LA NOVELA por sedacala

Portada de IVANHOE

Leer a Walter Scott es como volver a la infancia, a aquella infancia tardía o primera adolescencia, llámese como se quiera, en que las capacidades lectoras disponibles, permitían ya afrontar retos de este calibre.
Mientras tanto, nos asomábamos al mundo de las aventuras a través de un cine que, sin duda, adelantaba a los libros en esa carrera por conquistar adeptos. Eran tiempos aquellos, en que la espada, el escudo y la flecha, eran, tan fascinantes o más que el Colt, el Winchester, o el tomahawk. Tiempos, en que se disfrutaban las excursiones domingueras a que nos llevaban nuestros padres, corriendo a las órdenes de Errol Flynn o Robert Taylor, a través de unos bosques que imaginábamos de Sherwood, aunque fueran de las sierras carpetovetónicas.
No había leído IVANHOE, aunque parezca mentira viniendo de alguien que disfrutó de chico con las novelas de aventuras, pero sí leí otras muchas cosas que me lo recuerdan, y de todas ellas hace mucho tiempo, demasiado quizá. Desde que leí EUGENIE GRANDET, hace ya un par de años años, tenía ganas de volver sobre algo que me remitiese a otros tiempos y que me emocionase tan profundamente.
Debo reconocer ante todo, que la calidad literaria de IVANHOE no es la causa de mi conmovido ánimo, aún pareciéndome excelente. La causa es de índole afectiva o anímica; son muchos los elementos que me hacen disfrutar con su lectura, y casi todos ellos se basan en antecedentes de tipo personal. Los más objetivos, pueden hacer referencia a su estilo, que es indudablemente romántico; aquí, no hay duda, la expresión es vehemente; los detalles abundantes, como su indumentaria colorista, o como el terreno boscoso que pisan; el lenguaje es claro, sublime, y vigoroso cuando se precisa; no falta en el texto información sobre aquella Historia inglesa, sin que abrume, pero sin que se eche en falta.
Otros elementos se refieren a la época que trata, que no es, sino la Inglaterra medieval; quedó atrás ya Hastings, y la entronización normanda. Es aquella época, en que la Historia se abre al conocimiento tras los oscuros siglos de una sola cifra en que los pequeños reinos y las leyendas artúricas, se funden como en una nebulosa.
En un ambiente de tensión entre normandos y sajones, se desarrollan las reyertas intestinas con la siempre presente referencia a las Cruzadas y a la cuestión sucesoria, y todo, dentro de una sociedad de un medievalismo primitivo, en el que a todo lo anterior se añade el escaso valor de la vida, la pobreza generalizada, la inseguridad de los caminos, y un desarrollo urbano que todavía no ha empezado a despuntar.
Esto suponía para los ciudadanos del Imperio Británico en 1819, el mejor paradigma posible para satisfacer los anhelos de construcción de un pasado histórico glorioso. Era un pasado propicio para ser mitificado por el imperialismo británico, por su atractiva y pintoresca ambientación y por que dibujaba el origen racial de Albión; no olvidemos, que los sajones procedían de Germania, que los normandos eran una suma de daneses y francos y, retrocediendo más aún en el tiempo, que hubo anglos (también germanos), y celtas. Este pasado ario, constituía un buen punto de apoyo para enlazar las antiguas glorias medievales, con la progresiva influencia británica en el mundo contemporáneo de Walter Scout, restando así importancia, de paso, a los convulsos siglos que vieron las guerras de religión, los procesos revolucionarios de la época de Cromwell, y la experiencia republicana.
Es en ese contexto de sublimación histórica medievalista, que el romanticismo imperante propiciaba, cuando salió a la luz esta novela. Su autor, en contra de lo que podría deducirse de lo dicho, no era inglés, sino escocés, y antes de contar estas historias de anglos y normandos, había escrito exclusivamente sobre su Escocia natal. Lo cierto es, que sus historias, medievales o no, tuvieron un insospechado éxito comercial, hasta el punto de que se le considera el creador de la novela histórica, extendiéndose su reputación, no sólo por las islas sino también por el continente y el mundo de influencia anglosajona. Fue el auténtico creador de “best sellers” de su época; hablar de Walter Scott, era hablar de la máxima expansión de la novela por el mundo.
Como todo en la vida, tuvo su auge y su decadencia; la suya vino con el advenimiento y consolidación del realismo, que al imponerse, arrasó su obra dejando impresa en la memoria colectiva de los lectores una imagen de cosa anticuada o pasada de moda. Supongo que esa imagen negativa, se habrá suavizado en alguna medida, pero de eso no estoy muy seguro. Yo, por mi parte, lo que puedo afirmar es que, para mí, leer IVANHOE ha sido una experiencia inolvidable.
Debo reconocer sin embargo, que las exageraciones con una cierta dosis de ingenuidad, que poblaban las novelas históricas del romanticismo, están aquí también presentes. En si mismas no me parecen mal; sólo diré, que creo que deberían tener una cierta justificación histórica. Las que hay en esta novela, me parecen totalmente pertinentes y justificadas. Obviamente, la época medieval que se retrata en la novela, no era tal como aquí aparece. El mismo cine nos ha mostrado claramente, como aquellos tipos románticamente vestidos, de las películas de los años cuarenta o cincuenta, no se correspondían con la realidad medieval y eran, en años muy posteriores, sustituidos por otros, quizá más genuinos, aunque vestidos como auténticos haraganes, y este ejemplo que pongo de la indumentaria, se podría extender a casi todo lo demás.
Yo particularmente no tengo duda; todos los excesos argumentales o estéticos que Walter Scott, o Richard Thorpe, o Michael Curtiz, llevados por su entusiasmo romántico y medievalista, pusieron sobre el tapete en esta historia, en mi opinión, están muy bien puestos; podría decirse que estas cosas, si no ocurrieron así, bien podrían haberlo hecho, y se asumen con fe ciega y sin distorsión aparente (aunque objetivamente sepamos que alguna existe).
Llama la atención en este sentido, el tratamiento que se hace a lo largo de todo el libro sobre la caballería andante; los lectores españoles, conocedores del Quijote, enseguida detectan la endeble base histórica, en que se apoya la idea de un rey que adopta el rol de impenitente caballero andante.
Pero lo cierto es, que el que lee el libro no está leyendo Historia de Inglaterra sino una novela. No sé si a los historiadores les puedan molestar estas distorsiones, supongo que sí; pero como lector de novelas el resultado es formidable, la historia es tremendamente entretenida y está escrita con un lenguaje de una extraordinaria fuerza.
Los personajes, adoptan en algunos momentos, un discurso soberbio y trascendente perfectamente imbricado en el tono medieval de exaltación del honor y la religión (léase la agonía de Front de Boeuf con la bruja), mientras que en otros, se percibe un intento por demostrar que ahí estaban ya, los sustratos de una aún lejanísima democracia; me refiero sobre todo a esos amagos de igualitarismo surgido en las asambleas forestales que se gastan Locksley, el fraile y el Caballero Negro, con las gentes del pueblo llano.
Conviene mencionar que este Locksley que aquí aparece es el legendario Robin Hood, que con sus compinches de Sherwood también participaba ya de ese romántico deseo de repartición justa de la riqueza, quitando al rico, para darle al pobre.
En 1.819, en el Reino Unido y en Europa en general, esos destellos igualitarios, muy propios también del Romanticismo, venían a ser un motivo más de disfrute y de emoción, para aquellos entusiastas lectores del siglo XIX.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 7 votos · @sedacala le ha puesto un 9 ·

Comentarios

@Poverello hace 9 años

Retornaste con fuerza, sedacala, como Ivanhoe. Me alegro.
De Sir Walter Scott sólo leí Rob Roy, que me resultó muy curiosa y para nada una novela de aventuras al uso pues el nombre del héroe pulula de manera constante por sus páginas sin estar presente casi nunca. El espíritu de la leyenda.
Recuerdo mucho esas tardes domingueras de un sólo canal: la 1. Alternando a Tarzán y a ese colt que mencionas con los clásicos de aventuras: El príncipe valiente, Ivanhoe, Los caballeros del rey Arturo, Los tres mosqueteros, Pimpinela escarlata... Oh. Pavada de pelis echan ahora de sobremesa. Pa' cortarse las venillas.

@Faulkneriano hace 9 años

Ivanhoe es una pura delicia sobre todo por su tremenda fuerza narrativa: es una máquina de contar historias perfectamente engrasada, donde las pinceladas históricas se conjugan con una trama y unos personajes realmente absorbentes. Scott es no sólo el primero realmente bueno (por lo que ha pasado cumplidamente a la historia de la literatura) sino uno de los más competentes autores de ficciones históricas que conozco. Es, ante todo, un gran novelista, sin género, que no concede respiro, que despliega grandes personajes llenos de fuerza (Front de Boeuf y Bois-Gilbert son realmente malos, malos como ellos solos) y tiene un ojo clínico para los detalles que dotan de verdadera atmósfera a una historia realmente vertiginosa. No me parece tan atildado y glamouroso como se dice: tiene apuntes verdaderamente cutres y escenas bastante turbias, que no remiten al medievo de cartón piedra de la Metro-Goldwin-Mayer. Esto es todavía más perceptible en novelas suyas como El pirata (una verdadera obra maestra, que recomiendo) o El corazón de Mid-Lothian, más cercanas a su tiempo, ambientadas una en el siglo XVIII (como Rob Roy) y otra en el XVII, pues no es cierto que sólo guste de las historias medievales, ni mucho menos. La novela y el cine modernos han caído en el extremo opuesto: la suciedad, el primitivismo ocupan el primer plano. Scott es más mesurado y su versión del Medievo es tan irreal (como toda la literatura que se precie) como fascinante.

Una cosa me ha chocado siempre: la cuestión judía. ¿Tantos judíos podía haber en la Inglaterra medieval para justificar la presencia en la novela de Rebeca y de Isaac de York, por otro lado dos personajes espléndidamente definidos, o se trata de un recurso dramático para resaltar aún más la maldad de los templarios? Me pasa un poco como el Shylock de El mercader de Venecia, otro famoso judío, el mismo que ha generado tanta tinta sobre si Shakespeare era o no antisemita (o su época, como acredita otro famoso drama isabelino: El judío de Malta, de Christopher Marlowe) En fin, curiosidades mías. El caso es que Ivanhoe es un caballero cumplido, y la novela, una extraordinaria obra de aventuras de gran vuelo. Que conste que la leí muy tarde: se la regalé a mi hijo y terminamos por leerla toda la familia, para nuestra satisfacción. En verano, a la hora de la siesta, no se me ocurre mejor compañía.

@Tharl hace 9 años

Excelente reseña!
Me apunto el libro como recomendación para el verano. Además, estoy algo hasta la coronilla del primitivo extremo opuesto del que habla Faulkneriano.

Saludos!

@sedacala hace 9 años

Viendo a Liz Taylor en IVANHOE, ya tuve yo las las mismas dudas tuyas Faulkneriano.

Navego un poco y leo que: Los judíos se repartieron por Europa siguiendo las calzadas romanas. Leo también que se hicieron con el negocio bancario, como consecuencia de estarles vedada dicha actividad a los cristianos, afectados por la prohibición de la Iglesia Católica. Por tanto había grandes comunidades judías en todos los países, algún historiador estima que hasta un 10% de la población. Por tanto, Inglaterra que había estado bajo el poder de Roma, podía tener una población importante como cualquier otro país. En 1.290, parece que fueron expulsados de la isla, es decir, doscientos años antes de que lo fueran de España. Así que la cosa tiene más lógica de lo que parecía.

@Faulkneriano hace 9 años

Cierto, sedacala, que había judíos en Inglaterra (lo del diez por ciento me parece mucho) pero me sigue llamando la atención que Scott los convierta en materia literaria. No se me ocurren muchas novelas históricas del siglo XIX con personajes judíos de importancia. El escocés lo tiene claro: los judíos son para un caballero cumplido como las viudas y los huérfanos, y deben ser defendidos con el mismo tesón. El amor de Rebeca por Ivanhoe es tan intenso como imposible (cosa que ella misma entiende y acepta) e Isaac se presenta con un cierto aura de dignidad y nobleza que contrasta con las habituales caricaturas del judío prestamista. Desde luego, no tiene la intensidad de Shylock pero tampoco su carácter profundamente antipático.

@Hamlet hace 9 años

Excelente reseña, Sedacala. Se agradece mucho tu vuelta y si, además, es con comentarios de la talla de éste más aún.
Además has ido a tocar uno de esos eternos pendientes que tengo desde hace mucho mucho tiempo. Me encantan las novelas de contexto medieval, ya sea histórico o fantástico, y desgraciadamente "Ivanhoe" siempre queda para una próximo ocasión cuando tengo que escoger la siguiente lectura. Hace un tiempo que lo miro más de lo usual en su lugar en una de las estanterías de mi biblioteca y tras leer tu reseña he decidido que de este año no puede pasar. Aunque no será el próximo, porque mi mujer me empuja a leer antes el segundo de la saga de "Canción de Hielo y Fuego", para así poder ver los dos la segunda temporada de la serie homónima, no tardará mucho en llegarle su hora.

Saludos.

@Poverello hace 8 años

Acabo de terminar la novela y cuando esté menos emocionado a ver si escribo algo menos visceral. Estoy totalmente de acuerdo con tu reseña, sedacala, y tus apreciaciones. Scott es sin duda el padre de la novela histórica, y parece ser que por obligación, que hay quien dice con enorme acierto que su idea y espíritu era dedicarse a la poesía, como atestiguan sus primeras obras, pero llegó lord Byron y si no quería morirse de hambre había de inventar algo.

A mí de los judíos lo que más me llama la atención es que son los únicos (Rebeca especialmente) que no están empeñados en demostrar a los demás que su fe es la única verdadera. Una maravilla curiosa y sorpresiva. Hasta lady Rowena intenta al final que Rebeca reniegue de su fe.

Y al final me enrolle, je.

@Hamlet hace 8 años

Viendo la valoración que le dais, queda decidido. Va a ser mi próxima lectura este verano.

@Hamlet hace 8 años

Viendo la valoración que le dais, queda decidido. Va a ser mi próxima lectura este verano.

@Poverello hace 8 años

Pues para que te lances con más ardor, Hamlet (aparte de que es un libro en el que coincidimos en valoración sedacala y yo lo que ya en sí mismo es un logro, je), os comparto algunos apuntes rápidos que hice tras leer el libro, algunos de los cuáles ya apuntan sedacala y Faulkneriano en sus magníficos comentarios y reseña.

Me parece un libro magnífico y muy entretenido, con un estilo directo, ágil y exento de artificios. Scott va al grano, sin perder el tiempo con minucias y describiendo muy bien los espacios (sin excederse en absoluto) así como la realidad histórica de la época en Inglaterra y de las cruzadas. Evidentemente es una novela adscrita al movimiento romántico y eso se nota en los personajes, unidimensionales de manera clara, en algunas concesiones históricas y en la resolución de determinados conflictos (exageradamente una "resurrección" no del todo lógica para evitar determinados malos rollos para el lector y que descubrí después que casi fue obligada por el editor), pero no desmerece para nada el conjunto de la novela, antes al contrario, hace de su lectura un goce y una expectativa constante. Incluso las numerosas historias paralelas y secundarias a la trama principal están enlazadas con una precisión milimétrica, y aunque en algún momento puede decaer la acción con algunos capítulos repletos de diálogos, todo es necesario para la apoteosis final y fluye y confluye de una manera natural y casi espontánea.

Me parece bastante injusto el concepto muy habitual de considerar a Walter Scott un autor de literatura juvenil e incluso haber rasurado algunas de sus obras en colecciones de este género con lo que pierde complejidad y fondo la trama. Posiblemente ni Víctor Hugo, ni Dickens, ni ningún otro autor de novela con trasfondo histórico hubiera existido de igual manera sin la creación de este peculiar estilo por parte de Sir Walter.

Tampoco quiero olvidar que me sorprende el enfoque social que le da Scott a la historia y a la relación entre personajes. Un autor como él, de ideología conservadora trasmite por momentos más enjundia en este sentido que otros de tendencia más liberal y que eran coetáneos suyos. El trato literario dado a los judíos, sobre todo gracias al memorable personaje de Rebeca, es algo muy alejado a los cánones habituales de la época en la que eran vistos como simples usureros sacando beneficio de las dificultades ajenas y siendo perjudiciales para el contrato social.

Recomiendo la novela encarecidamente.

@Tharl hace 8 años

Tras la reseña de Sedacala y los comentarios que suscitó, no dude en apuntar el libro en mi whislist. Tras leer la admiración de Víctor Hugo por este libro en la introducción a NUESTRA SEÑORA DE PARIS, no dudé en comprármelo en cuanto lo encontré (es una edición de novela de aventuras que regalaba el País, espero que no esté mutilada). Ahora que leo estos comentarios, el libro sobresale unos cuantos dedos en mi estantería…
Os odio.

@Poverello hace 8 años

Pues en mi edición -perteneciente también a una colección- había tantos errores tipográficos como en una cartilla infantil. Exagero, pero debería de estar prohibido editar algo bueno y con excelente traducción y ni estar pendiente de esos detalles bastante importantes.

Espero que tengas suerte con la tuya, Tharl, aunque a mí, en realidad, nada me hizo despistarme de las aventuras de Ivanhoe, El Caballero Negro o Robin de Locksley. Yuhuuuuuuu.