DELITOS Y FALTAS por _926_

Portada de LA METAMORFOSIS
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

La Metamorfosis es un libro gris, teñido de asco. Asco por el bicho, asco por como tratan al pobre bicho. Porque así se sentía Kafka, como un insecto inmundo, un ser extraño atrapado en una sociedad y una familia que no le querían, que jamás podrían comprenderlo, siempre a la sombra de su padre. Gregorio Samsa es un simple comerciante, atormentado por un trabajo que detesta, pero con el que tiene que cumplir, por el bien de su familia y por el bien de Grete, su hermana, a la que piensa enviar al conservatorio a estudiar violín. Un día cualquiera, al despertarse, se encuentra con la confirmación de lo que ya sabía: es un insecto, un bicho nauseabundo. Los demás ni siquiera pueden soportar su visión. La madre y el padre lo repudian, dejándolo encerrado en un cuarto, al cuidado de su querida hermana Grete, quien por un tiempo se encarga, más o menos de buena gana, de llevarle la comida y arreglarle el cuarto día tras día. Durante las fugaces visitas de la hermana, Gregorio siempre se esconde bajo la cama, consciente de que esta hace un gran esfuerzo, y que apenas la sombra de su inmundo cuerpo le produce el mismo asco que al resto de su familia, sabiendo que Grete se ocupa de él únicamente por piedad. Pero pronto su voluntad comienza a flaquear, y cada vez le resulta más difícil entrar en el cuarto sin morirse de asco, y comienza a convencerse a sí misma de que ese no es su hermano, de que está alimentando a un bicho asqueroso, sin alma ni sentimientos. En el fondo, sabe que no es cierto, que el bicho es Gregorio, pero no tiene valor para seguir adelante. Pronto se despreocupa de Gregorio, cuyo cuidado queda a cargo de una sirvienta que tiene por diversión burlarse de él y pegarle con la escoba. Gregorio agoniza. Una noche oye el sonido familiar del violín de Grete, y recuerda sus antiguos planes de enviarla al conservatorio. Intenta acercarse, manifestarle esta voluntad, pero es rechazado. No obtiene de ella más que asco y repulsión, y apunto está el padre de matarlo. Pero ya es tarde para eso, la terrible sentencia ya pesaba sobre Gregorio mucho antes de su metamorfosis; el ejercicio del padre como ejecutor de la sentencia hubiese sido meramente simbólico.
Al poco tiempo Gregorio muere, y su familia es feliz. Se deshacen con asco del cadáver del monstro, satisfechos de no volver a verlo jamás. Hasta la última línea esperas un giro en los acontecimientos, una resurrección, un remordimiento por parte de Grete, pero no llega. Su familia simplemente es feliz. Me recuerda el final de Delitos y Faltas, esperando hasta el último segundo que dios, o los guionistas, impusiesen el debido castigo al asesino y permitiesen al personaje interpretado por Woody Allen, que nada malo había hecho, quedarse con la chica. Pero la divina resolución no llega, y te sientes desolado. Solo una frase final te consuela, en parte.
Las cosas suceden tan imprevisiblemente, tan injustamente… La felicidad humana no parece haber sido incluida en el proyecto de la creación. Somos solo nosotros, con nuestra capacidad para amar, quienes damos sentido al universo indiferente. Y sin embargo, la mayoría de los seres humanos, parecen tener la habilidad de seguir intentándolo…

Escrita hace 9 años · 4.5 puntos con 6 votos · @_926_ no lo ha votado ·

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