SALIR DEL OSTRACISMO por Poverello

Portada de TARZÁN DE LA SELVA

Pretender reseñar con admiración a Tarzán en estos tiempos, tan ávidos en tecnologías y digitalización como parcos en hazañas y esperanzas heroicas, es estar condenado de antemano al “frikismo” y a ser considerado un abuelete carca y trasnochado. Me arriesgo a contradecir a Dalí: “lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”, siendo lo más inaudito a lo que podría aspirar, pues el injustamente olvidado Hogarth se merece cuanto menos una oportunidad y mi admirado reconocimiento.

Burne Hogarth desde luego no lo pudo tener peor y más chungo en sus inicios como historietista cuando a mediados de los años 30 del siglo pasado le fue designada la ardua tarea de suceder al genial Hal Foster en las tiras semanales de Tarzán. 25 añitos de entonces tenía y seguro que temblores hasta en las pestañas viendo el pulcro, elegante y perfeccionista dibujo de su antecesor, que junto con el también exquisito Alex Raymond representaban las joyas del arte realista con obras de la talla de “Flash Gordon” o “Rip Kirby” (ambas de Raymond) y el que considero mejor cómic de la historia: “Príncipe Valiente” (de Foster). Tal vez por todo ello no quiso arriesgar su contrato ni romper demasiado el molde a las primeras de cambio y comenzó su andadura adaptándose y casi copiando al cien por cien ese estilo naturalista en las primeras aventuras del hombre-mono, incluido el diseño típico de viñeta de Foster, ausente de bocadillos y acompañando los dibujos de cuadros de texto. Pero más pronto que tarde, lo habitual en un autor de carácter, con paso firme y preciso fue trasladando a imágenes todo su potencial técnico y su avasallador dominio de la anatomía y del movimiento creando unas ilustraciones de una viveza y una complejidad inigualables que le valieron el merecido sobrenombre de “Miguel Ángel del noveno arte”. Su influencia a nivel artístico en el género posterior de superhéroes no tiene precedentes, de manera notoria en los dos hermanos Buscema y particularmente en el personaje “Conan el bárbaro” de John.

El diseño entre barroco y renacentista de Hogarth es consecuencia directa de su formación académica y profesional como profesor de dibujo e Historia del Arte y ese estilo particular y fácilmente identificable alcanza su punto álgido en los dos álbumes de Tarzán publicados en la década de los 70, casi 20 años después de que dejara de dedicarse al mundo del cómic, y que son objeto de esta humilde disertación: “Tarzán de los monos” y “Tarzán de la selva”. Sobre textos e historias de Burroughs, adaptados con fidelidad por el propio dibujante y de nuevo con la ausencia de globos de diálogo, Hogarth nos entrega dos volúmenes mucho más cercanos a su faceta como ilustrador que a la de dibujante, regalándonos algunas viñetas fantásticas, de una composición bellísima que logran transmitir al lector su cercanía hacia el personaje que nos muestra, quien, muy en contra de lo que suele entenderse habitualmente, no se nos aparece como un héroe singular sino como un ser instintivo y en muchas ocasiones poco racional que se deja llevar por ese animal que hay dentro de cada uno de nosotros.

Las limitaciones de la obra también resultan evidentes en dos frentes. En primer lugar, a nivel argumental Hogarth no va a conseguir con su adaptación que Burroughs se convierta después de muerto en un gran escritor y narrador de historias; es tan sólo eficaz y puede llegar a ser notoriamente aburrido para quien no sea un redomado amante del dibujo. Digamos que el Tarzán de Hogarth debe entenderse desde una perspectiva netamente pictórico: es ir al museo del Prado sabiendo que no has de detenerte a leer las explicaciones de los cuadros sino sólo gozar contemplándolos.
En el plano artístico la cosa es más peliaguda, pues Hogarth es un gran maestro del blanco y negro y la invitación ha de ser acercarse a sus viñetas tal y como se conciben, es decir ausentes de color. El tema se complica aún más cuando a la editorial le da por la experimentación y, probablemente basándose en el vanguardismo, implementa el paisaje selvático que rodea a Tarzán y al resto de personajes con unos colores inusitados como sacados de un sueño amorfo y psicodélico.

Mas si eres amante de la historia de este arte, si gozas lo que se creó de lo inexistente, si gustas de contemplar la belleza, tan sólo teclea en el buscador de imágenes: Tarzán Hogarth, y entonces... disfruta.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 4 votos · @Poverello le ha puesto un 7 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 9 años

No puedo con las tiras semanales publicadas en libro: se me hace, como lector del siglo XXI, demasiado pesado, al ser un esquema demasiado rígido. Entiendo bien tu postura, Poverello: el dibujo de Hogarth es excelente (hace honor a su apellido) pero... la narración es un poco "arqueológica" (últimamente uso mucho este adjetivo: espero que se me entienda bien), algo que, ya puestos, pasa menos con Milton Caniff, pongo por caso. Será, como dices, el referente literario, que no da mucho más de sí. En el comic el tiempo pasa más deprisa, parece, que en la literatura. Estupenda reseña.

@Poverello hace 9 años

A mí las tiras originales publicadas en su formato también me echan un poco para atrás. No obstante, creo que al cabo de un año o algo así de iniciar la serie comenzó ya a publicarse en formato vertical. De todas formas, justo las ediciones que creé fueron las últimas incursiones en el mundo del cómic del genial Hogarth, y la estructura de álbum es la habitual.
Con respecto al guión comparto de alguna manera lo de lo mal que ha pasado el tiempo por él, pero es que el tiempo se ha portado fatal también con la figura de Tarzán y creo que los motivos son también contraculturales e ideológicos.
Por la propia estructura del cómic de Hogarth es inviable compararlo con nada, mucho menos con historietas más arquetípicas, aunque superiores netamente como 'Terry y los piratas' de la que supongo que hablas al referirte a Caniff, al que no saco a colación porque su dibujo es muy distinto al canon realista de Raymond o Foster al otro lado de la balanza. Desde hace meses tengo descargadas en el ordenador algunas de las portadas de la edición en volúmenes de esta exquisita obra de Caniff, pero antes de crearla quería retomar su lectura seria y concienzuda. Se merece estar aquí en SdL. Me apabulla la historieta clásica, como podrás comprobar, Faulk. También para recordar gratamente lo leído tengo el Kirby de Raymond y algunas historias de Flash Gordon.

Y me piro que estoy en el curro y necesito descansaaaaaaar.

@Hamlet hace 9 años

Estupenda reseña, Poverello. No he tenido el gusto de gozar del Tarzán de Hogarth pero ya estoy tecleando en el ordenador en busca de imágenes...

@Hamlet hace 9 años

Fantástico dibujante. La verdad es que estoy de acuerdo contigo en que hay muchas maneras de disfrutar un cómic. En casos como Foster, Raymond, Frazzeta...y tantos otros. Uno puede incluso hacer lo que tu comentas, pasar del texto y disfrutar recreándose en unos dibujos dignos de una galería o exposición artística. Yo lo hago muchas veces y verdaderamente hay ilustradores cuyo visionado es una auténtica gozada y experiencia.

Por otro lado, si que es cierto lo que comenta Faulkneriano sobre el carácter "arqueológico" de algunos cómics, que sirvieron de base para un medio que ha ido evolucionando gracias a estas incalculables aportaciones. Es lo que pasa cuando uno lee por ejemplo el Flash Gordon de Raymond. Sin embargo, si se leen con la actitud adecuada son una gozada. Es posible encontrar aún en ellos la magia que hizo soñar a millones de chavales y lo que es más importante...sentirla.

@Poverello hace 9 años

Totalmente de acuerdo con tus aportaciones, Hamlet. Cualquier arte hay que saber apreciarlo con perspectiva, siendo además conscientes de la propia subjetividad, sino estamos avocados a valorar escasamente todo aquello que 'pasó de moda', cuando toda moda es pasajera en virtud de no entiendo muy bien qué gustos u opiniones. Tal vez por eso soy menos transigente con obras 'recientes' que apenas ofertan nada novedoso (o nada en sí), con todos los recursos que ya estaban a su disposición, que con aquellos clásicos que surgieron e impactaron cuando las limitaciones técnicas o culturales eran enormes. ¿Cómo voy a ver el King Kong de Cooper pensando que cantan las maquetas? Era 1933 y un absoluto milagro lo que hicieron; ¿se puede disfrutar de la literatura romántica del siglo XIX si mientras leemos las obras juzgamos esos personajes unidimensionales, situados a ambos extremos de la balanza y nos cabreamos por la ausencia de antihéroes?, posiblemente, no, pues olvidamos de qué movimiento estamos hablando?; o hacer un gozoso recorrido por el románico palentino y cabrearme porque las vidrieras son inexistentes o de nula expresión al igual que sus esculturas; pero si es que es románico. Arcano, pues vale, pero maravilloso, al igual que el acueducto romano de Segovia que se mantiene impertérrito después de 20 siglos.
No puedo medir por el mismo rasero la obra de Hogarth, concebida cuando las tiras cómicas se habían inventado ni 40 años antes y que supuso un avence brutal en el sentido que reseño, que a, por ejemplo, los cómics de DC o de Marvel de los 80, cuyas creaciones y publicaciones se basaban en infinidad de ocasiones en criterios puramente mercantilistas lo que hacía que se obviasen técnicas de color o de calidad (ampliamente existentes desde hacía décadas) con el único fin de vender más y más rápido.

Dentro de unos años, cada vez menos, la inmensa mayoría de cómics que ahora nos parecen inolvidables y absolutas obras maestras habrán caído en un ostracismo mayor y más oscuro que el de Hogarth, y seguramente nadie los sacará de él porque a nadie le merecerá la pena. Los genios eternos de cada década pueden contarse con los dedos de una mano, y en la de los años 30-40, en el género que nos ocupa pocos había de la calidad de Hogarth aparte de los ya nombrados y el revolucionario Will Eisner, que sí que dio un absoluto vuelco a los cánones del género con su 'The Spirit'.

Es más que agradable compartir, leer y debatir a raíz de vuestros magnos comentarios. Abrazos a ambos.