REVELADOR por Tharl

Portada de LA ÉTICA PROTESTANTE Y EL ESPÍRITU DEL CAPITALISMO

Tengo la impresión, de que el sXX, bastante estéril en ideologías comparado con el anterior, pero rico y atroz en sus prácticas, se ha zampado otros momentos históricos de enorme interés, con permiso, quizá, del siglo XIX. La Revolución Industrial, las reunificaciones, la Revolución Francesa, la independencia de EEUU, las Guerras Mundiales, la Guerra Fría, el Fascismo y el Comunismo, la aparición de la publicidad, etc. parecen acaparar todo el interés histórico y social; no es para menos. Luego, está la Edad Media: esos diez siglos ignorados pero fascinantes de los cuales se esfuerzan en enseñarnos que son oscuros y en los que no ocurre nada. Antes que ella, la romántica antigüedad; después la confusión hasta la llegada del XIX. Sí, sabemos los reyes qué hubo en España –y solo en España –durante esos siglos ignorados (de poca ayuda para comprender la situación cultural que sufría occidente), sabemos que Europa andaba todo el día a la gresca – ¡cómo no!- y por culpa de la religión –nah! Como siempre, malditos fanáticos-; pasemos página.
Ah! Sí, es verdad, surgió el humanismo, el Renacimiento, el resurgir de occidente de entre las tinieblas, pero bueno, nos interesa la sociedad y la Historia, no el arte ¡Qué inutilidad!; pasemos página.
Pues bien, aunque desconozco todo del tema, aunque me haya incluido en el grupo anterior durante un tiempo (puede por ello que sin saberlo me columpie en algún momento), la Edad Media no fue solo oscuridad, ignorancia y superstición, solo puede serlo a los ojos de fanáticos del nuevo dogma, sino que era una cultura tan radicalmente distinta, formas de pensar tan opuestas a la actual, que lo que hoy por hoy tenemos por natural –naturalmente naturalizado- no puede aplicarse a la cultura y sociedad medieval, ni a las psiques que la integraban. Por eso mismo no hay pudor en unir la mentalidad de diez siglos y tratar de homogenizarlos: casi todos los avances de entonces, su “progreso” (si esa palabra tiene sentido en ese contexto), corresponde a una racionalidad radicalmente distinta a la nuestra, y por tanto a muchos les es indiferente, hasta el punto de ambientar “novelas” de moda en ese contexto ignorando toda su mentalidad y complejidad.
El paso de la Edad Media a la Edad Moderna no fue pacífico, ni fortuito, estuvo pivotado por el Renacimiento, el cual se da la mano con las reformas -mejor sería decir revoluciones- protestantes. Sí, de ahí que Europa anduviera a la gresca; no es solo por religión, es por distintas maneras de concebir el mundo: el tradicionalismo o la modernidad. El primer paso en este cambio es el surgimiento del racionalismo occidental, del racionalismo ascético: el control de cada aspecto y segundo de nuestra vida.
Esto da lugar a tres cuestiones fundamentales: 1) Las consecuencias de este racionalismo en la ética político social, 2) la relación con el racionalismo humanista y sus ideales de vida e influencias culturales, y ulteriormente, con el desarrollo del empirismo filosófico y científico, y sus frutos; y 3) las consecuencias en la esfera económica: la aparición del capitalismo. Weber tocará los dos primeros puntos tangencialmente, pero entrará de lleno en el último, el que él consideraba más importante.

La hipótesis podría resumirse burdamente de la siguiente forma: el protestantismo ascético (puritanos), al negar la confesión (católica) y el arrepentimiento sincero (luterano) como medios de con-graciarse, con Dios, hace al hombre único responsable de su futuro eterno obsesionándole con su estado de gracia (del que depende el destino de su alma). Esta obsesión fuerza al hombre terreno a controlar cada aspecto de su vida de acuerdo a los preceptos divinos; el racionalismo ascético de la existencia sale de los monasterios (cerrados) y se propaga a todos los creyentes: surge la racionalización de la existencia. Esta racionalización va acompañada de una obligación por el trabajo como mandamiento divino y como medio de honrar la gloria de Dios; hay que aplicarse al trabajo con toda energía ascética y hacer toda la riqueza posible “Ad maiorem Dei gloriam”. Eso sí, el lujo está mal visto, pues el tiempo es oro, en este caso espiritual pero ya es semilla del utilitarismo, y hay que aplicar cada segundo a ser útil para la obra de Dios, el resto es idolatría, vanidad y pecado. No es de extrañar que se promovieran las ciencias y se rechazaran las artes, ¿o tal vez fue también por su poder subversivo?
¿Qué hacer entonces con todo el dinero que Dios te ha dado gracias a tu trabajo ascético? Invertirlo para generar más. Claro, tales concentraciones del capital nunca vistas tientan demasiado a la carne. Apaciguado el fervor religioso llega el capitalismo. Lo tiene todo, justificación de la pobreza por la providencia, empresarios y proletario dedicados a su profesión como medio de ascesis, concentración de la riqueza, ganancia económica como expresión de la virtud, utilitarismo, el trabajo como un fin en si mismo, etc. Una vez victorioso, el capitalismo ya no necesitó a la religión para mantenerse.

Este razonamiento, pobremente argumentado en el párrafo anterior, es el protagonista de todo el libro, dividido en 5 capítulos: Primero, datos y planteamiento del problema; Segundo, definición del Espíritu del Capitalismo; tercero, ética profesional en el Luteranismo; después, en los puritanos y por último la confluencia entre ética protestante y espíritu del capitalismo. Entendidos en la materia y no entendidos pueden seguir esta argumentación complementaria (que no enfrentada por no pretender el reduccionismo a ella) al materialismo marxista, al cual trate de leer de muy joven y hube de rendirme. Acostumbrados al ensayo, a textos de sociología, de economía o no, o simples legos, pueden seguir la argumentación de Weber.
Pero tampoco es tarea fácil, el exceso de casos, personajes y acontecimientos históricos que un lego como ello desconoce complican la lectura; las innumerables notas (casi un segundo libro) cortan el hilo argumentativo y lo confunden todo si no se está atento, a pesar de su gran valor añadido; y el uso reiterado, sobretodo en las notas, de latinajos, y otras citas a veces de todo un párrafo en otro idioma, requieren de una traducción a pie de página que no todas las ediciones garantizan. Para colmo, su estilo expositivo sobrio, desanimado y objetivo no anima a continuar la lectura. Toda motivación, todo entusiasmo, nace de la brillantez del contenido, y no siempre es suficiente. Por eso la recomiendo a quien esté especialmente interesado, a quien no, le recomiendo sin duda informarse sobre su hipótesis pero por otros medios.
No obstante, al final, cede un poco al impulso de los juicios de valor que luchaban todo el discurso por salir y ofrece alguna pequeña y sobria perla como:
“A juicio de Baxter, la preocupación por la riqueza no debía pesar sobre los hombros de sus santos más que como “un manto sutil que en cualquier momento se puede arrojar al suelo”. Pero la fatalidad hizo que el manto se trocase en férreo estuche. […] El estuche ha quedado vacío de espíritu, quien sabe si definidamente. En todo caso, el capitalismo victorioso ya no necesita de ese apoyo religioso.”
Acto seguido se arrepiente por haber cedido a este humano impulso y retoma su frío método expositivo, para concluir
“Una vez el ascetismo abandono las celdas monásticas para instalarse en la vida profesional y dominar la moralidad mundana, contribuyó en lo que pudo a construir el grandioso cosmos de orden económico que, vinculado a la producción industrial, determina con fuerza irresistible el estilo vital de cuantos individuos nacen en él (no solo de los que en él participan activamente), y de seguro lo seguirá determinando durante muchísimo tiempo más.”

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 4 votos · @Tharl le ha puesto un 7 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 9 años

Buena reseña, Tharl, de todo un clásico, con más de un siglo a las espaldas. Obra de sociólogo más que de historiador, más polemista que constructiva, no creo que interese a mucha gente hoy en día. En los 80 era una lectura obligada para los que, como yo, hacíamos Historia Moderna, aunque este menda preferia a Werner Sombart, otro del que ya se acordarán pocos. Weber fue, sin duda, brillante, pero sus ideas, en lo esencial correctas, eran fruto más de intuciones que de análisis históricos detallados. Aún así, es difícil sustraerse a lo original (para comienzos de siglo XX) de su planteamiento.

Y tienes razón: hav vida antes de la Edad contemporánea, vida apasionante y compleja.

@Tharl hace 9 años

Gracias por el comentario Faulkneriano!
No sabía del poco rigor de Weber en sus análisis, a mi en sus argumentos trataba temas que desconozco hasta tal punto que bastante tarea me daba seguir el hilo de su pensamiento. Tomo nota.

Tengo pendiente por ahí dos artículos que encontré en la web. Una revisión de la obra de Weber echa por su centenario, y una revisión comparativa de la obra de Weber y Sombart (El empresario y el espíritu del capitalismo en la obra de M.Weber y W.Sombart: un enfoque histórico-sociológico). Hasta que lo lea poco puedo opinar de este otro autor que desconozco.

En cuanto a la Historia, me está llamando últimamente mucho la atención la crisis sistémica bajomedieval. Me pregunto hasta que punto es extrapolable a nuestros días. Desde luego, medidas como el abuso de la "aristocracia" para continuar su lujo y pompa a costa de los más pobres sí que se repiten. Esperemos que no sea necesario un 1381. Microparásitos no sé, pero "macro" tenemos a espuertas.

Un abrazo!

@Faulkneriano hace 9 años

Si estás interesado en la época bajomedieval te recomiendo El otoño de la edad media, de Huizinga, uno de los ensayos históricos más hermosos que puede leerse. Más lleno de furia y dolor está Un espejo lejano: el calamitoso siglo XIV, de Barbara Tuchman, también muy recomendable.

No digo que Weber sea poco riguroso, sino que los estudios y documentos que podía tener a mano en 1900 eran a la fuerza más reducidos que en la actualidad. Por otro lado no me hagas mucho caso en esto: los historiadores no suelen llevarse bien con sociólogos, arqueólogos, antropólogos, politólogos y periodistas, por eso del espíritu de cuerpo.

Si te parece reprobable el intento de la aristocracia bajomedieval por conservar su poder pese al nacimiento de la burguesía y al auge de las ciudades, más te parecera el fenómeno de la "segunda servidumbre" que se dio en amplias zonas de Europa... ¡en el siglo XVI!, buscando no solo conservar sino aumentar su dominio sobre los campesinos. El caso más extremo fue la Rusia zarista, que no abolió la servidumbre hasta muy avanzado el siglo XIX, como explican bien los novelistas rusos, de Gogol a Turgueniev.

@Tharl hace 9 años

Gracias por las recomendaciones amigo.

¿La segunda servidumbre no surgió como medida de la Europa bajomedieval Oriental para salir de la crisis?

@Faulkneriano hace 9 años

Las coerciones laborales siempre son fruto de una "necesidad": en este caso, el aumento de población (y consiguientemente del consumo de trigo) que se dio en el siglo XVI despertó los apetitos de los grandes propietarios de las tierras cerealeras del este, que intentaron reducir costes, de acuerdo con los gobernantes, haciendo apretarse el cinturón a sus colonos.

Como ves, no hay nada nuevo bajo el sol. Ahora estamos, calculo, en la tercera servidumbre. Algún articulista ha usado ya la denominación.

@Poverello hace 7 años

Aunque mi parco comentario pueda dar origen a otro libro ciertamente es de rigor que los historiadores se llevan mal con los sociólogos, los etólogos y los antropólogos (más que con los arqueólogos, posiblemente, pues la ciencia de estos últimos tiene también más base científica que de observación). Con ello tan sólo quiero decir que inmensos cambios socio-políticos a lo largo de la historia se han producido más por intuiciones que por realidades fácticas (aunque las primeras obviamente pudieran partir de lo segundo).
Creo que Weber acierta muchísimo, con las limitaciones propias de la época, como apunta Faulkneriano.
Como me tengo que ir a ese mandato divino que se llama trabajo y estoy aquí condenándome al infierno más ingrato comentando cosas intrascendentes (en el sentido mas literal del término) ya continuaremos el debate sobre eso tan poco claro de que el puritanismo razone que la salvación depende de las obras.

Saludos fraternos a ambos.

@Faulkneriano hace 7 años

El corolario implícito de esto es que el catolicismo, al fiar las recompensas al otro mundo, no predispone al trabajo. Los días de fiesta que la Iglesia establecía en épocas medievales eran interminables: ríete de la Inmaculada, de la Navidad y de la Epifanía del Señor, fiestas propias de estos tiempos.

@Poverello hace 7 años

Me has sacado el trapo rojo, Faulkneriano.

Lo de fiar las recompensas al otro mundo es común a todas las confesiones cristianas, no sólo al catolicismo, y no sería ese precisamente el motivo de la separación ni de la Iglesia Ortodoxa ni mucho menos de Lutero, que si llega a nacer hoy día no hubiera sido un subversivo más dentro de la Iglesia, como tantos hay. De hecho muchos hermanos y hermanas cristianos siguen pensando que la recompensa será en el otro mundo, obviando infinidad de textos evangélicos que afirman justamente lo contrario: "Os aseguro que todo el que por mi causa y por causa del evangelio deje casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras, recibirá YA EN ESTE MUNDO cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madre, hijos y tierras, aunque con persecuciones; y en el mundo venidero recibirá la vida eterna" (Mc 10).

Esto quiere decir que la diferencia está en el enfoque que cada movimiento reformado da a cómo se llegan a alcanzar dichas recompensas, que es el fundamento principal hacia el cambio socio-económico que bastante bien explica Weber, esté uno más o menos de acuerdo con la globalidad de sus argumentos.

Gandhi, que tiene una hermosísima autobiografía, decidió subtitularla "Mis experimentos con la verdad", y digo esto porque yo de historiador tengo lo justo y mis opciones se basan más bien en lo intuitivo por lo visto a lo largo de la historia y a mi propio alrededor que en otro fundamento demasiado científico, por eso cuento mi experiencia personal al respecto de un hecho del que parte Weber en su fundamentación y que considero prioritario. El valor que los cristianos dieron al trabajo desde el principio (potenciados indudablemente por determinados intereses políticos que fomentaron una manera de entender esto para mantener determinado estatus social en sus dirigentes): era un método de subsistencia y todo lo que fuera estar por encima de eso no era lo conveniente según la voluntad de Dios. Ello derivaba indefectiblemente en que no debían usar el dinero como negocio (los judíos lo aprovecharon de lujo, todo sea dicho). Una trabajaba para vivir, punto. Luego llegó el Calvinismo con la predestinación absoluta y diferentes movimientos protestantes con mayor o menor implicación de la profesión, entendida como vocación, a la hora de asegurar esa salvación por muy predestinada que estuviera y manejar bien los bienes que produces con el trabajo, pues los movimientos derivados de las ideas de Lutero. nunca renunciaron del todo a la idea fija de que lo que salvan no son las obras, sino la fe. De toda esta concepción en parte materialista surge la idea, que muchos cristianos mantiene hasta el día de hoy de que cuanto más ganes más feliz estará Dios con los dones que te ha otorgado y que puedes compartir con los demás, a pesar de que esa segunda parte se dé bastante menos. Un rico solidario y justo es una propia contradicción de términos: pues si comienza a ser justo dejará de ser rico.

Y todo esta perorata para enfocar la idea de que a lo que me refiero es a qué modelo de sociedad económica decidimos enfocar la vida. Por mi parte trabajo cinco horas al día; me ofrecieron siete ganando evidentemente más, pero resulta que con lo que gano con cinco me mantengo, tengo más tiempo libre (pecado mortal para los anabaptistas) para dedicarlo a lo que me venga en gana: leer, escribir, ver cine, reuniones con colectivos... y por mi parte me niego a ganar más de lo que necesito para vivir. Ahora el tema está en qué es lo que uno necesita para vivir, y ahí están más opciones o decisiones globales a nivel personal.

Evidentemente, he obviado en mi reflexión infinidad de matices económicos y políticos en los que los de arriba han basado siempre la estructura social y que ha mantenido a masas de población en la exclusión y la marginalidad, pero no puede uno hacerlo todo, y como dije, soy más de experimentar que de debatir conceptos, pero es que el cambio social de una sociedad de mercado no vendrá sólo porque presionemos a los de arriba -algo con lo que la mayoría estaríamos de acuerdo- sino por decisiones personales que inviten a la coherencia.

@Tharl hace 7 años

Creo que la argumentación de Weber se basa en ese cambio en la actitud hacia el trabajo que comenta Poverello; pero no es menos cierto que, con la reforma protestante, quedaron escindidas la vida terrena y la ultraterrena. Hasta donde sé, a efectos prácticos, un creyente puritano se comporta como si Dios fuera una fuerza mecánica que ha puesto a girar el mundo y se limita a mantenerlo, que ha decidido si uno tiene o no lo gracia con antelación y en cuya vida poco va a interferir. No hay cabida para la confesión ni otros actos sacramentales, tampoco para la superstición, ni si quiera para las artes más libres. Y aquí es donde la aportación de Weber se vuelve aún más fascinante abarcando todos los aspectos de la sociedad moderna y su racionalidad (concepto fundamental para toda la sociología y en especial para la de Weber o Simmel), la revolución científica incluida. Newton era un fervoroso puritano.
Una vez el dominio de lo ultraterreno se convierte en algo tan abstracto y lejano, es fácil que desaparezca, dejando las consecuencias para la posteridad.

No soy ningún experto en el tema, pero si no me equivoco, la contrarreforma es de signo radicalmente contrario, resultando mucho más… barroca. Me están torturando con textos de la Ilustración Española (los quemaba a todos menos a Jovellanos y White) y me llama la atención que, en la reacción antibarroca que supuso el neoclásico, se hiciera tanta insistencia en ideas auténticamente puritanas. Incluso con la Inquisición rulando por ahí. Feijoo, por ejemplo, afirma repetidas veces, sobre todo al atentar contra la superstición, que el hecho de que en Inglaterra sean herejes en materia religiosa, no significa que no tengan razón en muchas cosas. También hay una obsesión creciente por la vagancia y mendicidad, que dejan de ser receptores de caridad a una vergüenza a controlar culpándoles (casi) de su situación. Es curioso que esta “modernización” de España tenga un alto grado de “puritanización”. Tal vez sea otra causa de que en España la Ilustración fuera una “Ilustración insuficiente”, o tal vez esté patinando completamente en lo que digo.
De hecho, creo que la Iglesia Anglicana es extremadamente similar a la católica y, no obstante, es la cuna del capitalismo…

Es un placer escucharos pero poco puedo aportar al debate. Ciñéndome a Weber sí creo que ese cambio en la actitud hacia el trabajo da lugar a la conversión de la vida terrena en un medio absoluto para todo (terrenal y más allá), y que eso está a un aspaviento de convertirla en el valor absoluto de la vida (y el trabajo hará al dinero su principal mediador).

@Poverello hace 7 años

Como comentaba, algunas de mis lagunas en historia superan en extensión al Titicaca, por lo que confío en el buen criterio de Faulkneriano al respecto para corregir mis percepciones, pero respecto a la Contrarreforma, su fundamento único era, como su propio nombre indica frenar la extensión del protestantismo y más en concreto el puritanismo. De hecho si nos ponemos a comparar las bases religiosas de estos últimos, donde prevalece la relación personal del creyente con Dios y la Biblia de forma individual (lo que comentas por ejemplo de los sacramentos) o renunciar a toda autoridad, con lo que supuso el movimiento católico son radicalismos a la inversa. Desde la Iglesia Católica se fomentó el férreo control de la fe, que retomando cuestiones del medioevo no se pudiera acceder al estudio de la Biblia extendiendo de manera ya global y centrada la creación de los seminarios, la lejanía y magnificencia de Dios respecto a las míseras criaturas (de ahí el estilo barroco, por ejemplo), pero ambas corrientes las considero extremas en varios aspectos.

Respecto a la Iglesia Anglicana no entiendo muy bien lo que quieres decir con que se parece mucho a la Católica (¿?). De hecho, yo entiendo lo contrario, e incluso en relación con otras Iglesias protestantes, tanto por su... al menos curioso origen, como por la autonomía religiosa (no política) a la hora de tomar determinadas decisiones relacionadas con aspectos básicos (aunque quizá erróneos) en otros credos y que les ha supuesto que incluso obispos abandonen sus filas. El caso más reciente la ordenación de mujeres.

@Tharl hace 7 años

No sé si dio otra impresión, pero al comparar la Contrarreforma con la Reforma, en especial el calvinismo, no quise realizar ningún juicio de valor sobre si son o no extremas y lo que me parece cada una; lo que me fascina es, como a Weber, lo inmensamente relacionados que están estas religiones con múltiples aspectos socioculturales. En cierto modo creo que la sociedad moderna tiene más de puritana que de católica y me llama la atención que el proceso de modernización en países católicos, no solo haya sido más lento y deficiente, sino que haya pasado por la asimilación de ciertos corolarios de la ética protestante.
Lo de la Iglesia Anglicana lo dije desde mi más absoluta ignorancia. He escuchada varias veces que es la más cercana a la católica de todas las Iglesias de la Reforma. Dejando al margen prácticas como el rechazo a la autoridad papal, el matrimonio de los obispos y últimamente el ordenamiento de mujeres; solo disiente en unos pocos puntos fundamentales, no? Creo que rechazan la transubstanciación, pero conservan la eucaristía, lo que no entiendo muy bien cómo es posible. Y aunque creo que rechazan la confesión, si conciben la salvación por la fe. Por eso me extraña que la cuna de la revolución industrial y, en cierto modo, la sociedad moderna, sea la iglesia protestante más afín a la católica y ajena al dogma de la predestinación.

Abrazos!

@Faulkneriano hace 7 años

Hombre, Poverello, yo sólo quería hacer un (mal) chiste, no sacar el trapo rojo a nadie. Mis disculpas.

Distinguimos, desde Lutero and friends, entre catolicismo y religiones reformadas (protestantes, vaya) Cuidado: también el catolicismo se reformó en el siglo XVI (que se lo digan a Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz) pero lo que hizo con más entusiasmo fue enrocarse y contraatacar: la Contrarreforma, ea. Y no deben confundirse protestantes con puritanos. Los puritanos son protestantes, pero no todos los protestantes son puritanos. Cada iglesia tiene en su seno grupos más radicales en sus afimaciones. No es lo mismo un anglicano de la High Church (tan ceremoniosa, y no muy distante de la católica.... en algunas cosas, especialmente los ritos) que un cuáquero estricto. Weber habla de protestantismo, no de puritanismo, aunque quizá en la versión más depurada de religión reformada puedan verse mejor las intenciones de su libro.

Tharl, me hace gracia que te martiricen con nuestros ilustrados. No es para tanto, hombre: cosas peores he visto. Imagínate que te ponen a leer sermones barrocos o a los tratados sobre la usura de la Escuela de Salamanca. A ver si hacemos todos por "la pública felicidad". Correcta tu percepción del siglo XVIII como una época de creciente "afinamiento" religioso: una religión menos popular, más racional, menos toscamente caritativa... más secularizada.

Lo de las fiestas, aunque pretendía ser un chiste, es cierto: un autor que no recuerdo (Batjin, quizá) contabilizaba en más de cien las fiestas religiosas anuales en el Paris de finales de la Edad Media. La cuestión es: ¿cuántas fiestas había en Haarlem y cuántas en Nápoles un par de siglos después? Desde luego, la existencia de intermediarios (Virgen y Santos) en el caso del catolicismo y el gusto barroco (y contrarreformista) por la fiesta disparaba los números rojos en los calendarios.

Muy interesantes las aportaciones de los dos.

@Poverello hace 7 años

Te explicaste perfectísimamente, Tharl, sólo completaba algunos aspectos que consideraba interesantes partiendo de tu argumento. Me ha hecho gracia lo de que la sociedad actual tiene más de puritana que de católica. Si te refieres a protestante (como apunta Faulkneriano, aunque Weber sí que aterriza y mucho al final de sus argumentaciones sobre el sentido del trabajo en el puritanismo) estoy de acuerdo. ¡Hasta muchos católicos tienen/tenemos más de protestantes!

Respecto a lo de la Iglesia Anglicana, y salvando como siempre el error de generalizar pues también comentaba Faulk la diferencia entre según qué grupos protestantes, pues debido a la personalización de la fe hay decenas) el sacramento de la eucaristía es común a todo el protestantismo. es el único sacramento que aceptan junto con el bautismo, aunque sin aceptar la transubstanciación, que no entienden ni la mayoría de los creyentes. Por algo es un misterio. La diferencia fundamental entre el anglicanismo y el resto es que ellos sí que de alguna manera muy difusa y que ha llevado a muchas polémicas creen en la sucesión apostólica y a nivel de estructura su jerarquía es similar a la católica. A nivel normativo y dogmático son muy parecidos a sus hermanos protestantes, creo yo.

Sabía que era un (buen) chiste, Faulk, igual que mi frase hecha. Disculpas las mías. Lo del domingo al menos vamos a valorarlo, ¿no? que antes no se descansaba ni un día. En España la secularización no la conseguimos ni en el siglo XXI.

@Tharl hace 7 años

Yo en eso soy ecuménico: sabados, Sabbat; domingos católicos; y no rechazo sugerencias de ninguna religión :D
Deberían enseñar el Calendario antes de comenzar a exponer sus dogmas...

Tengo un poco follón con todas las sectas protestantes. Que si luteranos por allí, que si anglicanos por allá, baptistas y anabaptistas acullá, y los cuáqueros callados… cualquiera se entera. Y por lo que sé, llega a haber tantas diferencias entre ellas como entre ellas y la católica. Pero no me hagáis dudar de lo poco que tenía claro. Puritanos = calvinistas, no? Como dice Poverello, Weber aterriza completamente en el calvinismo, donde está el núcleo de su tesis ligado a la idea de predestinación. Por eso me choca que en Inglaterra, sin aceptar esta doctrina, fuera donde más acentuada fue la Revolución Industrial y el origen del capitalismo. Supongo que Weber, un tipo bastante listo, lo matizaba y explicaba en el libro, y seguro que hay mil matices religiosos e históricos que lo explican, pero hoy por hoy no me acuerdo y revisando mis notas no encuentro mención alguna.

Un abrazo, amigos protestantes :D

@Poverello hace 7 años

Tampoco, Tharl, jajajajaja, que yo entienda el puritanismo es una escisión radical del Calvinismo, pero es que el Calvinismo es así mismo una rama estricta del Luteranismo tras la expulsión de éste del seno de la Iglesia. Es lo que tiene la personalización de la fe, que surgen corrientes dándole patadas a una piedra: hoy día están todos los grupos evangélicos, la Iglesia de Philadelphia... un sin fin de sin fines.