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LAS MINAS DEL REY SALOMÓN

Autor: H. RIDER HAGGARD
ISBN: 9788466715607
Género: Aventuras
Editorial:ANAYA
Edición: 2002

EXPLORADORES
5 con 4 votos

La verdad es, que los libros de viajes del siglo XIX, especialmente los ambientados en África, están todos, cortados con el mismo patrón y se parecen mucho entre sí; da igual que se trate del Dr. Livingstone en el lago Victoria, del periodista Stanley por el río Congo, de Mungo Park por el Niger, o de los conocidos Burton y Speke en busca de las fuentes del Nilo. Todos ellos cuentan historias similares, con protagonistas de mentalidad parecida y sucesos que tienen mucho en común. Pero, todos ellos resultan fascinantes.
Sin embargo, un género novelístico que tomase como punto de partida las aventuras de este tipo de exploradores, no se empezó a desarrollar hasta los años finales del siglo XIX, siendo Henry Rider Haggard uno de sus iniciadores y siendo Las minas del Rey Salomón de 1.885, una de sus primeras novelas. Esto la convirtió en uno de los iconos del género, de manera que cuando el cine empezó a estar en condiciones de realizar con las debidas garantías de espectacularidad, una película de tales características, enseguida pensaron en adaptar esta novela. Stewart Granger era un adecuado Quatterman (el cazador profesional), pero es evidente que Deborah Kerr no estaba bien adaptada al personaje por la sencilla razón de que no había mujeres entre los papeles principales de la novela; los cineastas simplemente cambiaron el sexo de Sir Henry, convirtiéndolo en una mujer que va en busca de su marido. Añadieron así a la aventura viajera, una previsible aventura amorosa que creyeron necesaria pensando que no funcionaría bien la ausencia de mujer.
Volviendo a la novela, hay otro punto de interés en su argumento que es el objetivo del viaje; viajan para encontrar a una persona (el hermano de Sir Henry), pero también movidos por el incentivo económico (los diamantes) para luego resultar que se encuentran algo mucho más importante que todo eso: un auténtico mundo perdido con orígenes en la antigüedad pre-cristiana; lo que lleva también a inaugurar el subgénero Viajes a mundos perdidos. Claro que decir esto, puede ser mucho decir; siempre hay algún antecedente, véase Allan Poe y su novela La narración de Arthur Gordon Pym de 1.838, incluso alguna novela de Verne toca el tema africano, como Cinco semanas en globo de 1.863, o Aventuras de tres rusos y tres ingleses de 1.872. Pero, en ellas, no hay búsqueda como tal; si descubren algo es por que se topan con ello sin demasiada intención, mientras que en Las minas del Rey Salomón, el objetivo del viaje es buscar y encontrar. En las novelas de Verne está como siempre el tema técnico o científico como leitmotiv y en la de Poe es el simple azar el que lleva al objetivo. Ya de 1.912, es la serie de Tarzán de Edgar Rice Burroughs, que, realmente, sólo tiene en común con esta novela el escenario salvaje del África subsahariana. En casi todas estas novelas, hay una idea constante de traslación y de búsqueda, lo que conlleva unas características que voy a enumerar y a clasificar, a ver si convenzo a algún no iniciado, de lo interesantes que son:
1.-Todas ellas entran en la categoría de libros de viajes, y por tanto, tienen las características estructurales propias del ROAD MOVIE es decir, de aquel tipo de películas en que los episodios sucedidos en plena marcha, se alternan con otros situados en las paradas más o menos largas que se van haciendo a diario. Esto, comparándolo con el cine, ya que sin salir de la literatura hay también múltiples ejemplos de ese esquema, desde El Quijote, hasta Moby Dick, pasando por Almas muertas de Nikolai Gogól. Esta fórmula es grata y, por tanto, eficaz para enganchar al lector, tanto en la pantalla, como en las páginas de cualquier libro. Sus claves son: introducir una idea de movimiento, dinamizar la trama y crear la sensación de que pasan cosas, continúa e inexorablemente.
2.-Refuerzan el concepto del ESPÍRITU DE SUPERACIÓN del ser humano, que ambiciona enfrentarse, y es capaz de hacerlo con ánimo y sobre todo con posibilidades reales de éxito, a los tremendos obstáculos que, uno tras otro, van apareciendo en el camino. El lector es humano y tiene su corazoncito y, por tanto, comparte el orgullo que produce la satisfacción del objetivo cumplido.
3.-Son RELATIVAMENTE RECIENTES. No estamos hablando aquí del Barroco, ni del Renacimiento, ni de la Edad Media; tan solo han transcurrido 128 años, desde la publicación de este libro, lo que en términos de Historia no es gran cosa. Esta relativa cercanía en años, hace que también haya proximidad en costumbres, medios de comunicación, avances científicos, etc. que nos colocan emocionalmente más próximos a Quatterman, de lo que estaríamos del capitán Cook, de Cristóbal Colón, o no digamos, de Marco Polo. Si viéramos en una exposición objetos de esta época, nos parecerían propios del desván de nuestros abuelos, mucho más que antigüedades de museo, de lejanísimos antepasados.
4.-Permiten al lector COMPARTIR SENSACIONES con el descubridor; como, por ejemplo, la magia de ser el primero en acceder a territorios desconocidos; la curiosidad, al fin satisfecha, de saber que es lo que hay más allá de ciertos límites; el miedo a encontrar obstáculos desconocidos, que pongan en peligro su vida, sin saber bien como superarlos; claro, que en este juego, el lector lleva ventaja, por que todo esto lo puede compartir sin moverse de casa y sin jugarse el tipo como se lo juega el protagonista.
5.-El siglo XIX, figura en nuestras mentes coronado con un halo de ROMANTICISMO, entendido aquí este concepto como la sensación impregnada de nostalgia por el tiempo pasado, y que convierte a los personajes tenaces y luchadores que realmente fueron, en auténticos héroes con aureola de personajes homéricos. Los antes mencionados, Burton, Speke, Livingstone, Stanley o, en este caso, Quatterman adquieren esa categoría y resuenan con fuerza en nuestro subconsciente.
Todo esto, convierte a esta novela, y a otras como ella en lecturas fáciles y entretenidas. Pero, está claro que los años no pasan en balde, y hoy en día podemos encontrar en su lectura elementos totalmente en contra de los criterios actualmente vigentes, que si fuésemos estrictos nos obligarían a sacarla de los catálogos de lectura juvenil, por ejemplo, por inadecuados. Pero yo particularmente, antes que ser estricto prefiero ser analítico, y, simplemente, juzgar lo inadecuado como tal, pero seguir leyendo. Uno de los mensajes claramente contraindicados hoy, es el de la falta de conciencia ecológica. Incluso para alguien poco proclive, como yo, al discurso ecologista, el hecho de que los protagonistas se dediquen a matar animales salvajes por el mero hecho de divertirse, o con la coartada de que son fieras malvadas, o sencillamente, para enriquecerse, chirría en mi mente de una manera muy acusada. Otro de los aspectos que molestan, es el racismo latente continuamente en el trato de los hombres blancos con los nativos. No hay, una discriminación del hombre de color heredada de la noción de dependencia histórica del indígena por el hecho de serlo, al estilo del colonialismo propio de los países católicos, como España, Portugal o Francia; aquí, la discriminación deviene más una consecuencia de un frío análisis intelectual, según el cual, el negro, aún siendo un ser humano, lo es de una calidad inferior a la del hombre blanco, sobre todo por su menor disposición para las cualidades propias del espíritu, para las que no está dotado. Este estilo de racismo, es el propio de las mentalidades anglosajonas, y concretamente del colonialismo británico, como es aquí el caso. Así que lees y comprendes que la actitud de los protagonistas con respecto a la caza, hoy no son de recibo, y que exactamente lo mismo ocurre con el trato con los sirvientes, o con las personas que se encuentran en su viaje.
Luego está, todo lo referente a las cualidades literarias de la novela; en lo relativo a su argumento, es atractivo y bien planteado con arreglo a los clichés del género, pero hay que reconocer también que juega con elementos bastante simples, que en algunos casos pecan de previsibles, o repetitivos. En lo que se refiere a su texto, pasa algo parecido, es de una sencillez proverbial si bien cumple su misión de manera eficiente, que es, indudablemente, lo más que se le puede exigir.
Así que no son, esto hay que señalarlo muy claro, los argumentos de orden literario los que nos deben conducir a leer esta novela. Las razones han de ser, mucho más, de tipo sentimental o romántico, a la vez que de entretenimiento. Este último objetivo, a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, lo sigue cumpliendo perfectamente, y lo otro, lo afectivo nos lleva a bucear, un poco, en los gustos y las inquietudes del público lector de cuatro o cinco generaciones atrás, satisfaciendo así la curiosidad de saber en que se entretenían nuestros tatarabuelos en sus ratos dedicados a la lectura.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 7

Tharl hace mas de un año

Buena y completa reseña, Sedacala, como de costumbre.

Me gustan las historias de aventuras, pero más que leerlas las he visto en la gran pantalla. Creo que las aventuras de que hablamos pertenecen a un tiempo y espacio muy concreto entre finales del XIX y la IIGM, por tanto el colonialismo estaba a la orden del día. De hecho creo que es esa visión colonial caracterizada por una condescendiente atracción por lo incivilizado y primitivo -lo “exótico”-, uno de sus características esenciales y motivos de existencia. De todas formas hablo más por suposiciones, oídas, intuición y algunas películas que por propias lecturas, ya me corregirás si ando muy desencaminado.

Hoy en día pocos coincidirán con visión de estos libros, como el racismo latente que comentas, pero creo que si no nos ponemos dogmáticos, esto -que en una novela actual sería deleznable- las da, irónicamente, cierta gracia exótica. Evidentemente, yo no me considero racista, ni machista, ni ninguno de esos -istas, pero en algunas novelas (y películas) se muestran con tal inocente y descarada naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo (y lo era), que me hace sacar alguna sonrisa. Será por simple gozo de la provocación anacrónica. Y al fin y al cabo conocer y dialogar con las formas de pensar de quienes estuvieron antes que nosotros nunca viene mal.

lucero hace mas de un año

No he sido muy lectora de novelas de este género, sedacala, pero has refinado tus dotes de persuasión, que me dan ganas de emprenderla con Haggard. Y también me resulta esclarecedor tomar contacto con un modo de pensar y ver el mundo que hoy resulta anacrónico, racista, discriminador y otros calificativos de última generación. Ponerse a prueba con lecturas que lo abordan con tanta naturalidad, nos pone en un ejercicio de valoración personal...
Esa mirada romántica y hasta ingenua es tan contrastante con la literatura actual, que arranca sonrisa. Gracias sedacala, un placer, como siempre.

sedacala hace mas de un año

El margen de tiempo que abarcamos, casi engloba todo el siglo XIX y, probablemente, apenas podría estirarse hasta el descubrimiento del Polo Sur por Amundsen en 1.911, de las ruinas de Machu Pichu por Hiram Bingham, en el mismo año, o hasta el hallazgo de la tumba de Tutankamon, por Howard Carter en 1.922, y cito estas fechas por ser quizá los últimos hitos de la era de los descubrimientos, y por aquello de buscarle unos limites, aunque realmente no sean necesarios. Y es verdad que hay una conexión lógica, o quizá incluso obligada, con el colonialismo, entendiendo éste, no como algo inevitable sino como algo circunstancialmente presente. Tienes razón, en que aparte de todos los “ismos” peyorativos que se nos puedan ocurrir, el planteamiento de estas novelas está trazado con un descaro tan natural y tan ingenuo, por que todo eso era de lo más natural entonces y lo más ajustado a la mentalidad de la época, y ahora solo cabe constatar esa circunstancia.

Efectivamente Lucero, el punto de partida de la decisión de leerlo, sólo puede ser un enfoque romántico; y digo romántico, por que nos lo parezca por las referencias particulares que cada lector tenga, y que pueden provenir del cine, de otros libros, o de un conocimiento documentado del momento histórico, en razón de la cultura de cada cual.

Ejemplos tontos: Cuando yo era pequeño, hacía una colección de cromos que venían en las tabletas de chocolate “Elgorriaga” que compraba mi madre; cada cromo de aquellos, traía la efigie de un descubridor africano (véase Livingstone, por ejemplo) y al lado una imagen de la selva africana correspondiente (el lago Victoria, con algún cocodrilo por ahí). No os podéis imaginar, la ilusión que me hacía coleccionar aquello y los sueños que despertó en mi imaginación sobre futuros viajes. Otro ejemplo, y este ya más generalizado, ¿os acordáis de Memorias de África, con Streep y Redford paseando su palmito por las sabanas de Kenia, con el fúsil al hombro, él, y su sombrerito, ella, bajo las embriagadoras notas de la, increíblemente bien ambientada, música de Mozart?

Es necesario, referirse a este tipo de cosas para poder entender la fascinación que el asunto despierta sobre muchas personas, aunque comprendo que a otros les gusten mucho más las novelas de George R. R. Martin. Por ejemplo.

Gracias chicos.

Faulkneriano hace mas de un año

Buena reseña, sedacala. Se agradece que se saque del relativo olvido a las novelas "coloniales", como ya las llamo, algunas muy estimables. Rider Haggard es un excelente escritor de aventuras, con un estupendo sentido del ritmo; mejor que Verne o Salgari, pero más limitado en sus temas. Las minas... debe mucho al histórico reino zulú de Chaka y sus descendientes, que tantos problemas dio a los británicos en el este de Africa. Las descripciones de batallas son magníficas y el libro se beneficia de cierto halo fantástico que es más visible en Ayesha (o Ella, como se traduce a veces en España), una extraña conjunción de fantasía pura y aventuras africanas muy de mi gusto. El personaje de Quatermain (inspirado en un cazador real, un tal Frederick Selous) pertenece por derecho propio al imaginario de las novelas de aventuras: he leído varias obras protagonizadas por él y son muy, muy entretenidas.

No creo que sea un libro especialmente racista: el joven Umbopa, que acompaña a los expedicionarios, es un personaje verdaderamente principesco, de una enorme dignidad y prestancia. Tampoco había que pedir peras (políticamente correctas) al olmo (imperialista)

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