LA HISTORIA DE COLORADO LLEGA AL SIGLO XX por EKELEDUDU

Portada de LA SAGA DEL COLORADO, SEGUNDA PARTE

La investigación de Lewis Vernon prosigue en este segundo volumen de LA SAGA DEL COLORADO en el punto donde la concluyera el primero: tras las matanzas organizadas por el coronel Frank Skimmerhorn, los indios pertenecerán más al pasado que al presente. Es la época de los pastos abiertos en el Oeste americano, que será muy breve.En ese escenario reaparece Oliver Seccombe, aquel compañero de viaje de Levi Zendt y su primera esposa, para comprar reses vacunas por cuenta ajena para crear un rancho ganadero que será conocido como el Venneford. Curiosamente, el mismísimo Levi le recomendará, para transportarlas desde el punto de compra hasta el nuevo rancho y cuidarlas después, a un hombre que en otras circunstancias, debido a la pésima fama de su padre, no inspiraría demasiada confianza: John Skimmerhorn, hijo de Frank, quien reunirá a todo un grupo de vaqueros para la faena.

La época de los pastos abiertos fomentará enfrentamientos de diversa índole entre los ganaderos y otros colonizadores. Las más leves serán contra agricultores, pero las realmente feroces tendrán en el otro bando a los ovejeros. Debo admitir que estos últimos me cayeron más simpáticos, quizás por ir contra la corriente o tal vez porque, como un servidor, llevan una existencia más bien ermitaña; como Jake Calendar, un retraído pastor que cuida de las ovejas con su rifle y su perro y que, lejos de intimidarse ante las bravatas de los rancheros, parece volverse él objeto de aprensión para éstos. O Buford Cocker y su compañera Laura la Gorda, que se muestran igualmente desafiantes. Por desgracia, los ganaderos son económicamente más poderosos, y contratarán a un par de temibles pistoleros para deshacerse de sus enemigos. Alguno de éstos, varios, o quizás todos, perecerán bajo el fuego de estos criminales; pero no será la solución al conflicto, que culminará recién con el tendido de alambradas en la pradera.

A medida que pasa el tiempo, lo que antes fuera conocido como Granja de Zendt pasará a llamarse Centenario, y su pujante prosperidad atrae a nuevos colonizadores, algunos de ellos bien exóticos, como el chino Goro Takemoto y su familia, al principio trabajadores por cuenta de Brumbaugh el Patata, otro inmigrante que le ha comprado tierras a Levi, y el mexicano Tranquilino Márquez, inicialmente también al servicio de Brumbaugh. Pero la suerte de chicanos como los Márquez y mestizos como Clemma Zendt estará bastante ligada al menosprecio que buena parte de la sociedad experimenta hacia ellos. Mientras tanto, llegan casi a un mismo tiempo la Ley, encarnada por el estricto pero justo Sheriff Dumire, y el delito más infame, con los Wendell: una familia de actores fracasados que encontrará, para enriquecerse, otros medios muy distintos de la actuación.

Llega el siglo XX. En las inmediaciones de Centenario, en tierras que antes fueran del Venneford, se empezará a gestar una pequeña ciudad de agricultores, Campamento Avanzado. Pero sus habitantes, los Grebe, los Volkema y otros que se instalaron allí desatendiendo los sabios consejos de Jim Lloyd y Brumbaugh el Patata (entre otros) y tentados por los cantos de sirena del inescrupuloso Marvin Wendell, debido a un mal tratamiento del suelo y la carencia de agua, deberán vérselas con las aterradoras tormentas de polvo. En ese contexto tendrá lugar uno de los episodios más macabros de LA SAGA DEL COLORADO; Campamento Avanzado se convertirá en una de las tantas ciudades fantasma del Oeste norteamericano.

Finalmente, la acción terminará llevándonos a dos personajes paradigmáticos. Por un lado, Paul Garrett, descendiente de ganaderos y de ovejeros, de indios, de blancos y de mexicanos; un hombre que parece ser un resumen viviente de la historia de Colorado... Salvo quizás una pequeña parte, que viene a representarla el otro personaje: Morgan Wendell, inocente sin duda de las fechorías de sus ancestros, pero enriquecido merced a aquéllas y metido en política. Y la política, se sabe, nunca es santa y necesita favores que hay que pagar. Garrett representa la tradición, el amor por la tierra, la preocupación por la Naturaleza; Wendell, las exigencias de prosperidad económica.

A Michener se le puede acusar, sin duda, de dejarse guiar un poco por ciertos tópicos del Oeste norteamericano. Que uno de los Pettis, sanguinarios criminales como pocos, vacile en matar a una mujer, o que Jim Lloyd se niegue a disparar por la espalda, son situaciones derivadas, creo, de cierta tradición que hace del "cowboy" una especie de honorable caballero andante, y que comenzó, según tengo entendido, con A LA HORA SEÑALADA (1952), el célebre western de Fred Zinnemann con el que nació la escena del duelo en la calle desierta, tan repetida entonces en películas posteriores. En defensa del autor podría alegarse que toda generalidad tiene sus excepciones, pero él no señala como extraña la renuencia del pistolero a liquidar a una mujer, ni la de Lloyd a disparar por la espalda.

Sin embargo, el conjunto resulta tan apasionante, y tan exhaustiva la investigación de fondo, que me parece que pueden perdonársele a Michener tales detalles. Y por otro lado, merece alabanzas por saber rescatar el lado humano hasta en los individuos más desagradables. Marvin Wendell, por ejemplo, es un personaje realmente vil, pero el amor que siente hacia su leal mujer, que lo acompañó tanto en las buenas como en las malas, no deja de ser conmovedor.

De la misma manera que lo es, íntegramente, LA SAGA DEL COLORADO, una emocionante epopeya protagonizada por hombres comunes devenidos en gigantes a fuerza de luchar contra contra la adversidad, contra sí mismos y como suele acontecer en la especie humana, lamentablemente, también entre ellos

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