ÚSESE EN CASO DE GUERRA Y EN CASO DE VIDA por EKELEDUDU

Portada de EL ARTE DE LA GUERRA

Imaginemos un muchacho de muy baja autoestima, que gusta de una chica. La tiene ahí, acaba de presentársele una oportunidad que parece muy adecuada para decirle lo que siente. La deja pasar. "Cagón", será la despectiva opinión de la mayoría.; pero, ¿seguro el muchacho fue un cagón? ¿O habrá sido inteligente, mucho más de lo que suponemos? Porque, sin duda, siempre hay posibilidades, por pocas que sean, de que la chica le diga que sí, que siente lo mismo. Pero, ¿y si dice que no? En alguien que siente confianza y orgullo de sí mismo, sería apenas un detalle. Pero en el caso específico de este muchacho, si tenía la autoestima por los suelos, luego de que la chica le diga que no, pasará a tenerla por los subsuelos. ¿De veras fue un cagón? ¿No habrá razonado, como Sun Tzu, presunto autor del libro que nos ocupa: "La defensa es para tiempos de escasez, el ataque para tiempos de abundancia"? ¿No le habrá hecho caso a su consejo de "Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo"? ¿No le habrá creído cuando afirma que "La invencibilidad es una cuestión de defensa, la vulnerabilidad, una cuestión de ataque"?

Y es que a pesar de que EL ARTE DE LA GUERRA es un tratado de estrategia militar (el más antiguo que se conoce, de hecho), campos de batalla, los hay de muchas clases, y guerreros, también. Lucha el deportista que se esfuerza por ganar una competencia, lucha el hombre de negocios que quiere concretar una operación audaz y extraordinariamente lucrativa. Luchamos todos porque, en definitiva, nada se parece más a la guerra que la vida misma. No en vano leemos a Job, en la Biblia, afirmar que "Es milicia la vida del hombre sobre la tierra" (Job 7,1) y el mismo cristianismo hace hincapié, en determinados momentos, en la idea del combate espiritual, enraizada en una arenga que San Pablo legó en su Carta a los Efesios (Efesios 6,10 y siguientes). Por otra parte, de alguna manera una famosa leyenda relacionada con Sun Tzu, según la cual éste habría aceptado exitosamente de su rey el desafío de convertir en guerreras a todas las concubinas de éste, viene a confirmar que detrás de todos y cada uno de nosotros hay un luchador en potencia esperando la debida instrucción para combatir y vencer al enemigo de turno.

Igual que en el caso de Homero, el autor de LA ILÍADA, de Sun Tzu se ignora incluso si de verdad existió; hay quienes piensan que El arte de la guerra es más bien una hábil recopilación a partir de distintos autores, que la obra de una única persona. Por eso aclarábamos más arriba que Sun Tzu es el "presunto" autor de esta obra. No creo que a nadie le importe demasiado la verdad en este asunto. Lo que sí interesa de verdad es que los consejos de EL ARTE DE LA GUERRA han sido seguidos eficazmente, no sólo por militares, sino también por entrenadores deportivos, diplomáticos, hombres de negocios y simples hombres de la calle. Sólo es cuestión de saber cuándo y cómo aplicarlos... Porque, ya se sabe, no hay recetas mágicas que resuelvan la vida a nadie, uno tiene que poner algo de su parte. De hecho, mucho de su parte; pero puedo dar fe de que, cuando uno se decide (cosa que a veces, increíblemente, hago), todo resulta más fácil si se hace acorde a las instrucciones de este libro. En este sentido, quizás sea también el primero y más eficaz de los libros de autoayuda, aunque no se lo catalogue como tal.

Aclaración de escasa trascendencia: hablo del mismo libro, pero tengo la versión publicada por Editorial Beeme.

Escrita hace 9 años · 4.5 puntos con 2 votos · @EKELEDUDU no lo ha votado ·

Comentarios

@FAUSTO hace 9 años

Muy bueno y original el comienzo de tu reseña, Ekeledudu. Este “librito” se puede aplicar a casi cualquier aspecto de la vida: psicológico, comercial, profesional, autoestima y, cómo no, militar. Y siempre abogando por la sensatez y evitando, en lo posible, la lucha. Es curioso, como comentas, la “degeneración” de esta obra en un simple libro de autoayuda.

@EKELEDUDU hace 9 años

Ah, es que a mí me resultó y me resulta muy útil, cuando me acuerdo de aplicar sus consejos a la vida real; así que habla la voz de la experiencia.