COMO AHORA, PERO MILES DE AÑOS ATRÁS por EKELEDUDU

Portada de LA HISTORIA EMPIEZA EN SUMER. 39 TESTIMONIOS DE LA HISTORIA ESCRITA

¿Qué es exactamente la Historia? Parece que en otro tiempo se pensaba que básicamente consistía en la sucesión de distintas civilizaciones, cada una con sus respectiva sucesión de gobernantes, y el detalle de lo que hizo o no hizo cada uno de ellos, porque más o menos así se solía enseñar, y quizás algunos docentes sigan haciéndolo. Si volvemos la vista hacia los conflictos armados que se desarrollaron a lo largo de dicha sucesión de civilizaciones y/o de gobernantes, la cosa se vuelve un poco más emocionante, por la acción implícita; pero a veces también eso harta o llena de lo que podríamos llamar vergüenza ajena propia (ajena, porque uno no es responsable de actos cometidos por otros, pero a la vez propia porque todos pertenecemos a la estirpe humana que va de barbaridad en barbaridad). Ahora bien, hay otras formas de ver la Historia, y una de ellas podría ser considerarla una especie de novela u obra de teatro protagonizada por la Humanidad entera. Los seres humanos tenemos un flanco oscuro y vil que nadie puede negar y con el que muy pocos comulgarán, y que nos abochorna (genocidios, guerras fratricidas, discriminaciones, etc.), pero también tenemos, por suerte, un costado infinitamente más bello, que se manifiesta en nuestros sueños, en nuestras ansias de ser mejores, en nuestras alegrías cotidianas, en nuestro coraje ante la adversidad. Ambas facetas conviven entremezcladas en nuestra especie, lo que nos hace, ya que no grandes o gloriosos, al menos interesantes. Y la Historia puede y debe destacar esa característica. Un buen profesor de Historia debería retrotraernos a la época prehistórica y hacernos imaginar los sentimientos de los artistas rupestres, y hablarnos de los juguetes de los niños de los tiempos faraónicos, y hacernos sonreír informándonos que ya en Pompeya e incluso antes, la gente escribía graffittis en las paredes.

Ese es el tipo de Historia que Samuel Noah Kramer nos trae en La historia empieza en Sumer, trabajo realizado en base a antiguos textos escritos en tablillas en escritura cuneiforme y que el mismo Kramer ayudó a descifrar. Se trata de una obra famosísima que, lejos de ocuparse de las intrigas de los poderosos, prefiere tomarle el pulso al pueblo, que por cierto, y como todo el mundo sabe, erigió una de las civilizaciones más antiguas de las que se tiene conocimiento. El autor postula y ejemplifica que en Sumer, en la Baja Mesopotamia, tuvieron lugar muchos antecedentes de nuestra propia civilización. Por supuesto, es muy difícil contradecir a una autoridad en la materia como indudablemente lo fue él y, sin embargo, ahí anda circulando ahora un libro en el que su autor, José Miguel Parra Ortiz, sostiene que, por el contrario, La historia empieza en Egipto. Por ahora lo he hojeado apenas, pero me consta que, en las primeras páginas, Parra Ortiz rinde homenaje a la obra de Kramer a la que decidió remitir al lector al intitular su propio libro. De cualquier manera, no es tan importante, después de todo, que la Historia empiece allí o aquí; la cuestión es echar un vistazo a nuestros congéneres de miles de años atrás y descubrir que podrán haber dado a su civilización una forma muy distinta de la nuestra, pero en su esencia no eran, después de todo, tan distintos de nosotros.

Así es como Kramer nos describe las escuelas de la civilización sumeria y nos acerca escenas de la vida estudiantil, nos habla de los inicios de la delincuencia juvenil (excúseseme por la involuntaria rima) y de la primera reducción de impuestos (ah... ¿Existía eso? ¿En serio?) que registra la Historia. Gracias a él sabremos también de la farmacopea empleada por la medicina de aquel entonces y del orden y en que el agricultor realizaba sus trabajos a lo largo del año, como así también los métodos que usaba. Asistiremos a la primera sentencia dictada por un tribunal de la que se tenga constancia y examinaremos el primer ideal moral que se ha registrado. Conoceremos precursores legendarios y/o literarios de Job, de Noé y de San Jorge, y nos enteraremos de la naturaleza de la Edad de Oro tal como la imaginaban los sumerios. Proverbios y adagios, cantos de amor y catálogos de biblioteca también tendrán sus antecedentes en Sumer. Hasta el poder gubernamental tiene una representación mínima en el panorama ofrecido por Kramer, al presentarnos al primer Parlamento y la primera "guerra de nervios".

Decíamos más arriba que no es tan importante dónde empiece la historia. Esto hace que tampoco sea muy importante que nuevos hallazgos arqueológicos pudieran desmentir la proclama de este libro según la cual tal o cual cosa tuvieron su origen en Sumer. Estaban allí, y punto. ¿Qué más da si llegaron en primero o segundo término? Los sumerios estuvieron, sin duda, entre los precursores. Encontramos similitudes entre ellos y nosotros; no podemos sentirlos ajenos, como si siempre hubieran sido sólo figuras pintadas o esculpidas en las paredes. Eso es lo que verdaderamente importa y lo que hará que este libro nunca pierda vigencia.

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