MUY MALA VEJEZ por arspr

Portada de DAVID COPPERFIELD
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

Otro coscorrón con un clásico que me temo que me va a llevar a "enfrentarme" a más de un amante de la literatura...

Año Dickens, un libro que tenía pendiente de leer, buena puntuación general, el libro favorito del propio autor, notas autobiográficas, absolutamente gratis en Gutenberg... ¿Algún motivo más para leerlo?

Bueno pues ¡vaya tortura! He acabado de leerlo por c@j¬n€$, por decir "que este no puede conmigo, faltaría más". Y de nuevo creo que el problema principal es que el libro ha envejecido verdaderamente mal. Mal que le pese a cualquier amante de la literatura clásica, si cualquier escritor de hoy en día escribe esto, TODOS diríamos al unísono "¡Vaya castaña pilonga!".

Por tanto solo es viable el acercamiento a él como un ejercicio de análisis literatura o de sociología del S XIX. Pero como novela universal, flojito, flojito. Y claro, "el pueblo llano" puede hacer este ejercicio de reflexión, ("ojo que NO te estás leyendo una novela actual"), durante 100, 200, 300 páginas... ¿Pero durante 884 en mi Sony?

Paso a explicar los principales puntos débiles que le he encontrado por si le pueden servir a alguien que incautamente se acerque a él:

+ En primer lugar, el motor de toda la historia es la imbecilidad, (afortunadamente con los ojos de hoy en día), del honor o la honra de las mujeres. Ojo con ser una "perdida" por tener un novio que te deja (o que tú le dejes).

+ En segundo lugar, todo el libro rezuma del absurdo planteamiento naif, de Dios premiará a los justos y castigará a los injustos... (Que se lo digan a más de un presidente de banco). Además y para que el lector lo tenga meridianamente claro todos los personajes o son blancos (bueno buenísimos), o son negros (malo malísimos)...

+ Además el libro no oculta en ningún momento su intención adoctrinante respecto a lo anterior. (Y yo personalmente estoy cansado de sermones).

+ Para más leña al fuego, el libro se estructura con una trama "realista" (es una pseudo-autobiografía), pero tan sometida a los dictámenes anteriores que no permite ningún cabo suelto y resulta absolutamente increíble por lo cerrada y encorsetada. Además de absurdamente previsible. Una tras otra surgen coincidencias de, tras un dramón, el personaje tal o cual sale a la calle, (en Londres ojo, no en una aldea de tres habitantes y medio), y se encuentra con Menganito. O lo que es peor, en una noche de tormenta donde se masca la tragedia, el "macho ofendido", (con lo de la honra anterior), sale a salvar a un barco que está naufragando, donde sin saberlo él, viaja el "macho ofensor", (que además es el último superviviente del mismo), y, justicia divina mediante, mueren los dos. (¡Oh qué poético!).

+ Más de lo anterior, Copperfield-Dickens se enamora de una preciosa mujer-florero que tiene un serio defecto, es lerda (lo puedo decir con palabras más suaves, pero la verdad no cambia). En contraposición al anteriormente mencionado "macho ofensor", como Copperfield es bueno-buenísimo, no puede ni plantearse romper el noviazgo y se acaba casando con ella e intentando "instruirla". Pero está claro que esta relación no tiene futuro, así que, ¿cómo solucionar este enredo argumental?, ¿alguna apuesta? Pues nada mejor que matarla y punto. Así se queda libre el camino para que nuestro "excelso" protagonista se case, (se veía de lejos), con su mujer ideal. Es decir que aparte de libro absolutamente previsible, dada la moralina de la honra, es mucho mejor que muera quien sea, (independiente de ser lerdo o no), a los divorcios, separaciones, rupturas o lo que sea. (Menos mal que vivimos en el S.XXI, pese a todos sus defectos, y pese a que muchos nos quieren hacer volver al S.II).

+ Más aún, la pobre "hembra ofendida en la honra" (vamos que se tiró porque le apetecía al "macho ofensor" en contra del soso "ofendido"), pues solo tiene una solución para ser feliz durante toda su vida: quedarse para vestir santos cuidando de su tío...

En fin, demasiado para mi mente "actual". Lo siento pero no vuelvo a tragarme 800 páginas de engendro como este ni de casualidad. Las clases de literatura las dejé hace tiempo en el instituto y ahora si leo un libro es para disfrutar, para que me haga pensar, para conmoverme, ... para algo.

Escrita hace 10 años · 3.5 puntos con 2 votos · @arspr le ha puesto un 2 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 10 años

De esta te libras porque es de los pocas grandes novelas de Dickens que no he leído, pero tú sigue metiéndote con don Charles... ¿Leiste algo más suyo o es la primera novela?

Siento el chasco. Con los novelones del siglo XIX hay que pensárselo dos veces antes de empezarlos, como habrás advertido, más que nada por su longitud. Pero no seas tan duro con él, hombre, con el amor que le echaba a las cosas mi buen Dickens.

@sedacala hace 10 años

Yo, si la leí, y me parece Dickens en su estado puro. Pero claro, leer un libro suyo obliga a asumir ciertas cosas. Si se asumen disfrutarás con su lectura. Si no, te pasará lo que a arspr.

@arspr hace 10 años

De Dickens leí hace muchísimo tiempo Cuento de Navidad (ya ni me acuerdo) y relativamente hace poco Historia de Dos Ciudades, que de nuevo es un poco chasco (salvo su gloriosa frase inicial).

El problema, al menos para mí, es que puede que todo este tipo de libros sean fundamentales en la historia de la literatura por A, B o C, porque en su momento fueran tal o cual renovación de lo que fuere. Jamás me atreveré, (sobre todo porque no tengo ni idea ni conocimientos al respecto), a cuestionar estos aspectos. Pero, en mi opinión, para que una obra se pueda catalogar de universal, (y no solo como una valiosísima pieza de museo, lo cual no pongo en duda en ningún momento), ha de tener algo más, algo que la haga intemporal.

Y eso es francamente muy, mero que muy difícil.

Resultado: que cuando te acercas a obras clásicas, (y dependiendo de los gustos personales), te puedes encontrar con verdaderas momias que no hay ni por donde cogerlas. Vamos que en los tiempos actuales, pensar tomarse en serio un libro entero sobre la honra y el Dios-premiará-a-los-justos es para no parar de reír.

@Faulkneriano hace 9 años

Ya me lo he acabado. De pieza de museo, nada. Esta novela está viva, y bien viva, con su siglo y medio a cuestas...

@arspr hace 9 años

Faulkneriano, dado que está absolutamente demostrada y clara tu sapiencia en literatura por tus críticas y perfil de lectura, ¿me puedes explicar, por favor, qué le ves de "actual" a este libro? (Salvo tres comentarios y medio sobre la burocracia y/o la judicatura).

De verdad, y totalmente en serio: tengo franco interés en conocer otros puntos de vista, a priori presumiblemente opuestos radicalmente al mío.

@Faulkneriano hace 9 años

Toda lectura de una obra de un pasado distante requiere cierta actitud atenta por parte del lector, para gustar de las bondades literarias de la obra pero también para hacerse una composición de lugar del momento en que la obra se escribió, en una operación de simpatía, de intentar leer como podría hacerlo un contemporáneo del autor. Si leemos desde el presente las cosas no tienen mayor sentido: los héroes de la Iliada son una panda de machotes untados de grasa que no hacen más que pelear e invocar a unos dioses que no existen.

Lo mismo pasa con Dickens. Yo no digo que esta obra sea "actual", entre otras cosas porque hoy en día se confía poco en la bondad. Sólo digo que está viva porque conserva intactos todos los finos engranajes de las historias bien narradas y puede emocionar a sus lectores. El amor, el odio, la venganza, la compasión, la crueldad, la hipocresía, la falsedad, la amistad, la ambición, la desgracia, la lealtad o la bondad no pueden dejar indiferente a nadie y de todo ello se trata aquí, con una prosa como mínimo bien despachada. El huérfano, pobre, hamletiano y esforzado David Copperfield, la excéntrica señorita Trotwood o el fatuo y excesivo Mr. Micawber, esa especie de Falstaffa de tercera clase, son ya personajes de la literatura universal, y su recuerdo pasa de generación en generación. Pues claro que están anticuados: son los abuelos de nuestros abuelos, pero también estaban vivos.

@arspr hace 9 años

Creo que al final estamos un poco de acuerdo, pero me es imposible tragar con la edulcorada versión naif de todo. Ni compartir que sea un ejemplo de las tensiones del alma humana. No me puedo creer que la gente en el S.XIX, por muy distinta que fuera su forma de pensar, fuese tan simple. La vida, (y más cuando es dura como pretende narrar), NUNCA es tan simple.

De verdad, (y por poner un reciente ejemplo), siendo un libro más del montón, me toca mucho más la fibra sensible las tensiones de la replicante Husky de "Lágrimas en la lluvia" que estos personajes tan planos, tan bíblicos, tan de cartón piedra.