Lluvia. Omnipresente en toda la novela. Del devenir de los acontecimientos, podría entenderse como símbolo de cambio, de limpieza; y aún así es todo lo contrario.
Reconozco que pocas novelas me han transmitido tanta desesperanza como esta.
Ese otoño húngaro, esa lluvia, ese barro, esas ropas mojadas que dificultan el caminar...la vida. Toda la vida de los personajes es pesada, desesperanzadora, condenada a existir y sin siquiera la escapatoria de la muerte.
Y aún así, a mí no me dan pena. El autor describe unos personajes desagradables, del primero al último. Quizá víctimas de sus circunstancias, pero no les libera de la culpa. Cada uno de ellos tiene unas taras que lo hacen insoportable al resto y pese a todo su sino es estar juntos. Incluso la persona que (pudiera ser) más inocente del relato comete actos contra natura porque no conoce otra forma de vivir, porque es la enseñanza que recibe de su familia.
La figura del timador/salvador irónicamente se nos presenta como la más emprendedora. Mientras que el resto asumen su condición y se consumen, este personaje (igual de desagradable) al menos hace algo -algo- para mejorar; aún siendo en beneficio propio.
Escrita hace 8 horas · 0 votos · @Aliomo le ha puesto un 8 ·