PROS Y CONTRAS DE UNA SUERTE DE OBRA PIONERA por EKELEDUDU

Portada de AMANTES, CAUTIVAS Y GUERRERAS

Triste sería el sino de nosotros, los hombres, si no existieran las mujeres: ¿a quién endilgaríamos la culpa por nuestros yerros? Por otro lado, ya se sabe que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer... Y para no supeditar el papel de las féminas a su relación con los hombres recordemos aquello de que las mujeres son muy extremistas: son mejores o peores que los hombres. Pues bien, este libro, desafortunadamente, no es mérito de un hombre sino de una mujer, Marta de París. Decimos "desafortunadamente" porque es un justo, merecido homenaje a determinadas mujeres, y habría sido glorioso que, por una vez, tales honras a las damas fueran tributadas por un hombre. Es cierto que Felipe Pigna publicó un libro en la misma línea, MUJERES TENÍAN QUE SER, pero éste llega con una década de retraso respecto a la obra de la señora Marta de París.

Vale la pena aclarar que la autora no es cualquier mujer: a juzgar por su curriculum vitae, se ha alzado con cuanto premio anduviera dando vueltas por ahí, salvo el Nobel, el Pulitzer y el Oscar; es decir,mejor olvidarse de mandarla a lavar los platos... Una mujer culta o instruida, indudablemente merece respeto, lo que incluye, cómo no, señalarle sus falencias o al menos lo que a nosotros nos parezcan falencias; no hay por qué tratarla con manos de seda sólo por pertenecer al mal llamado sexo débil, máxime cuando ella misma se empeña, desde las páginas de este libro, en demostrar la falsedad del dicho. En efecto, AMANTES, CAUTIVAS Y GUERRERAS se ocupa mayormente de resaltar el papel de la mujer durante la emancipación latinoamericana y el período subsiguiente, y quien imagine pasivas damas de miriñaque y abanico cortejadas por apuestos soldados al ritmo de bailes de salón, vaya pensándolo otra vez.. La autora nos muestra a amantes cómplices, madres enérgicas, guerreras temibles, esposas de firmeza inquebrantable. Se propone demostrar que las mujeres pueden ser tanto o más valientes que los hombres, y hay que reconocer que en general lo logra, aun cuando pensemos en algún caso que tanta valentía era digna de mejor causa; por ejemplo, en la de Dámasa Boedo, de quien se nos informa las molestias que se tomó para evitar que el cadáver de Juan Galo de Lavalle cayese en manos de Manuel Oribe. Teniendo en cuenta los dudosos méritos y algún crimen que jalonaron la carrera de Lavalle, sinceramente creemos que de verdad podría haber puesto aquella dama su coraje al servicio de una empresa más digna.

Considero mérito a destacar de esta obra que en una época en que la unidad latinoamericana no sonaba más que a balido de oveja, su autora prefirió no limitarse a los próceres argentinos y llega a dedicar todo un capítulo, el sexto para más datos, a las "Esposas y heroínas sudamericanas". Incluso va más allá, y en el tercer capítulo, "Madres de guerreros", se ocupa también de algunas mujeres destacadas de los Estados Unidos. ¿Por qué no, después de todo? Yanquilandia podrá no ser una nación muy simpática hoy en día, pero sus inicios son tan conmovedores como los de cualquier otra.

También vale la pena subrayar que la señora de París deja de lado los clasismos, ya que en a lo largo de su obra desfilan, no sólo damas de alcurnia, sino otras más humildes y hasta esclavas. Y al final de cada capítulo, cita las fuentes en las que abrevó. Todo esto es lo positivo de AMANTES, CAUTIVAS Y GUERRERAS.

En lo negativo, sin embargo, asombra cierta polarización que la autora hace de las figuras históricas. Por un lado, los buenos de la película, San Martín y Belgrano a la cabeza. Estos son más intocables que Elliot Ness. Así, al hablarnos de Rosa Campusano y un asunto que ella misma califica de delicado y espinoso, que la habría ligado a San Martín, concluye: "De ser verdad el célebre romance, nada podrá empañar la recia contextura del soldado ni la rectilínea trayectoria del hombre ético que gravita en el corazón de cada argentino, a través de las generaciones". Es verdad que tratándose de un asunto sabido más que nada a través de habladurías y versiones dudosas, no conviene repartir demasiados "palos"... Lástima que no así ocurre con los malos de la película, a cuyo frente encontramos a los así llamados tiranos Juan Manuel de Rosas y Francisco Solano López, dos personajes cuya imagen nefasta relativiza el actual revisionismo histórico. Pero no la señora de Marta de París, que los condena a una auténtica demolición, posiblemente, piensa uno, en base a chismes difundidos por los enemigos de ambos dictadores. En el caso de Rosas, por ejemplo, inspira particulares sospechas esa historia según la cual habría negado la confesión a su mujer para impedir que se divulgasen secretos de la Federación, montando luego una pantomima para hacer creer que sí había accedido a que se confesase. ¿De qué fuente obtuvo la señora de París esta historia tan íntima? Además, si Rosas fue tan malo como ella asegura, Encarnación Ezcurra, su esposa, más que encomios merece los mismos vituperios que él y sus demás cómplices.

Y esas polarizaciones, lamento decirlo, deslucen buena parte del trabajo de la señora de París. Claro que las alabanzas por ser pionera en este tipo de investigación histórica en Argentina, nadie podrá quitárselas.

Escrita hace 9 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 7 ·

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