VIEJAS BRUJAS, Y A MUCHA HONRA por EKELEDUDU

Portada de LAS BRUJAS NO SE QUEJAN

En otra época la vejez era una etapa humana a la que tal vez no se desesperaba por alcanzar, pero que se aceptaba como lógica e inevitable y que no implicaba marginalidad social o decadencia absoluta. En las primitivas culturas, los ancianos eran muy respetados, algo perfectamente lógico porque, para empezar, no cualquiera llega a edad avanzada, y por otra parte su propia senectud -en teoría- garantiza que han visto y vivido muchas cosas que los más jóvenes y, por lo tanto, son más sabios que la mayoría de los otros mortales. Eso era antes, pero ahora la idea de la vejez parece implicar que una persona de edad debe sencillamente hacerse a un lado para no estorbar a los más jóvenes, o que sí o sí debe estar ahí para cuidar a sus nietos mientras sus padres hacen lo que sea (no siempre se trata de trabajo), cuando ya con sus hijos han tenido suficiente, y debe cuidar a sus nietos sólo si quiere . Y luego están las personas que teniendo 40 insisten en parecer y/o comportarse como si tuvieran 20, que teniendo 60 pretenden parecer y comportarse como si tuvieran 40 y así sucesivamente, y en su desesperación por resistir al paso del tiempo atentan contra su físico sometiéndolo a dietas dignas de un faquir y se inyectan cantidades industriales de bótox en el rostro creyendo que así parecerán más jóvenes y hermosos, cuando el resultado, grotesco y patético a la vez, haría que el que pareciese hermoso, a su lado, fuese el mismísimo Cuasimodo. Creo que hay maneras más dignas de pasar los últimos años, y felizmente también lo cree así Jean Shinoda Bolen, la autora de LOS DIOSES DE CADA HOMBRE, que ya hemos comentado, y que previamente había ganado fama mundial con un libro que, no podía ser de otra manera, se llamaba LAS DIOSAS DE CADA MUJER, que con suerte alguna vez conseguiremos, leamos y comentaremos también.

El que ahora nos ocupa, LAS BRUJAS NO SE QUEJAN, merece elogios desde su mismo título, muy descriptivo del mensaje que la Doctora Bolen intenta transmitir. Toda mujer de edad debe aspirar, en efecto, a convertirse en una especie de bruja en el buen sentido de la palabra, una muy al estilo de la Minerva McGonagall de la saga de Harry Potter; una a la que la ancianidad puede haberle cerrado muchas puertas, pero a la vez le abre otras, y definitivamente no le ha quitado las ganas de aprovechar al máximo hasta el último segundo que le reste de vida; una que no perderá tiempo en lloriqueos por un pasado que no puede cambiarse, ni temiendo o desesperando por un futuro que podría no llegar nunca (también puede que ese futuro llegue, por supuesto, pues nunca se tienen tantos años como para no hacer ciertos planes para el mañana, pero sí los suficientes para que esos planes no la absorban al punto de no disfrutar del día de hoy), sino que ante todo luchará ferozmente por hacer del presente una época feliz y provechosa.

Jean Shinoda Bolen, en resumen, vuelve a dar a la vejez su justo valor. Ahora, por supuesto que eso no significa que toda mujer de edad automáticamente honre la vejez; pero puede hacerlo, analizando, merced a los consejos de este libro, en qué falla, o qué podría mejorar. La autora señalan las pautas, los lectores deciden si quieren ceñirse a ellas. Digo los lectores porque la propia autora dedica un capítulo a los varones, admitiendo que los hombres excepcionales pueden ser ancianos (sic; este empleo de la palabra anciano no se refiere a toda persona mayor, sino a un número restringido). Bueno, menos mal: paradójico habría sido que se nos discriminase en razón de nuestro sexo. Así que la oportunidad es también para nosotros, pero debemos esforzarnos primero por ser excepcionales. Eso está bien. Esmerémosnos por ser lo mejor de lo mejor; si ni de lejos alcanzamos esta meta, igual obtendremos mejores resultados que proponiéndonos ser simplemente uno más del montón.

Personalmente no coincido del todo con cierta aseveración que precisamente en el mentado capítulo hace la autora: "Son los muchachos o los hombres que han sufrido malos tratos en carne propia quienes obtienen mayor placer al infligir un daño físico o emocional en los demás". Yo padecí acoso escolar, y tal vez las palabras de la Doctora Bolen sean válidas para alguna etapa de mi vida; pero todo puede superarse, yo lo he logrado por suerte, y no deseo que nadie atraviese por nada semejante a lo que yo tuve que pasar en su momento. Si soy excepción o regla, es otra cuestión que no sabría responder, pero que ya no soy un sádico que goza con el sufrimiento ajeno, es un hecho.

En definitiva, ¿a partir de qué edad puede interesar este libro? Diría que es recomendable para cualquier edad a partir de la adolescencia. Después de todo, lo que somos ahora determinará lo que seremos en la vejez; como leí en algún lugar, "Un buen vino requiere tiempo, pero también que la uva empleada sea de buena calidad"... Claro que a los quince, veinte años la idea de alguna vez envejecer suena risible, y luego, a muchos/as asusta, así que es dudoso que estos lectores se interesen por LAS BRUJAS NO SE QUEJAN. Lamento decir que, para empezar, muy otro debería ser el temor de cierto sector de la juventud actual: viviendo como viven, estupidizados por droga y/o por alcohol y/o por juegos de video que los tienen pegados a la pantalla (a veces privándolos hasta de comer y dormir) milagroso será ya que lleguen a los cuarenta...

Escrita hace 8 años · 5 puntos con 1 voto · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

Comentarios

@lucero hace 8 años

Es bueno el momento para repensar el tema de la edad. Todos hemos sido jóvenes y vamos a envejecer y morir, por mucho botox o tratamiento estético que nos hagamos.
Eduardo Galeano hizo un comentario certero una vez. Dice que vamos a ver viejas con delanteras abundantes y turgentes y viejos con atributos sólidos (!!!¡¡¡estuve delicada) que no se van a acordar para qué los tienen!!!!!
Buena reseña, me gusta porque comentás libros poco usuales. Cariños

@EKELEDUDU hace 8 años

Gracias. Sí: comento también libros más comunes, pero de vez en cuando y probablemente por error. En realidad para la autora, y coincido con ella, lo importante es la actitud con que se encare la vejez. Cariños también para vos.