¿SAMURAIS... TIERNOS? HMMM... por EKELEDUDU

Portada de BUSHIDO. EL CÓDIGO ÉTICO DEL SAMURÁI

Rectitud, coraje, benevolencia, cortesía, honor, deber, lealtad, autocontrol: tales eran las virtudes que debía cultivar un samurai conforme al Bushido, palabra japonesa que significa "el camino del guerrero" y que constituía el código ético de aquella legendaria casta militar. Ahora bien, el Bushido, en el mejor de los casos,se transmitía oralmente de generación en generación a través de unas pocas máximas; más precisamente, no fue ni enunciado, ni escrito, pero poderosamente verificado por los hechos y por una ley escrita en las tablas del corazón, según leemos en esta obra que por lo tanto, quede claro, no es un libro ancestral o de cabecera que sirviera de consulta a los samurai, sino que intenta dar a conocer al mundo occidental qué principios regían la conducta de éstos.

Seré sincero: se trata de un libro hermoso y admirable a muchos niveles, pero en lo personal me deja serias dudas sobre determinados puntos tratados en él. Antes de examinarlos, no obstante, debemos decir por fuerza algunas palabras sobre su autor, Inazo Nitobe. En 1853 una escuadra norteamericana obligó a Japón a abrir sus puertas al comercio exterior, algo que debe hacer llorar a los yanquis cuando a veces encuentran su mercado abarrotado de productos nipones. El hecho trajo otras consecuencias, y en el caso de Nitobe, quien lo vivió, derivó en una conversión al cristianismo y en un asimilamiento de la cultura occidental. Sin embargo, en ningún momento dejó de ser un japonés orgulloso de las tradiciones de su país, y en esta obra hasta se permite cierta sutil ironía hacia los siempre prepotentes estadounidenses. BUSHIDO: EL CÓDIGO ÉTICO DEL SAMURAI Y EL ALMA DEL JAPÓN, como dijimos antes, pretende dar a conocer al mundo occidental ese código guerrero, para lo cual apela tanto como puede a analogías y citas de autores con los que, por pertenecer a nuestra cultura, nos cree familiarizados. La verdad es que el admirable conocimiento de Nitobe sobre la cultura occidental excede en mucho al nuestro, por lo que de sus citas, la mayoría de nosotros no entendería ni jota si no fuera por el exhaustivo trabajo del traductor de turno: José Javier Puente del Pilar, quien merece aplausos de pie por su concienzuda entrega a esa tarea sin la cual, insistimos, sería muchas veces difícil y hasta imposible saber de qué rayos habla el autor. Puente del Pilar, en efecto, complementó el texto originalcon notas al pie de página que nos explican, no sólo quién fue el japonés Miwa Shissai o qué es un "biwa", sino también quién fue Herbert Spencer o a qué se llama el "daemon" de Sócrates, todo lo cual, y mucho más, aparece mencionado por Nitobe a lo largo de su exposición. Así que, entre los motivos que vuelven admirable a esta obra, figura en primer lugar la vasta cultura de su autor -y del traductor, no se insistirá demasiado sobre ello-. En segundo lugar, huelga decirlo, este libro representa un inestimable acercamiento a otra cultura, una no muy conocida para nosotros como lo es la japonesa, aun cuando más o menos sepamos qué es un haiku, un ninja, un kamikaze, el karate, un ikebana y yo diría que no mucho más. Libros como éste, entonces, vienen a ampliar un poco tan magros conocimientos, por lo que siempre son bienvenidos. Y sin embargo -y excúseseme la desconfianza, y mucho más si la misma estuviera injustificada-, sospecho que, así como en Occidente se idealizó en exceso al Caballero medieval, Nitobe debe estar idealizando más allá de lo admisible a sus queridos samurai, y ello por tres razones. La primera es que un samurai sigue siendo un ser humano, mal que le pese a Nitobe y al propio lector, a mí más que a nadie; y como tal, siempre tendrá defectos, aunque obviamente están las personas que sólo tienen algunos defectos y las que, excedidas por los mismos, parecen en sí mismas defectos con algo de persona. La segunda es que Frank McLynn, en su libro HÉROES Y VILLANOS -ya comentado en este sitio- presenta a algunos samurai bajo una óptica bastante menos favorable, tal vez no peores que cualesquiera otros guerreros, pero de todos modos tan pedestres como éstos. Pero la tercera razón surge del texto del propio Nitobe. De acuerdo: la japonesa es incluso en nuestros días una de las civilizaciones más corteses del planeta. De acuerdo: artes marciales como el karate intentan inculcar, con notable éxito hasta donde me consta, ciertos principios morales a la par del entrenamiento físico. Pero de ahí a la descripción que se hace de la compasión del samurai en el capítulo V hay un enorme, yo diría que insalvable abismo. Puede que sea yo un redomado asno, pero no le creo nada. A no equivocarse: el capítulo es precioso, casi poético, a algunos quizás los haga lagrimear, no sé; sólo digo que dudo que coincida con la realidad. En mi opinión, sobre ese punto Nitobge se deja llevar por sus sentimientos cristianos, por el afán de no presentar una imagen demasiado truculenta de los samurai o por lo que sea. Cita una expresión, "Bushi no nasaké", es decir, "la ternura del guerrero". ¿Cómo dice? ¿"Tiernos"? ¿Esos energúmenos? ¿Estamos hablando de los mismos que vimos en competencia con los vikingos por ser "el guerrero más letal" en el programa homónimo de True TV? Y de cualquier manera, el propio Nitobe termina contradiciéndose un tanto en el mismo capítulo. Pero como la contradicción podría ser de los mismos samurai, y el libro de Nitobe evidencia intenciones sinceras en su tono general, mejor no dar nada por sentado. Dejémoslo ahí.

Como sea, el libro empieza explayándose sobre las ya mencionadas virtudes del samurai. Es creíble que éste intentara cultivarlas, cómo no, aunque seamos incapaces de ponderar los resultados obtenidos. Igual se debe admitir que, aunque en gran medida las virtudes del samurai, tal como las analiza Nitobe, correspondieran a idealizaciones posteriores o incluso, aunque fuera en parte, a una filosofía personal del autor, dicho análisis es fascinante.

En sendos capítulos se trata sobre el entrenamiento del samurai, del suicidio ritual, del lugar de la mujer en el Bushido, de la relación entre el samurai y su espada, del presente y futuro del Bushido tal como lo apreciaba Nitobe en su tiempo. Y en fin, el balance general es que, más allá de que los samurai se atuvieran o no a este código, a nosotros nos vendría de maravilla atenernos a muchos de sus preceptos.

Escrita hace 9 años · 5 puntos con 3 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 9 ·

Comentarios

@lucero hace 9 años

Visión práctica occidental, EKELEDUDU y distancia del mito samurai es lo que te hace tener esa visión sobre la "ternura del samurai".Tampoco quiero explayarme demasiado en un tema que desconozco, salvo alguna lectura de autores japoneses y del Codigo Bushido, nada. Pero es muy valioso tu enfoque crítico : son guerreros implacables y brutales, que se atienen a una moral para resguardo de las propias atrocidades. Lo cierto es que impregnó una cultura y se difundió por el mundo como una ética a imitar.

@EKELEDUDU hace 9 años

Gracias una vez más. Sí, es complicado para el neófito dilucidar en qué medida cada uno de estos códigos guerreros fueron eficaces en sus propósitos, pero uno supone que, por haber tenido al menos esos loables propósitos, esas sociedades obtuvieron logros que, de otro modo, habrían sido menos elevados. Un abrazo.

@Faulkneriano hace 9 años

En occidente la admiración del samurai no ha creado más que inquietantes manejadores de katanas... Me da un poco de escalofríos este tema. Las visiones que han tenido los extranjeros de fenómenos "locales" han sido siempre, cuando menos, un poco caprichosas. Véase, si no, la apropiación por los escritores franceses de la mítica del "bandido" de Sierra Morena.

El ejemplo de los caballeros medievales está también muy bien traído. Cualquier lector medianamente aficionado a la historia echa por tierra sin demasiado esfuerzo la idea de caballería, la mística de la cruzada o las mistificaciones del amor cortés, o por lo menos las reduce a términos más creíbles y menos idealizados.

Eso sí, las películas de samurais (chambara) me gustan a rabiar. En buena medida determinan mi visión del asunto. Es cierto que algunas son muy acríticas y terriblemente mitificadoras, pero no faltan films japoneses que arrojan una sombra bastante oscura sobre este asunto. De hecho, es curioso que Kurosawa prefiera el ronin o samurai sin amo de Yojimbo, Sanjuro o Los siete samurais al vasallo "oficial" de los clanes.

Vamos, que no me gustaría vivir en el periodo Edo, precisamente.

@EKELEDUDU hace 9 años

Y... La verdad, a mí tampoco. Pero no está mal mirar películas de samurais o de caballeros medievales, si ante ciertas visiones demasiado idealizadas uno se reserva saludables dudas.