PROPAGANDA, S.A. por arspr

Portada de EL HIJO DE CÉSAR

Un pelo decepcionado quedo del libro.

No soy lector frecuente de novela histórica y de hecho me embarqué en esta más por Stoner que por ella misma. Este hecho, y mi justita cultura y conocimiento histórico, bien puede jugar en contra de la novela (no me muevo en mi "zona de confort" y soy injusto sin criterio) como a favor de ella (soy incapaz de juzgar su calidad intrínseca y soy engañado fácilmente a medio fuego artificial que haya).

Y de hecho en este aspecto histórico, satisfecho quedo, pero también con mis dudas. La novela en mi caso sí que me ha servido para encuadrar personajes "cuasi-mitológicos" de mi memoria infantil, (Marco Antonio y Cleopatra entre otros, más bien por su vertiente Hollywood). Pero a la postre su densidad histórica al respecto es también bastante escasita. Los eventos se suceden muy sucintamente y casi casi la Wikipedia y sus cortas descripciones de los hechos son más profundas que este libro (por ejemplo, y volviendo a los mencionados, ¿cómo una mera derrota naval se liga con la caída de Egipto?).

Pero por aquí no viene mi principal desencuentro con el libro, porque francamente para mi nivel histórico más que suficiente. De hecho valoro bastante más el engarce epistolar de toda la novela, las "formas" de la misma, que me han gustado bastante y que, a pesar de los múltiples personajes, no componen en realidad un puzzle nada difícil de encajar, que la ligereza en la precisión o desarrollo histórico que en más cantidad probablemente me habría abrumado.

No, por aquí no van los tiros de lo que menos me ha gustado del libro. Sino porque ya sabemos que la historia la escriben siempre los vencedores, pero en este caso es que roza lo ridículo. De verdad, de servicio de información y propaganda del Tercer Reich. Marco Antonio, Sexto Pompeyo, Cicerón, Tiberio, etc., todos menos Augusto y amigos, son unos personajes cuando poco imbéciles cuando no malvados o negruzcos en su alma, menos el brillante, el elegido, el reflexivo, el todo que es el Emperador. Justo con el pueblo, y casi casi rozando la divinidad por méritos propios. Vomitivo en mi opinión. Lo siento pero no me creo esta separación entre blanco y negro tan infantil y sobre todo peligrosa. Porque a lo mejor alguno con luces justas se acaba creyendo el mito del buen dictador... Además de que eliminando este plano "político", es que desde un punto de vista meramente humano también acaba generando personajes increíbles de cartón piedra.

Evidentemente me quedo con Stoner...

Escrita hace un año · 0 votos · @arspr le ha puesto un 6 ·

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