LA RUSIA PROFUNDA por sedacala

Portada de ALMAS MUERTAS

ALMAS MUERTAS es un libro muy interesante, a pesar de su ubicación en el tiempo, anterior a las novelas de los grandes escritores del realismo ruso; esa antigüedad no hace su lectura menos interesante por el hecho de ser más primitiva.
Publicada en 1.842, tiene carácter de avanzadilla de las grandes obras que los Tolstoi, Dostoievski, Turgueniev o Chejov, escribieron en la segunda mitad del siglo XIX.
Conviene, para situar al potencial lector, explicar que el libro que actualmente llamamos ALMAS MUERTAS, es una compilación de dos partes. La primera está completa, pero la segunda, a la que pensó cambiar el título, no lo está; su autor, afectado por graves trastornos psicológicos, renegó de ella en los últimos días de su vida, hasta el punto de intentar quemar el manuscrito. Al parecer sólo quemó unas cuantas páginas; el resto, se publica hoy formando un todo con la primera parte, conservando el título de la misma.
También, hay que hacer otra puntualización aún más extensa, necesaria para informar al lector del sistema que regía el funcionamiento de la sociedad rusa en la primera parte del siglo XIX, sin ella no sería fácil entender los sucesos relatados en el libro.
El régimen de servidumbre, se abolió, no sin dificultades, en 1.861, y por tanto, en la época de la novela estaba plenamente vigente. Según aquel sistema, las tierras pertenecían en un 30% más o menos al Estado, mientras que el 70% restante eran propiedad de terratenientes particulares. Los agricultores que trabajaban las tierras de Estado, eran algo parecido a funcionarios, pero los que trabajaban para propietarios privados (la nobleza terrateniente), estaban adscritos a la tierra, formando parte de ella como siervos, sin capacidad para moverse con libertad y cuyo rendimiento laboral pertenecía a su señor.
A estos campesinos (mujiks), es a los que se refiere el título de la novela cuando menciona las almas. Otra de las particularidades del sistema, era que esos siervos podían ser comprados o vendidos, y sus nuevos propietarios podían trasladarlos a otras tierras sin atender a la voluntad de los interesados.
Como se ve, los campesinos sujetos a servidumbre, eran prácticamente esclavos. Con la expresión “almas muertas”, el título hace referencia a que el protagonista de la novela deambula por la Rusia rural, intentando adquirir la propiedad de siervos que ya habían fallecido, pero que dicha circunstancia, aún no estaba reflejada en los censos que se hacían cada diez o quince años.
Se supone que esa propiedad, aún no siendo real, por estar ya muertas esas personas, le permitiría al protagonista acceder a un crédito del Estado.
De todas formas, esto no es más que un pretexto y no demasiado importante, en el que poder basar la historia. Su auténtico interés no reside en ello mismo, sino en todo lo que esa situación propicia a lo largo de la novela.
Empezaremos, por dividir los focos de interés del libro en los dos siguientes aspectos:

UNO, el mensaje crítico que Gogol quiso transmitir con relación a la situación general de la Rusia rural, al funcionamiento de las explotaciones agrícolas, a la vida de los terratenientes y de los mujiks, y por fin, al tipo de sociedad que regía la vida de las pequeñas ciudades con su pequeño y corrupto funcionariado.

En este primer aspecto, cuando se inicia la lectura parece sacarse la conclusión de que la actitud del autor es muy crítica con el funcionamiento del régimen de servidumbre. Sin embargo, el curso de la novela nos va haciendo ver que no es así. Gogol desea fervientemente transmitir al lector el mal funcionamiento de las cosas en Rusia y hace una trascripción muy crítica de la situación real. Pero, esto no debe hacer pensar que su crítica pretenda cambiar el régimen de servidumbre, ni mucho menos suprimirlo.
Él se queda en la crítica a las personas, como sí tal crítica y la subsiguiente regeneración moral que propone, pudieran actuar como motor suficiente para mejorar la marcha de las cosas. Además, tal razonamiento resulta sorprendentemente ingenuo, por cuanto él, en su propio libro, aporta muchísimos datos que permiten ver claro, que si la buena voluntad de las personas va a ser el mecanismo que se va a utilizar para darle solución a todo, es completamente seguro que nada se arreglará.
Así pues, Gogol, cuya familia pertenecía a la nobleza, no pretende con su estilo regenerador, cambiar el régimen de servidumbre, sino predicar una moralidad que redunde en un mejor funcionamiento de las instituciones. De hecho, en el libro se mencionan noticias que llegan de determinados rincones de Rusia, indicando la existencia de revueltas de campesinos, y sólo los contempla como una consecuencia negativa de la inmoralidad y de la ineficacia reinante, pero, tachándolos de delincuentes y justificando su represión.
Pero bueno, tampoco quiero yo convertir esto en una crítica al autor, por su carácter más o menos reaccionario. Supongo que estas cosas hay que situarlas en su contexto, y la intención de Gogol, desde luego, era acabar con la inmoralidad imperante, aunque fuese desde su asunción del régimen de servidumbre.

DOS, el estilo, con el que Gogol transmite la narración, haciendo uso de recursos literarios muy originales, entre los que se encuentran el humor, la ironía, y sobre todo, un estilo propio apoyado en digresiones a manera de cuentos o relatos muy cortos llenos de moralejas, de expresividad desbordante y de permanente sarcasmo.

Es en este segundo aspecto, en el que me gusta más el libro. El estilo literario que utiliza, resulta sorprendente. No me esperaba un texto tan desenfadado y tan simpático. Había leído por algún lado, el paralelismo que se puede establecer entre ALMAS MUERTAS y DON QUIJOTE DE LA MANCHA, por aquello de que el protagonista va por las llanuras rusas, parándose en cada lugar, en busca de adquirir almas a buen precio, de manera tal que su deambular mantiene un cierto parecido con el de Don Quijote por la Mancha.
El paralelismo me ha parecido acertado, pero no tanto por la semejanza de sus movimientos. El auténtico parecido está en la manera en que el autor trata la relación de Chichikov, que así se llama nuestro héroe, con los distintos personajes con los que se va encontrando. En esa relación predomina un tono burlón y aparentemente desenfadado, con el que describe la manera en que la aventura en cuestión, puede acabar bastante regular para sus intereses, saliendo en algunos casos por piernas y escaldado, con desenlaces teñidos de un humor un poco acido, o incluso amargo, que efectivamente recuerdan mucho los desastrosos desenlaces de aquellas aventuras, en las que Don Quijote y Sancho acababan molidos a palos.
Pero, no siempre es así; en otros casos son fructíferas las relaciones que Chichikov va tendiendo con los distintos propietarios de tierras a los que visita. A través de esas relaciones, el interminable desfile de personajes diferentes, le sirve para ir haciendo su semblanza, creando así un muestrario de tipos y caracteres, y deteniéndose en ver como reaccionan éstos, ante las rocambolescas propuestas de nuestro héroe. Esa especie de galería de gentes, está perfectamente diseñada y su jugosa lectura es una de las aportaciones de esta novela, con una trama que se va desarrollando poco a poco y sin grandes acontecimientos. Lo bueno, repito, reside en la propia peripecia viajera, con toda la exhibición de caracteres humanos que conlleva.
Hay un tema que me interesa recalcar, por que creo que es un importante valor añadido a la lectura de esta novela. Me refiero, al atractivo tratamiento que da a las descripciones, por un lado, como ya he dicho de los caracteres de las personas, pero también por otro, de su realidad física, de si son grandes o pequeños, guapos o feos, jóvenes o viejos, si son cuidadosos o son unos cerdos, si su ropa es correcta o es un desastre, y todo, con el aporte de un gran lujo de detalles y matices que nos permiten hacernos una excelente idea de su apariencia física, de su indumentaria, o por ejemplo de su alimentación, enseñando muy bien las costumbres sobre la forma de agasajar al visitante, con formidables comidas y no digamos ya con la bebida.
Lo mismo se puede decir de los interiores de las casas en las que entra, recorre las estancias explicando sus características, y describiéndonos con mimo los detalles, facilitando así, el poder disponer de pistas adicionales sobre el carácter de sus dueños; incluso se extiende a los exteriores, a los jardines, las naves o los cobertizos de las aldeas, a las cuadras, y a las “isbas” o casas de los campesinos. Por fin, diría que en su afán de describir, describe también los paisajes, los bosques, los campos de cultivo y los caminos por los que se desplaza de un sitio a otro, a través del barro o la nieve.
Es decir y resumiendo, que su pretensión principal, es describir a las personas y criticar el funcionamiento de las instituciones públicas o privadas, para así hacer un fiel retrato de la situación real del mundo rural ruso. Pero no se queda en eso, sino que su retrato va más allá, y abarca también espacios grandes y extensos, u otros más próximos y más reducidos, desde las casas y las habitaciones, a la apariencia física de las personas.
Se podría decir sin temor a errar, que quien lea ALMAS MUERTAS, se formará una composición de lugar bastante completa, de cómo era la Rusia del siglo XIX, y por ello, estando a tiempo, sería recomendable leer este libro antes que las grandes obras de Dostoievski, o de Tolstoi. Haciéndolo así se tendría ya un conocimiento previo de la materia, que sería de bastante utilidad.
La única excepción, es que se refiere exclusivamente al medio rural, ni Moscú, ni San Petersburgo aparecen para nada, aunque se mencionen varias veces.

Escrita hace 9 años · 4.8 puntos con 5 votos · @sedacala le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Poverello hace 9 años

De nuevo completísima reseña, sedacala.

No quiero entrar mucho en faena porque ahora mismo estoy en 'fase terminal' con "Resurrección" de Tolstói y tengo algo así como cien mil anotaciones sobre el libro, que en mucho me recuerda a tu inicio de reseña (también trata la Rusia rural), y mi pensamiento inicial si no me dan mareos es hacer una reseña al respecto. Sólo aportar el absoluto antagonismo entre el enfoque de Gogol y el de Tolstói, quien podría haber sido un perfecto burgués, y sin embargo opta por retirarse del mundanal ruido y atizar a todo lo atizable desde su propia forma de vida. Lo dejo para 'Resurrección' que me embalo. Por otro lado, creo que se puede leer perfectamente 'Resurrección' antes de recurrir a Gogol, pues es absolutamente comprensible la idiosincrasia del campesinado de la que hablas. Y si no, ya se han leído tu reseña, je je.

@lucero hace 9 años

Excelente y detallada reseña. Sólo leí El Capote de este autor y ya me lo apunto. Me recuerda a Tolstoi...

@Faulkneriano hace 9 años

Buena reseña, sedacala. Gogol y Pushkin son los padres de la gran literatura rusa. Gogol, además, como bien recuerdas, es l más parecido al humor cervantino que alumbraron las estepas, y eso es especialmente visible en esa "salida" a la Rusia rural y eterna de Chichikov. Tengo un recuerdo un poco lejano de esta novela, así que no entro en muchos detalles. Que estuviera incompleta me hizo dejar para más adelante una cuestión: si Gogol era mejor cuentista que novelista. Es un autor que no tiene más que bondades. Su obra es muy corta (murió pronto y no fue nada prolífico) y no tiene desperdicio, vivo reflejo de una inteligencia poderosa y burlona.

@salakov hace 9 años

«Gogol es tan grande que no se puede escribir nada sobre él.» (Daniil Kharms)

Dicho lo cual, pena penita pena que en un ataque de locurón quemara la segunda parte de esta excelente —y a ratos hilarante— "Almas muertas".

@Faulkneriano hace 9 años

El episodio de la "locura" final de Gogol y la quema de su manuscrito siempre me ha llamado mucho la atención. Por lo que sé, Gogol, muy exigente con su obra (pulió con exquisito esmero sus cuentos, una y otra vez, hasta conseguir obras maestras como La perspectiva Nevski o El capote, del que hablaba Lucero) no debía estar muy seguro de las bondades de su novela y pasó un verdadero infierno buscándole un final (algunos críticos dicen que nunca lo encontró). No es tan raro: cualquier lector puede darse cuenta de que Las almas muertas es una novela itinerante, de episodios, donde el camino es más importante que la meta; una especie de vagabundeo circular por todas las Rusias... No sé qué habrá de cierto en esto. El Quijote también es una novela itinerante y tiene un hermoso y adecuado final.

@FAUSTO hace 9 años

Buena reseña, sedacala, como es habitual. Este es uno de los clásicos que tengo en mi estantería en la “lista de espera”. Las características que destacas de Gogol: el humor, con ironía y sarcasmo, y la crítica social, parecen ser su seña de identidad. Lo poco que he leído de este escritor, varios cuentos (recientemente, otra vez, “El capote”) y la obra de teatro “El inspector”, utiliza básicamente estos elementos. “El inspector”, que en un principio parecía una comedia más de enredo y la confusión de identidades, contiene una gran sátira sobre la burocracia, la corrupción y los poderes públicos, y, como comentas, crea unos excelentes retratos de diferentes personajes, dando a su obra un concepto más elevado que una simple farsa. Por cierto, se hizo una película basada en esta obra y protagonizada por Danny Kaye, entretenida y divertida, aunque no recuerdo hasta qué punto es fiel al texto.

Es indudable la trascendencia que tuvo en la literatura rusa, y también en otras. Dostoievski, que en sus comienzos literarios le bautizaron como “el nuevo Gogol” (aunque no veo similitud en sus estilos, si en su genialidad), destacó su importancia con su célebre frase: “Todos venimos de “El capote” de Gogol.”
Ya que has mencionado la analogía con la obra quijotesca, un gran aliciente para su lectura, no puedo evitar aludir la influencia que tuvo Gogol en otro excelente escritor: Kafka. Akaki, el personaje de “El capote”, tiene todas las “virtudes” del espíritu kafkiano. Otros de sus cuentos, imposible precisar qué grado, tienen esta equivalencia. Incluso lo que comenta Faulkneriano: intento de destruir sus escritos por el fuego y los finales inconclusos, son “eslabones” donde ambos están relacionados, aunque de una forma coincidente y azarosa.

Concluyendo: el humor, la crítica, las escenas quijotescas, el estilo, varios matices que detallas y la posible influencia en Kafka (puede que se me haya ido la mano con las correspondencias, y no sea tan evidente como en los cuentos), tiene todos los ingredientes de ser una obra maestra.

@sedacala hace 9 años

Hola Fausto. Hace unos meses, Zesar escribió una reseña que tituló KAFKIANO, en la que hablaba de similitudes o influencias de Kafka en Gogol y concretamente en ALMAS MUERTAS. Yo entonces no la había leído y no opiné, aunque si había leído TARAS BULBA y no veía parecido ni influencia ninguna del checo. Al hilo de aquella reseña, Faulkneriano negaba tal conexión y daba sus argumentos.

Yo, ahora que la he leído, debo decir que tampoco veo muy clara esa conexión. Una de las razones que tuve para hacer esta reseña prolija y detallada, fue la de conseguir que quien la leyese sin conocer la obra, entendiese bien dos cosas: una, el complicado negocio de Chichikov; otra, la situación en aquel momento del régimen de servidumbre en Rusia, situación que propiciaba la picaresca del espabilado de nuestro héroe. Ambas cosas deben conocerse, si se quiere entender bien lo que cuenta el autor. Sí no se conocen bien, puede ser difícil comprender, y se pueden interpretar los hechos como kafkianos.

En mi opinión, no hay nada de eso, su estilo mitad jocoso y mitad sarcástico, no me parece que tenga nada que ver con Kafka. En TARAS BULBA, menos aún, y de sus cuentos no puedo opinar por que no los he leído.

@Faulkneriano hace 9 años

Cierto, sedacala. La existencia de la servidumbre hasta 1861 en Rusia y la posibilidad de comprar y vender almas, muertas o vivas, puede calificarse de kafkiano, en un sentido conversacional, sobre todo si no se conoce el contexto socioeconómico en el que se inscribe la obra; de ahí que, con muy buen criterio, hayas procedido a explicarlo con cierto detenimiento en tu reseña.

Fausto, en cambio, apunta a coincidencias literarias entre Kafka y Gogol, algo en lo que no estoy muy de acuerdo. Una cosa concedo: la importancia que ambos conceden a lo burocrático, con matices algo siniestros, algo evidente en El capote. Pero hay diferencias: Gogol es insobornablemente realista, y cuenta la peripecia de Akaki Akákievich en un contexto claramente reconocible: una sociedad rusa fuertemente jerarquizada (los lectores habituales de novelas rusas recordarán el estricto escalafón de cargos civiles y militares al que se adscriben los personajes que sirven al zar) La peripecia del pobre empleado de El capote no es por ello menos descarnada y angustiosa, pero Kafka usa la pesadilla burocrática de forma mucho más abstracta, como uno de los rasgos distintivos de la sociedad occidental del siglo XX., tendiendo más a lo alegórico.

Los rusos, por otra parte, son muy dados a personajes un poco límites, de resonancias muy modernas, como el extrañísimo protagonista de Memorias del subsuelo de Dostoievski, uno de los personajes más raros que recuerdo: tan moderno en su extremo rechazo de la realidad que para algunos anticipa el existencialismo francés. No puede decirse, sin embargo, por ese motivo, que Dostoievski y Sartre sean primos hermanos.

Lo "kafkiano" es más difícil de rastrear, como bien dice sedacala, en la cervantina Almas muertas o en la épica Taras Bulba.

@FAUSTO hace 9 años

Gracias por vuestras aclaraciones y puntos de vista. La reseña de Zesar y sus comentarios se me debieron pasar por alto en su día, y ahora, después de leer tu reseña, no me he preocupado por echar un vistazo a las otras críticas. Es una cuestión de tiempo, no de falta de curiosidad.

También leí de joven “Taras Bulba”, fue mi primera obra de él, y por lo que recuerdo nada que ver: una entretenida novela de aventuras.

Hará más de 2 décadas, cuando leí sus cuentos (“El capote”, “La nariz”, “La avenida de Nevá”, “Apuntes de un loco”; no incluyo “Nochebuena”, una lectura posterior, y es una especie de leyenda popular rusa), que me dio la impresión de un cierto influjo en la obra kafkiana. El año pasado cuando releí “El capote” me confirmó dicha sensación. Obviamente ambos son escritores diferentes, pero las coincidencias que vi en ciertos aspectos me parecieron fundamentales. Gogol refleja la realidad, pero haciendo concesiones a la fantasía que la desvirtúa adquiriendo significados que pueden pasar perfectamente por el absurdo. Su personaje se ve desbordado por una situación que no controla y tampoco comprende, y la desesperación que le abruma, desde un humor acido y cruel, se asemejan a los padecimientos de los protagonistas kafkianos. Ambos desde su perspectiva, componen sendas críticas, uno a una realidad burocratizada, y el otro un análisis psicológico del hombre ante una sociedad incomprensible. Simplemente estos asuntos me parecen decisivos e importantes para relacionarlos o, por lo menos, presuponer una cierta influencia.
Puede todo sea una apreciación de “grado”, que cada lector tiene, para determinar si hay “ascendencia” o similitudes. Según mi criterio, si se puede vislumbrar (entre los relatos cortos) conceptos que manejan los 2 autores, y de ahí cierta afinidad.

Coincido con Faulkneriano en las circunstancias que desarrolla Kafka son más simbólicas, con una observación más interior y una realidad que parte de conceptos irracionales e incoherentes. El humor y la ironía es otro de los aspectos que los diferencia, aunque hay lectores y escritores que consideran al literato checo un gran escritor humorista; cosa que, con todo lo que he leído de él, nunca he sabido descubrir.

@Faulkneriano hace 9 años

Fausto, los cuentos que has leído son los más urbanos, las historias de San Petersburgo. Acabo de subir Las veladas de Dikanka, el primer libro de Gogol, bastante menos conocido, de ambiente rural y de un carácter mucho más enraizado en las tradiciones rusas. Los cuentos de Didanka no son mejores que los que has leído (es difícil superarlos) pero ofrecen un autor bien distinto: como en Taras Bulba, aquí hay poco de kafkiano. Para que te hagas una idea, Nochebuena es de ese volumen. Entiendo tus argumentos, que pueden aplicarse a una parte de su producción. No es el caso de Almas muertas, que es la que dio origen a este intercambio. Vuelvo a ella para comentar una cosa: el carácter secundario que muestra el campesino ruso en la literatura de este país.El mujik es siempre un figurante, entre víctima resignada y bribón malicioso, y, pese a ser abrumadora mayoría hasta la Revolución de 1917, rara vez pasa a primer término, por más que sus problemas, entre ellos la cuestión de la servidumbre, se discutan a menudo.

@Poverello hace 9 años

No sé... lo de los mujik lo tengo justo entre manos ahora con "Resurrección" y si bien es cierto que no podría considerarse protagonista directo a ninguno de ellos, la influencia que ejerce su presencia y el conocerlos de manera directa en la 'resurrección' del personaje principal es más que evidente y sin esta realidad no tendría sentido buena parte de la novela. Claro, que Tolstói era muy suyo y, de alguna manera, se aprecia su redacción y su prosa como una profunda exposición y reflexión de varios cabreos interrelacionados.
Ya veremos cuando lo termine.

@Faulkneriano hace 9 años

Al conde Tolstoi (contradictorio personaje donde los haya) le cabe el honor de haber incluido un personaje plebeyo, Platón, en su gran novela, Guerra y Paz: el humilde campesino que acompaña a Pierre en la desastrosa retirada francesa es un personaje inolvidable. Turgueniev también incluyó muchos campesinos en sus Relatos de un cazador, que tengo en mi balda de lecturas pendientes. Así que ya te contaré... El campesino ruso pasó de ser el gran olvidado a convertirse en objeto de persecución durante la revolución bolchevique, pero esa es otra historia.

@FAUSTO hace 9 años

Con este pequeño debate se ha renovado mi interés por Gogol. Las dos últimas lecturas, que he comentado antes, fueron bastante diferentes y con un notable resultado, y se puede decir sorprendente en la obra de teatro, pues dentro de un inicio convencional se va profundizando poco a poco dando a la obra con una buena composición final.
Tanto “Almas muertas” como sus cuentos, los que leí y el libro que apuntas, no tardaré en incorporarlos en mi “plan de lectura”.

Al hilo de lo que comentáis, sobre el rol circunstancial del mujik y su influencia, me viene a la memoria el personaje que cuida al protagonista de “La muerte de Iván Ilich”; con un papel totalmente secundario, pero decisivo para que Iván descubra la realidad que le rodea y lo que significa su vida.

@lucero hace 9 años

Buena asociación Fausto, es un personaje clave en La muerte...., es quién lo pone en tierra a I. I. Salvo Ana Karenina, y los cuentos de Tolstoi, tengo poca lectura de rusos pero es notable la importancia que tienen en los textos la vida rural y la de los mujiks. La revolución estaba cantada.
Excelentes intercambios ha provocado esta reseña de sedacala. En buena hora.

@lucero hace 9 años

Buena asociación Fausto, es un personaje clave en La muerte...., es quién lo pone en tierra a I. I. Salvo Ana Karenina, y los cuentos de Tolstoi, tengo poca lectura de rusos pero es notable la importancia que tienen en los textos la vida rural y la de los mujiks. La revolución estaba cantada.
Excelentes intercambios ha provocado esta reseña de sedacala. En buena hora.

@salakov hace 9 años

Dostoievski, Tolstoi, Gogol, Chejov... ay.

♪ ¡Qué pena que no sea ruso señor!
¡Qué pena no ser ruso señor hoy! ♫

@Faulkneriano hace 9 años

Non capisco niente, salakov (nombre, por cierto, que podría pasar por ruso)

@salakov hace 9 años

Es que es melomanía nivel 'advanced'. ; )

Digamos que es la canción con la que envidio el nivel de la literatura rusa.

@Guille hace 6 años

Efectivamente, Almas muertas es una obra divertida en el mismo sentido que podemos decir que es divertido El Quijote, aunque no alcanza la universalidad de la obra del español.

Como bien dices no hay un afán por críticar el sistema agrario ruso y la situacion en la que se encuentran sus trabajadores, sus esclavos, más allá de la influencia que en la eficiencia en la explotación tiene el carácter de los propietarios, muy cariturizados en la obra. Lo que sí parece molestarle al autor es la burocracia y los burócratas y la corrupción que parece estar siempre asociada a esta actividad.