I PROMESSI SPOSI por sedacala

Portada de LOS NOVIOS

El siglo XIX, fue la época de la gran eclosión de la novela. Este libro está escrito en el siglo XIX pero yo no termino de ubicarlo ahí, quiero decir que cuando leo, me parece estar leyendo algo muy anterior. Como además la trama se sitúa en el siglo XVII y está escrito con un lenguaje con reminiscencias de ese siglo, la sensación es estar leyendo a Quevedo, a Gracián, o incluso, salvando las distancias a Cervantes. La versión que leí es la traducida por el poeta romántico Nicasio Gallego, del que conocía la calle que lleva su nombre en Madrid, pero no su obra ni sus circunstancias.

Dejando aparte LA DIVINA COMEDIA, éste libro es algo así como el buque insignia de la literatura italiana, y a día de hoy en su país lo sigue leyendo mucha gente. La época, en que se sitúa la historia, es la primera mitad del siglo XVII, y el castellano que se utiliza se asemeja en cierta medida, al que se usaba en la época de los hechos narrados; tiene por lo tanto todas las características de la novela histórica, género que cuando se escribió este libro estaba en plena efervescencia por el éxito de autores como Walter Scott, o como Alejandro Dumas. Para arraigar bien la trama en las circunstancias sociales, políticas, y económicas del momento, Manzoni tuvo que escribir un montón de páginas sobre los sucesos históricos de aquel periodo. Aquello, podría haber sido una interesante ambientación en la época, muchos libros tienen situaciones parecidas que resultan, al menos interesantes, pero por alguna razón que desconozco no es así, al revés, son una especie de árida disertación, difícil de digerir, que a mi me aburrió mortalmente. En esta información, se nos habla de los principales actores de aquella Historia, que aún estando muy ligada a la política general europea, no dejan de ser actores de segundo plano, sin que tampoco el intrincado puzzle de los pequeños estados en que se centra la historia, contribuya nada a facilitar su comprensión. Por todo ello, el lector español no llega a situarse fácilmente en ese marco político en que se sitúan los hechos, a pesar de que se nombre constantemente a los españoles, ocupantes a la sazón de la Lombardía, en su papel de malos de la película; aunque, hay que decir que tampoco se recalca esa situación con demasiada saña (no sé si esto está camuflado en alguna medida por la traducción española).

Las peripecias que sufren los prometidos, (I PROMESSI SPOSI, titulo en italiano), pues como tal habría que calificarlas, son ciertamente simpáticas y entretenidas; es sin duda lo mejor del libro. Pero, las pausas entre los distintos episodios que se suceden, no lo son tanto. Manzoni las aprovecha para contarnos quien era el cardenal Federico Borromeo, primo del famoso Carlos de igual apellido; o bien, para ilustrarnos sobre el conflicto en la distribución del pan que tuvo lugar en Milán; para explicar quienes eran “los bravos”, especie de sicarios de los poderosos que parecieran un antecedente septentrional de la mafia; o también para que contarnos con minuciosidad como se gestiona una epidemia de peste en el siglo XVII, y así, muchas, muchas otras circunstancias históricas, que van guardando relación directa con los lances que viven los protagonistas. Estas páginas, están escritas con un estilo premioso y plagado de los circunloquios propios del formalismo que tenía entonces la escritura; así, lo que podría ser interesante de conocer, como cualquier otro episodio histórico, se convierte en un tormento insoportable, que en muchos casos, me he saltado sin el más mínimo remordimiento. Sobre todo, por que las páginas que contienen esos datos, suman al final bastante más espacio que la propia historia de los prometidos.

No desvelo nada si digo que los españoles son los poderosos y que el autor se pone inequívocamente a favor de los humildes, y en contra los poderosos. La Iglesia como institución, tiene un protagonismo esperado (en virtud de la época), pero quizá exagerado; y a varios de sus ministros, les asigna el papel activo y difícil, aunque gratificante, de enfrentarse contra todo el que hace el mal, para intentar que prevalezca el bien. Ya se va intuyendo, con todo ello, que en esta historia triunfa la bondad y la virtud. Hasta tal punto están activos estos religiosos, que una, podríamos decir conversión, que se produce en un momento dado, roza los límites de lo milagroso; y ese es un terreno muy extraño en los límites de la ficción novelada. Es por tanto una historia de aventuras de aquella época en que la lectura de una novela, tenía que enseñar el buen camino al descarriado y promover la virtud, además de entretener. Sea por ésta, o por otra razón, el caso es, que a mi me ha resultado antigua (¿ingenua?), en el sentido de pasada de moda. El potencial lector interesado, ha de saber que a día de hoy, probablemente va a asimilar mal una novela como esta, si sólo va buscando entretenimiento. Claro está, que si hacemos un análisis del libro poniéndonos más en su contexto histórico, y teniendo en cuenta su antigüedad y sus circunstancias, habríamos de ser mucho más benevolentes; pero como simple lectura al margen de todo tipo de condicionante, es muy pesado.

En resumen, para el lector en español actual, la historia de los novios entretiene, las páginas históricas abruman hasta el aburrimiento, y el conjunto emociona poco. Diré, por último que me divirtió bastante el personaje de Don Abundo, el cura, el cual se escapa completamente de esa misión evangélica, que como he comentado antes, mantienen activamente en el libro, varios representantes de la Iglesia.

Escrita hace 9 años · 4.4 puntos con 5 votos · @sedacala le ha puesto un 6 ·

Comentarios

@Poverello hace 9 años

Pues ciertamente, sedacala, no entiendo por qué tenemos casi un 8 de afinidad, ja ja. Debe ser porque compartimos percepciones, pero nos conducen a extremos opuestos. Como digo en mi escueta reseña (escrita nada más aterrizar a SdL, ahora sería menos "prudente") opino, exactamente como tú, que hay gran cantidad de páginas dedicadas al contexto histórico en el que se desarrolla la obra y que tienen una fabulosa capacidad para abrumar al lector. Sin embargo, las considero absolutamente necesarias para comprender la quinta esencia del pensamiento de Manzoni: en un mundo sumergido en la miseria y el hambre, las luchas internas, la guerra y la peste... el amor sin medida y la bondad, siguen teniendo cabida. Precisamente esa desesperación que transmiten sus páginas más oscuras (si te las saltas no pasaría nada a nivel simplemente argumental) es el que consigue que se transforme en luz, alegría y viveza las desventuras de nuestros amantes.
Pienso que I promessi sposi (título muchísimo más hermoso en italiano, como bien dices) está escrito con brillante exquisitez literaria, aunque comparta buena parte de lo que dices, y quizá por eso no puedo considerarla obsoleta o muerta, pues me traduce emoción, como Shakespeare o nuestro Quijote.
Lo que sí tenemos claro ambos, para que se aborde el libro como ha de abordarse, es que ameno y de lectura ágil (si ambos conceptos han de entenderse como lo hacen el común de los lectores y lectoras de este siglo), no es en absoluto, a menos que te saltes enteritos esos capítulos "de paja argumental" y te quedes con lo lánguido y grácil.
Un abrazo, sedacala, que ya me aprendí tu nick, ja ja.

@sedacala hace 9 años

Para mí, este libro ha sido una absoluta sorpresa. Sabiendo que sólo lo habíais leído dos lectores, y que lo habíais valorado tan alto me esperaba otra cosa. Pero, es que además, su condición de clásico recalcitrante, le convertía también en un valor casi seguro para mí. Pues no, no me gustó. Estoy contigo en lo que dices que para que tenga sentido la historia que se cuenta ha de trascender mucho más allá de una simple peripecia casi rayana en el vodevil. Esto, no es que lo admita, es que lo afirmo. Pero, cuando empiezas a leer con autentico interés y te empieza a entrar sueño y la mente se te empieza a ir a otras cosas y comprendes que eso, así como te lo están contando no es literariamente exquisito, como tu decías, o es de una exquisitez bastante abstrusa; comprendes que algo falla, que cuando algo no pasa a pesar de la buena voluntad del lector, algo falla.

Se podría decir, que es un clásico, que hay que poner en ello un cierto voluntarismo, que no se le puede pedir que entretenga como algo más moderno… Pues, nada de eso me hizo falta para leer el Quijote, con el que he disfrutado siempre como un enano por que es una maravilla, por muy viejo que sea. Y cuidado, que no tiene nada de guasa (aún siendo divertidísimo) pocas lecturas hay tan serias como el Quijote. Y sin embargo, en ésta, eso de que el malvado más malo que pueda haber, de repente le de un flash y se vuelva puro hasta la médula, no lo asimilo bien, que quieres que te diga, se me puso una mueca de incredulidad tremenda. ¡Hombre! esto último, lo digo como lector exigente; está claro que como lector corriente te gusta que ganen los buenos. Por no hablar, del comportamiento de los protagonistas ante la enfermedad.

Total, que no, que no entendí en que consistía la cosa. Estoy esperando a que Faulkneriano me lo explique.

Un saludo Poverello, gracias por tus comentarios.

@Poverello hace 9 años

Otra vez totalmente de acuerdo contigo, sedacala, en cuánto a lo objetivo, ja ja. Aunque con toda seguridad te lo explicará Faulkneriano, que sabe una "jartá", solamente un apunte simple. Manzoni es exponente de la novela romántica clásica del siglo XIX, cada movimiento literario tiene sus concepciones y premisas (aparte de las novedades que cada autor aporte) y la estructura básica de personajes es una de ellas en el romanticismo, así como el destino o la fe, que se repite una y otra vez en Los novios nombrado como Providencia . Es que es así, a ver... Si lees las Rimas de Bécquer pues es "pastelón"; si es que es Bécquer, si prefieres otro tipo de romanticismo y no mandarlo al carajo lee sus leyendas o a Wilde. Y Shakespeare... las tragedias, yo todavía no conozco ninguna historia de amor tan maravillosa como Romeo y Julieta, es totalmente irreal, pero me gusta. O el realismo mágico, con el que tantos tiras y aflojas hay en esta página, pues si no te gusta su estilo perfecto, pero es que es lo que es.
El romanticismo es el romanticismo, los buenos o ganan o se suicidan porque no ganan, ja ja. Incluso en la maravillosa Cumbres Borrascosas los personajes son extremos, también en virtud de tanto amor, y de igual manera que en Los novios hay cambios y sentimientos inusuales y fuera de toda lógica.
Y bueno, que estoy de acuerdo contigo en lo que es la obra, leches, que parece que no, solo que a mí eso me gusta, porque es lo que espero y a ti, no.

Gracias también por tus controversias. Me ayudan.

@sedacala hace 9 años

Si, si señor, tienes toda la razón. No sé porque, pero había olvidado poner sobre el tapete, la importancia que tiene para la novela el hecho de que se encuentre inscrita en el movimiento romántico. Al resaltar esta circunstancia, no cabe duda de que todo, cobra sentido, y así se entiende mejor todas esas circunstancias milagrosas, en lo relativo a la peste o a las conversiones. El enfoque exaltado, que aporta el romanticismo justifica todo eso.

Por eso, yo decía en la reseña que lo mejor es la historia de los novios. ¿Qué prescindiendo de la “paja” historicista, resulta una historia simplona? Si, pero también es cierto que el enfoque romántico le da su encanto, un poco ingenuo. De manera, que puede ser; quizá lo que hay de romanticismo en el libro, sea justamente lo más valioso.

@Faulkneriano hace 9 años

Intervengo por alusiones.

Bueno, sedacala, vamos por partes. No entro a discutir tus percepciones de la novela de Manzoni, que encuentras anticuada, llena de digresiones históricas indigeribles y de personajes ingenuos. Lo que quiero aportar es alguna reflexión sobre por qué la novela (que, vaya por delante, me gusta mucho: a Goethe también) es tan apreciada en Italia y fuera de ella.

Punto primero: es la primera gran novela histórica italiana y una de las primeras de verdadera talla salida de otra mano que no fuera la del inventor del género, sir Walter Scott. Manzoni se pone a escribir en 1821: ya hay una primera versión circulando en 1823 (Fermo e Lucia) aunque finalmente se publique en 1827. La versión definitiva, sobre la que luego volveré, es de 1840.

Repasemos las fechas. Walter Scott, el maestro confesado de Manzoni, está en pleno funcionamiento: aún le quedan un montón de novelas en la recámara, algunas tan conocidas como El pirata (que, por cierto, recomiendo vivamente) o El talismán. Feminore Cooper, en Estados Unidos, está empezando a publicar sus novelas de aventuras históricas: su primer gran título, El último mohicano, aparecerá en 1826. La primera novela histórica francesa moderna es de ese año: Cinq-Mars, de Alfred de Vigny, pero la mucho más conocida Notre-Dame de Paris, de Victor Hugo, tendrá que esperar a 1831. El gran Pushkin publica en Rusia en esa década y Guerra y Paz todavía queda muy lejos. Dickens es un chiquillo. La primera gran novela romántica española, El señor de Bembibre, es de 1844. Nuestros escritores realistas aún no han nacido. Queda claro que Los novios es una flor temprana, cuando el género se está afianzando, pero no por ello menos contundente.

Pues bien, ¿cuál de las citadas no tiene digresiones históricas? La obra de Hugo, sin ir más lejos, tiene largas páginas dedicadas a la vida en la catedral, al arte gótico, al reinado de Luis XI y a muchas otras cosas. Claro que es la época medieval, que debe tener muchos devotos. Los novios se desarrolla en la Italia de principios de siglo XVII, mucho peor conocida por los lectores y bastante complicada. Pues claro, sedacala, que Italia entera es un “intrincado puzzle”, para desgracia de los propios italianos, que vieron cómo la península era invadida una y otra vez por españoles, franceses, austríacos e tutti quanti. La historia de los estados italianos es enrevesada, pero el interés de episodios como la peste milanesa o la recreación de personajes históricos como la monja de Monza es evidente para quien esto suscribe, especialmente el papel de los señores, los modos de gobierno español y tipos tan fuertemente caracterizados como los bravi de los que tú hablas, sobre los que tuve ocasión de investigar algo.

Hay muchos tipos de romanticismo, del sentimental al arqueológico, del medievalizante al macabro. El romanticismo no es igual en Alemania, Inglaterra, España o Italia. En Italia está lleno, ante todo, de nacionalismo y sentido patriótico: no es raro en una tierra tan sometida por el Gran Capitán, Napoleón o el emperador de Austria. Un ejemplo: Ugo Foscolo publica en 1799 una novela a lo Werther: pero su protagonista se suicida por su amada... pero también por la libertad de su país invadido. En este sentido Los novios está hablando de la dominación española, pero también de los austríacos que ocupan el norte del país y de los que tardarán décadas en librarse. También, pero esa es otra historia, de las sombras de lo feudal.

Punto segundo: Los novios es una novela patriótica no solo por su argumento, sino también por su lengua. La versión de 1840 fue reescrita en el toscano más correcto, el de Florencia. Recuerdo que en la península, cuando Manzoni escribía, había un buen montón de lenguas, que todavía existen: friulano, toscano, napolitano, piamontés, lombardo, siciliano, véneto, sardo... El toscano de Dante era el “italiano”, por decir algo, aunque esto no fue una realidad hasta la unificación, completada en 1870. Manzoni apostó por fijar una lengua literaria que pudieran disfrutar todos los habitantes de la península. Se ha dicho a menudo que quienes más hicieron por desarrollar la lengua italiana fueron Dante, Manzoni, Victor Manuel y la RAI (la televisión hizo mucho porque los italianos comenzaran de verdad a compartir un idioma propio) Todo esto, claro está, interesa poco a un lector español, pero explica la importancia de Manzoni en su país.

En un plano más literario, entiendo que Los novios es bastante ambiciosa y toca todos los registros, del humorístico al trágico, surcado por una bonhomía, un sentido del humor y un contagioso optimismo (que alguno calificaría de dickensiano avant la lettre y que justifica, entre otras cosas, el súbito cambio de don Rodrigo) Es interesante recalcar que Manzoni en absoluto es amante de las incursiones fantásticas o melodramáticas de cierto romanticismo: si se nos permite la expresión, aunque le interese bucear en el pasado de su país para mostrar ciertos aspectos de su presente, es un romántico “realista”, anticipando la novela italiana posterior, que llena descripciones y lances del argumento de detalles sabrosos y de reacciones humanas nada estereotipadas: cobardía y compasión, matonismo e ingenuidad (que a mí me gusta tanto en esta novela), todo revuelto. Lucia es una heroína poppolare; Renzo, un mozalbete que crece y se hace, si no sabio, sí más avisado. Hay personajes sombríos, como L’innominato, y abiertamente cómicos, como Don Abbondio, mi favorito. Es cierto que Manzoni imposta la voz cuando narra sucesos históricos, convencido de su gravedad, de su importancia, pero su prosa en estos tramos no desmerece. A veces facilita la información en bruto, sin integrarla del todo en la trama (aunque esto es lo que hace continuamente): será que los decimonónicos confiaban en la capacidad integradora de sus lectores, asomados a la vez a la trama novelesca y a la reconstrucción historicista y no sólo pendientes de los amores, idas y venidas de los protagonistas, con unas gotitas, no muchas, de atrezzo (como la mayoría de las novelas actuales)

Luego (mucho después) vendrían los grandes novelistas italianos: Giovanni Verga, Federico de Roberto, d’Annunzio, Fogazzaro, Pirandello, Svevo. Pero Manzoni es, no solo un precursor, sino también un excelente novelista.

Ahora sí que me he pasao... La página se va a volver a petar...

@Poverello hace 9 años

Faulk, eres un pozo (sin fondo) de sabiduría. Tienes una libretilla, ¿no? Cuando hablas me recuerdas cosas, pero sacarlas así de memoria como tú, me parece inviable. Te tengo envidia sanísima y me animas a seguir "investigando". Ya lo dijo no sé quien: "cuanto más aprendo, menos sé". Verdad inalienable.

Yo también aluciné con Los novios, y especialmente con el Innominado, al que nombras y que olvidé. Curioso que en mi edición la traductora tuviera dudas a la hora de traducir el término por su importancia en el desarrollo y sentido de la obra. En sus notas, también hacía continuas referencias a la primera versión de Fermo e Lucia y las revisiones que una y otra vez llevó a cabo Manzoni para cuadrar la estructura argumental de la historia de sus amantes. parece ser que quitó mucha "paja" descriptiva de esa que llama sedacala.

Gracias una vez más, Faulkneriano.

@sedacala hace 9 años

También yo, iré por partes, aunque sin batir ningún record de longitud. Evidentemente, mis percepciones son personales; pero, puntualizo, dices que encuentro la novela llena de digresiones históricas indigeribles. Esto último, es para mí, lo fundamental, INDIGERIBLES; la explicación sobre los temas históricos, en si misma no me parece que esté de más, al contrario, creo que es interesante y muy necesaria para hacer trascender la historia más allá de una simple peripecia entre aldeanos. Lo que digo, es que los hechos históricos están narrados con un estilo árido; imposta la voz, dices tú refiriéndote (creo yo) a eso mismo; hay una cierta dureza en su expresión, que en mi caso particular ha puesto el trabajo demasiado difícil, o es que yo no he estado a la altura, cosa que sabes que me ocurre con frecuencia. Mi sorpresa, que decía yo antes, no sería tal, si esto hubiese ocurrido con alguno de esos escritores más modernos que a mi se me atraviesan. Pero no, ha ocurrido con un clásico y eso es, lo que realmente no entraba en mis previsiones.

Lo cierto, es que la “paja” de Manzoni tiene una dureza, que es la que me ha echado a perder toda la lectura del libro; por que todo lo demás, si no está bien engarzado en los hechos históricos, pierde muchísima gracia. ¿En que se queda la historieta de los novios, si no se puede entender en el contexto de la época? Pues eso, en una historieta a la que cuesta trabajo identificar como trascendente, quedándose tan sólo en frívola. Así ocurre, que las “ingenuidades” que yo veo, para pasar a una categoría más elevada, habrían de estar en un libro que se valorase más por el lector como un todo, cosa difícil de hacer sin el necesario acompañamiento ambiental.

Ya sé yo de sobra, lo que es la novela histórica; alguna como la española (El señor de Bembibre), está mucho más demodé aún que esta, aunque se lee mejor. Y ¿para que hablar de Víctor Hugo?, está muy claro que digresiones históricas, las tiene todas; pero magnificas, igual que los rusos, y ambas se leen de maravilla. Que no quería yo, negar las digresiones, sino lo difíciles de aguantar que me han resultado las de Manzoni, vamos que me las salté en un 50% de los casos.

De todas formas, “mea culpa”, debo reconocer que escribí esta reseña a contracorriente, y sin estar muy centrado en lo que hacía. Y es muy cierto, que mezclé “las churras con las merinas”; el mismo hecho de no llegar a entrar bien en el libro, influía en ese despiste a la hora de ordenar las ideas en la mente antes de llevarlas al papel, como también influyó el hecho de que no me desagradó del todo su lectura; es decir, que tuvo algunas cosas que me gustaron (le puse un 6) y quizá por eso, no llegué a poner demasiada pasión, ni en su contra ni a su favor. En ese contexto hay que fijar también mis comentarios sobre la dificultad del marco histórico italiano (por su fragmentación) o sobre la falta de trascendencia de la Historia que se cuenta. Sí las explicaciones históricas me hubiesen resultado amenas, nada de eso hubiese tenido la más mínima importancia.

Pero, lo que si es cierto, es que para haberlo leído sin saltarme nada, habría tenido que invertir dos meses, leyendo un máximo de diez páginas diarias, y aburriéndome muchísimo casi todos los días, y esto es un hecho incontrovertible, que debe ser tenido en cuenta por cualquier potencial lector. Perdonadme, pero a veces me da la impresión de que voy sistemáticamente a la contra de la “vox populi”. Juro, que sí es así, no es intencionado.

@Poverello hace 9 años

Ja ja ja. Mi impresión no es esa, sedacala, en serio. De hecho tus "contras" son siempre en la misma línea, es decir, que vas perfectamente enfocado en lo que te gusta y te atrae, punto pelota, y creo que es bueno para l@s amig@s de SdL que te sigan o lo vayan a hacer, porque tendrán una idea más o menos clara de varias posiciones distintas e incluso divergentes. Eso es lo bello de las reseñas y, sobre todo, los comentarios.

Saludines varios.

@Faulkneriano hace 9 años

Tú sigue discrepando y, sobre todo, sigue leyendo. Eso sí, como me entere de que te saltas las digresiones de las novelas, perdemos las amistades...