EL CORREDOR DEL LABERINTO por Shorby

Portada de EL CORREDOR DEL LABERINTO

Memoriza. Corre. Sobrevive.

Todo está oscuro, estás aturdido y no sabes dónde te encuentras. De repente, una luz se abre arriba y comienzas a subir, con un ruido metálico e infernal de fondo… y un montón de chavales de tu edad te reciben mirándote con extrañeza, desdén, desesperanza.
No recibes una bienvenida como tal, sin embargo, lo das por hecho.

Tras preguntarte a ti mismo quién eres, qué haces ahí, de dónde vienes y demás preguntas básicas, te das cuenta que sólo recuerdas tu nombre.
Estás en el Laberinto y, como los demás, no puedes salir… o al menos nadie sabe cómo.

Cada semana, en el mismo día y a la misma hora, llegarán provisiones necesarias para sobrevivir en el Claro, aunque cada uno cumple su cometido dedicándose a diferentes tareas que hacen la vida más fácil y a su vez mantienen ocupados a los clarianos, pues nadie sabe cuánto tiempo van a estar ahí… o cuándo van a morir.
También cada mes, en el mismo día y a la misma hora, aparece un nuevo chico que convivirá con los demás en el Claro, rodeado de muros de piedra que cada noche se cierran para evitar que los laceradores entren y se carguen a todos. Nadie sabe de dónde salen o que son en realidad, sólo saben que hay que temerlos… y que no se puede salir al Laberinto de noche, pues es imposible sobrevivir en él.

Los corredores se dedican a recorrer el Laberinto por el día, con mochila a cuestas y yendo a toda velocidad para poder sacar algo en claro, sin saber exactamente el qué.
Sólo sabes, además de tu nombre –Thomas-, que quieres ser corredor.

Todo sigue igual, con el mismo orden día tras día, semana tras semana… hasta que uno de ellos, el de después de tu aparición, todo se trastoca. Aparece una chica, con un mensaje que cambiará todo el microuniverso en el que os encontráis.

Así, estamos ante una historia distópica, que engancha desde el principio, que aturde al lector como si fuera el propio protagonista, queriendo saber qué pasa y cómo salir de ahí.
El ritmo es frenético y la confusión idéntica, no puedes parar de pasar páginas, con un nudo de tensión constante… para llegar a un final tremendamente ABIERTO que te deja con la boca de par en par y cagándote en todo porque no tienes el segundo libro y necesitas saber qué pasa.
Sí, tal cual.

Me ha encantado, aún con ese único “pero”… así que ya estoy tardando para comprarme el resto del tirón y que no me pase lo mismo, que el ansia me puede.

Escrita hace 6 años · 4 puntos con 1 voto · @Shorby le ha puesto un 7 ·

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