¿CINCUENTA QUÉ DE QUIÉN? por _926_

Portada de LA FILOSOFÍA EN EL TOCADOR

Cada cierto tiempo surge o resurge una nueva moda literaria. Entonces empiezan a llover best-sellers de dudosa calidad. Tras “El código Da Vinci” se pusieron de moda los misterios religiosos. Después vinieron “Crepúsculo” y los vampiritos blandos. Ahora, parece que la novela erótica-sadomasoquista está en alza. Me refiero a “Cincuenta sombras de Grey”. El nombre del personaje principal, Christian Grey, ya es un poco sacrílego. Espero que sea más por Sasha que por Dorian. Aunque, ya que dicha novela se gestó como un fanfic de crepúsculo, la verdad es que podría ser por cualquier cosa.

Pero, en pleno auge de la literatura sadomasoquista, ¿acaso alguien ha reparado en el origen de la mitad de esa palabra? ¿Alguien ha pensado en “el gran Sade”, como lo llamaba Flaubert? No, ni siquiera las librerías se acuerdan de él. De ahí mi irritación. Quiero decir, me parece normal que, en plena campaña navideña, los buenos libros se agoten, hasta puede parecerme bien, aunque tenga que ir a Fnac y a cuatro librerías más para no encontrar finalmente ni a Proust ni a Sade. Pero en estos cinco sitios no faltaba el correspondiente stand lleno de ejemplares de “Cincuenta sombras”, con un cartel enorme que rezaba: “Sí, esta es la trilogía de la que habla todo el mundo”. Pues si este es el libro del que habla todo el mundo, yo cojo todo mi snobismo proustiano y me voy a hablar con mi almohada. Entiendo que tiene una sencilla explicación comercial ($$$), pero no puede dejar de molestarme. Hay que respetar a los clásicos. Todo aquello hizo que me acordase de la advertencia del editor que aparecía antes de los poemas censurados en mi edición de “Las flores del mal”, que decía así: “El autor de estos versos será avisado de su publicación al mismo tiempo que las trescientas personas que componen actualmente el público literario en Francia, desde que las bestias han usurpado la palabra a los hombres”. Afortunadamente, a día de hoy Charlie sigue siendo más leído que E.L. James, cuya novela llegó por casualidad a mis manos hace unos días. Obviamente, por respeto a Hugo, no iba a compartir “Los miserables” con “Cincuenta sombras”, pero leí algunas páginas. Terrible aburrimiento. Muy mal escrito. Solo podría habérsele ocurrido a una americana en plena crisis de los cuarenta. Ha sido descrito como “porno para mamás”. Volviendo al Divino Marqués, bastarían un par de párrafos de “Justine” para hacer vomitar a la mayoría de dichas mamás.

Pero “La filosofía en el tocador” es muy distinta de “Justine”. Apenas hay violencia ni vejación, pero eso es lo de menos. Las situaciones, exceptuando la escena final con la madre de Eugenia, son mucho menos degradantes y apenas provocan repugnancia. En comparación con “Justine”, es una historia fresca, delicada, divertida y con algunas escenas de verdadera risa, si no eres muy impresionable. La obra está escrita en forma de diálogo, y eso hace que se lea muy fácilmente, por lo menos en lo que se refiere a las escenas eróticas. Pero el libro es mucho más que eso. “Justine” era la excusa perfecta para elaborar una catálogo de perversiones a cada cual más degradante, apoyadas más o menos con unos toques de filosofía nihilista y misógina metidos con calzador. “La filosofía en el tocador” es todo lo contrario. Se trata de un verdadero tratado filosófico. A diferencia de “Justine”, está filosofía no sirve únicamente para apoyar los actos de los personajes, sino que dichos actos sirven para ilustrar la filosofía de Sade. Me da la sensación de que se ha querido etiquetar a Sade como un simple pervertido misógino que escribía novelas depravadas. La importante carga filosófica de su obra ha quedado relegada a la sombra, pero existe. En esta novela, es expuesta a través de las palabras de Dolmancé (sin duda el personaje más brillante y probable álter ego del marqués), y en el panfleto “Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos”. Para empezar niega y ridiculiza la existencia de cualquier Dios y ataca duramente el cristianismo en unos términos sorprendentemente parecidos a los que pueden encontrarse en “El anticristo” de F. Nietzsche. Sade niega cualquier norma moral que limite o castigue los impulsos naturales del hombre. Según él, a la naturaleza le trae sin cuidado el asesinato, el infanticidio, la sodomía, la violación, el libertinaje… y por ello estas acciones no son reprobables. Se admiten como el comer o el beber. Para él, todo lo inspirado por la naturaleza es bueno. Así, defiende que si la naturaleza ha creado a la mujer más débil físicamente que al hombre, lo ha hecho porque quiere que este la domine y la use para satisfacer todos sus antojos, por retorcidos que sean, sin tener en cuenta si dignidad o el daño que pueda causarle. Esto es muy contradictorio. Primero dice que a la naturaleza le da igual lo que hagamos, llegando a afirmar que la misma extinción del género humano le sería indiferente, aunque después le atribuye una voluntad propia que inspira y bendice todos sus impulsos sexuales. Alterna el “no existen el bien ni el mal” con “todo lo que inspira la naturaleza es bueno”. Es una filosofía sospechosamente ventajista. No busca mejorar al hombre, sino justificar sus actos. Olvida que es la propia naturaleza la que nos ha dotado de la razón, olvida que está en nuestra naturaleza, dentro de un entorno social, “inventar” valores y normas por los cuales guiarnos y orientar nuestros actos. Lo de “el hombre es bueno por naturaleza”, de Rousseau, no tiene sentido. En la naturaleza no existen ni el bien ni el mal. Pero no vivimos en un estado completo de naturaleza, sino en sociedad. Y por ello el hombre inventa “el bien y el mal”. En un hipotético estado salvaje, a nadie se le ocurrirían las retorcidas perversiones que describe Sade en “Justine”. Tampoco existe el orden político en la naturaleza y sin embargo él mismo es defensor de la república. Pretende que una institución antinatural se rija por sus particulares “leyes naturales”, por supuesto muy favorables a sus deseos sexuales. Olvida que estos deseos retorcidos también son consecuencia de las relaciones humanas, del entorno social y de las mismas normas morales que los prohíben. Uno no puede venerar lo uno y denostar lo otro, porque lo primero no se sostiene sin lo segundo. Por lo tanto, cada vez que Sade nombra la naturaleza para justificar sus actos, está incurriendo en graves contradicciones. Pretender invalidar todos los valores morales del hombre en favor de una personal interpretación de la naturaleza, que también es, irónicamente, producto de su mente y en cierto modo, una “moral”, es absurdo. De todos modos, es de admirar su valentía y su sinceridad, en pleno 1795, la construcción de los personajes, y lo bien escrito que está el libro. En general, es bastante mejor que “Justine”.

Resumiendo: no puedo estar de acuerdo con su filosofía, aunque encuentro en ella interesantes aspectos de reflexión, y la forma en que se encuentra expuesta en el libro me parece brillante.

La verdad es que no soy aficionado a la novela erótica (tan solo he leído “Justine” y este libro, del que aprecio más que nada su valor filosófico), pero, puestos a leer algo de este género, no me conformo con sucedáneos modernos, blandos y mal escritos: yo quiero al maestro, quiero al origen del término, quiero al Divino Marqués, quiero a Sade –aunque de momento, y habiendo desentrañado ya su contenido filosófico, con el cual discrepo, no espero leer más de él en los próximos tiempos–.

PD: Repasando mi reseña me doy cuenta de que sueno un poco moralista, nada más lejos de la realidad, que sigo siendo muy nietzscheano. Claro que, en comparación con Sade, cualquiera suena moralista. A su obra podría aplicársele fácilmente esta frase (de Oscar Wilde, como no): “Los libros que el mundo considera inmorales son los que le muestran su propia vergüenza”.

Por cierto, tras leer este libro (y “Justine”), yo me pregunto: ¿Cómo puede ser que a Sade lo encarcelasen por “MODERANTISMO”?

Escrita hace 8 años · 4.9 puntos con 8 votos · @_926_ no lo ha votado ·

Comentarios

@Tharl hace 8 años

Muy buena reseña blackbird. A falta de leer al "Divino Marques", coincido absolutamente en todo.

@_926_ hace 8 años

Gracias :)

@EKELEDUDU hace 8 años

Francamente, tampoco puedo coincidir con la filosofía del Marqués, pero habrá que reconocerle el valor de decir en voz alta cosas con las que en su época muchos estarían de acuerdo aunque fingieran horrorizarse. Muy buena reseña.

@_926_ hace 8 años

Amén a lo primero y gracias por lo segundo.