LA EQUIDISTANCIA ESTÁ SOBREVALORADA por Guille

Portada de CAMINO DE SIRGA

Uno de los aciertos de los grandes libros es encontrar la forma que más se ajusta a lo que se quiere contar, a lo que se quiere transmitir. Creo que este libro lo consigue con creces.

El fondo no es la guerra civil que sufrió este país, como en algún sitio he leído, ni siquiera la posguerra, por las que se pasa de puntillas. La mayor parte de la historia que se cuenta es anterior a todo eso. Pero sí es una novela sobre señoritingos y trabajadores. Hay señores también y mucho lumpen. Los obreros no están concienciados políticamente, y solo después, con la república, empiezan a descubrir como funcionan algunas cosas. Se habla más de sentimientos, de las relaciones entre unos y otros; de sus miserias, de sus deseos, de sus desamores.

Y en la forma, la novela está concebida casi como un libro de recortes, de anécdotas, de continuos flashback y escrito en una especie de realismo mágico a partir de los recuerdos que la ciudad que está desapareciendo evoca en algunos de los personajes. Recuerdos que provienen de frescos en un convento a punto de derruirse, de un ataúd reutilizado para menesteres muy distintos de para los que fue fabricado, de un espejo que contiene imágenes que algún día reflejaron, de los laudes… Y como recuerdos que son, estos no son fiables, se contradicen, se matizan, se complementan con imaginación, se inventan incluso.

Comentando este libro, alguien le achacaba un excesivo maniqueísmo. Es cierto que el punto de vista del escritor en la historia está bien claro, su posición política es totalmente transparente y, sí, hay buenos y malos. Pero ¿eso es algo realmente tan criticable? Está muy de moda eso de la equidistancia, pero a mí no me parece que ese sea siempre el mejor punto de vista. La vida es así, hay buenos y hay malos, con todos los matices que se quiera, pero buenos y malos. Y en esta historia los hay como en muchas otras, como siempre ha habido, hay y habrá. Pero, aun reconociendo esto, no todo en la novela es blanco o negro. No todos los ricos son perversos y no todos los pobres unas almas benditas. Ahí está la familia Segarra, dueña de minas y laudes, que no sale nada malparada en la narración. No es el caso de los Torres y de su principal personaje, Carlota. Pero ¿es que rechinan tanto estos personajes? A mí no, me resultan totalmente creíbles. Como el señorito de los santos inocentes, otra obra en la que hay buenos y malos. Y sí, el franquismo fue la época negra de este pueblo y de muchísimos más. La España de vencedores y vencidos fue implacable con estos últimos. Aquí la equidistancia no solo me parecería injusta sino insultante.

Pero naturalmente, cada uno lee el libro desde su perspectiva, desde sus sentimientos, desde sus posicionamientos políticos, desde sus vivencias, desde sus personalísimos gustos, y yo he disfrutado muchísimo con esta lectura. Me ha hecho sonreír innumerables veces, me ha emocionado otras tantas. No le puedo pedir más.

Escrita hace 7 años · 5 puntos con 3 votos · @Guille le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 7 años

Buena reseña, Guille, de una muy buena novela, que en su día, hace ya demasiado tiempo, me encantó por su pericia narrativa y su excelente prosa.

No recordaba que estaba escrita en catalán (porque la leí traducida, claro) Tampoco que pudiera parecer maniquea: yo, desde luego, no la recuerdo así. Lo que sí me gustó, desde luego, es que se adentrara en el siglo XIX y en los primeros compases del XX, un tiempo muy olvidado por la narrativa moderna, que se pirra por la guerra civil y la inmediata posguerra.

Novela muy recomendable, limpia, bien resuelta. Moncada no es precisamente un escritor de culto. No sé si en Cataluña será más reconocido.

@Guille hace 7 años

Es el único libro que he leído, y conozco, de este autor. Pero, al menos este, merece mucho más lectores de los que le supongo. Yo lo disfruté muchísimo.

Ah, y nuevamente gracias por tus siempre generosos calificativos a mis reseñas.

@Tharl hace 7 años

¡¿De vueltas con el maniqueísmo?!
Después de leer tus críticas de Las uvas de la ira, Germinal y ésta (no leí ninguna de las novelas), me he acordado de La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa. Guille, si te interesa una excelente novela con un telón social de fondo -lucha de clases o “buenos y malos si quieres verlo así-, y plasmado en toda su complejidad con una habilidad portentosa, te la recomiendo sin dudarlo. Estoy casi seguro de que te encantará. Conmigo lo consiguió. Como personaje político Vargas Llosa no es santo de mi devoción, pero me identifico plenamente con la escéptica visión social-política de esta novela. Además, los valores de La guerra del fin del mundo van años luz más allá de cualquier “cuestión social”.

No conocía a Moncada, apuntado queda.

@Guille hace 7 años

Con este libro surgió el tema del maniqueísmo en un club de lectura que hicimos unos cuantos. Poco tiempo después releí Las uvas de la ira y recordé la discusión, de ahí que centrara la reseña en ese aspecto.

Me ocurre lo mismo que a ti con Llosa. De su pensamiento político mejor no acordarse, pero al menos tres de sus libros estarían en mi top 10 o, como mucho, top 20.

Ese que citas lo leí en mis primeros años de lectura (soy lector muy tardío) y apenas guardo recuerdos de él. Habrá que hacer una relectura (si me gustase en esa segunda lectura la mitad de lo que me gustó en su relectura La casa verde, de la que tampoco guardaba memoria, ya valdría la pena volver a él).

@_567_ hace 7 años

Gran Reseña, Guille, y estupendo el título que escogiste…
Empiezo a comentar por tu último párrafo, yo también he disfrutado muchísimo de esta lectura y reconozco que mi voto tiene mucho que ver con perspectivas, sentimientos, posiciones políticas y, por supuesto, gusto personal, también me ha hecho sonreír (con ricos y pobres, franquistas y republicanos) y me ha emocionado sobremanera en algunos pasajes.
El fondo no es la Guerra Civil ni la posguerra pero no se puede negar que siempre están presentes, y es que los acontecimientos de la Batalla del Ebro dejaron sus secuelas durante y después en esa Mequinenza de la que el propio Moncada fue hijo predilecto; hasta esos años 70 desde donde se desarrollan los flashbacks hacia atrás para ir conociendo a los protagonistas en toda la profundidad de sus caracteres (como comentas, también el posicionamiento idealista del propio autor al respecto de los hechos históricos que se narran, aquí me ha recordado al Sánchez Piñol de “Victus”, aunque las novelas no se parezcan absolutamente en nada).
Tremenda la galería de personajes, por mencionar algunos, así a bote pronto y en caliente, me voy a quedar con el viejo Nelson, Honorat del Rom (el farmacéutico), y esa Carlota de Torres tan ‘ricachona’ a la que, muy acertadamente en mi opinión, el autor le ‘dedica’ ese estupendo epílogo final… ¡pero hay muchos más!
Muy buen apunte el que haces en lo referente a esa especie de realismo mágico que desprende la novela por sus cuatro costados, yo también he tenido esa sensación, tampoco le iría mal la etiqueta de ‘Aventuras fluviales’ a la manera de las más convencionales aventuras marítimas… por cierto, ya que mencionas los laúdes (muy presentes en toda la novela y que acompasan plácidamente el ritmo de la lectura), aclaro para quién lo desconozca que aquí no son instrumentos musicales sino embarcaciones típicas del Ebro y del Segre (Llaüts, en català).
La riqueza del lenguaje empleado por Jesús Moncada me parece sencillamente descomunal, sublime por momentos, tanto como excepcional es la traducción al castellano de, una vez más, Joaquim Jordà.-

*Esta novela estaba entre mis eternas pendientes… ¡Ya no!

@Faulkneriano hace 7 años

La novela no sería lo mismo de chula sin los laúdes de que habla Krust. Y, cierto, tiene un punto fantástico que la hace muy agradable, aunque su esencia sea insobornablemente realista. Lo mejor, sin duda, el sentido del humor, que campea en toda la obra de Moncada, aunque ésta es novela más grave.

@Guille hace 7 años

Me alegro muchísimo de que te haya gustado tanto, Krust, y que además coincidas con lo que escribí.

Tienes razón que la Guerra Civil y la posguerra está muy presentes aunque la obra trata fundamentalmente de los años anteriores y esa visión nostálgica desde la perspectiva de la posguerra le da una fuerza tremenda a todo lo contado... aunque naturalmente siempre distinta dependiendo del posicionamiento político del lector.

Leyéndote ahora, dan ganas de volver a leerla. Algún día será.

Por cierto, bien por la aclaración de los laudes, y cierto Faulk, fundamentales en la narración.