincrasias de este tipo de personajes.

Personalmente Dax, y aún con lo que me ha gustado Wolff, supone una evolución positiva de Maroto en el género. Visualmente sus páginas parecen más detalladas, más refinadas, menos toscas, que las de su antecesor.

A nivel argumental también la mejora es apreciable, ya que pese a su carácter deslavazado las historias de Dax son más ingeniosas, más ricas en matices y referencias. Son episodios autoconclusivos en los que Maroto en pocas páginas explota buenas ideas, sacándoles todo el jugo desde el aspecto visual pero también narrativo. Son historias atmosféricas, sencillas, pero impactantes. En muchas de ellas juega con referentes clásicos de la cultura mediterránea, a los que les sabe dar un nuevo rumbo sin perder su atractivo y encanto original. De hecho, a mi parecer consigue una cosa muy propia de la ilustración, que es convidar a la imaginación. Con sus historias simples, pero henchidas de magnetismo, y sus sugerentes dibujos, Maroto empuja a la ensoñación, a la fantasía sin trabas. Después de leer una de sus historias, ya con el argumento concluso, uno puede remirarlas y dejar vagar sus sentidos únicamente por sus poderosas imágenes en busca de nuevos rumbos. Me explico. Muchas veces miramos ilustraciones, sobretodo en las portadas de los libros, que avivan nuestra fantasía y que en realidad poco tienen que ver originariamente con el contenido. En el género de la Espada y Brujería, por ejemplo, cantidad de portadas de autores que no tenían nada que ver con el contenido se han aprovechado como cebo para el posible comprador. Con ello me vengo a referir, que son ilustraciones, con una imaginería visual tan potente que uno puede encajarlas como escenas de un montón de argumentos. Cuando somos niños es muy habitual recrearse en este tipo de imágenes, desprendidas de un argumento claro, para dejar vagar nuestra mente en busca de una historia para ella. A eso me vengo a referir. Con las ilustraciones de Maroto uno vuelve a participar de ese juego recreativo, que va más allá del propio argumento.

Un aspecto que me ha llamado la atención y me ha gustado mucho de las aventuras de Dax es que todas ellas vienen introducidas por unas breves y climáticas palabras sobre fondo negro, a modo de poema, que enlazan con el sentido de la historia a la que preceden. Un detalle de calidad enraizado directamente con ese género barroco y mítico de la Espada y Brujería.

Y una curiosidad para los amantes de Lovecraft y sus mitos de Cthulhu. En la página 110, dentro de una de las aventuras de Dax, la bruja lanza un hechizo que suena así: "!!..ia cthulhu...fhta´gn yogsothoth.ia!!"

Sin duda la etapa de Dax es con diferencia la que más me ha gustado de las tres. Por algo es la más exitosa y recordada.

Por último el integral nos ofrece las aventuras de Korsar, otro bárbaro moreno similar a Wolff, al que encontramos preso en unas lúgubres mazmorras esperando la muerte. Pero su suerte cambia cuando recibe la visita de Sayda, una escultural belleza que es ofrecida como último placer para los reos. De la alianza de ambos surgirá la posibilidad de huir y correr unas cuantas aventuras.

Korsar fue creado para la revista alemana "Pip", por petición expresa de su editor Rolf Kauka, con unas señas más eróticas incluso que las de sus antecesores. En sus aventuras se retrata un mundo que se mueve esencialmente por las fuerzas de la violencia y el deseo sexual. El protagonista llegará a depender, para escapar de las peligrosas situaciones en que se ve envuelto, de sus artes amatorias tanto como de su habilidad para la lucha. Y es que uno de los elementos clave que no podían faltar en este tipo de género, y que se halla presente en las tres sagas del integral, aunque en diferente medida, es el erotismo. Todas estas historias de Maroto rezuman sensualidad y libido. Solo hay que ver la belleza y esbeltez de cada una de las mujeres, o hembras, porque algunas ni siquiera son humanas, con las que deleita al público masculino. Además es un erotismo del que no están libres ni los brujos ni las criaturas del inframundo, ya que son numerosas las imágenes de beldades envueltas y abrazadas lascivamente por horripilantes y nauseabundas criaturas. Aunque claro está, ellas siempre preferirán rendir sus voluptuosos favores a los apuestos y esculturales bárbaros protagonistas, incluso en aquellos casos en que las consecuencias les acaben pesando.

Maroto, como no, aprovecha esas circunstancias para demostrar su gran dominio de las formas anatómicas, ya sean de hombre o mujer. Unas formas a las que sabe imprimirle una enorme fuerza y energía en las escenas de acción.
Con el personaje de Korsar, Maroto retoma una estructura de continuidad más similar a la de Wolff , que poco tiene que ver con el carácter fragmentario, de micro-relatos independientes de Dax-Manly.

Otra de las novedades respecto a sus antecesores es el mundo donde se desarrollan las historias. Las tribulaciones de Korsar, pese a mantener la estética de Espada y Brujería, parecen tener lugar en otro planeta y no en una edad remota y barbara de la tierra. Su tono es ligeramente más futurista ya que, por primera vez, aparecen aeronaves con forma de bajel y astros planetarios en el cielo de sus viñetas. En ese sentido me ha recordado un poco a Edgar Rice Burroughs y su "John Carter".

En lo gráfico Maroto, una vez más, vuelve a estar sencillamente deslumbrante. La artisticidad y brillantez de sus planchas hacen comprensible porque se exponían sus dibujos en galerías de arte, en una época en que éstas estaban vetadas para los autores de cómic.

Puede que la mayoría de estas historias de Maroto no sean terriblemente originales, ni sus personajes tampoco, pero supo dotarlas a través de su dibujo de una energía, vivacidad, y encanto, que uno rápidamente se olvida de ello, cumpliendo sobradamente en su objetivo de entretener y fascinar.

En cuanto a la edición por parte de EDT, sumar a lo dicho anteriormente, que se agradece el tamaño de la misma para disfrutar plenamente del talento gráfico de Maroto. Es una francamente buena edición en la que, no obstante, he encontrado que las páginas 187 y 188 están intercambiadas. Es decir que aunque la numeración es correcta la que debiera ser la plancha 2 de la historia "Dragón" es la 3 y a la inversa. También he detectado, aunque ya no sé de quién sea el error, que en las aventuras de Korsar el nombre de un personaje cambia hasta tres veces (Antina/Atla/Alta). Pero bueno, minucias en un integral realmente delicioso.

* ( Puedes leer esta reseña, con imágenes para hacerte una mejor idea de lo explicado y con algún extra, en: http://dentrodellaberinto-jareth.blogspot.com.es/2012/10/espadas-y-brujas-de-esteban-maroto.html )

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 1 voto · @Hamlet le ha puesto un 7 ·

Comentarios

@Poverello hace 9 años

Tengo que armarme de más valor que Wolff, Dax y Kosar juntos para lanzarme a leer tus reseñas, Hamlet, ja ja, pero siempre me acabo alegrando.

Conocí a Maroto (no personalmente) allá por los 80; he de reconocer que gracias a su excelente faceta de ilustrador de cubiertas (juraría que los Cimoc de aquella gloriosa década comiquera) y concretamente llamado profusamente por ese enconado erotismo del que hablas y del que hacía gala en sus dibujos y que despertaban las hormonas de un preadolescente. Me quedaba embelesado con la perfección de las formas (esta vez en general, no exageremos). A raíz de esa excelente experiencia púber comencé a ojear y buscar sus páginas entre los cómics que tenía mi padre en la librería (que bien que entonces no estaban plastificados como ahora; ¡desgraciados!).

Eso sí, me cuesta ver el realismo ese del que hablas en sus viñetas e ilustraciones, aunque pueda ser debido a que asocio a Foster o Raymond (e incluso Barry Smith) más con el clasicismo rafaelista. Maroto me parece más... barroco en multitud de ocasiones, tanto por el sombreado como por el diseño y trazo de sus dibujos, más 'duro' y marcado que en los mencionados. Por cierto, tras ver algunas de las viñetas que colgaste en tu blog recordé que más tarde, cuando leí a los italianos Manara y Crepax, almas máter del género erótico y ambos contemporáneos de Maroto, me parecieron de un estilo muy similar, sobre todo el segundo. Curiosas asimilaciones.

Maroto, sin duda, se merece estar entre los grandes del cómic de género y es de agradecer que crearas tanto la ficha (la única en SdL) como la reseña.

@Hamlet hace 9 años

ja,ja,ja Muy buena lo de armarse de valor, Poverello. je,je. Es que en algunas cuando me lío a escribir no encuentro el momento de detenerme. je,je

Para mi Maroto ha sido un descubrimiento. Ya veo que tu lo tenías ya bien controlado desde la época de CIMOC o puede que incluso EERIE. Y sí, eso de que plastifiquen algunos cómics impidiendo que se puedan ojear es una faena. Pero bueno la mayoría siguen sin plastificarse.

Sobre lo del realismo de Maroto estoy de acuerdo contigo en que a Foster, Raymond e incluso Barry W. Smith (este no tanto) , por no hablar del maestro Segrelles, les encaja más la etiqueta "puramente" realista. Y cierto que Maroto tiene ese barroquismo del que hablas, en su línea tenebrista en muchos casos, pero no en todo momento. A lo largo del integral muestra una variedad de estilo fantástica y hay páginas donde la dureza y el predominio del negro, se cambia por finas y delicadas líneas, muy esencialistas, sin "durezas", donde predomina el blanco y las formas sutiles. Incluso hay algo de Klimt en ese juego con las cabelleras femeninas que parecen hierbas acuáticas moviéndose al son de la corriente. Lo del término realista era una manera de adjetivarlo para situarlo dentro de esa tendencia del cómic, contrapuesta a otras muy diferentes como la caricaturesca, ya que el mismo señala a sobretodo Foster y Frazetta como influencias.

Por cierto, vistes los videos sobre Dax y Frazetta?? Te han gustado??

@Poverello hace 9 años

Vi los vídeos, Hamlet. El dominio de Frazetta del arte de la ilustración es increíble. Dones, porque eso no se aprende, sobre todo si ya eres un genio a los 15 añetes. Ya ves.

@Hamlet hace 9 años

Sí, es un genio irrepetible de la ilustración.