HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL por Shorby

Portada de HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL

Pues no, todavía no había leído Harry Potter. Empecé a ver la primera peli (hace mil) y la quité a la mitad; tenía que leer el libro antes de verla.
Rarezas mías.

Tengo que decir que no puedo arrepentirme más de no haberlo leído en su día… ¡porque me ha flipado! Hacía mucho tiempo que un libro no me enganchaba tanto como para que me diera pena terminarlo, es más, tengo que decir que lo he ido alargando para que durase más.
Lo recomiendo desde ya.

Y así, a mis casi 29, recibo por fin mi carta a Hogwarts, como no podía ser de otra forma, vía lechuza.

Resulta que para ser alumno de este colegio interno de magia y hechicería, hay que atravesar el muro que nos lleva al andén 9 ¾ de la estación King’s Cross.
Así que allá voy con mi carrito repleto de utensilios de lo más variopinto: tres túnicas negras, un sombrero puntiagudo, guantes, un caldero de peltre, un telescopio, una varita que antes me ha elegido a mí como dueña, una balanza, mis libros para el curso… ah, y mi lechuza, no podía irme sin mascota. Por supuesto, todo esto lo compré con antelación en el callejón Diagon, aunque ates tuve que sacar algo de dinero de Gringotts, claro.

Ya en la magnifica locomotora, conozco al tal Potter, un niño ultra famoso por haber derrotado a Voldemort (perdón, es el nombre impronunciable, quedáis avisados); aunque ni él mismo se acuerde de cómo, para muestra, la cicatriz de su frente, en forma de rayo. Ha estado (mal)viviendo con sus tíos, los Dursley, que obviamente son muggles y lo han querido criar como tal. Qué cosas.
Me encuentro también con Ron, un pelirrojo algo tontorrón, con una rata como mascota y hermanos mayores en la escuela; Hermione, una niña un poco petarda y marisavidilla que ya se ha empollado casi todos los libros que debemos usar a lo largo del curso; Neville, un chico llorón que había perdido su sapo y no daba con él; Malfoy, siempre acompañado de dos grandullones, con este hay que tener cuidado, que si no le bailas el agua no está contento, además su familia pasó al Lado Oscuro con Vold… ya sabéis.

Hagrid, un tipo tan entrañable como enooooorme que trabaja ayudando en Hogwarts, nos lleva hasta allí y nos informa de que en breve será la Ceremonia de Selección, aunque antes conoceremos a la profesora McGonagall, que nos acompañará por el castillo, donde por cierto, las escaleras son cambiantes, los cuadros hablan y los fantasmas de antiguos hechiceros se pasean como si nada.
Aquí, nos ponen el Sombrero Seleccionador uno por uno para saber a qué casa vamos a pertenecer durante nuestra formación. ¿Será Ravenclaw? Mmmm… ¿Hufflepuff? Buf, qué pereza, espero que no. ¿Slytherin? ¡No por favor!... Voy a Gryffindor ¡¡bien!!
Después, con Albus Dumbledore, el director, cantamos el himno de Hogwarts y a comer se ha dicho, debemos descansar para lo que nos espera mañana.

Estoy ansiosa por empezar mis clases: Pociones, Transformaciones, Defensa contra Artes Oscuras, Vuelo… ¡qué emoción!
Hasta asistimos a un partido de Quidditch, parece que Potter es un hacha en este deporte, y eso que no tiene ni escoba propia (aunque me he enterado de que le han regalado una Nimbus 2000, nada menos).

Sin embargo, parece que ha pasado algo, no sé qué se está cociendo en el ambiente pero no me gusta nada, incluso con trolls de por medio, algo no marcha bien y creo que tiene que ver con el robo a Gringotts y un espejo de lo más extraño… además Potter tiene una facilidad impresionante para meterse en problemas, ¡no paran de pasar cosas! ¡Hemos visto hasta unicornios!

Estoy deseando ver cómo termina todo, me quedan cosas que conocer sobre el pasado de este chico, pues no acaba de aclararse como es debido y creo que es realmente interesante.

Así que ¡hasta el curso que viene! ¡Nos vemos en segundo!

Escrita hace 6 años · 5 puntos con 3 votos · @Shorby le ha puesto un 9 ·

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