LA VULVA SIBILINA por _567_

Portada de MIDDLESEX

Vivir como mujer y como hombre a la vez, ese es el estigma que Cal Stephanides arrastra durante toda su existencia, la etiqueta científica que lleva tatuada en cuerpo y alma podría resumirse con una única e intransferible definición: hermafrodita; mientras que la nominación condicional, a cadena perpetua de su dualidad, con la que debe relacionarse con otros seres humanos vendría a definirse con una nomenclatura todavía más retorcida: intersexual.

Cal es el protagonista principal, aunque no el único ni mucho menos, de esta homérica odisea dividida en cuatro partes, libros 1-2-3-4 según la acertada elección de su autor, a su vez subdivididos en capítulos de una veintena-treintena de páginas aproximadamente que ejercen como intervalos o micro cortes funcionales perfectamente pensados para el avanti a buen ritmo de su lectura; y transcurre a lo largo de los ochenta años que abarca la historia de esta peculiar familia desde 1922 hasta los albores de nuestro siglo XXI.
De inicio, tras la brutal confesión de las primeras líneas donde Cal se presenta al lector: “Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día de niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974…”, conocemos la mestiza genealogía de su árbol, empezando por las primeras ramas: Desdémona y Lefty, jovencísimos enamorados que en un futuro lejano serán los abuelos de Cal, aldeanos de una comunidad griega en Turquía que abandonan su pequeño mundo tras estallar la guerra entre estos dos países vecinos con rumbo a los Estados Unidos, a un dios desconocido rogando y con el mazo del amor dando tumbos y huyendo de las tumbas que crecen como flores salvajes en la fascinante ciudad de Esmirna, desde donde parten rumbo a lo desconocido… Arribados a puerto oportunidad, la prima Lina y su extraño marido les esperan, matrimonios coetáneos en espacios reducidos, semillas que se plantan a la misma hora… en el mismo jardín, hijas e hijos, canijos cruces de sanguin-olientes genes, esos pecados de la carne dentro del núcleo familiar, híbrida descendencia que crece en la asfixiante libertad norteamericana que no parece saber asimilar a una colonia cerrada de inmigrantes forzados a la adopción de nuevas costumbres, viejos errores de adaptación a los tiempos modernos.
Aquí dejaremos crecer a Cal, Calliope Hellen cuando vino al mundo, y que nos cuente su historia, de hecho por expreso deseo de Eugenides al concederle la primera persona en la narración de su novela; un personaje de potencia superlativa con el superpoder que otorga la supervisión del cotarro vital desde la perspectiva del conocimiento mundano, la capacidad de observación, que otorga el poseer las virtudes y defectos de ambos sexos; le daremos el pasaporte para Berlín (ciudad que conocemos a fondo, y que comparte protagonismo en la novela con otras como Detroit, ciudad natal del autor y de su protagonista) y nos prestaremos a ponernos una máscara de hipocresía dispuestos a vapulear al diferente y vilipendiar a toda su jodida saga familiar. Con el puto mazo dando, otra vez, y Eugenides rogando, apostando fuerte, por conseguir la Gran Novela Americana.

Jeffrey Eugenides es un escritor atípico, vive recluido es su pequeño mundo por decisión propia, alejado del mundanal ruido del circo literario y de la furia de los críticos que amenizan la función; y eso, nos guste o no, tenemos que respetarlo. Personalmente, me encantan las dos novelas que ha publicado hasta la fecha, o que han llegado hasta aquí, creo que no ha escrito mucho más, aunque seguro que sí pero simplemente no le apetece compartirlo. Este ‘Middlesex’ obtuvo el Premio Pulitzer, de los pocos que me inspiran confianza entre los que se otorgan en la carpa literaria mundial, en 2003 y a pesar de su extensión se lee con facilidad por lo adictivo de su prosa, en absoluto recargada del recurso fácil de los diálogos excesivos, de hecho uno de sus puntos fuertes podría ser la calidad de las descripciones tanto de personas como de hechos o lugares, eso sí, podría exigir una lectura atenta y dedicada, algo que consigue el autor desde la primera página, dada la profusión de personajes. Esto del número de páginas en los libros y la manera en que la gente suele evitar leerlos, también me sucede a mí en ocasiones, es algo que nunca ha dejado de sorprenderme, ¿Cuántas grandes obras dejaríamos de conocer por el prejuicio que supone su extensa longitud?; ahora me viene a la cabeza “El mundo según Garp” de John Irving, otro de los tochos mochos con disfraz de ‘novela rara’ pero con muchísima sustancia escondida entre la extensión de su larga historia.
Una novela extrañamente moderna que bien podría convertirse en un clásico de culto en épocas más propicias al… atrevimiento intelectual.-

Escrita hace 9 años · 4.7 puntos con 7 votos · @_567_ no lo ha votado ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 9 años

Buena reseña, Krust. Terminaré por leer Middlesex, por eso de la Gran novela americana... Por cierto, vaya título shocking que le has puesto a tu reseña.

@lucero hace 9 años

Estoy con Las vírgenes suicidas y con muy buena impresión, ya les contaré, muy buena reseña.
Creés que Eugenides es de los que trabajan para dar a luz la gran novela norteamericana?

@_567_ hace 9 años

Espero que te guste si decides leerlo, Faulk, yo debe de hacer como una década que lo hice porque recuerdo que lo compre como novedad a raíz de un artículo que leí en prensa (que entre otras cosas ya la etiquetaba de nueva gran novela americana) y me llamó poderosamente la atención. Te lo pasaría si no anduvieras tan lejos, en todo caso no creo que tengas ninguna dificultad en encontrarlo al ser una obra relativamente reciente. Por cierto, buena cosa es que libros como este ya pertenezcan a la cosecha de culto del Siglo XXI…
En cuanto al título, esta vulva sibilina, pertenece al capítulo primero del libro cuarto que consta de 29 páginas, seamos tikismikis ante el shock, o sea que es el principio del final de la novela, donde Eugenides echa el resto en busca de rubricar una obra potente, conmovedora a ratos, en todo caso recomendable en mi opinión.

A ver que te parece, Lucero, a mi me gustó bastante esa manera en que Eugenides recrea ese universo familiar con un influjo femenino tan ‘siniestramente poderoso’, es una novela muy inquietante, cualquiera de las hermanas Lisbon lo es, recuerdo que sólo hacia el final empecé a atar cabos con respecto al porqué de lo sucedido…
La Gran Novela Americana es un término que oigo, leo o escucho continuamente en cualquier sitio donde se hable de libros, no sé, quitando los grandes consagrados que ya hicieron (al menos) una obra maestra en su momento, ahora se perfilan como aspirantes gente como Philiph Roth, De Lillo o similares, creo que Eugenides también lo intentó con Middlesex, el resultado, como siempre, va a gusto del consumidor.-

@arspr hace 9 años

Krust. Has conseguido encender mi curiosidad sobre este desconocido libro y autor, al menos para mí. Añadido a mis futuribles.

@_567_ hace 9 años

¡Pues encantado de que así haya sido! Espero que lo disfrutes y en caso de que te decepcione, observo que tienes unos gustos bastante peculiares aunque debo decir que me resultan interesantes, conste en acta que mi intención en recomendarlo era buena. Salut!

@arspr hace 9 años

Krust. Has conseguido encender mi curiosidad sobre este desconocido libro y autor, al menos para mí. Añadido a mis futuribles.

@lucero hace 9 años

Un universo femenino casi siniestro, pero doméstico. Lo defines bien. Me gusta Eugenides. No escribe como norteamericano, quizás por sus raíces griegas. Esa lectura de lo femenino como algo oculto, fragoroso y temible es muy de lo oriental (ojo, no chino ni japonés) musulman, me recuerda a Kureishi, a Pamuk, en fin. Lo reseñaré cuando lo termine.

@_567_ hace 9 años

Doméstico globalizado, diría yo, por lo de la localización del universo familiar de las Lisbon: esa típica urbanización americana, todas las casitas iguales, todos los jardincitos iguales, todos los putos perros ladrando igual, el humo de las barbacoas de domingo alzándose al cielo a la misma hora, la misma carne en el asador, la botella de leche y el periódico en la puerta de cada casa de vecino, los árboles (ah! aquí me callo por si no has llegado) de las aceras de esas calles idénticas, todo igual… y globalizado por lo que representa ese periodo de nuestras vidas tan complicado que es la adolescencia; y también diferencial entre chicos y chicas, por las tradiciones sociales o por lo que quieras pero lamentablemente es así, piensa sino en ese grupo de chicos (protagonistas ‘invisibles’ de la novela y de la película también), hijos del mismo lugar con los mismos problemas y miedos al futuro, que estudian detalladamente lo sucedido preguntándose durante muuuuchos años el porqué de lo sucedido.
Eugenides consigue que también el lector, aquí si sin distinción de géneros, también se haga esas mismas preguntas.
Leeremos tu reseña, claro. Y seguro que observaré una perspectiva… ¡diferente!

@Faulkneriano hace 8 años

... Pues ahora sí que voy a por Middlesex, porque me he acabado La trama nupcial y estoy absolutamente encantado: es la novela que transmite con más fuerza, de las que he leído, el amor a los veinte años, que diría Truffaut. El tema, desde luego, no me ha resultado indiferente, y la resolución de Eugenides, desde luego, está a la altura.

@_567_ hace 8 años

A mí también me gustó muchísimo “La trama nupcial”, esa historia de amor veinteañero (a tres bandas) que comentas transmite muchos ecos victorianos y ese bien podría ser el mérito mayor de Eugenides: o sea trasladar un argumento de época a una novela rabiosamente moderna del Siglo XXI (aunque la acción se desarrolle en esos años 80’ del siglo XX en que algunos fuimos… algo más jóvenes que ahora). Soberbia construcción de personajes, tanto Hanna como Leonard o Mitchell (aunque yo a este siempre lo recordaré como Grammaticus) hacen que la novela raye a gran altura de principio a fin; una de mis grandes lecturas de un año que está resultando realmente productivo, sin duda, y puede que la mejor entre las novedades. Ah! En mi ignorancia supina sobre los pensadores franceses, y por referencias que aparecen en la novela, recuerdo que aquí descubrí e investigué algo al respecto, buscando información acerca de ellos, a gente como Derrida o Barthes. Siempre se aprende algo nuevo, ya sabes…

“Middlesex” es otra historia muy diferente, en todo caso me parece otra gran novela (otro gran personaje el de Cal/Caliope) de este estupendo escritor semidesconocido aún. Espero que esa trama te guste tanto como estas nupcias.-