EL PRINCIPIO DEL FIN por Faulkneriano

Portada de ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

Saramago cuajó como gran novelista en los años ochenta: Levantado del suelo, Memorial del Convento, Historia del cerco de Lisboa y, especialmente, su obra maestra, El año de la muerte de Ricardo Reis, una poética e increíblemente jugosa reflexión sobre la literatura, sobre el ser, sobre Portugal y sobre tantas otras cosas. Impuso entonces a un lector atónito su peculiar e inimitable estilo (que, gracias a Dios, siempre ha conservado), moroso, con una peculiar puntuación (bastante copiada) con una cadencia peculiar, sonora y llena de saudade. Dio muestras de despiste con La balsa de piedra (qué pasaría sí la Península Ibérica se desgajara de Europa), con un empeño iberista que le reportó no pocos problemas. De El evangelio según Jesucristo no opino porque no la he leído. Y entonces llegó su Ensayo sobre la ceguera, que se convirtió, de la mano de una editorial poderosa, en un éxito de ventas.

Vuelve Saramago al qué pasaría sí? y empieza un poco a perder su condición de escritor portugués comprometido con su tierra (su historia, sus mitos, sus injusticias) y a convertirse en un fabricante de parábolas más o menos afortunadas. Parece que le coge gusto a esta fórmula, cada vez más flotante, desasistida, autónoma de toda referencia temporal y espacial; nada que objetar, si la reflexión resultante es jugosa. Pero, a mi entender, no es el caso: Ensayo sobre la ceguera se convierte en una especie de pesadilla alicorta, llena de referencias escatológicas (la suciedad, la mierda es, decididamente, un problema mayor en el país de los ciegos) y con poco vuelo intelectivo, caprichosa y cerrada sobre sí misma. Lo peor es que la fórmula sigue: qué pasaría si se investigara un nombre cualquiera del registro civil (Todos los nombres); qué pasaría si todo el mundo se negara a votar (Ensayo sobre la lucidez); qué pasaría si la muerte se negara a hacer su trabajo (Las intermitencias de la muerte: un tema éste, por cierto, ya transitado tanto en la literatura como, especialmente, en el cine)

Sólo aquellas novelas que se sustraen a este esquema apriorístico (La caverna, y, menos, El hombre duplicado, sobre el muy poco original tema del doble) se salvan de la quema. El interés de sus novelas es decreciente, pese a conservar un estilo robusto, que gira sobre sí mismo adornando una trama un tanto huérfana de contenidos jugosos. A los que valoran Ensayo sobre la ceguera (en la que, sin especial malevolencia por mi parte, cifro el inicio de su decadencia) les animo a leer sus primeras novelas: percibirán diferencias. Qué casualidad: el cine se ha ido a fijar en ésta y no en otra. Por algo será.

Escrita hace 10 años · 2.3 puntos con 4 votos · @Faulkneriano le ha puesto un 4 ·

Comentarios

@marielbri hace 10 años

Totalmente de acuerdo Faulkneriano, no se puede repetir siempre la misma formula si, como bien decís, no hay mucho sustento detràs. A mi me decepcionó también.

@Faulkneriano hace 10 años

Pues me alegra leer tu comentario, porque parece que la opinión mayoritaria con respecto a esta novela es bien distinta. Claro que es posiblemente la más famosa de Saramago, y la que más gente ha leído... Que conste que a mí me gusta don José, pero el de los años 80.

@BriGid hace 9 años

Pues a mi me gustó, sí que es verdad que al final resulta un tanto densa, pero como novela me pareció que merecía la pena incluso disfruté de igual manera con la pelicula.

@Tylercito hace 8 años

Totalmente de acuerdo con lo de su declive. Aunque recuerdo vagamente a Todos los nombres, novela posterior a ésta, como bastante satisfactoria. No obstante, increíble que terminara firmando cosas tan burdas como Las intermitencias de la muerte (no creo que pueda desaprovecharse más una premisa tan, pese a estar muy usada, interesante).

@Faulkneriano hace 8 años

Pues estamos de acuerdo, aunque mira la puntuación global: seguimos siendo minoría.

De acuerdo también con Las intermitencias... un gran tema echado a perder. El declive siguió, como pude comprobar con Cain, indigna del autor portugués.