CAMINO A LA MADUREZ por Tharl

Portada de EL CANGREJO DE LAS PINZAS DE ORO

Tengo suerte con los álbumes de Tintín que leo, incluso cuando los escojo por azar. Entre la madurez alcanzada por Hergé en EL TEMPLO DEL SOL (1949), donde el ritmo y la agilidad del dibujo alcanza probablemente su mayor esplendor, y la primera obra maestra del autor con EL LOTO AZUL, donde revoluciona las aventuras de su personaje con una trabajada y meditada narración, se encuentra mi última lectura del boy-scout del flequillo: EL CANGREJO DE LAS PINZAS DE ORO.
EL CANGREJO DE LAS PINZAS DE ORO resulta ser otra obra que revolucionó la carrera de Hergé. Los nazis acababan de ocupar Bélgica y cerraron La Petit Vingtième, donde Hergé había publicado todas las aventuras de su personaje en tiras semanales de dos páginas. Hergé tenía la comprensible necesidad de seguir dibujando, seguir publicando y seguir comiendo. El diario Le Soir, de mayor tirada que el anterior y colaboracionista con el totalitarismo alemán, acogió al autor de nuestro reportero difundiendo aún más sus aventuras. El autor no puso objeciones. Debería escribir una tira diaria, Hergé lo aceptó. Debería olvidarse de la actualidad y conflictos sociales, Hergé aceptó; no le importaba desterrar posibles LOTOS AZULES. Las condiciones del diario colaboracionista hicieron al autor belga alcanzar su madurez y la “Edad de Oro” de Tintín. El precio a pagar fueron algunas acusaciones de colaboracionista tras perder la guerra; pero ya sabéis, Hergé siempre supo adaptarse al momento, aunque hubiera de rescribir sus obras. Desde luego eran tiempos distintos al posterior culto por la “autoría”.
Al haber de aumentar el ritmo de su producción y publicar en formato de tiras diarias en lugar de páginas semanales, Hergé hubo de aumentar el ritmo de la acción y volver lo gags más frecuentes. Tanto los de humor como los de acción.
Al haber de eliminar toda referencia a la actualidad y todo contenido ligeramente crítico, Hergé hubo de volcarse por el entretenimiento y la evasión: por la acción y las aventuras. La trama pasó a un segundo plano y el dibujo y los personajes al primero. Fiel a la ética de la “línea clara” los personajes no sólo estaban entre el realismo y la caricatura en el dibujo, también en su psicología, pero esto no impidió el nacimiento del inolvidable Capitán Haddock en esta entrega, o del genio despistado Tornasol en EL SECRETO DE RACKHAM EL ROJO. Dos personajes que enriquecerían el universo del reportero uniendo su nombre al suyo y haciéndolo pasar a la historia.

Nosotros nos encontramos con la primera entrega de este cambio. Es el primer álbum publicado en Le Soir, el primero en tener que acomodarse al formato de tiras diarias y aquel en que conocemos al Capitán Haddock. ¡Rayos y centellas! Que suerte tengo escogiendo mis lecturas de Tintín.
No es de extrañar, por tanto, que a medio camino entre mis otras dos lecturas (LOTO AZUL y TEMPLO DEL SOL), EL CANGREJO DE LAS PINZAS DE ORO sea un álbum indicadísimo para ver el cambio que se produce en esta época en al autor como ya he adelantado. Las nuevas condiciones hacían absolutamente imposible un álbum similar al que transcurre en China, y Hergé se aproxima a lo que será el que de momento es mi historieta favorita de Tintín, pero quedándose a medio camino. Desde la primera página vemos esa agilidad y ritmo en el dibujo de la acción, cuando Milú juega con la lata de cangrejo -objeto fetiche que desencadena y rige toda la acción-, pero no es lo suficientemente frecuente ni genial para resultar trepidante. Aun así, el comic se lee ligeramente y de un tirón (y se olvida de otro); en absoluto resulta tan cansino como EL LOTO AZUL. Lo mejor sin duda es el Capitán Haddock.

En cuanto al dibujo hay pocas novedades. El autor sigue fiel a la estética belga de “línea clara” que Hergé mantiene en todos sus cómics. No encontramos juegos de luces y sombras, el color es liso, el trazo simple e idéntico para todos los elementos; las viñetas rectangulares y de distribución clásica pero con varias viñetas geniales a toda página; y la composición opta siempre por la sencillez. Si es necesaria la profundidad, Hergé se las arregla para que la percibamos; si es necesario espacio para largos y pesados bocadillos -ya dije en otra reseña que no me gusta la sobre-explicitación de la acción de estos cómics- Hergé sitúa una o dos cabezas pequeñas en el borde inferior para dejar hueco al texto; si hay que mostrar el escenario, Hergé logra un buen ángulo con el que cuidar todos los detalles, si no, le basta con un fondo monocromo; y en caso de que no haga falta ninguna de estas cosas, los personajes se colocan a ras del suelo.

No quiero terminar sin hacer mención a la genial adaptación de Steven Spielberg, película que el Rey Midas de Hollywood tuvo largo tiempo en mente y que capta perfectamente el espíritu de las aventuras de Tintín y de estos personajes. Me refiero a LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO, adaptación del cómic homónimo, el que a esta ficha se refiere y el de “El tesoro de Rackham el Rojo”.


Hergé logró sus mejores cómics sacrificando la trama y los simplistas brotes de compromiso social que manejó en EL LOTO AZUL en pos de un mayor ritmo y carismáticos personajes. Le acabó saliendo estupendamente, sobretodo en entregas posteriores, pero aquí, en EL CANGREJO DE LAS PINZAS DE ORO, el último álbum editado originalmente en B/N (130pp en su versión original antes de la rescritura), el desarrollo de estos elementos no había alcanzado suficiente altura para compensar el cambio.
Y aun así, más de 70 años después, se lee agradablemente y con enorme facilidad y puede que hasta alguna sonrisa. Sí, aunque el equilibrio acción-humor sencillo no esté a la altura de mi entrega favorita.
Un 6 demasiado generoso.

Escrita hace 8 años · 5 puntos con 2 votos · @Tharl le ha puesto un 6 ·

Comentarios

@Hamlet hace 8 años

Estupenda y documentadísima reseña, Tharl. Espero seguir leyendo más a medida que avances en lecturas de albumes de Tintin. La verdad es que tengo curiosidad por ver cuales serán tus favoritos al finalizar.

Un abrazo. Que tengas unas reparadoras vacaciones plagadas de buenas lecturas.