CASTROFORTE DEL BARALLA por sedacala

Portada de LA SAGA/ FUGA DE J.B.

La lectura de este libro, no implica asignaturas pendientes; es simple fruto de la curiosidad. Todo lo que había leído sobre la obra más ambiciosa de Torrente, me llevó a poner la curiosidad por encima de algún consejo que me impelía a desestimarlo por dificultoso. Pues, en este caso la curiosidad acertó; no me arrepiento de haberlo leído, pero también tengo que decir, que esto requiere una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar.

Hay que reconocer, que la trama de la novela es difícil de identificar. Llevaba ya más de doscientas páginas, de las setecientas totales leídas, y todavía no había conseguido entender exactamente lo que se ventilaba allí. Esto no significa, que no supiese lo que leía. Ocurre simplemente, que Torrente empieza a escribir, y es como si empezara a contar; de viva voz, quiero decir; como quien tiene que contarte algo y se pone a ello. Tiene tal facilidad para la comunicación, que escuchándole te lo pasas bien; de manera que, él, se arranca a contar y el lector, a escuchar, y así, empiezan a correr las páginas; hasta que en un momento dado, te paras y piensas: pero, ¿que me está contando este señor? Quiero decir, que te atraviesa esa idea fugaz por la mente; pero enseguida se te olvida, y sigues escuchando encantado. Sí, ya sé que es leyendo, pero yo insisto en lo de escuchando por que es como si su prosa fuera una narración hablada que todavía continuase. Pero; está claro que a pesar del arrobo con que escuchas/lees, en un momento dado, paras y piensas. ¿Que es lo que estoy oyendo/leyendo? Entonces rebobinas y no recuerdas en que momento te explicó esto o lo otro, que te condujese a entender lo allí pasa. Yo creo que no lo hizo, o quizá sí lo hiciese, pero entremezclado con tantas y tantas otras cosas que es como cuando el mago maneja las cartas delante de ti y hace su truco, y tú, no lo ves: pues esto es igual. ¡Vaya usted a saber cuando lo dijo! ¿Quiere esto decir, que estamos en uno de esos aciagos casos en los que la confusa u oculta explicación del argumento vuelve incomprensible para las mentes obtusas la lectura de ciertos libros dando lugar al consiguiente malestar? No, al menos, no en gran parte. Aún nadie habló de malestares, ni de casos aciagos. Más aún, me siento cómodo escuchando las cosas que sigue largando este señor, que es una fuente inagotable de frases perfectamente enlazadas y dotadas de un vocabulario impresionante, abrumador diría yo; y además, de manera fácil y divertida; con ese tono burlón, irónico y sarcástico, impregnado de una insolente habilidad en el manejo del idioma y que aún me parece estar viéndolo y oyéndolo en la televisión con su imagen rechoncha y su dicción peculiar, de la misma forma que ahora le leo y le oigo contar con aquella entonación característica suya, mezcla de acento gallego y de propiedad universitaria salmantina. Volviendo al tema que nos ocupaba, veamos: ¡ah, sí! Qué cuál es la historia, de que trata: bien, bueno pues esto es…, algo que ocurre… en una ciudad pequeña de Galicia; una ciudad imaginada, después de la guerra del 36; en la que hay una tertulia de café establecida desde tiempo inmemorial llamada La Tabla Redonda; donde se pescan unos peces que no son peces, llamados lampreas, con cuya carne rellenan las empanadas; donde hay un cura de los de antes, que es un autentico mamonazo y que toca el violín; donde existe una leyenda, relativa a algunos antiguos paisanos del pueblo cuyas iniciales eran Jota y Be, y morían en extrañas circunstancias que algunos creen que habrían de repetirse en el presente…, ¿qué más? que empieza con una primera parte contada por un personaje insignificante, un muerto de hambre, versado en gramática y literatura, que vive malamente en una pensión y que casualmente sus iniciales son también J. y B.; y que todo empieza con el robo de una reliquia famosa que conserva la ciudad, y con la deserción de las lampreas del río.

He contado un resumen sucinto de lo que sé, cuando voy exactamente por la mitad del libro. Es más de lo que suelo contar cuando hablo de cualquier libro; pero, ¿habré desvelado algo que no debía? Pues no, no sólo no lo creo sino más aún, creo que a un hipotético lector futuro le conviene saber estas cosas, o más todavía si fuese posible. Así se sentiría, un poco más centrado desde el principio y podría concentrarse mejor en el texto. Por que, si hay algo importante en este libro es el texto. Gracias al texto, el lector se enfrasca en su lectura y llega a olvidar un poco, no del todo, que no sabe bien que es de lo que aquí se está tratando de una manera concreta. Hay muchos elementos en juego y el narrador va saltando de uno a otro desarrollándolos pero sin rematarlos del todo para así poder volver en otro momento a retomarlos y continuar su trayectoria.

Pero el tiempo pasa y ya llevo dos tercios del libro, y ya me empiezo a familiarizar con unos y otros, con esta peculiar comunidad cerrada en si misma y empiezo yo también a valorar los asuntos que tratan y a tener un criterio sobre ellos. En realidad no es una trama convencional con estructura formal de desarrollo, nudo y desenlace al estilo escénico. La narración de lo que ocurre, no tiene un desarrollo lineal; los hechos se solapan unos a otros y abarcan muchísimos personajes; tan pronto se cuentan sucesos de hace cincuenta años como de hace un siglo; cada personaje se desgrana a su vez, en otros personajes con él relacionados, de forma que su disposición a la manera de ramificación en árbol, va haciendo crecer más y más la copa (del árbol). Luego ocurre también que la existencia de estos personajes a veces parece real y a veces virtual, por usar terminología de hoy, y unas cuantas cosas de las que se cuentan tienen un tufillo a haber salido de la tal ciudad gallega, que sube y baja literalmente, y que cual mundo onírico, mágico, u otros conceptos parecidos, destila situaciones dudosas o inverosímiles. ¡Pero bueno, esto es Galicia, la tierra de las meigas! y aquí todas estas cosas no le extrañan demasiado a nadie si están contadas por un gallego ilustre que domina a la perfección la lengua castellana y que nos las sabe hacer pasar por buenas. Vamos, que la historia más que trama o argumento al uso, es como un gigantesco amasijo de personajes y circunstancias que tienen vida propia y que se van desarrollando camino del final del libro, y todo ese tótum revolútum es tan informe, que no sería fácil de contar, ni aunque ahora yo quisiera desvelar y destripar la trama entera para jeringar a un hipotético lector al que le tuviera tirria.

Pero, como decía yo antes, al lector le interesa, previo a su lectura, enterarse de la trama para así entenderla bien desde el principio y no distraerse tratando de entenderla luego mientras lee, pues si así lo hiciese estaría perjudicando lo más bonito que tiene el libro, que es el magnifico placer de leer largo y tendido una prosa extraordinaria. No voy a poner yo más adjetivos a ésta, por que no atinaría bien en su elección y el que me lea quizá pusiera en duda lo que digo y sería una pena. Diré que Saramago y algunos otros, han comparado este libro con la obra y la prosa de Cervantes; nada menos. También, he leído por ahí la comparación con CIEN AÑOS DE SOLEDAD. De ambas referencias, que no son absurdas ni disparatadas, me voy a ocupar yo ahora. Alguna vez dije, que si me tragué con cierto gusto la inacabable historia de CIEN AÑOS DE SOLEDAD fue gracias a que la prosa de García Márquez, es de una categoría enorme. Es uno de esos escritores que sabe cogerte por una oreja y decirte: amigo, venga usted para acá, y el lector allá que va como un corderito detrás de él. La trama de CIEN AÑOS DE SOLEDAD es también otro amasijo informe y en su comparación con la historia de LA SAGA/FUGA DE J B, ésta última me parece mucho más atractiva. La prosa del colombiano es magnífica, pero para disfrutar con ella como yo ahora estoy disfrutando con Torrente, no basta con que sea muy buena, además, te has de identificar con ella, y en ese sentido, yo me identifico poco con la prosa barroca y, por ello, un poco empalagosa de Gabriel García Márquez. En cambio, el estilo recio de Torrente, le da una fuerza y una expresividad que mezclada con su permanente humor, pleno de inteligencia y guasa, convierten su lectura en un placer y le acercan, no me parece exagerado decirlo, a una prosa cervantina repleta de atributos de esa misma índole. Por tanto, me parece acertado compararlo con Cervantes; distinto sería, comparar LA SAGA/FUGA DE J B, con EL QUIJOTE; comparación que no viene a cuento, por ser obras con pocos puntos en común; pero yo veo dos; uno, aunque sea baladí, es su dimensión, que viene a ser parecida (esta, es una de las dificultades de popularizar la novela de Torrente); el otro, es la actitud que conviene adoptar para leer este texto con opciones de éxito. El que lea EL QUIJOTE, debe saber donde está el interés de su lectura: Primero, lo que representan sus personajes; luego, el gusto por las pequeñas historias que constituyen cada capítulo; el jugoso mensaje de sus diálogos, y por último, disfrutar con un texto que es extraordinario por su manejo del idioma, y por el talante de su autor. Sabido esto, el lector debe leer sin prisa, disfrutando con todo lo dicho y sin cometer el error de pretender encontrar un argumento con ilación de principio a fin. Bueno, pues exactamente con esa misma actitud, se debe leer la novela de Torrente, sin pedirle una historia al uso, (no la tiene), sino buscando extraer de su texto jugosísimo ese zumo en forma de calidad literaria presta a ser disfrutada, sin urgencias improcedentes, y, eso sí, con un diccionario al lado, que su vocabulario es riquísimo y de una erudición espeluznante, y ojo, que si la palabra que necesita no está en el diccionario, le importa un pito y se la inventa y además se chancea haciéndolo. Decía en algún párrafo que ahora no soy capaz de buscar, algo así como: “se hizo de manera contundente y tajante, y con esa contundencia y con esa tajancia resultó que…” Tengo que confesar, que busqué la “tajancia” en el diccionario por si acaso. Pero no, lógicamente no estaba, se la inventó por que le salió de los… ¡Hombre, me viene ahora a la mente la comparación con Camilo!, casualmente, también gallego (quizá, no tan casualmente), por que, a la hora de decir las cosas claras, ninguno de los dos, paraba en mientes, destacando en esta materia, el Nóbel por ser notablemente más grosero, y Torrente por ser mucho más discreto dentro de su desvergonzada espontaneidad.

Bueno pues termino, y lo hago recién cerrada la última página del libro. Y el colofón, debo decir que ha desinflado un poco mi entusiasmo anterior; en realidad, no mucho, por que todo lo que dije sobre su texto, lo reafirmo y añado que se mantiene hasta el final del libro. La ducha me la dio el último capítulo (unas 160 páginas), en el que lleva ya a sus últimos extremos el juego con los elementos del argumento, hasta convertir la trama en un lío incomprensible, en una farsa en la que la ficción del pasado y la realidad del presente se confunden a través del relato de su protagonista que se trasmuta veinte veces en unos y otros y modifica su relato a conveniencia, un poco a la manera de Unamuno en NIEBLA. Total, no digo más de la trama, no por desvelar algo, que aquí casi todo se puede desvelar sin que importe mucho, sino por que más que trama, es un laberinto con el que este hombre, que era un tremendo vacilón, se divirtió gestando mil travesuras. Cuando ese juego a que me refiero adquiere sus niveles más altos, seguirlo me empieza parecerme tonto, y relajo mi interés hasta que me vuelve a interesar, lo que sucede en las últimas cincuenta páginas, en las que la situación se normaliza; quiero decir, dentro de la “normalidad” del desorden brutal que crea el autor. Tuve ciertamente, dudas sobre si citar ese desencuentro postrero, por que, entiendo que el libro es difícil, y ese testimonio mío podría desanimar a algunos que de esa forma, dejarían de leer un libro magnífico que es encarecidamente recomendable. Pero no, no creo que haya que ocultarle nada a nadie. Para mí, el último capítulo supuso una decepción, pero aún así, el libro en su conjunto me gustó mucho y además, quizás otras personas no lo vean como yo. En resumen, es un libro fundamental que es de lectura obligada para todo aquel que quiera tener una visión completa de la novela en español del siglo XX y esto es así por haber sido creado con un texto que es formidable, en el que brillan la calidad extraordinaria de su prosa y el manejo más desvergonzado a la vez que brillante, que recuerdo del idioma castellano. ¿El material sobre el que construir esa obra?: una farsa, una farsa localizada en Galicia, que se presta admirablemente bien para ello, aunque no deje de ser: una farsa.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 5 votos · @sedacala le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@Hamlet hace 9 años

Fantástica reseña, Sedacala!! Y que bien escrita. Has aumentado, aún más si caben, las ganas que tenía de leer esta novela de la que sigo buscando sin fortuna una buena edición. Al final tendré que conformarme con una de "bolsillo" a riesgo de no perdérmela.

@Faulkneriano hace 9 años

“¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!”. Han pasado treinta años desde que leí esta novela (coño: mejor no hacer estas cuentas) y todavía me acuerdo hasta del sabor de las lampreas, de las nieblas de Castroforte y de José Bastida, el más interesante y el menos heroico de los muchos JB de la obra.

Te agradezco mucho, sedacala, que hayas despertado de golpe todos los recuerdos de mi primera (y única) lectura de esta obra deslumbrante, una de las mejores novelas españolas del siglo XX . La referencia al Quijote no es nada gratuita (aunque no voy a entrar en ello, sí dire que el juego metaliterario de la novela tiene mucho de cervantino) y tampoco la que haces a Cien años de soledad, por entonces la novela de moda, la que había que imitar, superar o criticar con pasión, que es, como ésta, una saga en toda regla que abarca varias décadas (aquí, varios siglos: Torrente le ganó por la mano) Ya puestos a citar, yo recordaría a Cunqueiro, con el que esta obra de Torrente tiene mucho en común: su sentido del humor, su extraña (por lo realista) dimensión fantástica, su aire inconfundiblemente gallego.

Ya te comenté en su día que en esta obra Torrente, primero falangista (Javier Mariño) y luego socialrealista (Los gozos y las sombras) se pasará con armas y bagajes al experimentalismo (las búsquedas y audacias formales de esta novela son sencillamente extraordinarias) y a un cultivo de la literatura fantástica que no abandona la retranca y el sentido del humor (La isla de los jacintos cortados, por ejemplo). El talento de Torrente explota literalmente en esta novela, quizá por los retos que se planteó: superar la tradición novelística española anclada en el realismo, pero también a los adalides del experimentalismo (con Juan Benet, JB, a la cabez)a y del realismo mágico, sobre todo García Márquez, con el que nunca congenió, pero también crear una novela única, anclada en la leyenda pero revitalizada por una estructura formal deslumbrante, sumamente ingeniosa y coherente a la vez, con una acumulación de voces narradoras mareante y soberbiamente estructurada. Un lujo para el castellano, como bien apuntas, porque, sin duda, la prosa de Torrente es capítulo aparte. La persona de Torrente podía ser verdaderamente antipática (doy fe de ello) pero su talento y su deslumbrante inteligencia (compatible con la mala uva y con el cinismo) no debe olvidarse, a 13 año de su muerte.

@sedacala hace 9 años

A mi siempre me cayó muy bien, aunque supongo por como lo expresas que tuviste alguna experiencia personal negativa por medio. En aquella época, su éxito televisivo con "Los gozos y las sombras" hizo muy popular su imagen en los medios de comunicación, y en mi opinión, no tenía mala imagen. Posiblemente, su carácter no fuese fácil al estilo de Cela, Umbral o Fernán Gómez.

@Faulkneriano hace 9 años

No, no era fácil: le recuerdo encaramado al borde de un escenario, en un enorme salón de actos, lleno a rebosar de estudiantes universitarios, increpando a los asistentes por las preguntas tan tontas que hacían (nos tenía verdaderamente acojonados, y éramos lo menos quinientos) Le contrariaba que le recordaran su pasado franquista, entre otras cosas porque, como Ridruejo y otros verdaderamente inteligentes, cambió profundamente. No ahorraba críticas contra todo lo que le disgustaba, que era mucho, con un grado de virulencia, por escrito y oralmente, nada corriente por entonces. Era un tipo con genio, vaya. Un amigo y yo intentamos visitarle en Salamanca, pero nos encontramos con un muro impenetrable. Porque le admiro, le critico. A los que no admiro, no les menciono y ya está.