MEZCOLANZA POCO FELIZ por EKELEDUDU

Portada de EL DEBER CRISTIANO DE LA LUCHA

No es difícil darse cuenta de las razones por las que la figura del guerrero, desde antiguo, ha sido idealizada incluso por gente recalcitrantemente pacífica. Por un lado, representa la supervivencia en condiciones adversas; por el otro, es el protagonista del cambio, para bien o para mal. Ni aun los gobernantes, que siempre dependieron de la lealtad de sus ejércitos, han forjado la Historia tanto como los guerreros. En tal estado de cosas, nada tiene de raro que incluso el cristianismo, la religión del amor y la paz, hiciera uso de metáforas militares. Para lograr ese amor y esa paz, era necesario el cambio, y en consecuencia los cristianos se veían como soldados de Cristo que luchaban, en principio, contra sí mismos. En efecto, cierta mentalidad simplista tiende a creer que una persona hace el bien porque le gusta hacer el bien; cuando la verdad es que muchas veces querría hacer el mal, pero su conciencia, implacablemente, le recuerda su deber. O por el contrario, querría hacer el bien, pero flaquezas espirituales tiran en dirección opuesta. Esa lucha interior del cristiano, entonces, era de la virtud contra el egoísmo, el pecado, el vicio. A una escala más amplia había otra lucha pendiente para denunciar y terminar con las injusticias, la miseria, el dolor.

Desafortunadamente, y como sabemos, esa noble lucha se desvirtuó, pasando a ser muchas veces una guerra fanática y absurda entre cristianos y paganos, entre cristianos y judíos o musulmanes, entre católicos y protestantes. A otro nivel, el personal e íntimo, la lucha se fue apagando. El cristiano hizo la paz consigo mismo. Se aceptó a sí mismo tal cual era sin proponer modificar nada en lo que hiciera a sus imperfecciones espirituales. Es decir, que los objetivos primigenios de la Cristiandad quedaron en la nada.

EL DEBER CRISTIANO DE LA LUCHA, de Antonio Caponetto, intenta reavivar la combatividad cristiana, pero de una manera muchas veces peligrosa. "Los católicos corrientes ya no creen ni afirman, ni sostienen ni defienden que la suya sea la Religión Verdadera", reprocha. Como cristiano que soy, y orgulloso de serlo, me permito rebatir esa afirmación. Pero Cristo dijo que el primer mandamiento consiste en amar a Dios por sobre todas las cosas; que el segundo consiste en amar al prójimo como a sí mismo; que no puede amar a Dios, a quien no ve, quien no ama a su hermano, a quien sí ve. Considero que estos puntos son la base de la Religión Verdadera y no excluyo que un judío, un musulmán o un protestante estén siguiendo el camino del Señor aunque le pongan otro nombre. Muy por el contrario, asociar al judaísmo con el deicidio o llamar "herejes" a los protestantes, como hace el señor Caponetto en su obra, me parece contrario a la Religión Verdadera. En otros puntos sostiene que el cristiano debe llenarse de ira cuando la razón lo justifica, y yo estoy de acuerdo; pero como cristiano y como católico, eso incluye mirar fotos de chicos que mueren de hambre y luego los vergonzosos tesoros vaticanos que podrían venderse para paliarla, eso quede claro. Primero quitémonos la viga en el propio ojo antes de ver la paja en el ajeno.

Caponetto señala, además, que un propósito paralelo de su obra es "que las armas recuperen también ellas el sentido cristiano que les dio razón de ser...", frase asombrosa teniendo en cuenta que el autor es profesor de Historia. Una cosa es la visión idealizada del guerrero, y otra cosa muy distinta la visión realista. Las más de las veces, los soldados de todos los tiempos, por el solo hecho de llevar armas y saber usarlas, se han creído superiores al resto de los mortales y con derecho, por ello, a perpetrar todo tipo de atrocidades e injusticias. O bien, cumplían órdenes sin analizarlas para luego arrepentirse de haber obedecido muchas de ellas. Lo vemos en Argentina en los arrepentidos del Proceso de Reorganización Nacional de la última dictadura militar; lo vemos en los soldados que E.E.U.U. envió a Irak, donde mataron a inocentes civiles, muertes que ahora pesan sobre sus conciencias. Pretender que un soldado moderno esté más cerca de Sir Galahad que de la brutalidad y la barbarie es tan utópico como la idea de una paz mundial; y fantasía por fantasía, me quedo con esta última.

En realidad, Caponetto es un patriota, lo que no tiene reparos en proclamar una y otra vez a lo largo de su obra. Personalmente, mis ideas respecto a la Patria me acercan más a las de los Testigos de Jehová, aunque me sienta católico. El hecho de que Jesús no se pronunciara explícitamente contra el nacionalismo y los ejércitos nada prueba. Si vamos al caso, tampoco se pronunció contra la esclavitud, pero hoy ésta no se considera moralmente aceptable. No quita que uno pueda sentirse siervo del Señor, como tampoco soldado de Cristo. Pero no mezclemos los tantos.

No obstante, quienes coincidan con las ideas patrióticas de Caponetto y gusten de la exaltación del valor y las gestas militares (el autor analiza algunas figuras heroicas de la Antigüedad grecorromana y del Medioevo, exagerando, en mi opinión, en la apoteosis que hace de ellas, pero con innegable vigor) encontrarán en EL DEBER CRISTIANO DE LA LUCHA una obra de su interés. Deseo que no sean demasiados...

Escrita hace 10 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 4 ·

Comentarios