EL MONSTRUO DEL ROMANTICISMO por sedacala

Portada de FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO

Hace mucho tiempo ya, que venía buscando la oportunidad de leer FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO. En su contra, tenía lo poco que me atrae la literatura fantástica; a su favor, la imagen que tengo formada de la novela con ese característico terror gótico, que es quizá, dentro de lo fantástico, el que mejor se adapta a mis gustos. El libro admite dos lecturas distintas, entendiendo por lectura no la acción de leer sino la interpretación o el análisis de un texto. Una primera, sería considerarla en función de su pertenencia al género, tomando como premisa de partida la convicción de que se puede insuflar vida al ser humano a partir de los avances médicos de la ciencia. De su adscripción al género fantástico, habrá mucho que decir pero no por mí que no me gusta; pero dicho esto, también digo que no puedo ser insensible al mito que llevamos todos en nuestro subconsciente, después de pasarnos la vida viendo imágenes, sobre todo en el cine, que tratan el tema del hombre recompuesto por la adicción de miembros y órganos que se ponen súbitamente en marcha a golpe de descarga eléctrica; así que lo reconozco: si hay algún tema fantástico que pueda interesarme siquiera un poco, tiene que ser este.

Otra segunda lectura, arrancaría de considerar la novela, como un exponente más del estilo que iba a triunfar durante los siguientes años: el romanticismo. Se trata de un estilo, en el que también encontramos dos facetas diferentes; una de ellas, la relativa a su componente ideológica (el mundo de las ideas); a su tendencia a exaltar el individualismo y a encumbrar también el concepto de libertad, extendiendo estas dos ideas a los grupos de individuos y creando el nacionalismo como expresión de la confluencia de ciudadanos que desean crear, sobre la noción anterior del Estado moderno renacentista, el romántico e innovador concepto de Nación; y además, difundido de manera exultante y revolucionaria. Quienes hoy en día siguen promoviendo esos sentimientos, están en alguna medida influidos por dos siglos de experiencias de todo signo que atemperan algo su entusiasmo. Pero a principios del XIX, la libertad y el individualismo eran conceptos nuevos y se vivían con la ilusión propia del niño pequeño; era comprensible una buena dosis de ingenuidad en su mensaje. Ingenuidad, esa es la palabra clave; y aquí surge el termino naif, que expresa ingenuidad deliberada y que viene muy al caso para identificar muchos rasgos comunes del romanticismo; rasgos entre los que siempre suele haber elementos naif. Eso si, aplico la palabra como sinónimo de ingenuidad intencionada; el estilo pictórico y la estética romántica no guardan relación. Estos rasgos de ingenuidad se evidencian en la candidez de ciertos planteamientos fabulados relacionados con la medicina o con los comportamientos del monstruo, como su relación con la familia francesa, o como su facilidad viajera y en general con todas esas exageraciones que aparecen y que exigen cierta candorosa credulidad para ser aceptadas. Pero, aquella tendencia del romanticismo a ensalzar determinados ideales o sentimientos humanos, sólo aparece en FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO, en la forma de un “insuperable sentimiento de fatalismo y desesperación” que acomete a todos sus personajes, incluido el monstruo.

Pero hay otra faceta distinta, quizá la más obvia, que se refiere al campo de la estética (el mundo de las formas) o las apariencias, y que normalmente es la que nos sirve para identificar algo como romántico. Todos conocemos los rasgos fundamentales de su estética; es sabida su preferencia por lo medieval, por las ruinas, por los viajes a países exóticos, por lo tenebroso o por las actitudes al límite en cualquier actividad; todo esto conforma un universo caracterizado por el extremismo colorista u oscurantista, por la afición a lo desconocido pasado o presente, por lo arriesgado, por lo vehemente o por lo revolucionario. FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO, desde luego, encaja perfectamente en esta estética. De hecho, en mi opinión después de leerla, son estas formas rebosantes de un romanticismo exuberante las responsables del éxito actual de la novela. Y, ya de paso, diré que aprecio, a título de modesta opinión particular, que la estética de la obra de los pintores prerrafaelitas, John Everett Millais sobre todo, y también la del cartelista e ilustrador checo Alfred Mucha, me parecen plenamente identificables con la estética de esta novela, a pesar de no existir coincidencia temporal.

También, la lectura de este libro me ha servido para rememorar sensaciones extraídas de recientes lecturas románticas. Encuentro por ejemplo, que el tono severo y exaltado adoptado por sus autores, es especialmente adecuado en novelas como LOS MISERABLES, o como CUMBRES BORRASCOSAS. En cambio, a LOS NOVIOS, y a LAS CUITAS DEL JOVEN WERTHER, un tono más desenfadado y amable parece rebajar su dosis de romanticismo, a pesar de que la peste en uno y el suicidio en el otro, ponen su punto dramático. En el caso de LA MUERTA ENAMORADA, la novelita de Gauthier, su imagen es genuinamente romántica, siendo el tono extremada y apasionadamente lírico, el que hace que la ingenuidad no le pese negativamente, sino que, al contrario, acentúe más aún el delicioso tono de ensoñación. Me queda decir, que a IVANHOE, el romanticismo le sale por todos los poros; sí, hay exageraciones; lo sabemos pero no nos importa, la estética medieval es una de las más indicadas para la exaltación del estilo. Respecto al libro de Goethe, quería decir que me resulta tremendamente insólito señalar el abrumador éxito de público que tuvo WERTHER, tanto, que ¡hasta el monstruo de Frankenstein lo lee! (en uno de los pasajes de la novela, el monstruo se instruye con su lectura). Retornando a FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO; no le veo la fuerza de Víctor Hugo, ni la vehemencia de Emily Brontë; si acaso, algo del lirismo de Gauthier. Creo que su importancia, se basa en su carácter fantástico y sobre todo en su estética; conceptos ambos, por cierto, muy vinculados entre si. De manera, que todas esas frases tremendas; todos esos sentimientos desbordados; el triunfo irremisible de un todopoderoso asesino; las almas atormentadas; la bondad sometida a una diabólica predestinación; todos estos conceptos tan extraordinariamente románticos, son desde mi perspectiva, un catálogo de elementos estéticos (otra vez, el mundo de las formas) propios de aquel momento histórico, que hoy siguen gustando gracias a que su apariencia mantiene aquel atractivo; se puede decir que la estética romántica continúa vigente; en alguna medida, sigue estando de moda.

Describiré el proceso de mi lectura. Parto de la idea previa de que para lucir su atractivo, el estilo romántico ha de venir, o bien adornado de su estética característica (salida del mundo de las formas), o bien inserto en historias desgarradas y emotivas (salidas del mundo de las ideas), o bien ambas cosas a la vez y efectivamente, en su inicio se cumplen las dos premisas. Por lo tanto, la lectura se corresponde con lo esperado; va bien. Según sigo leyendo, me asalta la curiosidad de ver como el monstruo se desenvuelve entre los hombres al tratar de imponer sus impulsos más primarios y parece que a eso responde la tensión latente que estalla cuando, en la caverna de los Alpes, el monstruo trata de expresar sus sentimientos. Así que hasta aquí, también me encaja; sigue bien la lectura. Pero, y aquí es donde empieza a no ir bien, no veo en las siguientes páginas a ese hombre monstruoso o androide que lucha por sobrevivir en un mundo hostil que le rechaza sin comprender que tiene sentimientos y corazón. Hubo un momento en la novela, en que pensé que esa lucha era el camino más lógico y que, por ahí iba a discurrir la historia. Pero no, me equivoqué; lo que sigue a continuación, son las correrías de un superhombre despiadado, que sorprendentemente recorre distancias formidables adelantándose a todos para así poder matar a su víctima de la que, por cierto, se adivina su identidad con precisión matemática. Bueno, pues en este punto mi lectura ya no va nada bien; me decepciona que todo haya perdido esa lógica y ese encanto que yo esperaba para convertirse en otra cosa. Sé que es una novela fantástica y tengo asumido que algunas cosas no han de responder a una lógica. Pero, ¿por el hecho de serlo he de asumir que este señor (el monstruo) se desplace por la Europa del siglo XIX y por las Islas Británicas como si usase el ferrocarril (no existía) cuando los demás van en diligencia? Es fuerte y rápido en grado superlativo, lo sé, pero, ¿es que el hecho de ser fuerte y veloz, le confiere alguna ventaja a la hora de viajar; es que vuela como Supermán? No esperaba yo que el grado de fabulación propio de la época, llevase a aventurar un monstruo volador. Lo que quiero decir, es que yo esperaba que se le diera una importancia a la parte humana del monstruo equivalente, al menos, a la que se da a su carácter de maquina. Esto no es así, por el contrario se aprecia que su superioridad física le lleva a absurdas exageraciones en los desplazamientos y a renegar de su lado humano lo que le convierte en un rutinario verdugo. ¿Entonces, dónde está aquel encanto romántico que yo anticipé? ¿Donde queda aquel rastro de humanidad que le confiere el Doctor y que le convierte en un ser intermedio entre maquina y hombre que es el carácter verdaderamente monstruoso y terrorífico? ¿Será que mi idea preconcebida del monstruo, está demasiado influenciada por el cine, con aquel rasgo de ternura con la niña que los cineastas le confirieron, pero que no está contenido en la novela? No lo sé, pero el caso es que mi idea del mitad-hombre, mitad-monstruo, se desvanece. Comprendo entonces, que el monstruo de la novela, es otra cosa; es, una vulgar maquina de matar. Lo que sigue, es el precio a pagar por este tipo de desilusión. Veo que mata tan bien, que me asalta una jocosa sonrisa de incredulidad, y un distanciamiento inevitable. A partir de ahí, la pertinaz crueldad del monstruo me va resultando más divertida que otra cosa, y sus carreras para llegar a tiempo de matar a su nueva victima, las contemplo como las alocadas hazañas de un Superman desastradamente vestido.

¿Cosas que no me gustan?: los elementos que desdibujan una cierta dosis de condición humana en el monstruo; por ejemplo: ¿Por qué la autora concibió un tipo de 2,40 metros de estatura? La respuesta es obvia, esto le permite justificar mejor los vertiginosos movimientos posteriores del monstruo. Pero esto, ya lo he indicado antes, no conduce a mejorar la historia, sino al revés, conduce a empeorarla. Otra cuestión: Puesto que conserva alma e intelecto, supuestamente del anterior dueño de su cerebro, ¿por qué no conservar también la capacidad de hablar o leer, evitando así la endeble historia de la casita y la familia de franceses? Pues no lo sé, porque la historia de los franceses, me parece totalmente traída de los pelos y debería haberla evitado. En fin, que no veo claro cual es la línea que quiere seguir la autora con su relato; y no viéndola, me asalta la duda de si no será todo esto, nada más que una acumulación de elementos destinados a conseguir el objetivo inicial de aquel grupo de amigos (Shelley, Byron, Polidori y ella). O sea, ver quien era capaz de escribir el relato más terrorífico. Y eso a mí, que por razones obvias ya no me va a producir terror, me resulta un bagaje escaso y me decepciona. Para aquellos, que disfrutan con todo ese paquete de elementos extremadamente fantásticos sin pararse a cada momento a analizar como hago yo, su lectura les resultará extraordinaria. Eso sí, no le puedo negar, “el discreto encanto de la fantasía” esa fascinación que le caracteriza cuando se observa desde fuera con una mezcla de curiosidad y diversión. En resumen; su legado estético, en forma de avalancha de elementos góticos y románticos que la novela acumula, hacen que haya leído FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO con simpatía y con cierto cariño; aunque estoy seguro de que si su autora, hubiese sabido que su obra iba a producir tan afectuosas e inocuas reacciones, no le habría gustado nada.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 8 votos · @sedacala le ha puesto un 6 ·

Comentarios

@lucero hace 9 años

Sedacala, si yo escribiera algún día un libro, querría que vos lo reseñaras!!!!!! No quedó ni un aspecto sin desmenuzar. Me quedo con la ingenuidad de la obra, y ese encanto naif que resulta de su lectura en este s.XXI. Su estética fue tan pero tan perdurable que la seguimos recreando, adaptando, dibujando y llevando en remeras! Los chicos en mi colegio leen Frankenstein y ven las películas. Es que la impronta romántica sigue estando vigente y lo gótico siempre es atractivo. De hecho, dos por tres surgen tribus urbanas con esa estética.
Me encantó tu reseña. Saludos sedacala

@Faulkneriano hace 9 años

Todavía estoy digiriendo tu reseña. A ver si mañana... No estoy de acuerdo. claro.

@sedacala hace 9 años

Ya sé que no estás de acuerdo, difícilmente lo estarías habiéndole puesto un nueve y yo un seis y eso..., por aquello de que tiene su gracia mucho más que por que me haya gustado. La cuestión no es esa; la cuestión es que yo lo he visto exactamente así y es curiosa la divergencia en algo tan simple; por que aquí además, no hay problemas de entendimiento ni de lenguaje. Está todo muy clarito. Sólo, que guste, o que no guste.Voy a tener que recurrir a la tontería aquella de los colores…

@Hamlet hace 9 años

Yo también he de leer la reseña con más atención aunque está a la vista que fue una novela que me gustó bastante más que a Sedacala. Por lo que aprecio tal diferencia radica en leer, ya no no digo ni analizar, la obra desde puntos de vistas muy diferentes. Está claro que si te acercas a una novela fantástica con una actitud racionalista o realista pues la magia se destruye y sus efectos no se sienten. O sea que queda en nada. A mí me sucede con las innumerables películas donde aparece mi profesión y que en nada que uno sepa un poco están llenas de incorrecciones, "fantasmadas", invenciones, etc...Pero me sucede cuando lo miro desde esa perspectiva, cuando quiero disfrutar de la película (que no es un pedazo de realidad) me centro en lo que el director me cuenta, con más verismo o no, en las emociones que invoca, en los objetivos que persigue con su historia, en los mensajes que pretende comunicar, etc . Es lo que muchas veces hemos hablado con Sedacala. Cada obra tiene sus lectores pero, sobretodo, en el sentido de que cada obra exige una actitud por parte de quién la lee. Si no se da esa actitud, evidentemente, no se puede disfrutar la obra. A lo que me vengo a referir que cada obra, como microcosmos que es, tiene también sus exigencias. A mí que me gusta la filosofía más soporífera y criptica también me encanta leer cómics infantiles incluso de los Pitufos. Pienso que son lecturas distintas para momentos distintos, que persiguen objetivos distintos, y que requieren una adaptación de lector a sus propuestas si no se quiere naufragar en el propósito antes si quiera de botar la embarcación.

No obstante, puestos a buscar trazos de verosimilitud en el relato, yo pienso que las carreras entre monstruo y diligencia se saldan a favor de este último porque éste, además de su portentoso físico, tiene la ventaja de poder ir campo a través lo que ,depende de la orografía y el paisaje, igual le permite subsanar con creces la limitación de no poder volar. Incluso puede que su obsesión vengadora le impida hacer los descansos y paradas que otros si hacen. No recuerdo exactamente las escenas pero era por darle otra posible explicación., que se me ha venido a la cabeza leyendo la reseña de Sedacala, que como siempre (se pueda estar más de acuerdo o no) está bien argumentada, bien escrita y es fruto de una agudeza en el análisis y unos conocimientos realmente importantes. Además le honra que es capaz de enfrentarse a "monstruos sagrados" como esta novela con una mirada personal, crítica y autónoma, y que se salde como se salde el lance nos lo explicará sin escatimar elogios o críticas en sus estupendas reseñas. ¡Qué aburrido sería si todos opináramos lo mismo! ¡Con lo que disfruto aprendiendo de vosotros en estos debates!

Al margen de todo eso, os recomiendo si no la habéis visto "Remando al Viento" de Gonzalo Suarez, una de mis películas favoritas, que muestra hasta que punto da de sí el mito de Frankenstein si se juega con talento con él.

Saludos a todos!!

@_567_ hace 9 años

A pesar de ser una lectura lejana en el tiempo coincido con Sedacala en muchas de sus apreciaciones, es más que probable que si la leyera ahora me hubiera seducido un poquito menos. ¿Razones? Probablemente el recuerdo de la película de Whale, me gustó más y la descubrí antes; que aquí se llamó “El doctor Frankenstein”, un título desafortunado, creo, ya que pretende realzar la figura del creador en detrimento de su criatura. El caso es que el mito de esta novela, sin duda merecido aunque puede que excesivo, hizo que otros creadores intentaran homenajearla a través de diferentes disciplinas, el cine en este caso, con resultados que pueden superar a la novela original en el imaginario colectivo, por eso me parece importante que menciones, Secacala, esa impecable escena de la niña en la película, que es donde realmente nos damos cuenta que el monstruo… no tiene ningún tipo de maldad, o en todo caso sólo la concerniente a los niños. Como curiosidad esta famosa escena, sinceramente ya no recuerdo si sale o no en el libro aunque creo que no, fue censurada en EE.UU pero no en la España de la II República. ¡Salud!...
Ahora me viene a la cabeza otro caso similar, y que no puedo resistirme a mencionar a pesar de mi reticencia a hablar de cine en una página de literatura, se trata de la mejor de las versiones de Drácula, en mi opinión of course, la de Coppola (1992) donde Vlad le susurra al oído a Mina aquella hermosísima frase de “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”, soberbia sentencia que NO sale en la novela de Bram Stoker (que estoy convencido de que hubiera dado un colmillo por firmarla el mismo); con lo que todo el mérito pertenece al guionista, desconocido para el gran público pero ahí queda esa frase inmortal…
Por último, importante también que hagas referencia a aquel grupo (Byron, Polidori…) y aquellas reuniones nocturnas junto al fuego donde perpetraban historias de terror o como se engendró realmente el monstruo de Frankenstein en el laboratorio mental de su autora.-

@FAUSTO hace 9 años

Buena reseña, sedacala, por cierto ¿tu nombre verdadero no será Víctor? Lo digo por tu “animadversión” y ganas de liquidar al Monstruo. Jeje, bueno es, por supuesto, una broma.
Has analizado y expuesto tus impresiones de una forma exhaustiva. Creo entender tu punto de vista, aunque tengo una visión diferente, casi radical, a lo que has comentado.
Aparte de las connotaciones evidentes del Romanticismo, yo considero esta historia como una novela alegórica: el mensaje que quiere transmitir la autora, algo parecido a lo que alude Hamlet. Tienes razón en que participa de los diferentes géneros que enuncias: es fantástica (lo veo más cercano a la ciencia-ficción) por la condición “sobrehumana” del protagonista; es gótica aunque no se excede en estos elementos, pues la escritora no se vale de lo misterioso, lo sobrenatural o lo fantasmagórico (afortunadamente para mí, pues creo que es el género que menos soporto); es de terror básicamente encuadrado en su época, lógicamente no puede decir lo mismo un lector actual. Curiosamente, todos estos géneros (no me refiero a la ciencia-ficción) por separado me dicen poco, no me atraen como lector; pero combinados con la estética del romanticismo y su valor simbólico me parece un clásico sobresaliente y de suma importancia.

Digo lo de alegórico por el componente ideológico que has nombrado: la libertad y el individualismo. Para mí es un concepto más amplio y tu calificación de naif, lo considero cosa “fina” (haciendo un juego con la posición de las letras del término) con variadas reflexiones intimistas y filosóficas. Como el monstruo, este relato es un “compuesto heterogéneo” bastante rico por los temas que trata. Se muestran diversos conceptos: la libertad total del ser humano que significa la separación o muerte de Dios, que como indica el Prometeo del título roba el fuego a los dioses, es la trasgresión total; hay una crítica a la ciencia, al progreso y por extensión a la Revolución Industrial; se hace énfasis en la individualidad, la Razón, la responsabilidad y las consecuencias que conlleva; la evolución moral del monstruo son los dos polos opuestos del hombre, desde su candidez lleno de amor y deseo de felicidad, el salvaje rousseauniano, hasta la vileza más absoluta; la cuestión de la identidad de cada uno, la ética y su relación la sociedad; el significado de las ideas de la belleza, el bien, el mal, la felicidad, la soledad, la desesperación, el arrepentimiento.
En fin, todas estas percepciones y más, son lo que considero la verdadera esencia y riqueza del libro. Las cuestiones de géneros o verosimilitud (no encuentro hechos disparatados o excesivos) están en un segundo plano para mí, sin embargo, como dije antes, creo entender tu apreciación. Comentas tu decepción y pérdida de lógica en la transformación de “ser sufriente” a otro distinto que es un “superhombre vengativo”. Yo no lo interpreté así, me parece que tiene su lógica y razones, como apunté antes, son las dos caras opuestas del ser humano (puede recordar a “El corazón de las tinieblas”), y uno de los momentos cumbres de esta dualidad es el excelente monólogo final, donde demuestra su “humanidad”.

Los aspectos menos positivos de esta novela fueron algunos puntos bastante repetitivos, lentos y monótonos con la combinación de diferentes estilos: narrativo, epistolar y diario de viajes. Esta mezcla corta varias veces el ritmo de la narración, y lo digo especialmente por un par de capítulos que se asemejan al diario de viaje, aunque tenga la finalidad de crear un ambiente sombrío y estremecedor, pero sólo consigue dar un parón a la historia.

En cuanto a las adaptaciones cinematográficas, yo también me quedo con la versión clásica de James Whale con el aspecto de Boris Karloff, todo un icono, aunque traicione la versión literaria. La adaptación más fiel que he visto (con algunos cambios), se debe a Kenneth Branagh y se puede considerar una película aceptable a pesar de los excesos interpretativos. También vi, hace tiempo, “Remando al viento”, y por lo que recuerdo no me gustó y tampoco entendí a la perfección su argumento. Puede que con otra oportunidad…

@Faulkneriano hace 9 años

Sólo un apunte. Mi lectura (nada original, por otra parte) es que la novela, enteramente inclasificable, absolutamente original, increíblemente adelantada a su tiempo, completamente moderna y magníficamente escrita, gira en torno a las obsesiones de la creación literaria. Mary Shelley toma el guante lanzado por un grupo de literatos en torno a un lago, un día de verano, y aborda una historia terrible, desaforada, impía y sacrílega sobre quien se atreve a desafiar los enigmas de la creación. Es un camino indirecto, nada “terrorífico” y sí bastante metaliterario. Frankenstein se enfrenta a su criatura del mismo modo que el novelista (absoluto demiurgo, creador de muchas vidas) se mira cara a cara con su personaje; ambos, criatura y personaje, desafían a sus creadores respectivos y se entregan a porfiadas venganzas en busca de su libertad y de su afirmación personal. La criatura es un personaje monstruoso y abstracto, fruto más de la imaginación que de la ciencia: de ahí su carácter ubicuo, su facilidad para estar donde y cuando quiera y atormentar a los que le han hecho así. Shelley es Frankenstein, y nos cuenta entre líneas lo mal que lo pasa habiendo tenido la osadía de crear semejante abominación (que, al parecer, irrumpía en sus sueños con harta frecuencia) Hamlet cita con mucho acierto Remando al viento, que es, de las películas que he visto sobre el tema, la que más incide en esta posible lectura que describo (no en balde Gonzalo Suárez es escritor): de hecho, en más de un plano Mary se ve cara a cara con el fruto de su romántica y atormentada imaginación. Esta es mi versión, en pocas palabras, porque la cosa da bastante más de sí. De ahí que no esté de acuerdo contigo, sedacala.

Muy oportuna, Fausto, tu alusión a Prometeo, que es el subtexto mítico que anima toda esta gigantesca alegoría.

@sedacala hace 9 años

Ya sabía que no estabas de acuerdo conmigo, pero yo tampoco lo estoy contigo. Todos los análisis que quieras dirán mil cosas sobre este libro y muchas de ellas serán ciertas. Pero todas, son fruto de interpretaciones muy posteriores a su lectura.

Pero la visión de un lector, que soy yo y que no conozca la novela y que se enfrenta bienintencionadamente y sin compromisos con ella, se encuentra con algo que cuesta leer y a lo que no se le encuentra el sentido (es necesario buscarlo). No estoy diciendo que todos lo vean así, pero yo, así es como lo veo.

Todo lo demás referente a la estética del romanticismo, también lo vi y me gustó. Por eso le puse un 6, pero la novela como lectura no me gustó nada. Claro que es mi opinión, y no pretendo imponérsela a nadie.

En lo referente a las citas que comentáis relacionadas con el cine, no puedo opinar por que no las conozco. Una vez más, y a riesgo de ser pesado, he de indicar que no voy al cine ni veo películas en la tele.

@Faulkneriano hace 9 años

Yo soy otro lector, como tú, y cuento lo que veo. Puedo estar de acuerdo con unas interpretaciones u otras, y me reservo, claro está, la mía propia, que he intentado contar en pocas palabras más arriba. Me gusta informarme de lo que se dice acerca de las obras y autores más estimables, aunque, claro está, no siempre estoy de acuerdo. Si vieras las interpretaciones en clave psiconalítica que se hacen de esta historia o los componentes sexuales que algunos encuentran por toda la novela...

Yo quería apuntar una cosa que suele repetirse mucho: Mary no es una jovencita inexperta ni Frankenstein es lo único que escribió. Los apellidos de Mary no eran menos importantes que el que llevó de casada: su padre era el formidable William Godwin y su madre, Mary Wollstonecraft, la autora de la Vindicación de los derechos de la mujer. El círculo de Godwin era sin duda el más avanzado de Inglaterra y a Mary no le faltó, desde que nació, estímulo intelectual, codeándose, dicen que en pie de igualdad, con las mejores mentes del país. Con Shelley y sus amigos también aprendería algo, digo yo, pero en el verano suizo de 1817 ella no era la muchachita aplicada que, ante la actitud desdeñosa de los dos "grandes", Shelley y Byron, decidiera llevar a término la apuesta de escribir una obra de terror. Frankenstein es mucho más que eso: es fruto de una mente preclara, donde se cocían todos los jugos de la Ilustración y las nuevas salsas del pensamiento liberal, Rousseau y Schiller

@lucero hace 9 años

Formidables intercambios ha promovido tu monstruo, sedacala....Hace mucho que lo leí y no me da para hacer aportes sólo emocionales en un debate tan preclaro e intelectual de la obra. Sí comparto con @Hamlet lo de la actitud con la que hay que acercarse a ciertas obras. Como dicen los niños....es una película mamá , no jorobes!!!!!!! abandonarse al disfrute desde un costado menos lógico, o temporal, o ideológico.

@sedacala hace 9 años

Es cierto lo que dices, y ya me fijé en la carga de razón que llevaba Hamlet cuando apuntó esto. Si te fijas ya lo apuntaba yo también en la reseña cuando decía:

¿Será que mi idea preconcebida del monstruo, está demasiado influenciada por el cine, con aquel rasgo de ternura con la niña que los cineastas le confirieron, pero que no está contenido en la novela?

Indudablemente lo está y no por el cine que comentan unos y otros y que yo no conozco, sino por la visión clásica de las películas de Boris Karlof. Está claro que eso lo tenía en la cabeza y lo esperaba y quizá lo deseaba también. Pero, el problema surge cuando descubro que eso no es así. ¿Qué ocurre entonces? ¿Qué me cabreo y paso a estar predispuesto contra todo lo que venga a continuación? Ese es el sentido, que parece tener el matiz que introduce Hamlet. Y ahí es donde yo opino, creo que con absoluta sinceridad, que no. Que por más desprovista de ideas previas, que hubiese ido mi actitud al leer, a mí eso no me hubiera gustado nunca. Mi cerebro funciona de otra forma y por lo que sea, parece que no estoy en condiciones de que me guste Frankenstein, como no me gustó ni El principito, ni Rayuela, ni Pedro Páramo, ni Esperando a Godot, ni…, bueno, me paro por que no acabaría. Si lo que yo esperaba es una visión derivada del cine clásico, y no es la interpretación correcta de la novela y dicha interpretación pasa por hacer los planteamientos que ha expresado Faulkneriano, puedo afirmar que a mí no me hubiera gustado jamás en una primera lectura desprovista de toda esa información.

En fin, no deja de ser para mí una sorpresa que el Frankenstein fuese una lectura que se pudiera alinear con las otras que he mencionado más arriba.

@Faulkneriano hace 9 años

El cine, curiosamente, ha hecho mucho, mucho daño a esta obra. Hasta tú mismo, sedacala, que no te interesa demasiado, te reconoces influido por Boris Karloff y sus tornillos. Es inevitable, pero a la vez injusto para con Mary Shelley. Y que conste que me gustan mucho las viejas películas de la Universal (sobre todo La novia de Frankenstein)

@Poverello hace 6 meses

He de decir que, sin entrar a debatir posibles interpretaciones o gustos literarios o metaliterarios, a mí me ha enamorado Frankenstein; a pesar de, o quizás gracias al daño que le hizo Whale con su magnífica película que se parece al libro lo que una patata a un tomate.

También he de decir que, por mera casualidad, la edición que he leído es absolutamente magistral. Le daré mis más cordiales gracias a la bibliotecaria que decidió prestarme ese volumen en vez de otro y me abrazaré un poco a mí mismo por no haber sido vago y pedir que me sacara otra edición más manejable. Edición de 2017 de la editorial Akal anotada por un tal Leslie S. Klinger, con más de 1 000 notas, información de los cambios en las revisiones, posibles inclusiones de Percy Shelley, ilustraciones, la introducción original de la autora... Vamos, una pasada, que lo mismo ha influido en mi nota y en mi percepción de la obra.