LE ROUGE ET LE NOIR por sedacala

Portada de ROJO Y NEGRO

¿Por qué la traducción no es “El rojo y el negro”? LE ROUGE ET LE NOIRE, título francés del libro no es el primer Stendhal que leo, sino el segundo, después de LA CARTUJA DE PARMA. Este último, me pareció en su momento un magnífico ejemplo de la novela de su época, es decir de ese momento histórico en que la novela adquiere el desarrollo y la importancia como género literario que en el siglo XVIII no había tenido y que le hace alcanzar la popularidad entre una mayoría de lectores. Esto quiere decir, que la novela de esa época era clara, directa, sin recovecos; los nuevos lectores, vírgenes de influencias previas, buscaban historias maravillosas contadas con un lenguaje sin doblez que llegase a todo el mundo… lector, que en realidad era una minoría del total de la población, dadas las altas tasas de analfabetismo. Esa población ilustrada encontró en la lectura de novelas, un mundo inexplorado donde entrar y soñar otras vidas mejores con personajes extraordinarios en las cuales sumergirse y olvidar sus problemas, un poco a la manera en que los cinéfilos de los años cuarenta y cincuenta de nuestro siglo XX, se encerraban en cines de sesión continua a tragarse un programa doble con NODO incluido. Quiero decir que la novela de esa época tenía como característica principal, su estructura sencilla, su lenguaje sin complicaciones y sus argumentos llenos de peripecias y por lo tanto entretenidos.

Pues bien, LA CARTUJA DE PARMA encaja perfectamente en ese planteamiento; las aventuras de Fabrizio del Dongo, las tramas cortesanas con la princesa Sanseverina, el arranque militar con las guerras napoleónicas, todo eso contado de manera directa por Stendhal, llega fácilmente a un lector completamente entregado. Pensé yo cándidamente que ROJO Y NEGRO, de una u otra manera, repetiría esos esquemas, pero por alguna extraña razón no es exactamente así.

Empezaré por hablar primero de aquello que encaja en lo que yo esperaba. El lenguaje que utiliza Stendhal es el genuinamente suyo. Se caracteriza por su sencillez y por ser directísimo, o sea por ir al grano. Si sus frases arrancan en una dirección, nada las desvía de su objetivo. Tampoco se pierde en grandes descripciones ni circunloquios. Como decía va al grano. Esta característica formal de su texto tiene una ventaja indudable: a pesar de las seiscientas páginas y de no encontrarme cómodo con el libro: me lo leí en muy poco tiempo. Es muy fácil leerlo deprisa.

Acabo de desvelar que no me sentí cómodo con el libro, ¿por qué? No me encaja todo lo relacionado con la historia en sí misma. Existe desde luego, la sucesión de peripecias pero no en la forma de, digámoslo así, lances de capa y espada; la trama se basa mucho más en los manejos y las intrigas con el marido de su amante, los curas, el alcalde, el prefecto, o los aristócratas, que con carreras o persecuciones. Esto ya de por si se salía de mis previsiones, pero bueno, el hecho de que sea de intriga más que de aventuras para mi es casi mejor; en realidad lo prefiero. Y sin embargo no, la historia me resultó rara, o más aun grotesca diría yo; este hombre o mejor este chico (es muy joven) no es un héroe al uso. Es más bien un antihéroe, su comportamiento es absolutamente cínico, no tiene principios ni moral, es como he leído en algún sitio el primer “inmoralista” de la historia de la literatura.

Si ese fuese el problema no sería tal; los personajes atravesados dan mucho juego, aunque sea raro que el atravesado sea también el héroe. Pero insisto, ese no es el problema. El problema es el comportamiento errático del personaje, tan pronto piensa una cosa para enseguida pensar lo contrario, actúa de una manera y a la media hora ya se le ha ocurrido otra cosa, su comportamiento es imprevisible, tan pronto se apasiona con su amante como decide mandarla a la porra, y a pesar de todas esas contradicciones y de su falta de medios y experiencia, siempre logra salir adelante con bien de todas sus tribulaciones. Esta anarquía incluye lo político, que en la obra está siempre muy presente, nunca se termina de saber si es liberal, jacobino, bonapartista, ultramontano o que. Me refiero en su fuero interno, porque en la práctica actúa como legitimista, monárquico, jansenista, lacayo de la aristocracia o cualquier cosa que convenga a sus objetivos. Es difícil además poner sus movimientos en el contexto político de la época, los vaivenes políticos del momento eran muchos y muy poco conocidos por los lectores españoles que ya nos liamos bastante con la política española del siglo XIX, no digamos con la francesa.

Así que puedo decir que no me han seducido nada las idas y venidas de Julien. En todo caso estoy tratando de analizar el porqué de este desencuentro, sabiendo que es un libro de notorio éxito. Quizás tiene un ritmo más frenético y atropellado de lo que a mi me gusta. Quizás no he sabido comprender al personaje central en su justa medida. Pero no consigo ver bien dibujado el perfil humano de Julien Sorel, las pautas de comportamiento que le dicta su mente no me parece que sigan el criterio de un ser humano, ni bondadoso ni malvado, más bien me parecen dictadas por un azar caprichoso. Solamente al final del libro me pareció que algunos flecos de su personalidad empezaban a encajar, pero sin una gran convicción. Ya digo que a pesar de esos últimos retazos de humanidad, nuestro protagonista se me asemeja más a una maquina mal ajustada, que a una persona, con su corazoncito dentro.

Desde luego mi desagrado no tiene que ver como en otros casos con una dificultad de captación fluida del texto porque se lee muy bien; tal vez tiene que ver con que la novela no me ha parecido bien planteada, en lo relacionado con la personalidad de Julián, pero desde luego mi desagrado ha sido visceral, salido de dentro, según avanzaba en el libro iba encontrándolo todo raro, todo traído de los pelos, todo un poco absurdo y por tanto no me emocionaba ni lo más mínimo. ¿Por qué así, cuando todo el mundo coincide en que es la mejor novela de Stendhal? No sé, misterios del alma humana, de la mía quiero decir, por que sí a todo el mundo le gusta, y a mí no, está claro que lo misterioso reside en mi persona, pero espero que alguien que la haya leído, esté dispuesto a, en función de lo dicho por mi en la reseña, ayudarme a encontrar el fallo o a averiguar cuales son las claves de mi desencuentro con ROJO Y NEGRO. Pero que nadie diga lo de los colores por favor, y obviamente no me estoy refiriendo al rojo y al negro.

Escrita hace 10 años · 4.6 puntos con 10 votos · @sedacala le ha puesto un 6 ·

Comentarios

@_567_ hace 10 años

La novela folletinesca de aquella época es lo más parecido a los culebrones televisivos o telenovelas, a gusto del consumidor, de hoy en día, supongo que la gente buscaba lecturas digeribles y sin demasiadas complicaciones técnicas que leían a escondidas de los "eruditos" en la materia de las letras. Sí, nadie las ve, o las lee, y todo el mundo las "aborrece" pero la prueba del algodón del share de nuestros días, y de las ediciones continuadas de aquellos otros años antiguos... no engaña.
Julien Sorel me parece un personaje bien definido, a pesar de las contradicciones propias de la edad (algo así como un Holden Caulfield con un siglo menos), en cuanto a los colores y ya que mencionas la anarquía del personaje en lo político, entre otras cosas, supongo que no hacen falta más rojinegras explicaciones al respecto...
Solo he leído esta novela de Stendhal y en su momento creo que me gustó algo más que a tí ¿ahora?, en fín misterios del alma humana como bien dices. Ah! Por esta vez la traducción de "Rojo y negro", asi indisolubles en su alquimia, me gusta más que "El rojo y el negro", en este momento no sabría explicarte bien el porqué...

Excelente reseña.-

@sedacala hace 10 años

Está muy bien esa semejanza con Holden Caulfield, con un siglo menos, la diferencia quizá es que yo me identifico en parte con este personaje por lo que tiene de consecuencia de nuestra forma de vida, mientras que malamente me puedo identificar con Sorel, que las vivencias decimononicas me pillan a trasmano.
Lo de los colores, me vino a la cabeza a cuento de esa frase muy repetida aquí de: "para gustos los colores..." que a mi me horroriza por lo que tiene de negación y zanjado abrupto de cualquier debate o intercambio de opiniones. Una vez escrita la frase vi que podría parecer una alusión al rojo y al negro del título.

@Tharl hace 10 años

Acabo de leer tu reseña sedacala, como siempre muy interesante.

Comprendo lo que dices del personaje de Sorel, pero con los mismos principios a mí me paso lo opuesto.
Si bien empaticé con Holden, con Julien más aún. Me parece de los primeros grandes personajes “realistas” pero complejos. Algo raro en el “realismo” donde suelen dar mucha importancia al personaje pero limitándose solo en su evolución del y desde el pensamiento, creo que hasta el sXX no se vuelve tomar el factor errático de la personalidad -influido por variables distintas y más importantes que el pensamiento- con tanta precisión.
Mi fascinamiento por Sorel se debe precisamente a lo que tú comentas, su conducta es errática ¿y la de alguien no? Tiene unas creencias firmes -menos de lo que parecen, bastante menos- y se ve obligado a actuar de forma opuesta para prosperar y avanzar, esto lleva un conflicto entre su conducta y su pensamiento que enfatiza su conducta errática. Pero su personalidad es firme y constante, ambicioso, implacable, "sensible", con un sentimiento de ser importante acompañado con un sentimiento de mediocridad, de necesitar demostrar algo constantemente… Y así pasan todas las aventuras e intrigas por él. Va avanzando en la sociedad, cambiando, evolucionando y con un continuo conflicto entre el cómo actúa y cómo piensa.
Sí, su conducta es errática, pero no creo que como tú dices sea caótica. Sin duda es un personaje mucho más trabajado que Holden. Es uno de mis favoritos, junto con Pierre en "Guerra y Paz", pero si él era demasiado de corte realista y llanamente lógico, Stendhal logra un personaje mucho más humano y errático.
Este personaje junto a todas las cosas que comentas: las intrigas, el contexto, el final, etc. Hacen de "Rojo y Negro" una de mis obras favoritas, aunque de momento la única que he leído del autor.

De todas formas hace más de un año desde que me lo leí y han pasado demasiadas hojas de por medio y no lo recuerdo tan bien como en su momento.

@Kementari hace 10 años

La traducción sí es "El rojo y el negro". Depende de la edición que elijas.

@Poverello hace 9 años

Lo terminé esta mañana y tras alguna que otra reflexión más densa de lo que esperaba y después de leer tu reseña me vuelve a suceder algo curioso. Compartiendo casi todo lo que comentas acerca de los fundamentos literarios de la obra todo ello me lleva a sensaciones muy distintas y más cercanas a la opinión de Tharl.

El caso es que he de reconocer que tras unas 70-80 páginas, aunque la novela me estaba gustando y me resultaba tremendamente entretenida como bien comentas, sedacala, era como que me estaba resultando casi vulgar. Me di cuenta entonces de que en realidad me había acercado a Stendhal con una miríada de preconcepciones en virtud de la época y lo que esperaba del libro, cuyo género (folletinesco, digamos) no era de mis predilectos. Y todo era tan distinto en parte y tan similar en otros aspectos, como apuntas también en tu reseña, que me encontraba algo disperso.
Cuando renuncié al preconcepto todo fue una maravilla, porque descubrí con naturalidad los entresijos del estilo claro, conciso y directo de Stendhal y comprendí porque sus contemporáneos, que quizá esperaban lo mismo que yo, una lectura ligera, de aventuras y para pasar el rato, rechazaron de plano la obra. 'Rojo y negro', aunque comparte claramente aspectos usuales de la novela romántica de folletín se sale del parchís constantemente y aquí comparto la percepción de Tharl respecto a Julien, que sí que puede compararse en parte a Holden, pero es mucho más complejo, serio y además de principios del XIX. No podría asegurar, pues mis conocimientos al respecto gotean por todos los rincones, que Sorel sea el primer personaje de corte realista de la historia de la literatura (creo que comentabas también el concepto de antihéroe), pero se le acerca mucho, seguro. Las decisiones de Julien son fruto de la edad y de una cierta necesidad 'obligada' por la sociedad burguesa de principios del XIX a quien no forma parte de la élite, como es el caso de nuestro protagonista.

Precisamente en todo ello radica también probablemente que la novela de Stendhal no fuera bien acogida en su época, pues en realidad su crítica perversa al comportamiento y actitud de la alta burguesía es muy evidente, de manera más clara en el último monólogo interior del protagonista al hablar de las clases sociales, las personas sin recursos y el diferente trato que reciben según la procedencia social del individuo. Digamos que la búsqueda del placer y las apetencias sin mirar más allá del propio ombligo conducen a unas consecuencias sociales distintas si eres plebeyo o señor, aunque al final todos puedan acabar con el mismo nivel de amargura como individuos. Aunque no he leído la novela y me baso en los filmes de Frears y Forman la actitud frívola de todos los protagonistas -tan aburridos que buscan motivos para ser unos amargados, como comenta en alguna ocasión Julien- me recuerda a Las relaciones peligrosas.

Y me callo que me enrollo.

Saludos a todos.

@sedacala hace 9 años

Pues no sé qué decir; por que te comprendo bien cuando dices eso de que cambiaste el “chip” nada más ver que la lectura no funcionaba, y que a partir de ahí, echando mano de naturalidad, la cosa fue mucho mejor. Claro, pero yo mismo, y lo digo en la reseña, también comprendí enseguida que esto no era como “La cartuja de Parma”; tampoco eso es ningún descubrimiento, se ve enseguida. El problema es que esa variación de la idea inicial, no debería suponer para mí un inconveniente. Mira, un ejemplo reciente: Middlemarch, la extensa novela de George Eliot que he reseñado hace poco, le puse un 9 y te puedo asegurar que no hay aventuras ni peripecias, es una auténtica disección de la vida de una comunidad (rural) en la que sus personajes viven de manera convulsa con sus problemas a cuestas, evidentemente, la leí sabiendo lo que leía, pero lo que quiero decir es que si no hay aventuras sino problemas, amorosos o de otra índole entre los protagonistas, para mí es aún mejor. Bueno pues no, “era como que me estaba resultando casi vulgar” y aquí utilizo textualmente tus propias palabras del comentario, con la diferencia de que tú lo veías así, antes de cambiar el “chip”, y yo, sin embargo, después. Pero tampoco sé bien el porqué de todo ello, o mejor: no sé bien por qué yo lo veo así cuando los demás lo veis tan interesante. No, el cambio de “chip” yo también lo apliqué y no me funcionó; y tampoco me complico la vida, cuando un libro no me gusta (mucho, quiero decir), pues no pasa nada, simplemente, paso al siguiente. Algunas veces lo hemos hablado, yo no soy un lector que se pueda homologar a auténticos devoradores de literatura que hay en esta página que os tiráis a por todo con entusiasmo y casi todo os gusta. A mí, el teatro no me gusta, la literatura fantástica tampoco, la narrativa actual me atrae muy poco (eso, por lo visto, también les ocurre a muchos), las lecturas cortas no las soporto, de poesía mejor no digo nada…, en fin, que procuro buscar lo que creo que me puede gustar y aún así, me equivoco mucho. Lo que quiero decir es que en mi historial de lector hay unos cuantos títulos, auténticas “vacas sagradas” en criterio de la mayoría, que a mí no me gustaron ni lo más mínimo. Esta novela no me disgustó tanto como eso, me pasó algo así como en “Viaje al fin de la noche” (también le puse un 6), digamos que ambas pasaron por mi vida sin pena ni gloria.

La idea de compararlo con el protagonista de “El guardián entre el centeno”, si relees, verás que es de Krust, aunque Tharl parece compartirla. Yo francamente, no la veo mucho. Es cierto que ambos personajes se lanzan al mundo con ánimo de comérselo, en eso coinciden, pero en muchísimas otras cosas difieren, y conste que a mi me encantó el personaje de Salinger. Lo que sí que no veo por ningún lado, discrepo absolutamente Tharl, es que compares a Sorel con Pierre Bezujov, que el pobrecillo es muy bueno y no hizo nada para merecer esa comparación. Estoy de acuerdo en eso que decías de que en el fondo ¿Quién no se comporta erráticamente? Naturalmente, todos lo hacemos en alguna medida, la diferencia está en que Sorel lo hace a todas horas y con bastante mala uva, mientras que ni Pierre, ni Holden, ni muchos otros, lo hacen, o lo hacemos, tanto ni tan aviesamente.

Las amistades peligrosas, es otro más de esos títulos ilustres que no me gustaron, pero más por su formato epistolar y su lenguaje retorcido.

Un abrazo, Pove y compañía.

@sedacala hace 9 años

¡Tenía ya olvidado este hilo! A Sorel no, desde luego.

No veo la semejanza, al menos ahora, entre Sorel y Holden, no demasiada al menos, aunque parece que en su momento le vi el sentido. Tampoco la veo con Pierre, pero en ningún momento traté de asemejar estos dos. Puse el ejemplo de Pierre como personaje realista contrario a Sorel.
En Guerra y Paz la psicología de los personajes (y esto creo que es común de toda la novela decimonónica) es coherente, muy rica, pero lógica. Los personajes cambian muchísimo, pero siempre ante un acontecimiento detonador, y con sus más y sus menos, a pesar de sus errores (y esta calificativo es clave), siempre actúan de forma coherente. Sorel es tremendamente innovador en este sentido, es un personaje absolutamente contradictorio en todo momento. No recuerdo bien si la evolución de Sorel se plasma por sus actos (creo que sí pero no estoy seguro) o por sus pensamientos (como el protagonista de Crimen y Castigo), pero desde luego, es un personaje que siempre sostendrá cierto enigma para el lector, y también para sí mismo.

Abrazos!

@Tharl hace 9 años

Ce moi!
Lo dejé abierto cuando me fuí a cenar, sorry.

@_567_ hace 9 años

Cuando comparaba los personajes de Sorel y Caulfield (lógicamente con el abismo del siglo que les separa) me refería a esa actitud rebelde ante todo lo que les rodeaba. Siendo tan jóvenes y ambiciosos intentan buscar su lugar en un mundo al que en teoría no deberían acercarse por condición, status social o puede que hasta por comodidad, vamos que les va la marcha, básicamente porque, como bien comentáis, se quieren comer el mundo a su manera. Eso hace que, ya de entrada, sienta simpatía hacia ellos. Tampoco es que sea una novedad, ya el Lazarillo de Tormes lo hizo en su tiempo, lo de utilizar la picaresca vital para hacerse un sitio en aquellos tiempos, otros muchos escritores (Camus, Kafka, Dostoyevsky…) han creado personajes desclasados o incluso desfasados que se infiltraron, utilizando las armas de las que disponían, en sociedades a las que clarísimamente no pertenecían y eso los hizo grandes personajes. Tanto a Sorel (un guapetón de orígenes modestos, más contradictorio que errático) como a Caulfield (un cínico privilegiado, todo hay que decirlo…) les cuesta poco trascender, porque el lector empatiza siempre con la capacidad de superación o de riesgo al que se somete el ser humano, o un personaje ficticio en el que le gustaría verse reflejado. Pero bueno, la verdad es que después de tanto tiempo no recuerdo del todo bien porque hice esa asociación, supongo que fue una reacción in situ después de leer esta reseña. Las dos novelas las puntué con un 8, o sea que personalmente me gustaron mucho, aunque sería de justicia mencionar que Julien ha envejecido peor en mi memoria que Holden…

Consultando a vuelo pájaro el prólogo de mi edición, veo un dato que desconocía y que dejo aquí porque me parece muy curioso: “Stendhal, maestro del autoengaño, insaciable hurgador de su propia psicología y soberbio plagiario, no fue un creador de argumentos originales; indiferente a la novedad temática, prefería inspirarse en sucesos recogidos por la crónica negra de la época. Rojo y Negro, su obra maestra, no fue una excepción; publicada en 1830, recoge punto por punto ‘el caso Berthet’ –acaecido en el pueblo de Brangues en 1827- Antoine Berthet fue una persona real, Julien Sorel un personaje creado por la pluma de Stendhal…”

Abrazos rojinegros.-

@Tharl hace 9 años

Por lo que sé, el método de Stendhal consistía en seleccionar una historia real, ponerse en la piel del protagonista y recrear la historia. Todos sus protagonistas son proyecciones suyas, probablemente una mezcla entre fantasía e introspección. Debía ser un magnífico narcisista.

@Tharl hace 9 años

Interesante artículo que acabo de encontrar sobre el egotismo de Stendhal:
thecult.

"Egotizar es referirse a sí mismo, analizarse a sí mismo, no necesariamente amarse. Dirigirse al ego supone, pues, su existencia, la de un quién, un alguien que dice «Yo». Pero este supuesto Yo tiene en Stendhal imputaciones y nombres diversos, como si no fuera uno sino unos cuantos. Ante todo, porque no habla una sola lengua. "

@Poverello hace 9 años

No sé si Stendhal padecía de egotismo, lo que sí parece claro en relación con 'Rojo y negro' es la importancia que le concede a la búsqueda de la identidad por encima de las convenciones sociales y a través de un cierto modo de hedonismo y de dejarse llevar por los impulsos.

Julien es un irreflexivo que sólo adquiere sesera cuando, digamos, no le queda más remedio e incluso es demasiado tarde para todo excepto para pedir disculpas. Como el joven que lee doscientos autores de filosofía y no sabe con cuál quedarse hasta que una situación vital le hace decidirse así deambula Sorel, un chico que se ha aprendido la Biblia de memoria sin mayor reflexión y tan sólo al final de la obra muestra concienzudamente su rechazo frontal y directo a esa cualidad curiosa y memoria excelente que es paradójicamente las que lo conducen a un infierno menos recurrente pero igual de cierto finalmente que el de Rimbaud.

@sedacala hace 9 años

Tharl, releyendo veo que interpreté mal tu alusión al Pierre de Tolstoi, ya me extrañaba por que es un personaje muy alejado de las trazas de Sorel. De hecho, en su momento hablamos de los personajes favoritos de cada uno en Guerra y paz, y yo mencioné a Pierre y a María Volkonski; ambos me encantaron y me cayeron muy bien.

@Faulkneriano hace 9 años

Interesantes comentarios de todos vosotros ustedes. Como le decía a Poverello, tengo la lectura de este libro demasiado lejana como para meter baza. Que Stendhal debía ser muy egocéntrico no lo dudo en absoluto.