ACUSACIÓN POCO FORMAL por EKELEDUDU

Portada de ¡ACUSO AL INVASOR!

Todos sabemos que la conquista de América por los europeos fue un genocidio que de alguna manera continúan hasta el día de hoy, aunque de otra manera, las naciones independientes que ellos dejaron al retirarse. Pero de ninguna manera significa eso que los europeos carezcan de valores nobles, que nada haya rescatable en su cultura o que, en fin, cualquier cosa que provenga del Viejo Mundo sea repudiable. De eso no parece haberse enterado el señor Jorge Ledesma, autor de este libro, un vulgar panfleto al que no es posible conceder la menor atención. Para empezar, no queda muy en claro qué pretende ser, ya que resulta imposible encasillarlo como ensayo, aunque sea a lo que más se parece. De todos modos, dadas algunas de sus controvertidas afirmaciones, considero que Ledesma debería haber incluído una bibliografía, si no citado la fuente de algunas de ellas en particular. Por ejemplo: es un hecho curioso y llamativo que dé por cierta... ¡la existencia de la Papisa Juana! Ahora bien, hasta los más acérrimos detractores de la Iglesia admiten que se trata de un mito. Supongamos que él dispone de una fuente segura aseverando lo contrario; pues bien, ¿por qué no la cita? No quisiéramos pensar de él que es un mentiroso, un fabulador o un iluso que cree lo primero que dicen, ¡pero que nos ayude, caramba! Y otro tanto podría decirse de su aseveración según la cual fetos abortados se usan como materia prima en la elaboración de ciertos cosméticos. Es una acusación un tanto seria. Es de público conocimiento que a la placenta se le da ese uso, como él asegura, pero los abortos son otro cantar. De nuevo: ¿por qué no proporciona un asidero para tal acusación?

Y no quiere necesariamente que no sea cierto lo que Ledesma dice, al menos en el caso de los abortos: tras largas y agobiantes indagaciones he dado con un libro que sostiene más o menos lo mismo, VICARIOS DE CRISTO, de Peter de Rosa. Pero este último sí adjunta la bibliografía consultada, a diferencia de Ledesma. Tratándose de temas tan polémicos, omisiones así son inexcusables.

Nada que venga de Europa parece contar con la aprobación de este señor. Tras enumerar las diversas enfermedades que padeció Vincent Van Gogh, lo califica despectivamente de trapo humano; como también se muestra cínico con Freud por distintos males que éste padeció, habrá que concluir que para el autor ser enfermo es poco menos que un abominable crimen. Ni hablar la homosexualidad. Arte, religión: cuanto proceda de Europa es execrado por Ledesma al mismo tiempo que sostiene que el indio ennobleció e hizo bella la raza humana, afirmación que podrá ser cuestionable en unos cuantos casos y que no será privativa del indio en muchos otros. Nada imparcial, Ledesma esgrime argumentos sumamente inconsistentes en vez de hacer una síntesis válida de todas las injusticias que los aborígenes americanos han debido soportar y soportan todavía, cosa que, insistimos, nadie pretende negar. Y presenta como utópicas las sociedades precolombinas, hasta límites increíbles y contradiciendo hasta a los mismos indígenas, como el Inca Garcilaso de la Vega. Afirma Ledesma que no es cierto, como asegura este último, que los Incas impusieran su dominio a otras culturas. ¿Cómo lo sabe? ¿Estuvo allí?


La verdad, por supuesto, es bien distinta. Hasta Adrián Moyano, reconocido indigenista, admite en sus CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA MAPUCHE que existieron entreveros armados entre los mapuche y los tehuelche, y que los mapuche se volvieron guerreros precisamente como una reacción defensiva frente a la agresión incaica. Esto, por supuesto, no justifica las iniquidades y carnicerías cometidas entre los aborígenes por los conquistadores, pero demuestra que la América precolombina no fue siempre el Paraíso pacifista que se describe en ¡ACUSO AL INVASOR! El libro de Moyano ha sido reivindicado y elogiado por miembros de la comunidad mapuche, y en él se afirma, dicho sea de paso, que esta etnia no rechaza todo lo que viene de Europa: toma lo que ella lo que considera útil, descarta lo que no le sirve y detesta, cómo no, que intenten imponerle a la fuerza. Por todo lo dicho queda claro, o debería quedar claro, que no toda la comunidad indígena coincide con los postulados absurdos y fanáticos de Ledesma.

Al margen de su valor informativo, resultan atroces atrózmente patéticos y al mismo tiempo ridículos los capítulos y párrafos en los que el ensayo, por llamarlo de alguna manera, cede paso a la ficción, y nos habla de una "Maldición 90", elTriángulo de las Bermudas, un indio llamado Ajotaj que sirve de guía en un viaje astral de Ledesma y otros delirios similares sobre los que no vale la pena hacer mayores comentarios. ¡ACUSO AL INVASOR! es una obra por completo olvidable, excepto como mucho para los seguidores de Ledesma, algunos de los cuales han demostrado ser más todavía más intolerantes que él.

Escrita hace 9 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 3 ·

Comentarios

@Santo hace 11 meses

Se ve que no conociste a Jorge Ledesma, aún así, hace nacer un odio dentro tuyo inimaginable. Ojalá puedas perdonar su existencia y te atenas a hacer comentarios tan llenos de rabia por la red. Saludos atentos de un retractor de la ley.

@EKELEDUDU hace 11 meses

El hecho de que un libro a uno no le guste no quiere decir que le inspire odio. Más cercanos de provocarme ese sentimiento están comentarios como el tuyo. Por lo mismo, quedate con tus saludos; la mejor cortesía que podés hacerme es pensar mejor antes de comentar una reseña mía, o simplemente no comentar.